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Hay alternativas

 

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Resumen del libro “Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España”, de Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa, ATTAC-Sequitur, Madrid, 2011.

 

 

 

I – Las causas de la crisis mundial

 

Para proponer soluciones, necesitamos un buen diagnóstico de la situación. En el caso español, y en común con otros países, los males son: muy alto nivel de paro, hundimiento de sectores enteros de la econmía, quiebra de muchísimas empresas y consecuente alto nivel de endeudamiento público. ¿Y las causas?

La gran recesión

La causa inmediata fue la difusión por bancos estadounidenses de productos financieros, derivados del mercado hipotecario, que resultaban ser basura. Ante el riesgo de quiebra de los banqueros e inversores que los habían adquirido, los bancos dejaron de conceder créditos, lo que bloqueó a empresas y consumidores, dando lugar a una gran caída de la actividad económica. Los gobiernos inyectaron miles de millones a la banca, pero sólo se consiguieron ligeros frenazos o alivios.

Al disminuir la actividad económica, se redujeron fuertemente los ingresos de los Estados, a la vez que aumentaban sus gastos; por tanto, se dispararon el déficir¡t y la deuda pública. La banca entonces, a cambio de subvenir esas necesidades de financiación, exigieron reformas en la línea de recortar el gasto social y los salarios, para que el dinero público fluyera hacia ellos. Pero la consecuencia es que al haber menos capacidad de compra por parte de los ciudadanos, más empresas se vienen abajo.

La mentira de los “brotes verdes”

Al no modificarse las reglas del juego que dieron lugar a la crisis, no hay visos de cambio;  no hay tales “brotes verdes”. Por el contrario, en muchoa países la situación empeora al incrementarse los niveles de deuda.

Causas superficiales y causas de fondo de la crisis

Además de las causas inmediatas, el comportamiento irresponsable de la banca, hay unas causas de fondo, que explican también el problema de la deuda privada: el descenso de la capacidad adquisitiva de la población, provocada por las políticas neoliberales de Reagan y Thatcher, y en Europa de las normas impuestas para la implantación del euro.

La debacle financiera

En la década de los noventa, la masa salarial seguía disminuyendo en los Estados Unidos. Ante la falta de demanda, las autoridades iniciaron una política de tipos de interés bajo, especialmente hipotecarios. Muchas familias se endeudaron en la compra de viviendas, iniciándose así una situación de burbuja (aquella en la que los compradores creen que los precios de los productos van a subir indefinidamente).

La estafa de las hipotecas basura

En un círculo de avaricia, los bancos empezaron a prestar a quienes no era esperable que pudieran pagar (NINJAs), generándose así hipotecas subprime, más arriesgadas, pero también de tipos más altos.

La banca necesitaba más dinero para poder seguir con esta política, y para ello diseña la titulización, que agrupa y convierte en negociables productos que no lo eran. Al colocar estos títulos, obtiene liquidez, y ellos pasan a grandes financieras. Para disimular el riesgo de estos activos, se hacen paquetes en los que se incluyen deudas hipotecarias razonables con subprimes. Como esto era ya prácticamente una estafa, lograron de los gobiernos el relajamiento de la supervisión, y sobre todo recurrieron a las agencias de calificación, que calificaron sus productos como de alta calidad.

El derrumbe

Los bancos obtenían así espectaculares beneficios. Pero al empezar a subir los tipos de interés, el mercado inmobiliario se derrumbó, generando paro y dando lugar a que se dejaran de pagar muchas hipotecas. La cartera inmobiliaria de los bancos perdía valor, mientras que sus deudas seguían allí. Empezó a haber pérdidas multimillonarias y quiebras y, como los productos titularizados los habían difundido por todo el mundo, la crisis era global.

La crisis de la economía global y sus daños colaterales

Los bancos empezaron a dejar de prestarse entre ellos por desconfianza y por no tener suficiente capital, restringiendo también el crédito a empresas y consumidores. Así que de la crisis hipotecaria estadounidense se pasó a la financiera global, y de ésta a una crisis general de la actividad económica real.

Mientras, los capitales especulativos, que ya no confiaban en el mercado inmobiliario, se desplazaron al petróleo y a los productos alimenticios, originando fuertes subidas de precios en estos sectores.

Las causas profundas de la crisis

¿Cómo ha podido suceder todo esto?, ¿cómo se ha permitido que tanto dinero pasara a la especulación?, ¿cómo que lo bancos engañaran a tantos inversores sin que intervinieran los supervisores?, ¿cómo se ha dedicado tanto a salvar a los bancos sin apoyar a las empresas de la economía real? Hay hechos previos muy importantes:

El tremendo poder que han ganado las finanzas sobre las autoridades públicas en las últimas décadas; las medidas económicas, políticas y culturales destinadas a favorecerlas; y el papel de la desigualdad.

La financiarización de las economías y el papel de los bancos

En el campo político, en los años 80 llegan al poder los gobiernos neoliberales de Reagan y Thatcher. En lo financiero, hay una gran sobreproducción, que supuso un descenso de la rentabilidad de la economía productiva. Los bancos fomentaron el crédito, para colocar los excesos de capital. Coincidentemente, la revolución tecnológica abarató los costes e hizo prácticamente instantáneas las operaciones financieras.

Los financieros obtuvieron del poder reformas legales que garantizaron la total libertad del movimiento de capitales y el descontrol. En esto tuvieron un importante papel los paraísos fiscales.

Pero, a mayor rentabilidad, mayor riesgo. Esto ha hecho que se hayan sucedido una gran cantidad de pequeñas crisis. Las empresas pedían menos créditos a los bancos y recurrían al mercado de capitales (acciones, bonos). Y los bancos desplazaron su negocio desde la economía real a las operaciones financieras y a las comisiones operativas.

El neoliberalismo

Ha habido una importante polarización de las rentas, incrementándose las del capital y reduciéndose las del trabajo. Esto supone una caída de la capacidad adquisitiva de la población, y un problema de escasa demanda, que empuja al capital de la limitada rentabilidad de la economía real a la financiera, donde los beneficios son mayores.

Esa polarización de las rentas es la consecuencia de políticas neoliberales de los gobiernos. De los cincuena a los setenta, los trabajadores habían mejorado su posición en el reparto de renta, partidos d eizquierdas, sindicatos y movimientos sociales eran potentes. La respuesta política neoliberal fue contundente y, a veces (América Latina), sanguinaria.

El cambio de modelo productivo se expresaba en: la aplicación de nuevas tecnologías de la información que demandaban una fuerza de trabajo más escasa y barata; una política macroeconómica centrada en la lucha contra la inflación, mediante altos tipos de interés y recortes salariales; y un conjunto de nuevos valores sociales que fomentaban el individualismo y la fragmentación social.

El neoliberalismo impuso estas políticas, logrando un cambio en el orden económico y en el social.

La desigual distribución de las rentas y la crisis

Estas políticas produjeron grandes cambios mediante un doble proceso: la pérdida de las ganancias obtenibles en el mercado de bienes y servicios, dada la disminución de rentas salariales y la potenciación del ahorro y, por tanto, de la inversión.

La desigualdad en la distribución de las rentas entre trabajo y capital es la principal fuente de la especulación financiera y del riesgo asociado a ella. La deriva del capital hacia el mundo financiero debilita la eocnomía real y genera inestabilidad, ya que se basa en una continua asunción de riesgos y crisis. Una extenuante inestabilidad sistémica.

Un capitalismo tóxico

El dinero ya no es un instrumento para la producción, sino un fin en sí mismo y una fuente poder. Y esto no es el resultado únicamente de movimientos económicos, sino también de las relaciones de poder y de la concentración de los medios de comunicación y su dependencia de grandes grupos económicos.

 

 

II – Las singularidades de la crisis española

 

Aunque la crisis española deriva indudablemente de la crisis financiera internacional, se dan condiciones previas muy singulares, que nos dan un perfil distinto y una intensidad de la crisis más grave.

Las coincidencias y nuestras particularidades

En los últimos treinta años, se han dado las mismas transformaciones estructurales y las mismas recetas neoliberales. También aquí ha habido un crecimiento excesivo de la actividad financiera, con tres particularidades: una impresionante burbuja inmobiliaria, un importante endeudamiento previo con insuficiencia de ahorro nacional, y una supervisión diferente (¿?) de las instituciones financieras, debida a importantes crisis anteriores.

La herencia del franquismo en nuestra economía

Debilidad de las clases trabajadoras

La presión de las clases trabajadoras entre 1974 y 1978 consiguieron tumbar la dictadura, pero no una ruptura del régimen; las derechas, poco demócratas, conservaron fuertes dosis de poder.

Desmesurada influencia política de los grandes grupos empresariales y financieros

Los mecanismos de protección de los que disfrutaban bajo el franquismo se han mantenido en buena medida.

Instituciones y mercados muy imperfectos

El mercado laboral ha sido dirigido con gran dureza por las organizaciones empresariales, siempre facilitando el despido y sin entrar en prácticas comunes en Europa como la cogestión. El sector financiero ha gozado de una protección privilegiada y gestiona un poder desproporcionado. Y el sistema fiscal, pese a las reformas al inicio de la democracia, se ha consolidado como regresivo e insuficiente.

Déficit social

También es herencia del franquismo la escasa dotación de recursos y la debilidad de las estructuras de protección y bienestar. Con la Transición hubo algunas mejoras, pero siempre muy por debajo de los estándares europeos.

Débil y traumática vinculación de la economía española con el exterior

La apertura al exterior desde 1959, tuvo un carácter muy dependiente, que sólo resultaba competitivo por los bajos salarios y los favores administrativos. El equilibrio de la balanza dependía de la entrada de divisas y del turismo, vías insuficientes que obligaban a periódicas devaluaciones.

La entrada en la Comunidad Europea y en su unión monetaria supusieron una muy importante entrada de fondos, que mejoró la estructura de bienestar y la dotación de recursos. Pero sectores enteros de la economía han quedado en manos de capital extranjero. Y se ha perdido casi totalmente el margen de maniobra al someterse a las decisiones económicas europeas. La entrada en el euro impide las devaluaciones y la constante contención salarial es ya insuficiente (además de contraproducente, como veremos).

Gran desigualdad

La dictadura era muy desigualitaria. La economía y la sociedad estaban sometidas a grupos de interés reducidos y poderosos.

El modelo productivo que da lugar a la crisis

Los residuos de la economía franquista no han desaparecido y, en alguno de sus factores, han empeorado.

Desde 1993 se ha disminuido el gasto público social por habitante. Para la entrada en el euro se redujo el déficit del Estado a costa de los fondos necesarios para cubrir el déficit social. Las privatizaciones reforzaron el carácter oligárquico de los poderosos, confluyendo políticos, financieros y constructores e inmobiliarios, sin que dieran lugar a mejoras productivas.

España se ha modernizado, pero la estructura del poder sigue siendo muy asimétrica, sin alcanzar los estándares europeos de bienestar y protección.

La confluencia de estos factores consolida un modelo productivo con estas características:

Economía poco productiva y de poco valor añadido

La utilización más intensiva de la mano de obra se da en sectores con poca innovación y poco valor añadido: construcción, turismo, otros servicios.

Hay un déficit histórico de recursos humanos cualificados (bajas proprociones de personas formadas) y de inversión en I+D+i, lo que da una productividad del trabajo prácticamente estancada.

El incremento de acceso de las mujeres al mercado laboral se ha hecho sin medidas suficientes contra la discriminación, lo que ha supuesto un descenso salarial medio. El mismo efecto ha tenido la entrada masiva de inmigrantes, con niveles salariales muy bajos.

La asimetría de los poderes, da lugar a una fuerte preeminencia del gran empresariado en las condiciones de contratación, que genera una alta temporalidad (y por tanto los fuertes vaivenes en el volumen de empleo conforme a las oscilaciones del ciclo).

Una fuerte dependencia del capital público y de las decisiones políticas en infraestructura, suelo, urbanismo, facilidades fiscales y financiación externa.

Pérdida de poder adquisitivo de los salarios y debilidad del mercado interno

Se aplican desde hace años políticas de contención salarial con el fin de ser más competitivos. De 1976 a 2008, la participación de los salarios en el PIB (al coste de los factores) ha bajado del 73’63 al 60’21 (por debajo de 1960). Somos el único país de la OCDE donde los salarios reales no han crecido en los últimos quince años. Esta debilidad salarial tiene dos grandes efectos: debilita mucho el mercado interior, lo que afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas, que consecuentemente generan mucho paro; y aumenta el endeudamiento privado (que ha llegado al 150% de la renta disponible neta) y una reducción del ahorro (hasta el 11% de la rdn). Los españoles no han vivido por encima de sus posibilidades, sino que sus salarios han estado por debajo de sus necesidades.

Crecimiento de la deuda privada y demonización de la pública

En endeudamiento público aporta más riqueza y menos riesgos que el privado. En España se ha dedicado sobre todo a capital social y estructuras de bienestar colectivas, mientras que el privado ha ido sobre todo (75%) a vivienda, y muy poco (6%) a actividad productiva.

Sin embargo, se ha permitido el crecimiento sin límite del privado, mientras se ponen cortapisas al del Estado. La extraordinaria deuda privada esclaviza a millones de familias, desmoviliza y genera sumisión.

Deterioro ambiental

La centralización del modelo productivo en construcción y turismo ha supuesto grandes daños medioambientales, despilfarro de rfecursos y problemas de gestión de residuos.

Dependencia del ciclo

Nuestro modelo tiene también una fuerte dependencia del ciclo económico, exacerbándolo: cuando va bien, a nosotros mejor, cuando mal a nosotros peor. Y ello por diversas causas:

1.      España tiene una fuerte precariedad laboral y gra facilidad para disminuir y aumentar las plantillas. Los empresarios usan la contratación y el despido como primeras medidas. Si el trabajo fuera más valioso y costoso, los empresarios preferirían actuar sobre la productividad y la calidad.

2.      Gran dependencia del capital extranjero, que hace que incluso cuando en España aún no hay crisis, las empresas extranjeras tomen decisiones de acuerdo con la dinámica de sus centrales.

3.      Escaso peso de la actividad industrial, y alto de las actividades más sensibles a la coyuntura.

4.      Fuerte influencia de un sector muy conservador, como es el bancario, que se suele adelantar a las fases del ciclo.

5.      Disminución de la autonomía en política económica por la globalización y la pertenencia a la unión monetaria.

La etapa de la exageración, el estallido de la crisis y la recesión

Si bien los problemas de la economía española no son sólo resultado del impacto de la crisis externa de las hipotecas basuras estadounidenses, ésta sin duda influye mucho por las siguientes razones:

1.      Por la fuerte integración de la banca española con la internacional.

2.      Por ser la española una economía muy sensible a la demanda externa.

3.      Porque el fuerte endeudamiento nacional genera desconfianza en el exterior.

4.      Porque se trata de una crisis sistémica y global que afecta a todos.

Pero no es menos cierto que cuatro o cinco años antes de que estallara, los rasgos de inestabilidad ya se exageraban, haciendo insostenibles varias de las circunstancias españolas:

1.      Exceso de liquidez provocado por el crecimiento exorbitado de la deuda.

2.      Imposible mantenimiento de la tendencia alcista del precio de la vivienda y consiguiente estallido de la burbuja financiera.

3.      Imposibilidad de controlar el déficit exterior ante la pérdida de confianza de los mercados externos.

4.      Desigualdad creciente que deteriora los mercados internos progresivamente.

5.      Permisividad de las autoridades monetarias con todo lo anterior.

6.      Despreocupación de los gobiernos de Aznar y Rodríguez Zapatero ante la insostenibilidad del ladrillo.

7.      Lamentable gestión gubernamental del inicio de la crisis, negándola, probablemente porque creían en la autorregulación de los mercados.

El gran negocio de la banca española nos salió demasiado caro

A pesar de la fama de buen supervisor, el Banco de España no desarrolló un control efectivo sobre la banca, que es muy poderosa (muy relacionada y mezclada con la clse política y muy impune -caso de las cesiones de crédito del Banco Santander-). El crédito a residentes tuvo incrementos tremendos, casi todo dirigido a la construcción. Por su gigantesco negocio (la española era la banca de mayor rentabilidad), los bancos españoles incurrieron en un fuerte endeudamiento internacional, especialmente europeo.

Los mismos de siempre se llevaron el gato al agua

El sobreendeudamiento y el exceso de liquidez, elevaron las cotas de desigualdad a los más altos niveles. Los dividendos empresariales han crecido, mientras para las familias la deuda inmobiliaria ha ido subiendo en en la proproción sobre su total de ingresos.

El papel de las autoridades

Como en el resto del mundo, son muy corresponsables del estallido de la crisis. El Banco de España ha vigilado más que otros los mecanismos de titulización, pero se ha desentendido del brutal incremento del volumen de deuda, de la burbuja inmobiliaria, de la exageración del crédito hipotecario (incluso más allá del cien por cien del valore del inmueble), ha permitido normas contables que falsean los balances al permitir valorar bienes por su valor de adquisición y no de mercado.

Tampoco ha conseguido el BE que los sucesivos fondos públicos que se le han aportado a la banca pasaran al mercado del crédito. Los gobiernos sucesivos de PP y PSOE también son responsables, por medidas legales como la Ley del Suelo, y por desoír advertencias como la de los inspectores del Banco de España.

Y, por si faltaba algo, el estallido de la deuda soberana

El gran esfuerzo presupuestario por ayudar a lo bancos, en una coyuntura de disminución de ingresos por la crisis, multiplicó el déficit público y la deuda del Estado. El Banco Central Europeo decidió no financiar a los gobiernos (al final lo hizo, poco, tarde y mal), lo que les obligó a ponerse en manos de los mercados, los cuales les extorsionaron exigiendo reformas patronales: mercado de trabajo, pensiones, privatización de servicios públicos.

Muchas crisis en una y una gran crisis con muchas caras

La debilidad del mercado interno, la carencia de sectores endógenos potentes más allá de la construcción, el endeudamiento, la dependencia de la financiación exterior, el problema estructural de precios (¿?) y el déficit exterior nos dejaron sin capacidad de respuesta. Nuestra crisis habría acabado estallando incluso sin la de las hipotecas basura estadounidenses.

 

 

III – Lo que hay que solucionar: agenda para una economía más justa y eficiente

 

Compromisos en saco roto

La crisis internacional no es una perturbación cualquiera, sino que es el resultado de defectos muy profundos. En su inicio, Sarkozy y el G-20 reconocieron la gravedad y lo sistémico de la crisis, y la necesidad de grandes cambios. Se comprometieron a ellos, pero no cumplieron y el sistema sigue actuando bajo los mismos principios: se permite que los mismos financieros que desataron la crisis con la titulización de las hipotecas basura, ahora especulen contra las deudas soberanas. Los paraísos fiscales siguen actuando e incluso algunas nuevas normas refuerzan los problemas, como permitir la anotación en balance a precio de coste en lugar de a precio de mercado, o unas manipuladoras y falsas pruebas de estrés bancario (como lo prueba que los bancos irlandeses las superaran para estar arruinados semanas después.

Más de lo mismo y empeoramiento de la situación económica

Los informes internacionales muestran que el paro llega a límites históricos, que se dispara la pobreza, que avanza el hambre, que la actividad económica no se ha recuperado, que el crédito no fluye.

Mientras, aumentan los ingresos de las grandes fortunas, las grandes empresas reparten más beneficios (y los salarios de sus trabajadores bajan), las pequeñas no consiguen créditos.

Los gobernantes mundiales han seguido con las mismas recetas neoliberales; los más ortodoxos son quienes tienen a la economía en peor resultado, mientras que los menos van mejorando. Es urgente proponer medidas alternativas, en cuatro cuestiones principales:

1.   Reforma de las finanzas internacionales y de la actividad bancaria.

2.   Crear las condiciones de creación de empleo decente en forma sostenible.

3.   Poner fin al incremento de la desigualdad.

4.   Cambios en el mundo de la economía, cultura, valores y comportamientos personales.

Reformas financieras pendientes, reformas inevitables

Si se quieren evitar los problemas de inestabilidad financiera constantes y acabar con la escasez de recursos para la actividad económica real, se precisan reformas con los siguientes objetivos:

Someter a las finanzas

Hay que poner a finanzas y financieros bajo las mismas normas que el resto, en cuanto a responsabilidad, transparencia, simetría, veracidad, etc. Las estafas bancarias no han sido castigadas, ni siquiera el blanqueo de dineros ilegales. Una impunidad que les da un extraordinario poder al margen de los gobiernos.

Acabar con la desnaturalización del negocio bancario

Impedir que canalicen el ahorro hacia la actividad especulativa, y que se constituyan como creadores artificales de deuda. No basta con exigirles unos mayores niveles de capital, hay que impedir que funcionen como un casino de operaciones financieras ficticias, sin base real.

Poner fin al terrorismo financiero

Hay que impedir los ataques de los fondos financieros contra monedas y países, sus tácticas de difusión de rumores (con la colaboración de las agencias de calificación) para encarecer artificialmente la deuda, mediante fórmulas como:

1.      Control de movimientos de capital para evitar la volatilidad especulativa.

2.      Establecimiento de tasas e impuestos internacionales sobre las actividades especulativas.

3.      Prohibición de los derivados de incumplimiento crediticio (CDS), producto financieros sofisticados que se equiparan a los seguros, pero que no lo son porque se establecen sobre lo que no es propiedad del asegurado.

4.      Control de la actuación de los financieros, que son personas concretas muy localizables.

5.      Separación de la banca comercial de la financiera.

Vigilar a los vigilantes

Los vigilantes no han funcionado, por falta de diligencia, torpeza, ceguera ideológica o simple complicidad con la banca. A mayor complejidad de los instrumentos financieros han respondido con menos vigilancia.

El BCE no previó la crisis, luego se empeño en la austeridad y en no intervenir hasta que era demasiado tarde. El Banco de España, pese a sus importantes recursos, tampoco previó nada (o no hizo caso de sus técnicos). Son esos imprevisores e incompetentes los mismos que pretenden saber lo que va a pasar dentro de cincuenta años para que admitamos recortes de salarios y pensiones.

Es imrescindible un control social directo y auténtico sobre las autoridades monetarias.

Los necesarios cambios estructurales

La causa inmediata de la crisis es la falta de financiación a empresas y consumidores. Pero si la hubiera y se dedicara a los sectores de antes y de la misma manera, la crisis se reproduciría. Hay que cambiar al modelo productivo, hacia otro m´s equitativo, racional y sostenible.

Nuevas actividades productivas

No se pueden recuperar niveles de empleo basándose en la construcción de viviendas y de infraestructuras antieconómicas y antosociales, cuyo beneficio era esencialmente para los constructores.

Hay que centrarse en actividades con más valor añadido, como energías renovables, nuevas teconologías, cultura, ocio, reciclaje, medio ambiente, agricultura, servicios sociales, cuidados: una producción más directa y descentralizada.

Pero no basta con tener recursos financieros y decisión, hacen falta mercados, interrelaciones, demanda solvente… un nuevo tipo de sociedad.

El difícil cambio de modelo

Para ello hay tres grandes dificultades: se carece de la dotación necesaria de esos requerimientos, una dotación más de capital social que económica, un proyecto social compartido que se enfrentaría a poderosos oponentes. Por tanto, son imprescindibles los poderes públicos, reforzándolos en lugar de debilitándolos.

Una segunda dificultad es que la mayoría de los recursos españoles están en manos de capital extranjero. Hay que plantearse la devolución al Estado de las privatizaciones que hayan sido socialmente inútiles.

La tercera gran dificultad es la ideología dominante en la Unión Europea, obsesionada por la competitividad exterior. Sin llegar a comportamientos autárquicos, hay que anteponer siempre el bienestar de la población.

La economía de la igualdad

No es solamente una cuestión moral. Es que el capitalismo funciona mejor con rentas mejor repartidas, porque se consume más que cuando la renta se concentra en unos pocos.

Pero la desigualdad excesiva tiene más efectos negativos que los meramente económicos, por lo que es muy importante combatirla. Se genera en dos frentes diferentes: el de los ingresos (la diferente retribución del trabajo y el capital) y el de la redistribución de la renta mediante el gasto público. Para ser eficaces se ha de combatir en ambos frentes.

En el de los ingresos, los propietarios del gran capitral han conseguido ir introduciendo una desprotección gradual de los trabajadores: escasa presencia sindical, negociación descentralizada, altas tasas de desempleo, formación deficiente, ausencia de normas legales protectoras, etc. Hace falta un pacto nacional para garantizar una participación más elevada de los salarios en la renta nacional, generando así una demanda interna solvente.

Para ello hace falta empleo decente y estable, con una política de salarios mínimos, de contratación indefinida, de negociación de las ganancias de la productividad, de participación de los trabajadores en la empresa, de políticas de igualdad, de fomento de otras formas de propiedad.

Y en cuanto a la redistribución de la renta hay que reforzar el valor de los impuestos como mecanismos de cohesión social y de generación de capital social.

Otra economía, otras relaciones sociales, otros seres humanos

La crisis no es solamente económica. Hay personas reales, bajo la máscara de “los mercados” que toman decisiones concretas, que especulan con alimentos aunque eso cause muertes por hambre, que argumentan con mentiras para aprobar reformas laborales o de pensiones, que son indiferentes a la destrucción del planeta, a la discriminación, la exclusión. Todo un mundo que mitifica el dinero, mercantiliza todo, fomenta la avaricia, el egoísmo, la manipulación informativa. Ha habido una inversión global de los valores sociales.

 

 

IV – Las condiciones para crear empleo decente

 

Sólo en apariencia todo el mundo está a favor de un mayor número de empleos. A ciertos grupos de presión, muy poderosos, no les interesa el pleno empleo: el mayor desempleo permite contratar a precios más bajos, y de igual manera se ha utilizado a inmigrantes y a trabajadores sin papeles, que se emplean en condiciones más desfavorables.

Las causas del paro y las condiciones para crear empleo

El Banco de España, la CEOE y otros actores han inundado los medios con el paradigma de que para crear empleo hay que moderar los salarios. Pero no hay evidencia empírica de tal aserto.

Las propuestas neoliberales

Políticos y economistas neoliberales defienden que el trabajo es como un bien más en un mercado cualquiera. Argumentan que se puede llegar a un salario en el que confluyen oferta y demanda y que daría lugar a una situación de pleno empleo. A un salario más bajo que ése, los trabajadores prefieren el ocio al empleo, a un salario más alto las empresas no estarían dispuestos a contratarlos. Este argumento presupone que la opción de trabajar es voluntaria, así como que el mercado debe ser flexible y el trabajador acudirá donde haya empleo y el empleador donde haya trabajadores.

Defienden, por tanto, que hay que flexibilizar el mercado, e identifican como rigideces: los sindicatos, las normas laborales, el salario mínimo, el subsidio para los desempleados, las cotizaciones sociales, los convenios colectivos. Todos estos factores de rigidez deberían ser eliminados para que el mercado funcionara con flexibilidad.

Aunque ahora se presenten con mucho aparato matemático, estas ideas son de finales del siglo XIX. TRiunfan entre los gobiernos, que hacen de la competitividad un objetivo básico, para producir a menos coste, aunque no aclaran a quiénes van a poder vender lo producido.

¿Se crea empleo con la receta liberal?

Esta bastante demostrado que estos axiomas no tienen consistencia lógica ni se compadecen con los datos de la realidad. El primer crítico fue John M. Keynes, quien argumentaba que el trabajo no era una mercancía ordinaria en un mercado ordinario: las empresas no contratan si no tienen a quien vender la producción; la creación de empleo, decía, depende más de una sificiente demanda de bienes y servicios.

Estudios históricos (Galbraith y Roy-Chowdhury, por ejemplo) han demostrado cosas como que en Francia (1980-2005) el salario ha crecido a la vez que el empleo, y ha descendido simultáneamente. Otros de la OCDE han demostrado que el empleo no está ligado a la flexibilidad del mercado de trabajo. En España, un mercado presuntamente rígido creaba centenares de miles de empleo y pasó a destruirlos. En definitiva, el trabajo parece depender más de las condiciones macroeconómicas que del salario.

Empleo y paro en la crisis: ¿qué ha fallado y qué hay que corregir?

El desempleo ha aumentado masivamente durante la crisis, pero de manera muy desigual: mucho en España, Irlanda y Estados Unidos, poco o nada en Alemania, Austria o Bélgica. ¿Cuáles son las causas reales de las disparidades?

No basta con que aumente el PIB

En Alemania el PIB se desplomó al inicio de la crisis y el empleo no, mientras que España ha perdido muchísimo empleo y no es de las que más pierde de PIB.

La tasa de paro en España

Hay que distinguir entre la tasa de paro y el crecimiento del paro. La tasa de paro (proporción de la población que está en edad de trabajar y no encuentra empleo) es siempre alta en España. En ello influye el escaso desarrollo del empleo y los servicios públicos, muy por debajo de la media de la Europa de los 15; y ese bajo sector público se corresponde con una baja presión fiscal que pivota sobre los trabajadores. Por tanto, la alta tasa de empleo en España es un problema político, dada la extremada fuerza política y mediática que tienen los grupos poderosos en España.

De 2000 a 2008 la situación mejoró, pero siguió manteniéndose muy por debajo de la media. Para disminiur la tasa de paro en España hay que aumentar el secor público, mediante una reforma fiscal, reduciendo el déficit social de España.

Flexibilidad y rigidez en la crisis

Además de una alta tasa de paro, con la crisis España ha experimentado un fuerte crecimiento del desempleo. También lo han hecho Irlanda y Estados Unidos, dos países con los mercados de trabajo especialmente flexibles. La supuesta rigidez del mercado de trabajo en España no ha impedido despidos masivos. La flexiseguridad danesa sólo ha funcionado en momentos de expansión.

Por el contrario, Alemania, con un mercado muy regulado (hasta el punto de la cogestión de los trabajadores en las empresas) y un importante descenso del PIB no ha reducido empleo, sino jornada de trabajo.

Flexibilizar el mercado de trabajo sólo aumenta el desempleo.

¿Qué enseña la realidad de los mercados laborales?

El análisis de los casos reales muestra: la liberalización del mercado de trabajo y las relaciones laborales no genera más empleo; si hay normativas que protegen a los trabajadores y pueden suponer cierta rigidez en el mercado, no son determinantes en el nivel de empleo, que depende mucho más de las decisiones macroeconómicas; las reformas laborales han producido disminución del coste, relajación de normas laborales, precarización, inseguridad, insatisfacción y discriminación; la generación de empleo depende fuertemente de políticas macroeconómicas, más allá del crecimiento del PIB, y las últimas que se han venido tomando operan en contra del empleo (privilegio de las rentas financieras sobre la actividad productiva, escasez de financiación para la economía real, disminución constante de la demanda interna, reducción del gasto social y de los servicios de bienestar, aumento del poder de las grandes empresas sobre el mercado); creación y destrucción de empleo tienen una fuerte relación con la jornada de trabajo y con el reparto de la productividad; y también con la pauta de distribución de rentas, que es una decisión de tipo político, más que económico.

No todas las empresas están en la línea neoliberal, algunas están en la innovación, la productividad. Existen empresas de propiedad social o cooperativa, que han destruido menos empleo. Y por otra parte, hay que recuperar al Estado como responsable en la creación de empleo.

Las condiciones para poder crear empleo decente

Lo esencial es el entorno macroeconómico, donde se juega el poder de los grupos sociales. Hay que abandonar la primacía de la economía financiera, y recuperar una forma de producir que recupere las rentas salariales. Una gestión del empleo en función de la demanda social de bienes y servicios, y no de la rentabilidad económica.

Hay que suspender las reformas laborales precarizadoras e incentivar el empleo indefinido, disminuyendo el tiempo de trabajo, garantizando rentas y salarios mínimos, evitando la exclusión. El trabajo determina la calidad de vida de la ciudadanía.

 

 

V – La hipoteca del déficit social

 

Los economistas neoliberales están usando la crisis, y especialmente desde que surgen los problemas con la deuda soberana, como excusa para atacar al Estado y al gasto público. Esto no recuperará el empleo, sino que empobrecerá a las clases trabajadoras, haciendo caer la demanda de productos, generará estancamiento y producirá una mayor insatisfacción.

El bienestar como factor de competitividad

Esos economistas suelen defender que bienestar y gasto social tienen un efecto retardatario sobre la actividad económica, disminuyendo la competitividad, pero los datos empíricos desmienten esta creencia: los países de mayor eficiencia son los del norte de Europa. El Estado del bienestar supone educación para la ciudadanía, trabajo más estimulante y creativo, seguridad y protección que garantizan cohesión social, cooperación y solidaridad que facilitan la adaptación a los cambios económicos. Su ausencia desmotiva y genera una sociedad menos dinámica, menos eficaz y más injusta e insatisfecha.

El Estado del bienestar y la crisis

Los países que más sufren la crisis son los Estados periféricos, en el sur de Europa, Grecia, Portugal, España, Irlanda; allí donde hay menos bienestar y peor financiado, donde las políticas fiscales son más regresivas y el Estado más débil. Fortalecer el bienestar y el gasto social no es sólo una cuestión ética, sino una garantía de dinamismo económico.

La debilidad del Estado del bienestar en España

Los países PIGS, y España especialmente, están en la cola del gasto social de la Europa de los Quince (21% frente a 27%, Suecia supera el 29%), y en el porcentaje de empleo que trabaja en los servicios estatales (España 9% y Suecia 25%). Son países que ha sufrido dictaduras fascistas o similares, o gobiernos profundamente conservadores (como Irlanda) durante prácticamente cinco décadas (1930-1979). Posteriormente ha habido cambios, pero muy insuficientes para el desfase que había.

El dominio de las fuerzas conservadoras es la causa de ese retraso. Cuando en España llega al poder un gobierno socialdemócrata en 1982, y hay fuertes presiones obreras en la calle, la situación mejora, el gasto social llega al 24% del PIB (1993), pero a partir de ahí empiezan las alianzas con la burguesía catalana y los planes para cumplir las condiciones de entrada en el euro, y se hicieron a costa del gasto público, en lugar de incrementando los ingresos fiscales. Por esa vía, disminuyendo el gasto, se llegó incluso a superávit, pero a costa de aumentar la distancia con la Europa de los Quince, llegando a 2005 con una peor relación que en 1994.

Las causas del subdesarrollo social de España

Lo esencial es el enorme dominio de las fuerzas conservadoras y liberales, su poder de clase sobre el conjunto de la sociedad, imponiendo así políticas fiscales regresivas. Los ingresos del Estado son solamente el 32% del PIB, mientras que la media de la Europa de los Quince es el 44%, y Suecia el 54%. El Estado tiene por tanto un escaso impacto redistributivo: nuestro coeficiente de Gini (concentración del ingreso, medida de la desigualdad) es del 31’3 frente al 29 de la Europa de los Quince (UE-15).

¿Es cierto que el Estado no puede sostener un Estado del bienestar más financiado que el actual?

España no es pobre, su PIB por habitante es el 95% del medio en la Europa de los Quince, el problema es que en gasto social estamos en el 72% del promedio de esos países. España tiene recursos, pero no los recauda. Los empresarios declaran ganar menos dinero que sus trabajadores, las empresas pagan de hecho el 10% en impuestos sobre su beneficio, etc.

La insuficiente financiación de los derechos sociales

Sistema sanitario

Poco financiado y poco desarrollado. Sólo un 4’1% de la población trabaja en el sector (UE-15: 6’6%). El gasto en el sector es el 79’5% del promedio de la UE-15. Crece más lentamente que el de Europa y va pasando progresivamente al sector sanitario privado. Éste trata al público como un obstáculo para su negocio y tiene un carácter marcadamente de clase en sus usuarios. Obtienen desgravaciones fiscales, fomentan el deterioro del sector público, le acusa de falsedades como que los usuarios abusan (con datos sobre visitas al médico, por ejemplo, que esconden que en otros países la organización es diferente y se usan más servicios de enfermería y administrativos).

Por su bajo gasto, además, el sistema en insuficiente, no cubre todos los aspectos (como la salud dental) ni da las mismas ratios de comodidad que el sector privado, aunque sí mejores medios humanos y materiales. La mercantilización es un peligro en la medicina, porque los ahorros en personal y material, y la optimización de beneficios puede tener consecuencias sobre la mortalidad.

Educación

Los recortes de gasto en educación pública generan una fuerte polarización por clase social, coartando la movilidad social. Pero además es fuertemente perjudicial para el sistema económico, porque la cualificación del capital humano es crucial para el crecimiento y la competitividad. A mayor desigualdad social, menor eficiencia productiva.

Vivienda

El no considerar la vivienda como un bien de primera necesidad, sino como una lujosa mercancía, es lo que dio alas a la burbuja inmobiliaria. De considerarlo de aquella otra manera, correspondería al Estado garantizar el derecho a la vivienda, lo que podría hacer con un parque de vivienda en alquiler, a precios relacionados con la renta familiar, usando el enorme parque que tiene en su poder la banca.

Ésta deshaucia a quienes no pueden continuar pagando la hipoteca, y se queda con la vivienda, mientras continúa exigiendo la deuda. Más allá de la daciçon en pago, se hace imprescindible un sistema de arbitraje que permita continuar en la vivienda.

Condiciones de trabajo

Los trabajadores españoles  realizan más horas al año que la media de la OCDE, y a la vez con niveles salariales más bajos y peores servicios de bienestar vinculados a la vida laboral. Eso redunda en unos niveles de estrés muy altos.

Pensiones

Bancos y entidades financieras atacan intensamente el sistema público de pensiones para aumentar su negocio de pensiones privadas. Siempre hablan de colapso del sistema, con argumentaciones falsas. Se plante como un problema demográfico, cuando hay muchas más variables: se habla de los gastos pero no de los ingresos, de lo que supondría el incremento de la masa salarial, la incorporación masiva de la mujer al trabajo, de la economía sumergida, del fraude fiscal, de los aumentos de productividad (hace 40 años, seis activos sostenían a un pensionista, hoy basta con tres), y de la posibilidad de financiar el sistema con los impuestos y no sólo con las cuotas.

Dependencia y sector de cuidados (cuarto pilar del bienestar)

El mayor subdesarrollo del Estado del bienestar español se da en la asistencia a las familias. Las escuelas de infancia alcanzan a cifras bajas de la población (España 10%, UE-15 28%, Suecia 58%), la atención a dependientes lo mismo (España 2%, UE-15 18%, Suecia 23%). Este subdesarrollo y falta de financiación tiene consecuencias sociales: son los hogares los que soportan la carga, y eso esencialmente supone las mujeres, las cuales además están en parte (52%) en el mercado laboral. Esto da lugar a más enfermedades de estrés en ellas, a una fecundidad muy baja y al enorme coste económico de tener excluidas del mercado de trabajo a varios millones de mujeres.

Cuando se aprueban leyes sobre Dependencia o Igualdad, se hace sin financiación suficiente, y entregando la gestión a Comunidades Autónomas, muchas de ellas en manos de la derecha. Al llegar la crisis, estos sectores son los primeros que sufren recortes.

 

 

VI – ¿Bajar los salarios o subirlos para crear empleo y recuperar la economía?

 

La posición neoliberal ante la crisis incluye la reivindicación de la moderación, o incluso el descenso, salarial. Si se consigue, aumentará la competitividad y se saldrá de la crisis. Pero esta tesis no se sostiene científicamente y aplicar estas medidas puede tener consecuencias aún peores.

Salarios y competitividad

Competitividad es la capacidad que tiene la economía de un país para colocar sus productos, en oposición a los de otros, en el mercado internacional. Se supone que al exportar menos, quiebran más empresas, y hay más paro y menos crecimiento económico. Como el elemento diferenciador en el mercado es el precio, los neoliberales concluyen que hay que rebajar el coste de producción y eso exige rebajar los salarios, que es el coste principal.

El doble papel de los salarios

Aún admitiendo que a los empresarios considerados individualmente les pueda interesar bajar lo más posible los salarios de sus empleados (lo que tampoco es del todo así, por la productividad inferior de los trabajadores peor retribuidos), siempre necesitarán que los salarios de las demás empresas sean altos, para que esos otros trabajadores compren sus productos. En lo micro, el salario es sobre todo un coste, en lo macro es el componente fundamental de la demanda.

Por eso las crisis arrancan un círculo vicioso: unas quiebras suponen más paro, más paro dispara otras quiebras, … hasta que se produce una reactivación, por la intervención del Estado o fenómenos como las guerras. En la depresión de los años 30, se llegó a entender esto, y se realizaron planes de estímulo público de la economía, que generaron empleo y salarios; también se actuó en su cuantía, mediante salarios mínimos y prestaciones por desempleo, que mitigaban las caídas del consumo.

Rebajar salarios empobrece a los trabajadores, pero también al conjunto de la economía y lleva al estancamiento. Muchos empresarios se dejan llevar por su visión microeconómica; otras empresas tienen su demanda interior cautiva y poco flexible; otras dependen más de la demanda externa. Las que más pierden con esta política son las empresas pequeñas y medianas, pero se imponen los intereses de las más poderosas.

¿Bajar salarios o aumentar la productividad?

Por otro lado, reducir costes no sólo puede hacerse bajando salarios, sino también por otra vía que no lleva al empobrecimiento generalizado y a la depresión: incrementar la productividad.Ahora bien, esto es más complejo e implica dar una cierta participación a los trabajadores en las decisiones de estrategia empresarial. La productividad depende de la motivación, pero también de la tecnología, la formación, los medios informáticos. Eso supone que se precisa un fuerte esfuerzo en educación, y bien planificado, en investigación y desarrollo, en transporte; también supone mejoras en las condiciones laborales. Y, claro, una política fiscal más potente.

Salarios y cuotas de mercado

Los estudios demuestran que la evolución de las cuotas de mercado intraeuropeas no están en relación con los costes laborales. Es lógico que no sea así, cuando los países no venden exactamente los mismos productos perfectamente sustituibles, sino que más bien hay una especialización.

¿Son culpables los salarios de la baja competitividad?

Los salarios reales, no los nominales, llevan cayendo diez años, sin que ello haya supuesto mejoras en la competitividad: de 1994 a 2006, el poder adquisitivo ha caído un 5’94%, y la participación salarial en la renta nacional un 7’98%. Y no ha aumentado la competitividad.

La responsabilidad del poder empresarial en nuestra menor competitividad

El instrumento para medir el impacto de los salarios en la competitividad es el concepto de costes laborales unitarios -CLU-, esto es, el coste salarial medio por unidad de producto. Los CLU reflejan el contrapeso entre salario y productividad en cada empresa: si el primero crece más que la segunda, los CLU crecen también. Ahora bien, si miramos el conjunto de la economía de un país, los datos ya no son comparables, porque los productos no son todos iguales e influye el factor de cómo se forman los precios.

De 1980 a 2007, los CLU de la zona euro han aumentado, pero no por los salarios, sino por incrementos en los precios. Aunque fuera cierto, como dicen los neoliberales, que los CLU determinan la competitividad y ésta el nivel de empleo, no es cierto que sólo se pueda disminuirlos mediante ajuste salarial, sino que se pued eintervenir en el componente precios. Y éstos dependen sobre todo del poder de las empresas en el mercado. Si la zona euro pierde competitividad no es porque suban los salarios (que de hecho están bajando), sino porque los mercados están dominados por grandes empresas que tienen el poder suficiente para subir los precios o mantenerlos cuando bajan los costes, al margen de las reglas de la competencia.

La imposibilidad de que todos los países sean competitivos

Ser más competitivos es poder vender los productos en el exterior a un precio más bajo que el de los rivales. Obviamente, el éxito de un país en este tema supone el fracaso de otro, no pueden ser todos competitivos a la vez. Pero, además, la competitividad va por sectores: por ejemplo, aquellos que venden sobre todo fuera pueden ser partidarios de fuertes descensos salariales porque no dependen de la demanda interna, mientras que a las pequeñas empresas les sucede lo contrario. Quienes venden fuera, pero en países que aplican la misma política de reducciones salariales no podrán tampoco vender sus productos.

La alternativa es otra: mejorar la posición en los mercados mediante mejor productividad, calidad e innovación, y sustituyendo la competencia por la cooperación, acuerdos y sinergias orientadas a la satisfacción de las necesidades humanas.

La necesidad de un pacto nacional sobre el reparto de la renta

Detrás de un alto –incluso en bonanza- nivel de desempleo, un bajo ingreso y competitividad empresarial, está la muy desigual distribución de la riqueza. La participación de los salarios en la renta nacional ha bajado diez puntos en la última década, y trece desde 1976. Sin cambiar la distribución de ingresos, no se puede recuperar el empleo en España.

La evolución de las rentas del trabajo y de la desigualdad salarial

Con Grecia y Portugal, España tiene los salarios más bajos (en euros estandarizados según la capacidad adquisitiva) de la UE-15. Además, en España hay una gran distancia entre los más altos y los más bajos: entre el decil superior y el inferior, la ratio es de 3’46 (Suecia 2’28, Francia 2’91, Alemania 3’35). También es muy alto el diferencial entre el decil superior y el salario medio.

Los países nórdicos, los de salarios más altos y menores diferencias salariales son también los más eficientes económicamente, y los países de salarios mínimos más bajos (Grecia, Portugal y España) son los de mayor desempleo.

Los incrementos de salario mínimo tienen un impacto muy positivo en la recuperación de la demanda. Por eso, en su lucha contra la Gran Depresión, el presidente Roosevelt en Estados Unidos reforzó el poder de los sindicatos, para obtener subidas en el salario mínimo.

Los beneficios empresariales: tanto aumento ¿para qué?

La crisis no ha afectado gravemente a los grupos empresariales más importantes de España; muy pocos de ellos han registrado pérdidas. Sin embargo, no se les ha impedido disminuir plantillas o disminuir salarios, como sí se ha hecho en otros países europeos. Estos excedentes empresariales no se han dedicado mayoritariamente a la inversión, sino a la especulación o a la exportación de capitales a otros países.

Pacto de rentas y cambio de modelo productivo

Hay tres evidencias fundamentales en la economía española: fuerte desigualdad con insuficiencia de rentas para la demanda en el mercado interno; inviabilidad de que todas las economías europeas o todos los diferentes sectores puedan ser competitivos unos frente a otros; y los incrementos de excedente empresarial y depresión de la demanda interna no pueden mantener niveles de empleo suficiente.

La regeneración de la economía española precisa de un fortalecimiento del mercado interno y una modificación de las tradicionales líneas productivas exportadoras. Se necesitaría un gran pacto de rentas que elevara la participación de los salarios en la renta nacional, lo que no sólo beneficiaría a los asalariados, sino a las pequeñas y medianas empresas, en sus beneficios y en su capacidad de contratar. No bastaría con eso, sino que haría falta una fuerte inversión en educación, innovación y desarrollo y en actividades de nueva generación, en lugar de en gigantescas infraestructuras cuyo beneficio esencial es para constructoras y bancos.

La viabilidad de la propuesta

Los economistas neoliberales, los organismos internacionales en sus manos (FMI, OCDE), los banqueros y los dirigentes de la patronal argumentan que el crecimiento económico lo producen las empresas, por lo que hay que bajar los salarios para que tengan más beneficios y puedan invertir. Otros economistas subrayas que el crecimiento no depende sólo de la inversión, sino del consumo, el gasto público y el saldo de comercio exterior. Los estudios técnicos demuestran que cuál de estas estrategias sea mejor depende de la configuración de la economía, pero que en la economía europea, y específicamente también en la española, la mejor táctica para aumentar el crecimiento es incrementar los salarios (Bhaduri y Marglin, 1990).

 

VII – La financiación de otro modelo de actividad económica

 

El primer efecto de la crisis, en 2007, fue el cierre del crédito a empresas y consumidores. Las grandes empresas disponen de fondos propios y pueden emitir acciones o títulos financieros para captar dinero, pero las pequeñas no tienen liquidez ni esa capacidad. Esto supuso un duro golpe a la economía real y al empleo, mucho más dependiente de las pequeñas que de las grandes empresas.

El problema generado por la banca internacional afectó gravemente a la economía productiva y al crecimiento. El Banco Central Europeo (BCE) y los Estados reaccionaron, pero mal: en lugar de garantizar un flujo de dinero hacia la economía, siguieron confiando en la banca privada para esta función y le prestaron dinero muy barato con el fin de que llegara a empresas y familias, pero la banca no lo usó en eso, sino en tapar sus agujeros contables, especular y prestar a los Estados que les estaban facilitando el dinero.

La deuda pública

La recesión en la actividad económica disminuyó los ingresos del Estado por vía impositiva al caer la renta de las personas (IRPF), de muchas empresas (impuesto sobre sociedades) y del consumo (IVA), a la vez que aumentaban sus gastos  (prestamos a y rescates de bancos, planes iniciales de estímulo económico). Se incrementó por tanto la necesidad de endeudamiento.

En España la deuda pública pasó del 39’6% en 2006 al 60’1% en 2010. En el conjunto de la UE creció un 30% entre esos años. El BCE podía haber prestado directamente a los Estados o haber emitido deuda, pero dejó que éstos se endeudaran y que el dinero fluyera a la banca privada, sin controlar lo que hacía ésta.

Hay alternativas, relativas a las tres dimensiones del problema: financiación bancaria, financiación del Estado y financiación del déficit público y de la deuda.

Reformar el sistema de financiación bancaria

No se puede confiar en una banca privada desregulada, hay que hacer reformas con los siguientes principios y prioridades.

Garantizar la financiación

Los bancos comerciales siguen recogiendo el ahorro, pero han dejado de financiar la actividad económica, desplzando la mayor parte del dinero a procesos especulativos, que sólo benefician a una parte muy minoritaria de la sociedad. Hay que obligarles a financiar la economía, imponiéndoles coeficientes o con medidas indirectas.

Reforzar la regulación y la vigilancia

Los reguladores han permitido todo tipo de prácticas financieras, instrumentos de ingeniería financiera que ni siquiera comprendían, estafas impunes a sus clientes. Y los directivos de esos bancos han pasado a desempeñar importantes responsabilidades institucionales (gabinete de Obama, presidencia del BCE, gobiernos deGrecia e Italia, …).

Depurar responsabilidades

Es una necesidad inmediata, esencial e ineludible. Salvo en Islandia, no se ha hecho en ningún lado, al contrario, se les sigue retribuyendo con largueza. Se necesita una comisión independiente que señale a todos los beneficiarios de la crisis.

Banca pública

En España, el capital aucmulado durante décadas en las cajas de ahorro se les ha entregado a los bancos, en un auténtico expolio. Pese a la excusa que se usó de que eran demasiado grandes para caer, ahora se les infla aún más haciendoles absorber a las cajas.

Hay que nacionalizar las cajas para que tengan una verdadera vinculación al desarrollo regional y local. El resto de la banca privada obtiene enormes beneficios incluso con la crisis, que dedica a retribuir accionistas y a ampliar el negocio, principalmente fuera de España. Hay que plantear su nacionalización.

Controlar la creación de dinero bancario a través de la deuda

Cada crédito concedido, la banca está generando lo que se denomina dinero bancario (dinero depositado + dinero prestado > dinero depositado).

Modificar la función de los bancos centrales

El BCE está dando dinero a la banca privada a un bajíismo interés, sin controlar que se revierta a la actividad económica. Es necesario someter el BCE a los poderes representativos y vincular su función al pleno empleo y a la satisfacción de las necesidades humanas, gobernado con transparencia y pluralidad.

Banca ética

Además de subordinarse a la economía productiva, la banca  tiene que tener un carácter ético impuesto mediante la ley, para que sea transparente y se asegure el buen uso de sus fondos.

Descentralizar el sistema bancario y monetario

Cuanto más global es un banco, menos eficiente resulta en la financiación de la economía local y personal, menos conoce las peculiaridades de cada sector. Hay que promover la segmentación de la actividad bancaria y romper el actual oligopolio. Fomentar alternativas éticas y solidarias a la banca comercial (microfinanciación, redes alternativas, monedas locales, mercados no convencionales).

La financiación del sector público

Insuficiencia de gastos e ingresos

Rebajar el gasto público ante la caída de los ingresos del Estado es una medida muy negativa para los intereses sociales y para el funcionamiento de la economía. Para acercarnos a los niveles de la UE-15 deberíamos incrementar ingresos y gastos públicos.

No hay que tener una prevención sistemática frente al déficit. Hay inversiones cuya utilidad es a largo plazo y es lógico que se financien con deuda.

Pero es que, además, disminuir el gasto no es la única manera de cuadrar las cuentas públicas (ni es una buena manera, porque el gasto público es un estimulante del crecimiento y el empleo). Hay que aumentar los ingresos, generando más actividad económica y reestructurando las fuentes de ingresos impositivos. Se difunde con fuerza la idea de que los impuestos son malos y no deben subir, ocultando que no todo el mundo paga los mismos (en España, por ejemplo, los pagan principalmente los asalariados), y que las disminuciones y rebajas fiscales se centran en las rentas más elevadas, las del capital y las inmobiliarias.

Justicia fiscal

Aunque el sistema impositivo pretende ser progresivo, en realidad no funciona así. Por un lado, por el economía sumergida (en torno al 23% del PIB), pero sobre todo por el fraude fiscal y el uso de instrumentos financieros específicos para este fin (las SICAV, por ejemplo), los paraísos fiscales.

Los sucesivos gobiernos han ido reduciendo los impuestos directos, subiendo ligeramente los indirectos, disminuyendo los ingresos totales y restando progresividad al sistema.

La financiación del déficit y la deuda pública

Terrorismo financiero

El diferencial entre ingresos y gastos del Estado se cubre con la deuda pública, donde los inversores demandan tipos de interés que dependen de la confianza en la marcha de la economía en ese Estado.

Al haber muchos inversores, muy cualificados y con muchos medios a su alcance, se han dado ataques especulativos, generando ellos mismos rumores que generaran falta de confianza para elevar los intereses, haciendo la deuda más y más costosa. Entre ellos están los grandes bancos europeos, que reciben dinero barato del BCE y lo usan para prestar dinero a los Estados. A la vez, achacan la desconfianza a la necesidad de unas reformas estructurales que aumenten el poder de la banca y de las grandes empresas.

Los Estados entran en un círculo visioso de endeudamiento, que lleva a la banca, para garantizar la devolución de la deuda, el rescate europeo (con fondos públicos) de esos Estados (para que sigan pagando a la banca privada).

El caso de Irlanda

Los neoliberales ponían como ejemplo a Irlanda, que aplicaba las políticas del FMI: bajos impuestos sobre el capital, liberalización de la actividad económica, privatizaciones, moderación salarial, facilidades al capital. Este sistema parecía funcionar, pero sólo si se atendía al crecimiento del PIB y se obviaba el incremento de las desigualdades y la disminución de los estándares de bienestar. Sin embargo, fue el primer país que entró en recesión, en 2008, al empezar la crisis de las hipotecas basura; aplicó entonces el programa de austeridad y recortes que propugnaban los neoliberales: bajadas de sueldos, de prestaciones sociales, eliminación de programas de gasto público, a la vez que se derivaban miles de millones de euros para los bancos quebrados. El efecto fue una contracción tremenda, una disminución del PIB del 11% en 2009, caída del 30% de la inversión, del 7% del consumo, y crecimiento de la deuda.

Equívocos sobre la deuda

Cuando se califica de indeseable a la deuda, rara vez se menciona a la privada y no se suelen contemplar sus causas. Se simplifica diciendo que la deuda privada implica que hemos vivido por encima de nuestra posibilidades y que la pública implica gobernantes manirroros y despilfarradores. Nunca se habla de combatirla aumentando ingresos, sino disminuyendo gastos. Y se oculta que la deuda es un negocio de la banca, no sólo por los ingresos que obtiene, sino por el poder que adquiere sobre los Estados y el resto de la sociedad.

El origen real de la deuda

Los neoliberales han logrado convencer a la gente de q       ue, si la deuda es culpa de los gobiernos, hay que hacer que éstos gasten menos y que el Estado disminuya su tamaño y sus prestaciones, dejando así más espacio al negocio privado. Esta ocultación de los verdaderos orígenes de la deuda tiene efectos muy graves: en Grecia está suponiendo un fortísimo deterioro de las condiciones de vida, sin tener en cuenta que en el origen de su deuda está la venalidad de los coroneles golpistas, la corrupción durante los juegos olímpicos, la compra de mucho armamento militar a crédito y las imposiciones en política económica de la banca europea (disminuir el poder adquisitivo para aumentar la demanda de créditos, despidos y disminuciones de salarios para dar más poder al empresario sobre los trabajadores).

Auditar la deuda

La deuda que se obliga a contraer a unos para el beneficio de otros, es deuda odiosa ilegítima, y puede ser rechazada. Hay que auditar la deuda, de forma independiente y veraz, para descubrir a quién ha beneficiado y cuál ha sido su origen real. La deuda que sólo haya beneficiado a la banca, las grandes empresas y los especuladores puede ser repudiada. También pueden hacerse reestructuraciones. Podría por ejemplo declararse inmoral la deuda comprada por la banca con el dinero prestado por el Banco Central Europeo.

Naturalmente, este proceso no sería fácil. Los poderes financieros contraatacarían con fuerza, por eso es recomendable actuar conjuntamente con otros países, auditar a nivel europeo. Y, a la vez, reformar el sistema para evitar especulaciones a la contra. Pero se puede ejercer ese derecho con daños menores a los que tendría no hacerlo.

Los costes de las actuales estrategias europea y española frente a la deuda

Las medidas que se vienen tomando pueden suponer el colapso de la demanda privada. Sería más eficiente que el sector público compensara esa caída hasta que la demanda privada se recuperara. Pero las medidas que se toman son procíclicas, lo que aboca a un escenario de recesión. Si el BCE compra deuda durante dos años por un valor del 4% del PIB, subiría el montante bruto de la deuda, pero la reactivación de la actividad económica supondría una proporción menor de deuda sobre el PIB.

 

VIII – Otra Europa, otro mundo

 

Está claro que no hay un camino único para salir de la crisis, pero no se puede prescindir del entorno en el que estamos situados. Por una parte, pertenecemos a la UE, por lo que las políticas económicas están muy sujeras a decisiones consensuadas o impuestas por los países más poderosos. En segundo lugar, pertencemos a la zona euro, lo que implica la imposibilidad de devaluar nuestra moneda y el sometimiento a un BCE que no está controlado democráticamente, que está muy ideologizado y que es muy favorable a los intereses del capital financiero. En tercer lugar, la economía está hoy globalizada: los capitales, las industrias, pueden amenazar con deslocalizarse si se les imponen normas (ambientales, laborales, fiscales, …) que no les interesen. En cuarto lugar, los capitales financieros tienen poder suficiente para atacar la moneda de cualquier país que no obedezca, o para encarecer salvajemente su deuda.

Nada es inamovible

Los factores mencionados no son inmutables, ni implican una total impotencia. La idea de que no hay otras posibilidades, de que no se puede hacer nada, es ideológica y no casual, sino provocada por los que se benefician de ella.

Europa: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

Aunque desde el sur de Europa, países que habían sufrido dictaduras y gobiernos muy conservadores, se tenía una idea romántica de la Unión Europea, ésta fue promovida por unas élites industriales y financieras que querían un mercado único. La banca alemana, por ejemplo, fue crucial en el diseño del Banco Central Europeo (BCE), como entidad orientada al control de la inflación y que tenía prohibido financiar a los Estados.

De hecho, el desarrollo de la Unión ha priorizado totalmente los temas financieros y monetarios, dejando muy atrás la economía productiva, permitiendo  que se incrementaran las diferencias regionales, haciendo competir entre sí a los Estados y frenando el crecimiento y el empleo para pevenir subidas de la inflación. La consecuencia es que los países del sur han perdido tejido productivo y los grandes grupos empresariales y financieros alemanes han acumulado ingentes cantidades de euros que han sido masivamente prestados a empresas y Estados del sur, para financiar las exportaciones alemanas. Han optado por fomentar la demanda externa para sus exportaciones, y no por la interna de mejorar la situación de los asalariados alemanes. Al final, los intereses de los trabajadores del norte y el sur de Europa pueden coincidir entre sí, como lo hacen entre sí los de los banqueros nor y sureuropeos.

El tremendo incremento de la deuda privada y pública en el sur ha sucedido financiado por la banca del norte y en interés de ésta. Su receta ahora es profundizar en las medidas que dieron lugar al problema, deteriorando trabajo y salarios, beneficiando a las empresas exportadoras que no precisan de demanda interna.

Otro proyecto económico para Europa

Para cambiar las cosas, lo primero que hace falta es que la zona euro tenga un verdadero Estado detrás, con políticas económicas y fiscales coordinadas. El presupuesto de la UE es el 1% de su PIB, mientras que el de los Estados Unidos es el 30%.

Coordinación política y Hacienda europea

Hace falta un sistema fiscal europeo, potente y progresivo, que garantice una demanda interna europea, y que promueva la actividad económica en toda la Unión, sin agravar desequilibris territoriales. Este sistema permitiría que la deuda púbica fuera global, lo que daría lugar a mejores condiciones de financiación y a menos debilidad ante ataques de especuladores.

Un nuevo estatuto para el BCE

Debe ser un verdadero banco central, dependiente del Parlamento Europeo, y no de la banca privada, y ocupado tanto en estimular la actividad económica como en controlar la inflación.

Regulación financiera

Hay que regular los mercados importantes, como el deuda, y prohibir instrumentos cuya única función es la especulación (CDS, operaciones al descubierto). Es imprescindible asimismo un pacto social capital-trabajo de ámbito europeo.

Autosuficiencia financiera y control de capitales

Europa debe ser una zona de autosuficiencia financiera. Para poner en marcha una política fiscal adecuada, hay que prohibir los paraísos fiscales. La amenaza de que entonces el capital se fugará donde no haya impuestos se combate con el cierre del espacio financiero a la especulación y los controles de movimientos de capital.

Impuestos sobre las transacciones financieras

Hacen falta impuestos sobre las transacciones financieras y sobre las ganancias del capital, no sólo como medida recaudatoria, sino también como mecanismo económico.

Otro modelo productivo

Hay que hacer una planificación a largo plazo que cambie el modelo de crecimiento hacia la cooperación y la coordinación, los nuevos sectores (información, renovables, investigación) que dan beneficios concretos a la colectividad, con códigos de responsabilidad empresarial y formas alternativas de producción y consumo.

Convenios colectivos a nivel de toda la Unión Europea

El empresariado puede deslocalizar la producción cuando le interese dentro de la UE. Esta posibilidad debe compensarse con convenios colectivos de ámbito europeo.

Una democratrización muy profunda de las organizaciones europeas

Hoy en día están controladas por el poder financiero y las grandes empresas.

¿Salir del euro?

La unión monetaria sólo es una ventaja para todos si está bien diseñada y tiene mecanismos de compensación entre las diversas realidades económicas. Pero salirse hoy del euro supondría recibir ataques feroces y años de caos y empobrecimiento; ni siquiera está legalmente regulado cómo se sale del euro. Pero si no hay un cambio en las políticas económicas, no va a haber más remedio que escapar de una jaula que es un infierno para los trabajadores.

Más allá de la globalización neoliberal

El planeta sufre una deriva terrible de pobreza y hambre, y sin embargo la crisis económica ha absorbido recursos ingentes para salvar a quienes la habían provocado.

Instituciones democráticas

Hay que democratizas los organismos internacionales para que dejen de actuar sólo como arietes de los poderes financieros.

Necesidad de planes de estímulo

La ONU reconoce que no se puede confiar a los mercados la recuperación, y por eso recomienda planes estatales de estímulo, que además deben financiar también a los países en desarrollo.

Renegociar la deuda

La ONU tabién promueve que se estudien cancelaciones parciales o moratorias de la deuda, porque es impagable sin sacrificios tremendos y sin hipotecar por décadas l actividad económica.

Regulación financiera internacional

El informe sobre la crisis de la ONU también recomienda transparencia en los mercados financieros, lucha contra la corrupción, incremento en la regulación y desincentivos severos a los comportamientos irresponsables.

Control de la ingeniería financiera y del riesgo sistémico

Deben vigilarse y auditarse los productos financieros derivados para que se conozca su valor real y se respalden con reservas de capital suficiente. Las agencias de calificación no pueden caer en conflictos de intereses. Los bancos centrales deben ser genuinos vigilantes con un mandato amplio, que no sólo controle los precios, sino que tenga en cuenta el empleo y las prestaciones sociales.

Un nuevo sistema monetario internacional

No podemos seguir en un sistema basado en el dólar estadounidense, cuando ese país está terriblemente endeudado y en manos de la inversión china. Una cesta de divisas, en lugar de una moneda imperial, sería mucho más estable.

Acabar con el cinismo del comercio internacional

Se supone que hoy día, como recomiendan los neoliberales, el comercio mundial está regulado por los principios del libre comercio, en virtud del cual se ha obligado a los pequeños países a dejar desprotegida (y perder) su agricultura, industria y servicios. En realidad, los países ricos (UE, EEU, Japón) no practican el librecambio, sino que dan a sus empresas una protección que prohiben aplicar a los países débiles. Esta doble moral ha empobrecido a millones de personas en todo el mundo.

El libre comercio no existe en la práctica. Además, no es cierto que sea más eficiente en cualquier caso, sino sólo si se dan una serie de circunstancias (y no es el caso): mercados de competencia perfecta en los que ningún productor es suficientemente potente para alterar los precios, homogeneidad de los productos, productores y consumidores perfectamente informados, compensaciones respecto a los efectos negativos (pérdidas de rentas, despidos, costes de reestructuración), etc.

Hace falta una reordenación del comercio internacional que repare los daños causados, que proteja las economías locales, que permita aprovechar las ventajas de lo local y lo global.

Gobierno y justicia económica global

Todo esto requiere acabar con el poder del gobierno internacional informal (dirigentes empresariales y financieros unidos, imponiendo medidas a los gobiernos de los países más grandes, quienes las imponen al resto), y reforzar instituciones como la ONU, un gobierno mundial representativo que establezca impuestos, normas, tribunales.

 

IX – La economía al servicio de las personas y en armonía con la naturaleza

 

Fallos profundos

El sistema económico funciona mal a nivel planetario, si se observa el número de muertes por hambre cada día, cuando las cifras que se gastan en armamento o en rescate de la banca privada europea permitiría subvenir esas necesidades. A nivel local, tenemos un sistema productivo incapaz de generar empleo y recursos a la población ni siquiera en tiempos de bonanza económica.

Estos fallos no pueden ser sólo económicos, cuando en medio de tremendas privaciones hay quienes juegan con cantidades ingentes de dinero en casinos financieros. Hay también un degradación de los valores sociales y una concentración tremenda de poder en pocas manos.

Lo primero son las personas

Actualmente tiene prioridad el beneficio, el lucro, sobre las necesidades humanas más perentorias, se permite especular con las materias primas alimentarias básicas. Se intenta hacer pasar por lógica económica que los ricos paguen mucho menos por su dinero que los trabajadores.

El paro, la crisis, la pobreza, la desigualdad, no son fallos de funcionamiento, defectos en la ingeniería social, problemas a resolver por técnicos y especialistas. Son consecuencias de las desigualdades de poder.

Poner a las necesidades de las personas por delante, implicaría que no se puedan tomar grandes medidas económicas sin que la gente, informada, se pronunciara sobre ello. Implica que no se admitan asignaciones de recursos que impliquen desprotección y exclusión sociales.

Otro modo de producir y consumir. Otros valores

La producción y el consumo en los países capitalistas se desarrollan en la falsa presunción de la inagotabilidad de los recursos. No se valoran actividades económicas muy importantes, como el trabajo doméstico, si no son monetarizadas; lo mismo con la pérdida de recursos naturales.

Los economistas usan el PIB como paradigma de medición del estado de la economía, dando por bueno que ha de aumentar siempre lo más posible y cuanto antes, sin tener en cuenta el gasto de naturaleza que ello implica. No se tiene en cuenta la “huella virtual” de nuestras actividades cotidianas sobre el planeta. No se valora correctamente en términos energéticos lo que supone el tráfico continuo de mercancías, alimentos que como media se mueven 4.000 kilómetros de donde se producen a donde está el consumidor final. El consumo y la producción en los países ricos desborda su biocapacidad global, lo que implica que están colonizando ambientalmente a los países no desarrollados.

Hay que aprender a medir y valorar de otro modo nuestras necesidades, utilizando indicadores y variables diferentes del PIB. Dar prioridad a la producción local y próxima. Modificar las actuales pautas de consumo, que fingen hacernos diferentes e individualizarnos, cuando en realidad nos aislan y dessocializan, desprestigiando al sindicato, a la asociación de vecinos, para que estemos sólos ante el régimen de las desigualdades. Los productores lo saben y por eso se han hecho con el control de los medios de información.

Necesitamos pensar la revés, situarnos en coordenadas diferentes, usar nuestros propios códigos y crear un relato colectivo que nos permita interpretar la realidad por fuera de la visión de las empresas.

¿Hablamos sólo de utopías? ¿Se puede cambiar la sociedad?

Este libro propone medidas concretas. ¿Son viables? Históricamente, las preferencias sociales se convierten en viables cuando sus defensores logran convencer al conjunto de la sociedad. Hoy, grupos reducidos tienen un poder (económico y de información y difusión) inmenso, que oculta la realidad económica. El poder se desplaza a espacios no representativos (“los mercados”), degradando las instituciones democráticas y debilitando la participación política.

Otro mundo es posible

Los cambios sociales históricos son posibles, pero precisan fuerza social, empeño político, un proyecto, visibilización, la ruptura de inercias. Hay que desarrollar un sistema diferente de deliberación, de información, construir contrapoderes en el trabajo, los barrios, la vida cotidiana. Y no creer a quienes dicen que es imposible.

Cambios políticos necesarios

Los diagnósticos deben acompañarse de propuestas, y hay que transmitir a la ciudadanía que son realistas, razonables, posibles, populares. Pero para ello hay que mejorar sustancialmente el sistema político, para que sea representativo y democrático. Hay que cambiar la ley electoral bipartidista, fomentar otras vías de participación, democratizar instituciones, poder revocar mandatos, democratizar a los partidos políticos, garantizar la libertad de prensa mediante la diversidad.

 

X – 115 propuestas concretas

 

Gobernanza mundial

1. Constituir un gobierno mundial que reduzca el poder de los grupos privados.

2. Incrementar las competencias de la ONU en materia de economía y finanzas, en subordinación a los derechos humanos.

3. Democratizar BM, FMI, ONU.

4. No admitir en las organizaciones internacionales a quienes no respeten la Declaración de derechos humanos.

Sistema financiero y monetario internacional

5. Estatuto de la banca internacional que separe banca comercial y banca de inversión y que incremente el coeficiente de caja.

6. Regulación: prohibición de la especulación, las operaciones al descubierto, los CDS, los OTC, las operaciones de alta frecuencia, el secreto bancario y los paraísos fiscales.

7. Impuesto sobre transacciones financieras.

8. Sustitución del dólar en el sistema internacional de pagos por una cesta de títulos respaldada por varias divisas.

Justicia global

9. Fondo de restitución para compensar a los países empobrecidos por el colonialismo y el neoliberalismo.

10. Ayuda al desarrollo del 0’7% del PIB, gestionada por la ONU.

11. Reducción del 20% del gasto militar y transferencia de esos fondos a la ONU.

12. Imposición a los beneficios extraordinarios del comercio internacional y a la emisión de gases contaminantes, pasando lo recaudado a la ONU.

13. Ejecución de los compromisos incumplidos del G-8 en ayudas sobre catástrofes y hambrunas.

14. Cumplimiento de los objetivos del milenio.

Comercio internacional

15. Definición de nuevas reglas para el comercio internacional, más justas y democráticas.

16. Desaparición de las barreras al comercio y las subvenciones impuestas por los países ricos.

17. Prohibición del dumping de productos no autorizados en los países ricos a los países pobres (sic).

18. Código de responsabilidad de las empresas multinacionales para garantizar condiciones laborales, sanitarias y humanas.

19. Control estricto sobre el sector armamentístico.

20. Código internacional de investigación sanitaria y financiación por la ONU de la no rentable.

21. Garantía de la propiedad de la población sobre los recursos naturales, incluida el agua.

Constitución de un auténtico Estado confederal europeo

22. Reforzar el poder del Parlamento Europeo.

23. Nombramiento de la Comisión Eurpea por el Parlamento.

24. Mecanismos de coordinación internacional de las políticas europeas.

25. Estatuto del euro que garantice simetrías, equilibrio e igualdad entre los pueblos.

26. Cumplimiento de indicadores de derechos humanos, sociales y políticos como requisito de pertenencia a la Unión Europea.

27. Flexibilización de los criterios de Maastricht para permitir el estímulo económico.

Instituciones económicas

28. Subordinación del BCE al Parlamento Europeo, imponiéndole como prioridad el pleno empleo, la igualdad, el bienestar humano y la protección de los Estados frente a los especuladores europeos.

29. Creación de una agencia pública de calificación y prohibición de que las privadas califiquen la deuda pública.

30. Creación de la Hacienda europea, con una política fiscal progresista y no competitiva entre países.

31. Reforzamiento del Banco Europeo de Inversiones al Desarrollo, con una política de cambio del modelo productivo.

Europa y la economía internacional

32. Definición de la UE como zona de autosuficiencia financiera.

33. Control de capitales contra los movimientos especulativos.

34. Prohibición de paraísos fiscales.

35. Acomodamiento de la regulación financiera internacional al entorno europeo de autosuficiencia financiera.

36. Impuesto sobre transacciones financieras. Impuesto sobre activos bancarios para financiar eventuales rescates futuros.

37. Renuncia a las ayudas comerciales y subvenciones en la UE en aquellos productos que compitan con los de países empobrecidos.

38. Mecanismos redistributivos: transferencias entre países y entre clases sociales.

39. Fomento de la producción local y no contaminante.

40. Coordinación salarial y convenios colectivos europeos. Pacto capital-trabajo sobre recuperación del peso de los salarios en la renta global.

41. Directivas europeas en igualdad, conciliación y corresponsabilidad.

42. Códigos de responsabilidad empresarial y limitación de remuneraciones de directivos.

43. Promoción de las cooperativas y de la gestión democrática de las empresas.

Respuestas inmediatas a la crisis

44. Creación de una comisión de expertos que depure las responsabilidades de los causantes.

45. Planes de estímulo del crecimiento sostenible orientado a la riqueza social, con empleos decentes, igualdad y respeto al medio ambiente.

46. Auditoría de la deuda pública para detectar contatos ilegitimos.

47. Poder al BCE para que emita títulos de deuda propios para su financiación y ayuda a la de los países.

Respuestas inmediatas a la crisis en España

48. Referéndum vinculante para cualquier plan de ajuste estructural.

49. Pacto de rentas capital-trabajo para llevar la participación de los salarios en la renta nacional al máximo del periodo democrático.

50. Estímulo de nuevas actividades y formas de producción y consumo.

51. Auditoría de las deudas pública y privada para denunciar la ilegítima.

52. Comisión de responsabilidades sobre actuación de las autoridades en la burbuja inmobiliaria y el endeudamiento extremo.

53. Nacionalización de las grandes empresas privatizadas.

54. Incremento del gasto social para que España alcance la media de la UE-15 en cinco años.

55. Plan de igualdad de género que elimine discriminaciones, fomente la corresponsabilidad y eleve la tasa de actividad femenina a la media de la UE-15.

Sistema financiero

56. Creación de una banca pública que financie la economía y a empresas y ciudadanos, mediante la nacionalización de las cajas de ahorro y de las entidades ayudadas con fondos públicos.

57. Impuesto sobre beneficios extraordinarios de la banca y activos financieros.

58. Código de comportamiento ético de la banca pública.

59. Elevación de los coeficientes de caja y de inversión.

60. Promoción de nuevos tipos de instituciones financieras (locales, microfinanciación).

Modelo de producción y consumo

61. Redefinición del modelo productivo hacia el mercado interno, la demanda doméstica, potenciando sectores de energías renovables, recuperación de viviendas, Estado social.

62. Modelo de crecimiento basado en el mercado interno mediante altos salarios y elevado gasto público.

63. Fomento de la agricultura ecológica y de la producción de proximidad.

64. Modelo de transporte que priorice el de la mayoría de la población sobre el minoritario de élite.

65. Disminución del peso de los intermediarios fomentando la producción y distribución locales.

66. Acercar los lugares de consumo y producción, apoyando al pequeño comercio contra los centros comerciales.

67. Cogestión y democratización en las empresas.

Desarrollo empresarial y del emprendimiento

68. Garantizar la financiación de las pymes mediante la banca pública.

69. Horario laboral que mejore las condiciones de los trabajadores e incremente la productividad.

70. Agilización de trámites burocráticos para la creación de pymes.

Fiscalidad

71. Incrementar la progresividad, los tramos y los tipos de los impuestos sobre la renta y sociedades. Recuperación de impuestos sobre la riqueza, con tramos exentos.

72. Igualar la fiscalidad de las rentas de capital y de trabajo.

73. Incrementar los presupuestos destinados a la lucha contra el fraude y aumento de inspecciones sobre las grandes empresas.

74. Eliminación de privilegios financieros de la Iglesia y destino de esos fondos a la educación pública laica.

75. Individualziación total del IRPF.

Creación de empleo y derechos laborales

76. Derogación de las reformas laborales neoliberales.

77. Equiparación del SMI con el los países de la UE de similar PIB.

78. Recuperación progresiva y negociada de los abanicos salariales hasta llegar a la proporción máxima entre extremos de 4 a 1.

79. Aumento de las prestaciones por desempleo.

80. Prohibición de despidos en empresas con beneficios.

81. Reparto del trabajo y disminución de la jornada laboral.

82. Fortalecimiento normativo de la corresponsabilidad varones/mujeres y de la conciliación familiar/laboral.

83. Hoja de ruta para la consecución de la equiparación y obligatoriedad de los permsos de maternidad/paternidad.

84. Plan de austeridad pública que respete los derechos laborales y sociales.

Derechos sociales

85. Fomento de la vivienda en alquiler social, mediante el uso del parque en posesión de las entidades financieras.

86. Anular el condicionamiento de las prestaciones o desgravaciones de la Ley de Dependencia por la inactividad laboral de las personas cuidadoras.

87. Paralización de los deshaucios, dación en pago voluntaria y comisiones de arbitraje para evitar la pérdida de la vivienda.

88. Reducción de un 35% del gasto militar en tres años.

89. Incremento del número de empleados públicos, especialmente en bienestar, hasta alcanzar el promedio de la UE-15.

90. En el sistema público de pensiones, financiación por impuestos, reducción de la vida laboral; fin de los incentivos a los planes privados de pensiones.

91. Eliminación del retraso de la edad de jubilación a los 67 años.

92. Desarrollo del cuarto pilar del Estado del bienestar hasta llegar a la media de la UE-15 en cinco años y a los países nórdicos en diez.

Educación

93. Aumento del número y la atención de escuelas infantiles.

94. Fin del régimen de concertación con la enseñanza privada.

95. Aumento del gasto en educación hasta que todas las CCAA alcancen la media europea.

96. Mejora de las condiciones laborales y sociales de maestros y profesores.

97. Mejora del bachillerato y la FP combatiendo el fracaso y el abandono escolar.

98. Financiación pública de la universidad hasta el nivel de la UE-15

99. Reforma del sistema europeo de enseñanza superior para que, como servicio público, se oriente a la promoción del conocimiento que satisfaga necesidades sociales.

100. Garantía de que en economía se estudien diversas escuelas de pensamiento y no sólo la neoliberal.

101. [Repetido del 96]

102. Incremento de la financiación de la investigación hasta llegar al promedio de la UE-15.

103. Recuperación del potencial de investigadores jóvenes exportados, mediante dignificación y salario.

104. Estímulo de la investigación e innovación en empresas privadas, mediante la vinculación a ello de otras ayudas y subvenciones.

Política

105. Austeridad y ejemplaridad en el gasto público, mediante nuevas formas de evaluación y control.

106. Facilitar la participación ciudadana en el conocimiento y control del dinero y los servicios públicos.

107. Garantía de la pluralidad de medios de comunciación, prohibición de su concentración y fomento de los alternativos.

108. Garantizar que los medios públicos presenten la pluralidad ideológica de la sociedad y condicionar las ayudas a los privados a esto.

109. Establecer laresponsabilidad pública en la defensa del consumidor de bienes y servicios privados y públicos.

110. Control de la eficiencia en la administración pública mediante instrumentos de nuevas teconologías y transparencia. Democratización de los partidos políticos. Responsabilización de los electos ante los electores y no ante las élites de los partidos.

111. Transparencia total en la financiación de partidos políticos. Prohibición de las contribuciones privadas en la campaña electoral. Prohibición del flujo de personas entre organismos reguladores y regulados, con un mínimo de cinco años de demora.

112. Incentivo de la participación ciudadana, con referéndums a todos los niveles. Autoridad independiente que evalúe al final de la legislatura el grado de cumplimiento de los programas electorales.

113. Poner en la base del sistema que el valor del voto debe ser igual para cada ciudadano, resida donde resida.

114. Redefinición constitucional de la responsabilidad y autoridad en los diversos niveles del Estado, para garantizar la igualdad efectiva de todos los ciudadanos.

115. Electividad constitucional de todos los cargos públicos representativos, prohibición de su herencia.

 

 

La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla.

Carácter: Resumen.

Origen: libro en copyleft, disponible en web o editado por ATTAC. 

 El texto de esta anotación está disponible como PDF en la página de descargas.

  

LA CRISIS FINANCIERA. GUÍA PARA ENTENDERLA Y EXPLICARLA

 

Juan Torres López (colaborador: Alberto Garzón Espinosa), ATTAC, copyleft

 

 

I.                   EL DINERO Y LA ESPECULACIÓN FINANCIERA

 

 

Esta crisis no es un caso aislado

 

            Esta crisis es fuerte, pero no es una novedad. Son consustanciales al capitalismo. Ello se debe a que el capitalismo se fundamenta en la búsqueda del beneficio individual, y aunque los liberales clásicos pensaban que esa búsqueda garantizaba el beneficio de todos, no sucede así, ya que no todos tenemos el mismo poder, las mismas posibilidades o capacidad de decisión.

            Un empresario particular estará interesado en que los salarios que paga sean muy bajos, para aumentar sus beneficios, pero entonces los trabajadores tienen menos dinero, compran menos y perjudican al conjunto de los empresarios. Y a la vez, si todos los trabajadores están empleados, compran más, pero también son más fuertes reivindicando sus condiciones laborales, al no asustarles el paro.

            La búsqueda del beneficio aislado acaba produciendo menos ganancias. Cuando el Estado interviene (como tras la IIGM), los ciclos se suavizan y el crecimiento es más estable y prolongado. Cuando han triunfado los neoliberales, el Estado ha perdido fuerza, y eso da lugar a más crisis y más profundas.

 

 

Las burbujas y la crisis

 

            Todas las crisis de los últimos decenios han tenido que ver con los mercados financieros y la especulación.

            Una burbuja es una situación en la que los inversores creen que las subidas en el precio de un producto no son momentáneas, sino permanentes, por lo que compran para vender después a mejor precio. La primera burbuja fue la de los tulipanes en Holanda, en el s. XVII.

            Las burbujas permiten ganar mucho dinero, pero antes o después estallan (ya que la subida no tiene base real, sino que la provoca la misma creencia). Lo que sucede ahora es que las finanzas en su conjunto son una burbuja.

 

 

La transformación del dinero: Las crisis financieras recientes

 

            Históricamente, el dinero era un medio de pago o un depósito de valor (ahorro). Tenía una relación con el volumen de las transacciones, porque era un instrumento.

            Pero ahora, además de instrumento, es objeto de cambio. El dinero se usa para comprar dinero, y su cantidad ha crecido desmesuradamente.

            Esto ha sucedido siempre, pero ahora con un volumen tremendo y con carácter generalizado. El capital se va al casino, en lugar de a la economía productiva.

 

 

La creciente creación de dinero: El dinero bancario

 

            El dinero no lo forman monedas y billetes. Eso es el “dinero legal” (entre el 7 y el 10% de los medios de pago). Luego hay un 60-70% de “dinero bancario”. El legal lo crea el Estado, el bancario los propios bancos.

            Los bancos prestan sobre los depósitos, garantizando éstos, aunque no conservándolos realmente en sus manos. Por ello, el dinero se multiplica (lo depositado + lo prestado). En los años 70 se les exigía conservar el 30% de sus depósitos en liquidez; hoy entre el 2 y el 10%. Ahora crean más dinero.

 

 

Los bancos no sólo crean dinero: El dinero es poder

 

Aunque algunos economistas hablan del dinero como un instrumento neutro, cuyo control corresponde a profesionales, en realidad quien tiene dinero tiene poder, de satisfacción y de decisión. Véase el ejemplo de cierto asunto del Banco de Santander en que la abogacía del Estado recibió orden de inhibirse.

 

 

La financierización de las economías

 

            Si además de ser un negocio rentable, da tanto poder, los bancos están muy interesados en que el dinero bancario crezca. El incremento en la oferta de medios de pago es lo que ha permitido la expansión del capitalismo.

            Pero ahora es distinto. Tras la devastación de la IIGM, Estados Unidos, con un dólar convertible en oro, emitía más y más dinero. Cuando las demás economías mejoraron, empezaron a sobrar dólares y perdieron valor. En 1971 el dólar se devalúa y deja de ser convertible en oro.

            Los grandes beneficios de los 60 y las subidas del precio del petróleo en los 70, generaron una gran cantidad de dólares circulantes. Por tanto, los bancos prestaban con facilidad. Al llegar las nuevas tecnologías, especular en el mercado se convirtió en algo muy barato e inmediato. Daba más beneficios que la economía productiva. Los capitales fueron atraídos a este tipo de mercado: financierización de la economía.

 

 

Beneficios, salarios y especulación financiera

 

            Los cuatro factores de la financierización son: expansión del crédito, reformas institucionales, nuevas tecnologías de la información, y que la ganancia relativa es mucho mayor en la economía financiera que en la productiva.

            ¿Por qué esto último? Por las políticas neoliberales en la economía productiva (precariedad y salarios reducidos) que han supuesto una caída de las rentas salariales (que a su vez aumenta la necesidad de créditos de los trabajadores).

            Por tanto, las rentas que se han incrementado son las de los beneficios y éstas no suponen más consumo, sino más ahorro e inversión. Que van a la economía financiera (que supone mucho menos trabajo diario que la productiva) por que además, con bajas rentas salariales hay menos productos que vender en la economía productiva.

            Los países que han practicado políticas neoliberales han tenido tasas de crecimiento inferiores a las de antes o a las de quienes no las han seguido del todo (países asiáticos, Estados Unidos en algunos momentos). Es obvio que sin una mayor renta de los trabajadores no se puede evitar que el capital se vaya a la financiera.

 

 

El casino

 

            Y ¿por qué se gana tanto en algo que no tiene nada detrás? Cuando alguien ha firmado un contrato de compra de una cosecha, tiene un contrato vendible, “papel”.

            ¿Por qué alguien lo compraría? En primer lugar, porque hay mucha gente con dinero para invertir. Y además, esos compradores saben que hay otros a quienes pueden vendérselo a su vez. Y además es muy barato y requiere mucha menos atención y esfuerzo que producir.

            Se compra papel no por lo que vale, sino porque es vendible fácilmente y se espera que suba de precio.

            ¿Cómo funciona el casino?

            Básicamente, creando multitud de formas para ese papel, todo tipo de productos financieros, con el beneplácito de las leyes y con expectativa de subida de precio (hay una ingente cantidad de capital ansioso de comprar).

            A veces con productos “derivados” de otros “subyacentes”, o “carry trade” que especula con divisas y diferenciales de tipos de interés entre países. Y “titulizando” los préstamos, vendiendo el contrato de préstamo personal o hipotecario que hemos firmado con el banco (así el banco no sólo gana la renta mensual, sino que al haber demanda puede ganar más). Sobre muy poco “dinero real”, correspondiente a actividades productivas se levanta una pirámide invertida de especulación. Una masa inmensa de productos financieros que cambia continuamente.

            Para un PIB diario de 0’15 billones de dólares (y 0’055 billones de comercio mundial diario), hay una actividad financiera diaria de 5’5 billones de dólares.

 

 

El riesgo y la crisis

 

            Al ser especulativa y sin base real, este tipo de economía es muy arriesgada. Se ha disimulado muy bien el riesgo, por tres vías: con economistas muy bien pagados que con fórmulas matemáticas pretenden demostrar que el riesgo es bajo, ocultando los bancos y las agencias de “rating” el riesgo real; y con el silencio de unas autoridades supeditadas al poder financiero.

 

 

 

II.                LA CRISIS DE LAS HIPOTECAS BASURA

 

 

Una burbuja detrás de otra: El origen de la crisis en Estados Unidos

 

            De 1993 a 2000, la economía de Estados Unidos tenía un crecimiento medio anual del PIB del 4’8%, alto consumo y una fuerte inversión. Entraba mucho capital extranjero en las bolsas para inversiones a corto plazo. Sobre todo en las empresas tecnológicas (las puntocom) que iniciaron un comportamiento de burbuja (todo el mundo se comporta como si fueran a crecer en su precio indefinidamente). Fue una época de alto consumo y alta inversión con tasas de ahorro muy bajas y, por tanto, un fuerte desequilibrio comercial (se importa mucho más de lo que se exporta, lo que se compensa con una fuerte entrada de capital extranjero).

            En 2000 estalla la burbuja bursátil y la Reserva Federal baja en veinte meses los tipos de interés del 6’55 al 1%. Con un endeudamiento tan barato, se desató una burbuja inmobiliaria. El endeudamiento familiar pasó del 100% al 130% de los ingresos de 2000 a 2007. El consumo pasó del 67% al 72% del PIB en ese mismo periodo.

            En una alta proporción, esa inversión inmobiliaria no era para residencia, sino como segunda vivienda o para especular.

 

 

La letra pequeña y la explosión del crédito basura

 

            Al bajar los tipos, los bancos obtienen menos rentabilidad de sus préstamos, por lo que intentan dos cosas: prestar más y conseguir prestar a tipos más elevados.

            Las familias pudientes buscaban créditos para seguir en la burbuja inmobiliaria.

            En cuanto a la otra vía, se empezó a buscar clientes de más riesgo, incluso NINJAS (no income, no job, no assets) a quienes se puede cobrar más. Esas son las hipotecas subprime (de la clasificación prime / jumbo / nearprime o Alt-A / subprime). Pasaron de suponer el9% al 20% del mercado en 2006. Se venden a través de intermediarios, quienes cobran según cuántas hagan.

            Como tienen más riesgo, la banca cobra tipos más altos. Además, hubo todo un conjunto de prácticas engañosas, de contratos de “letra pequeña” con fórmulas incomprensibles para los ciudadanos comunes. Incluso sucedió que se forzaba a firmar una subprime a quienes habrían podido por sus ingresos tener otro tipo de hipoteca, especialmente a negros o hispanos, a quienes se les denegaba las normales. Por último, son hipotecas con costes y penalizaciones más altas.

            La banca consiguió así altos beneficios.

 

 

La avaricia bancaria

 

            Para poder seguir prestando más y más en esas condiciones, la banca “tituliza” (securitization) los créditos, los convierte en “papel”, un producto derivado que vende a sociedades inversoras, a través de una sociedad “vehículo” (a menudo creada por el propio banco). La entidad vehículo genera unos títulos a interés fijo para venderlos, principalmente a inversores institucionales (son productos muy complejos y vendidos en paquetes de alto precio, rara vez al alcance de inversores particulares).

            Si en 2001 se titulizaban el 46% de las subprime, en 2006 se titulizaba el 75% (las nearprime el 91%).

            Al pasar así la pelota de las hipotecas a campo ajeno, el banco se despreocupa de su calidad y de sus riesgos.

 

 

Los fondos de inversión

 

            Para no ser expulsados del mercado por sus competidores, todos los bancos tienen que unirse a este sistema y llevarlo a sus límites. Para ello, se usan mucho los paraísos fiscales. Tanto los inversores tipo hedge fund como las entidades vehículo de titulización suelen instalarse en ellos.

            Características de un paraíso fiscal: alberga un elevadísimo número de instituciones financieras que trabajan para no residentes; su actividad financiera no tiene una relación de tamaño con sus economías domésticas (Liechtenstein, 30.000 habitantes y 40.000 empresas); sus sistemas fiscales son de muy baja o nula imposición; reinan el secreto bancario y el anonimato.

 

 

La diseminación de la basura financiera

 

            Los contratos se empaquetan, van construyéndose unos derivados sobre otros, pasan de unos fondos de inversión a otros. Ello se debe a: modificaciones legislativas (Reagan, Thatcher) que permiten la opacidad y eliminan controles; interdependencia de las instituciones financieras; nuevas tecnologías.

            La economía financiera se va alejando de la real, moviendo mucho más capital aquélla que ésta.

 

 

Disimulando la basura financiera: MBS, CMBS, ABS, CDO, CDO2…

 

            Para colocar los paquetes, se utilizan tres instrumentos. Por una parte la titulización, que comienza con un Mortgage Backeed Securities (MBS), va generando derivados (Asset Backed Securities, Collateralized Debt Obligations, …).

            Por otro lado, al titulizar se mezclan contratos de créditos diferentes (residencias, comercios, créditos personales…) y de muy distinta calidad.

            Por último, unas agencias de calificación (rating) se encargan de validar la calidad del derivado final. Esas agencias resultan no ser independientes, sino contratadas por las propias entidades financieras cuyos productos están siendo valorados (el 62% de todas las emisiones calificadas en Estados Unidos en 2007 fueron AAA, la mejor posible).

 

 

El inicio de la debacle: los impagos

 

 

            Entonces se desinfla la burbuja inmobiliaria estadounidense. Y la Reserva Federal sube los tipos de interés. Muchas familias se encuentran con una hipoteca a la que hacer frente por un valor superior al que tiene ahora su casa. La legislación de ese país hace que esa deuda sólo se respalde con la casa hipotecada (en España, después de ésta, sería con el resto de los bienes). Así que se dejan de pagar las cuotas.

            Los bancos sufren fuertes costes (hasta el 25%) para ejecutar las hipotecas, y el producto subyacente (la hipoteca) sobre el que está construida toda la pirámide de derivados, se tambalea y deja de tener valor.

 

 

Caen las fichas del dominó

 

            Las carteras de los bancos empiezan a perder valor rápidamente, pero es que además tienen que hacerse cargo de las entidades vehículo que han utilizado para la titulización (y que son suyas), las cuales ya no consiguen colocar sus paquetes de derivados al haberse perdido la confianza de los inversores.

 

 

Los mecanismos de transmisión: auge y colapso de los “vehículos”

 

            Los Special Purpose Vehicles son las entidades creadas por los bancos para el proceso de titulización. Cuando un banco concede una hipoteca, de su caja sale dinero real, pero sólo entra dinero-papel, un contrato. La manera de convertir este papel en dinero real para poder seguir prestando, es titulizarlo. Para ello crea esas entidades vehículo, que se quedan con el derecho de cobrar los préstamos a los prestatarios, y que vende ya paquetes de activos titulizados, en forma de bonos, con diversas rentabilidades y niveles de riesgo.

            Estas entidades, que pueden ser especializadas en corto o largo plazo, o según los activos, tienen personalidad jurídica propia (en Estados Unidos, en España no) y son creadas por los bancos y otras financieras. Tienen las características de estar muy apalancadas (tienen muy poco capital propio en comparación con el dinero que mueven y las deudas que adquieren, por tanto con grave falta de liquidez), servir sólo para esa emisión de deuda sobre activos titulizados, y son muy opacas y a menudo situadas en paraísos fiscales.

            Cuando los préstamos hipotecarios, los activos subyacentes, empiezan a perder valor, las entidades vehículos (que ingresan menos al fallar los activos) tienen problemas graves para responder de sus deudas. Entonces los bancos que las crearon tienen que asumirlas para evitar que quiebren e incorporar las pérdidas en sus balances.

 

 

La crisis bancaria

 

            Mientras el sistema funcionaba, los bancos repartieron altísimos beneficios y fuertes bonos y compensaciones (para directivos). La riqueza generada en esos años quedó en muy pocas manos.

            Cuando los paquetes titulizados empiezan a perder valor, los bancos sufren muy fuertes pérdidas. Algunos quiebran, otros tienen fuertes problemas. Se producen muchos despidos. Los grandes bancos estadounidenses pierden entre 14.000 y 55.000 millones de dólares. Pero además, el mercado está tan globalizado que bancos canadienses, de la Unión Europea, suizos, japoneses, de ven afectados. Los cien mayores bancos del mundo pierden en conjunto 500.000 millones de dólares.

            Entonces la crisis hipotecaria se convierte en una crisis financiera: ante estas masivas e intensas pérdidas, se abre una crisis de confianza y, aun teniendo liquidez, los bancos no se prestan entre sí, por temor a la bancarrota de los otros.

 

 

Uno detrás de otro

 

            En la primavera de 2008 empiezan las quiebras de los grandes. Primero un banco hipotecario, luego un banco de inversión que es comprado por una cifra ridícula por otro. Fannie Mae y Freddy Mac, entidades hipotecarias privadas, pero con la garantía del Estado, que sólo podían hacer hipotecas prime pero que habían comprado subprimes en paquetes titulizados, caen a continuación.

            También las compañías de seguros, desbordadas por los riesgos de las deudas no pagadas. La falta de confianza aumenta. De los cinco grandes bancos de inversión sólo quedan dos y con grandes problemas, que piden la conversión en bancos comerciales para poder recibir ayudas del Gobierno.

 

 

Tres ejemplos

 

            La profunda desconfianza en la situación hace que se dispare el precio del dinero en el mercado interbancario. Entidades especializadas en hipotecas (como el Northern Rock británico o el IndyMac estadounidense) se encuentran con que, aun teniendo una gran cantidad de fondos en forma de préstamos hipotecarios concedidos, como su captación de dinero es a corto plazo en un mercado interbancario que se encarece, no pueden responder, se deprecian y acaban en manos de los respectivos gobiernos.

            Bear Stearns, en Estados Unidos, cae arrastrado por sus hedge funds en paraísos fiscales, que quiebran tras recibir fuertes inyecciones de dinero del banco.

 

 

Carroñeros

 

            En estas circunstancias económicas, se desarrolla un genuino capitalismo de carroñeros, en el que desde entidades financieras se difunden rumores para acabar con la credibilidad de un banco (desde JP Morgan sobre Bear Stearns) y poderlo comprar de saldo. O intermediarios que consiguen con sus rumores manipular el precio de las acciones a la baja (vendiendo acciones ajenas prestadas antes de “bajarlas”, recomprándolas después de, y devolviéndolas tras obtener beneficios). Directivos de algunas entidades financieras (Bear Stearns, Credit Suisse) son denunciados por estafa al haber ocultado el riesgo de ciertas inversiones.

 

 

La crisis llega a la economía real

 

            En una situación así, los bancos son los primeros desconfiados y cierran el grifo de los créditos, pero a todos. Con ello, la crisis pasa a la economía real: las empresas no tienen liquidez para operar, y los ciudadanos no obtienen préstamos, por lo que consumen menos. Menos ventas, menos inversión, pérdidas, despidos…

 

 

Efectos colaterales: especulación petrolera y alimentaria

 

            ¿Qué hacen los grandes inversores (fondos de pensiones que captan el ahorro familiar, grandes fortunas, multinacionales, petrodólares, China, “fondos soberanos” de ciertos países) cuando empieza a fallar el casino financiero montado sobre el mercado inmobiliario? Lo mismo que hicieron en 2000 cuando estalló la burbuja bursátil de las puntocom. Si entonces pasaron al inmobiliario, ahora tampoco han pasado a nada productivo, sino a mercados con una tendencia a la escasez y el alza de precios, donde se puedan obtener muy rápida (y opacamente) grandes beneficios: los mercados del petróleo y de los productos alimenticios básicos.

            Esta irrupción en esos mercados desata unos fuertes incrementos de precios que provocan inflación y, sobre todo, hambre y muertes por hambre al subir especulativamente los precios de alimentos básicos.

 

 

¿Qué hicieron mientras tanto las autoridades?

 

            Esta crisis no se entiende sin la complicidad de las autoridades gubernamentales, de los bancos centrales y de los organismos internacionales.

            Primero, a través de las políticas neoliberales que derivan a los capitales hacia la especulación financiera. Luego, omitiendo el deber de control sobre el proceso de titulización. Obviando los avisos sobre lo que estaba pasando. Permitiendo la especulación con bienes básicos como los alimentos. Admitiendo el uso de paraísos fiscales opacos, donde el dinero de las financieras se mezcla con el de los grupos de delincuencia organizada. Disminuyendo o eliminando las cargas fiscales.

            Hay todo un respaldo de buena parte de la academia hacia ese tipo de políticas especulativas y de confianza ciega en los mercados. Respaldo que sigue incluso hoy día.

 

 

Las dos varas de medir

 

            La economía funciona como un casino, pero hay una gran diferencia entre acudir a ese mercado de la apuesta como ciudadano o como banco.

            Si el ciudadano apuesta y pierde, se quedará sin sus bienes y será expulsado. No encontrará respaldo de los gobiernos, que tienen que garantizar el funcionamiento del libre mercado y que, a la vez, le agreden de muchas maneras: congelaciones salariales, reducciones de impuestos (que descapitalizan al Estado para el mantenimiento de sus servicios), liberalizaciones y privatizaciones (disminuyendo el bienestar y la seguridad de los usuarios de los servicios privatizados), flexibilidad laboral, abaratamiento de los despidos, aumento de la jornada laboral.

            Sin embargo, la entidad financiera que acude al casino, cuando las cosas van mal obtiene el respaldo del Estado. En sólo dos meses de 2007 el Banco Central Europeo suministró 550.000 millones de euros en liquidez a los bancos. Se nacionalizan los bancos en crisis. Se respaldan sus acciones, se garantizan sus activos.

            Sus ingresos son suyos, sus riesgos los asumen las entidades públicas.

 

 

Ayudas a los bancos y planes de rescate

 

Las inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales tienen el objetivo declarado de que ese dinero llegue a las empresas y particulares que demandan crédito. Pero en la práctica no ha sucedido así. Una parte se ha repartido entre los mismos directivos que han llevado a las entidades a esa situación, otra parte se emplea para la política carroñera de compra de otros bancos en peor situación, y otra parte la dejan depositada en los propios bancos centrales a la espera de que mejoren las cosas.

            Otra alternativa de rescate, aún más descarada es la de los últimos momentos de Bush: que el Estado comprara todos los activos tóxicos (contaminados por las hipotecas subprime), purificando así los balances de las entidades. Era tan exagerado que el Congreso de los Estados Unidos lo impidió.

 

 

¿De dónde sale el dinero para rescatar los bancos?

 

            Las cifras de estos planes y ayudas son tan elevadas que causan sorpresa. Para detener las muertes por hambre y sed en el mundo, según la FAO, harían falta 60.000 millones de dólares, que siempre nos dijeron que no había. En un solo día (el 29/09/2008), el Banco Central Europeo inyectó en los mercados más del doble de esa cantidad.

            ¿De dónde sale? Por ejemplo, en Estados Unidos: por una parte de un incremento de la deuda pública, bonos que el Gobierno intenta vender en el exterior (con los efectos de desequilibrio de la potencia mundial en favor de China, India y otros países compradores de esa deuda, y la consiguiente tensión militar de Estados Unidos para no perder su poderío); por otra, de la simple impresión de más dinero, la cantidad que se imprime ha dejado de ser un dato público, se sospecha que pasó del 7% del PIB en junio de 2006 al 18% en febrero de 2008; y por otra parte, directamente de los ciudadanos, a quienes ahora sí que se les hablará de subidas de impuestos y sobre todo de disminución de gastos en pensiones y servicios públicos, y en congelaciones salariales.

 

 

La reunión de Washington

 

            En este contexto de crisis se produce la reunión de Washington. Ahora bien, a ella no van los perjudicados por la especulación en bienes de primera necesidad, o por la aplicación de las normal neoliberales; ninguna voz crítica. Es una reunión de los poderosos y, en consecuencia, no entra en las verdaderas causas de la crisis, ni menos aún en sus responsables.

            Es cierto que habla de reformar los mercados y las instituciones financieras, pero en términos generales, sin concreciones, sin indicaciones globales, sino al albur de cada Estado. Permite intervenciones fiscales, pero en forma restringida y conservadora, y renuncia a actuar sobre la demanda, la satisfacción de las necesidades, o una visión de la posibilidad de crecimiento vinculado a la calidad de vida y a la sostenibilidad.

 

 

Sin saber qué hacer, los gobiernos sólo esperan que escampe

 

            De la reunión de Washington, los gobiernos salieron solamente con autorización para expandir el gasto público, más allá de lo que permitían las doctrina neoliberales, pero no se han tomado medidas de regulación de los sectores bancarios y financieros.

 

 

 

III.             EL FUTURO, LAS ALTERNATIVAS

 

 

¿Servirán de algo las medidas de los gobiernos?

 

            No, mientras no se entre en las causas. Los gobiernos se enfadan con la banca porque no facilita el crédito a la economía, pero no hace nada para obligarla, y mientras no deja de inyectar dinero a costa de los ciudadanos presentes y futuros. Incluso en algunos lugares les hacen reformas fiscales.

 

 

¿Qué hacer entonces?

 

            Hay que tomar medidas directas y urgentes, pero esto no consiste en intervenir bancos, enjugar las pérdidas y devolvérselos. Hay que reivindicar la banca pública, pero sabiendo que lo esencial no es que tenga ese carácter (las cajas de ahorro, por ejemplo, lo tienen), sino que actúen con una lógica diferente a la de la banca privada.

 

 

Una nueva lógica financiera internacional

 

            Hace falta una nueva lógica financiera al servicio del capital productivo, no del especulador, y bajo condiciones de control social. Hay que aumentar los planes de gesto, pero orientados a sectores como la innovación social, la formación, la sostenibilidad, a disposición de empresas que generen empleo y financiados con impuestos sobre grandes fortunas, beneficios extraordinarios o transacciones especulativas.

            Pero modificar la lógica financiera actual no se hace reivindicando esquemas que la gente no reconoce o que no motivan. Hace falta concienciar, movilizar; e ir poniendo en vigor las medidas que van obteniendo más consenso social.

 

 

El control de las finanzas y el poder de los mercados

 

            Hay que reformar el sistema financiero y ponerlo bajo control, con una amplia presencia de medios públicos, con coordinación internacional. Hay que regular los mercados financieros, prohibiendo los comportamientos especulativos y aplicando la tasa Tobin, que no supone un cambio radical, pero que permite generar fuertes recursos económicos para el beneficio de los más necesitados, y que supone poner algo de arena en los engranajes del sistema. También nuevas normas: control de movimiento de capitales, prohibición de paraísos fiscales, creación de impuestos internacionales y de instituciones internacionales democráticas. Controlar democráticamente a los bancos centrales que, bajo la pantalla de su independencia, en realidad favorecen los comportamientos especulativos, piden moderación salarial, y fomentan el enriquecimiento de los ricos. Hay que acabar con el dólar como moneda dominante. Y hay que conseguir un gobierno mundial que tenga un carácter democrático.

 

 

Otra economía, otros valores y el poder en otras manos

 

            Detrás de la crisis está la especulación financiera, y los capitales se han ido a ésta porque es más rentable que la economía productiva. Por tanto, hay que penalizar la especulación y los beneficios extraordinarios; y a la vez dinamizar la economía productiva, hacerla más rentable reforzando la demanda: con una política de mejoras salariales.

            Estas medidas son posibles, pero nunca las tomarán quienes tienen el poder, porque a ellos les perjudica. Ellos, desde sus medios, nos hablan de la crisis, de problemas económicos que hay que arreglar.

            En realidad, la cuestión es mucho más que económica. Es una cuestión moral, es todo un modelo social de millonarios avariciosos siempre impunes, de hambre y sed mientras se destinan cantidades ingentes a los especuladores, de empleos precarios e inmigrantes esclavizados.

            Es una cuestión de moral y principios. Por eso la solución pasa porque los ciudadanos levanten la voz y pongan freno a los poderosos.