Publicaciones de la categoría: Sindicalismo

Réquiem por el sueño americano, de Noam Chomsky

Resumen del libro “Réquiem por el sueño americano. Los diez principios de la concentración de la riqueza y el poder”, de Noam Chomsky, Ed. SextoPiso, Ciudad de México, 2017.

El texto es algo largo, puede bajarse este mismo resumen en PDF en la página de descargas

 

Una nota sobre el sueño americano

Incluso durante la Gran Depresión, que fue una época espantosa, había una percepción social de esperanza en el futuro y efectivamente funcionó un ascensor social. La percepción hoy es que todo ha terminado, la movilidad social es cada vez más baja, la minoría rica lo es ahora de una manera mucho más intensa, mientras la renta media real del conjunto de la población lleva treinta años estancada. Hay un gran círculo vicioso de concentración económica y concentración de poder:  las elecciones son cada vez de mayor coste económico y sólo pueden ser sufragadas por personas muy ricas, de manera que la legislación que producen los electos fomenta la concentración de la riqueza.

 

Principio Uno – Reducir la democracia

La democracia es la resultante de la dialéctica entre dos fuerzas. Una de ellas no quiere que los pobres tomen fuerza y hagan peligrar a los ricos mediante la tiranía de la mayoría (Madison) mientras que otros consideraban que el poder le correspondía al conjunto de la población (Jefferson). Frente al riesgo que pone la democracia para los ricos, Madison quería reducir la democracia, Aristóteles había propuesto reducir la desigualdad.

En este largo combate a través de los años, el bando de los demócratas ha obtenido victorias: el voto femenino, la abolición de la esclavitud, el movimiento sindical, la lucha por los derechos civiles de los años 60s. La actual situación es la reacción de los poderosos a las victorias de esos años.

 

Principio Dos – Modelar la ideología

Desde los 70s  (Memorando Powell, 1971) hubo una ofensiva de clase, empresarial, para contrarrestar los avances de las fuerzas democráticas. Bajo el lema de libertad, se debía recuperar poder arrebatándoselo a los demócratas. Devolver a los crecidos grupos de presión a la pasividad y la despolitización, principalmente a los jóvenes. Powell: hay que usar tácticas como las que utiliza la empresa para vender.

Hubo un esfuerzo por controlar a los universitarios (incluso arquitectónicamente, haciendo desaparecer lugares de encuentro): se elevaron los precios y tasas, al límite de endeudarles, prohibiendo incluso por ley que se declararan en bancarrota. En la educación básica y media, se primaron los conocimientos técnicos, a costa de la creatividad y el pensamiento crítico. Centrarse en exámenes y calificaciones permitió además controlar las ayudas a las escuelas según los resultados de ese tipo.

Otra vía ideológica fue la censura de los críticos con difamaciones y descalificaciones como “antiamericano”, de manera que se identificara el interés de los negocios privados con el nacional.

 

Principio Tres – Rediseñar la economía

Ha habido un voluntario impulso a la transformación de la economía en ciertas líneas concretas. Una de ellas es incrementar la influencia de las instituciones financieras. Éstas antes contribuían a la economía, convirtiendo los ahorros en inversión; la banca estaba regulada y se impedían prácticas inversoras de riesgo que pudieran perjudicar a los particulares; los acuerdos de Bretton Woods, tras la IIGM, regularon las divisas, vinculándolas al dólar y éste al oro; los gobiernos podían controlar la exportación de capitales. Todo esto cambia a partir de los setenta, y se produce la financiarización de la economía, se desmantelaron los controles. Los beneficios en la producción industrial comenzaron a menguar comparados con los financieros. Los puestos directivos fueron pasando de ingenieros a expertos financieros. Desapareció la lealtad a la empresa, porque esos directivos ya sólo atienden al corto plazo, donde han de ser exitosos incluso a costa del futuro de la firma, porque ellos ya estarán fuera de ella. Hay empresas industriales hoy que obtienen gran parte de sus beneficios de movimientos financieros ajenos a su actividad productiva.

Otro gran movimiento ha sido la deslocalización, el desplazamiento de la producción a países con una mano de obra más barata y sin o con escasas normativas sanitarias, de seguridad o medioambientales. Esa función tienen los acuerdos de libre comercio, obligando a competir a los trabajadores de todo el mundo, lo que provoca una disminución en la proporción de sus ingresos. Hoy en día, el desempleo industrial en los EUNA tiene el rango que tuvo en la Gran Depresión, pero ahora ya no se espera que los empleos vuelvan. Mientras, los ejecutivos tienen contratos muy bien remunerados y muy protegidos. Y el capital circula libremente.

La precariedad laboral no ha sido azarosa: es un resultado buscado (y confesado, Alan Greenspan): generar inseguridad en el trabajador para que no pueda pedir demasiado. ¿Cómo ha mantenido la población su nivel de vida? Trabajando más horas, más personas en la unidad familiar, y endeudándose. Todo ello tiene un efecto de disciplina sobre los trabajadores y rebaja sus pretensiones.

No ha habido una contraofensiva eficaz contra esto. Se intentó volver a la regulación, pero las empresas presionaron para tener muchas excepciones. Cuando el Estado tuvo que salvar a la industria del automóvil, prácticamente la nacionalizó. Pero a falta de movilizaciones y organización activa esto no se empleó para una nueva política industrial del Estado (por ejemplo, en favor del transporte público) sino que se convirtió en un gasto presupuestario para los contribuyentes.

 

Principio Cuatro – Desplazar la carga fiscal

El concepto de “sueño americano” no es meramente ideológico. En las décadas de 1950 y 1960 se produjo el mayor crecimiento económico de la historia de EUNA, pero además la mejora de la quinta parte inferior de la sociedad fue similar a la de la quinta parte superior y se instauraron algunas medidas de bienestar social. Al país le preocupaban sus propios consumidores y había incrementos salariales (ya desde la época de Henry Ford: salarios altos y precios bajos).

Pero para los dirigentes actuales, el futuro a largo plazo del país ya no importa tanto. El mercado pueden ser las clases adineradas de cualquier parte del mundo, antes que la gran masa de la propia población. Se necesita un Estado fuerte sólo para la inversión en I+D, capacidad de acudir al rescate si algo en el sistema se hunde y una fuerza militar capaz de controlar el mundo. En las ‘plutonomías’, aquellas sociedades dominadas por quienes poseen una riqueza sustancial, no interesa el resto de la sociedad, el precariado, el conjunto de trabajadores del mundo en una existencia cada vez más apurada. Uno de los elementos esenciales para que se mantenga una plutonomía es que amplios sectores del electorado crean que pueden alcanzar realmente la riqueza; mientras suceda, defenderán el sistema.

En esas décadas de 1950 y 1960 los impuestos a las clases pudientes y a las grandes empresas eran mucho más elevados que ahora. Ahora la tendencia es reducir los impuestos a los ricos. El sistema se centra ahora en imponer sobre los salarios y el consumo, que afectan a todos. Hay un gran desplazamiento de la carga fiscal.

El pretexto siempre es el mismo: eso aumenta la inversión y los puestos de trabajo. Pero no hay pruebas de tal cosa. Si de verdad se quiere estimular las inversiones y la producción, hay que aumentar la demanda, proporcionar dinero a pobres y a trabajadores; eso sí estimula producción y empleo. Hablar hoy de subir los impuestos a los ricos resulta radical y extremista.

Los niveles elevados de desigualdad económica aumentan las presiones políticas, desincentivan comercio, inversión y contratación, contraen el consumo popular, disparan la deuda de los pobres, entorpecen la movilidad social y da lugar a una clase trabajadora peor formada.

 

Principio Cinco – Atacar la solidaridad

La solidaridad es un concepto peligroso para los amos (pese a que está en los textos de sus héroes, como Adam Smith). Hay un intenso esfuerzo para que las personas olviden esta emoción humana básica.

Una muestra es el ataque a un mecanismo de solidaridad como es la Seguridad Social: se recortan sus fondos, empieza a funcionar peor, la gente se queja, se privatiza. Los gestores tienen cuidado de que sus reformas no perjudiquen inmediatamente a los mayores de 55 años, porque son un colectivo votante. El sistema tan privado de la sanidad en EUNA no sólo responde a los intereses de las aseguradoras, sino también a las farmacéuticas, que han obtenido la prohibición de que el Estado negocie el precio de los fármacos. Los proyectos de modificación de Obama fueron perdiendo amplitud y fracasaron.

El mismo esquema se aplicó a la enseñanza pública, hasta el punto que la mayor parte de los fondos de las universidades hoy vienen de las matrículas, lo que significa que –salvo los de familias ricas- los estudiantes salen de la universidad fuertemente endeudados. En una sociedad más pobre, en los años 50s había recursos para la educación pública gratuita y hoy se dice que no.

Infraestructuras y servicios básicos en Estados Unidos están hundidos. Por una parte, es la consecuencia económica del desempleo, pero principalmente es una opción ideológica que decide que lo que tiene importancia es el déficit, por encima de cualquier mecanismo de solidaridad. Son decisiones sociales y políticas, no económicas.

Los ricos no quieren un Estado que intervenga. Los políticos republicanos son forzados a firmar el juramento de Grover Norquist, de que jamás subirán impuestos. Del Estado sólo les interesa la fuerza militar y la capacidad económica suficiente para rescatar a las empresas cada vez que haga falta.

 

Principio Seis – Controlar las entidades reguladoras

Con frecuencia, las entidades reguladoras son creadas o propuestas por las entidades económicas que van a ser sometidas a su regulación… para a continuación comenzar la ‘captación de los reguladores’. Al final, es el negocio sometido a regulación quien dirige las entidades reguladoras.

A continuación de la Depresión de 1929 y como resultado de ella se aprobó la ley Glass-Steagall, que separaba los bancos comerciales garantizados por el Estado, de los de inversión, dedicados al riesgo. Quien consiguió su derogación en 1999 y con ello la garantía del Estado para las operaciones de riesgo y la prohibición de regulación de nuevos instrumentos financieros (derivados) fue Robert Rubin, quien a continuación paso a Citigroup, se enriqueció, y volvió a la Administración. Es sólo un ejemplo, las ‘puertas giratorias’ funcionan continuamente, con reguladores que pasan a desempeñar cargos en las empresas que regulaban y viceversa.

Los grupos de presión que empujaron en esta dirección reaccionaban ante las regulaciones de la presidencia Nixon sobre protección al consumidor, normas sanitarias, seguridad laboral, protección del medio ambiente. A la vez, la implantación de la televisión disparó al alza el coste de las campañas electorales y las finanzas se fueron convirtiendo en el sector esencial de la economía.

Mientras que en los años 50s y 60s, con los mecanismos reguladores en funcionamiento, no hubo crisis financieras, a partir de la presidencia Reagan, comenzado el desmontaje de la regulación, empezaron a sucederse. Normalmente sin consecuencias para las empresas (salvo que hicieran daño a otras, y no al contribuyente). La crisis mayor, de la burbuja estallada en 2007 dio lugar a rescates carísimos durante las presidencias de Bush y Obama, que se quedaron en las grandes empresas que habían provocado la crisis, no llegaron a las personas afectadas por aquéllas. Las grandes financieras tienen una póliza de seguro con el Estado, porque éste considera que son ‘demasiado grandes para quebrar’, y siempre acudirá a su rescate. Los asesores de los gobiernos en esta gestión de la crisis vienen de las empresas financieras que la provocaron.

El neoliberalismo en teoría defiende que gobierne el mercado, pero en realidad no se lo creen, siempre quieren la protección estatal para los grandes. Tampoco respetan la libertad de comercio, pueden ser bastante proteccionistas (como Reagan) y usan el Estado como gran consumidor para asegurar los beneficios de las grandes empresas (proyecto guerra de las galaxias). El neoliberalismo en realidad significa: unas normas para los ricos y las opuestas para los pobres.

 

Principio Siete – Manipular las elecciones

La Decimocuarta Enmienda a la Constitución de los EUNA ha supuesto una interpretación en el sentido de que las empresas son también ‘personas’ y que por tanto sus derechos no pueden vulnerarse sin el debido proceso legal. Se les otorgan unos derechos personales que no tienen los inmigrantes sin papeles; así funcionan los mecanismos de protección de inversiones de los tratados internacionales de libre comercio.

Otras decisiones judiciales llegaron a la conclusión de que el dinero es una forma de expresión, cuya libertad por tanto ha de ser protegida. Por tanto, las empresas puede sufragar libremente campañas electorales (y sin declarar las donaciones) igual que los medios de comunicación pueden expresar sus opiniones. Estas decisiones las toman jueces del Tribunal Supremo que son nombrados por Presidentes que han sido electos con campañas pagadas por esas empresas; es un círculo. ¿Cómo participar en la carrera electoral  sin llamar a la puerta del poder corporativo? Al ganar, los abogados de las empresas pasan al equipo legislativo de los electos, para escribir las leyes.

Votar cada cuatro años no debería gastar mucho de nuestro esfuerzo; lo que tenemos que hacer es construir movimientos sociales en la calle. De hecho, la extrema derecha, como el Tea Party, sí actúa así y ha adquirido una gran influencia.

 

Principio Ocho – Someter a la plebe

Los sindicatos son la principal fuerza organizada que permite resistir la tiranía empresarial; son además una fuerza democratizadora: defendiendo los derechos de los trabajadores defienden también los derechos poulares en general.

En EUNA hay un fuerte sentimiento antisindical entre las élites. Los derechos básicos de la OIT, como el de asociación, no están ratificados. Sin embargo, hay una larga historia de lucha sindical, incluso muy violenta, hasta que en los años 20s fue aplastada por el miedo de Woodrow Wilson al comunismo. En los años 30, la CIO y por su parte el Partido Comunista revitalizaron el movimiento, no sólo sindical, sino de derechos civiles, movimientos sociales, etc.

Franklin D. Roosvelt aprovechó la fuerza sindical para que ‘obligaran’ a tomar las disposiciones de su New Deal, para sacar a EUNA de la gran depresión. En aquel momento, el empresariado estaba dividido porque el sector más tecnológico e internacional apoyaba el New Deal, mientras que el intensivo en trabajo se oponía. Estos últimos empezaron a desarrollar métodos científicos para reventar huelgas.

La intervención estatal durante la guerra y los años posteriores supusieron un gran impulso a la economía. Pero con la guerra fría, la ley Taft-Hartley y el macartismo hubo una reacción empresarial exitosa contra todo el movimiento social. Al llegar la administración Reagan la acción empresarial, incluso ilegal, se incrementó, y hoy en el sector privado el nivel de afiliación sindical, llena de obstáculos, está por debajo del 7%.

También la conciencia de clase ha ido retrocediendo. Al inicio de la revolución industrial era muy intensa, con importante libertad de prensa y una crítica a la esencia del capitalismo. Hoy casi no se puede hablar de clases sociales y en vez de beneficios se habla de “crear puestos de trabajo”. Hoy día la movilidad social en EUNA es más baja que en otros países industrializados, pero la mayoría de los trabajadores se considera ‘clase media’, desatendiendo la pregunta básica: quiénes mandan y quiénes obedecen.

 

Principio Nueve – Fabricar el consenso

Decía David Hume que en todo Estado el poder está en manos de los gobernados… si se unen y son conscientes de que tienen ese poder. Ya desde hace un siglo, los ricos comprendieron que era muy difícil controlar a la población por la fuerza. Se desarrolló así una industria de las relaciones públicas, cada vez más importante. En EUNA la inició Edward Bernays, quien argumentaba que la población puede tomar decisiones espantosas y que por eso el poder lo ha de gestionar una minoría inteligente y para ello hace falta una ingeniería del consenso, manipular para obtener consentimiento.

Uno de sus principales medios es fabricar consumidores (Thorstein Veblen), dirigir a la población hacia las cosas más superficiales de la vida, como el consumo de moda. Esto ha llegado a una gran sofisticación, con casi todo el mundo en estado de ansiedad por comprar el siguiente artilugio.

Se trata también de crear consumidores desinformados que tomen decisiones irracionales gracias a la publicidad.

Otra de las vías de dominio de la población es hacer que caiga en deudas (igual que se hizo con los negros cuando se prohibió la esclavitud: pasaron a  deber cada vez más dinero en la tienda del amo).

Otro factor es sabotear las elecciones: generar electores desinformados que toman decisiones irracionales, haciendo que desaparezcan de la agenda los temas esenciales en favor de temas marginales y empleando una fortísima industria publicitaria para vender candidatos.

 

Principio Diez – Marginar a la población

Cuando se analizan las políticas gubernamentales, se observa que la toma de decisiones está orientada a beneficiar a los poderosos y no al bienestar de la población. Esto genera un gran antagonismo social, un desprecio hacia las instituciones. Pero casi siempre el activismo derivado tiene formas autodestructivas: ataques mutuos, división, centrar el odio en las capas más vulnerables. Se trata de una buscada erosión de las relaciones sociales, mediante el odio y el temor fomentar en cada uno la búsqueda del propio beneficio. El ejemplo obvio es el presidente Trump quien aprovecha esa rabia generalizada de sectores (trabajadores blancos pobres o medios) muy dañados por el neoliberalismo para dirigirla contra personas aún más vulnerables, supuestamente protegidos por las élites liberales con las que hacen confundir el poder del Estado.

Una sociedad global basada en el egoísmo y la ausencia de solidaridad se dirige a la destrucción masiva, como sucede con el negacionismo del cambio climático. Corremos hacia un desastre medioambiental, incluso hacia una guerra nuclear, lo que demuestra una total despreocupación por las generaciones futuras.

A cambio, el activismo tiene consecuencias, como por ejemplo los éxitos de los movimientos de derechos civiles en los años 60s en EUNA. El activismo genera interacción; los sindicatos no sólo defienden derechos de los trabajadores, también son una escuela de formación. Lo mismo se observó en el contacto directo en las plazas durante la primavera árabe.

Tenemos que ver cada una de nuestras libertades como un legado. Frente a la coacción de las grandes empresas, tenemos posibilidades mediante la organización y la lucha de la población.

 

 

Anuncios

Carlos Fernández Liria, “El naufragio del hombre”

Editado bajo ese título, conjuntamente con un texto de Santiago Alba Rico (“Los abismos de la normalidad”), por Hiru, Hondarribia 2010.

 

 

1.   El capitalismo y el Reino del Tiempo

 

En la sociedad capitalista se ensamblan dos dispositivos contradictorios: lo que la hace capitalista y lo que la hace sociedad. El capitalismo expulsa a la sociedad hacia los márgenes; él está obligado estructuralmente a producir sin descanso, a reproducirse, a generar más capital.

 

No es cierto que ese carácter insaciable sea propio del hombre. Los antropólogos lo desmienten: el hombre inventa para trabajar menos y descansar. Pero el capitalismo no permite el descanso.

 

El Tiempo lo ocupa todo: Cronos devorando a sus hijos. Es cuando Zeus, apoyado por su madre, lo derrota, cuando surgen las instituciones, las leyes, el diálogo.

 

2.   El neolítico y la animadversión contra el Tiempo

 

El neolítico fue el periodo en el que se iniciaron agricultura y ganadería, y se inventaron las herramientas e instrumentos más importantes. Con ello, el hombre obtuvo una protección frente a la naturaleza, y una victoria frente al Tiempo. Ahora había liberado tiempo para el ocio, para la cultura.

 

Los mitos tienden a referirse a un tiempo antiguo en el que todo estaba sin diferenciar y donde todo lo que hace el héroe sucede por primera vez.

 

Los pueblos neolíticos (Levi-Strauss) odian el tiempo y la historia. No quieren cambios, sino permanencia.

 

3.   La Palabra y la Historia

 

Los mitos hablan del tiempo en el que pasaban cosas precisamente para que ahora no pase nada y se pueda hablar, y si pasa algo sea pequeño y se solucione con la palabra.

 

La Historia es el privilegio de los héroes y la palabra el de los humanos. Eso en el neolítico, pero el judaísmo – cristianismo devuelve el poder al Tiempo, porque se está en busca de una Tierra Prometida.

 

4.   Las dimensiones de lo humano

 

El capitalismo es un cataclismo histórico incesante, en que todo se produce para ser obsoleto y sustituido. Los antropólogos (como Levi-Strauss) dicen que los salvajes que subsisten del neolítico son los que guardan las dimensiones de lo humano.

 

5.   El basurero de la Historia: hombre y superhombre

 

¿Es que la evolución, la historia, llevan a un Superhombre? La antropología, interesada en lo estático, en lo que se cuenta de lo que ocurrió, va siendo desplazada por la Historia, preocupada por lo que cambia y por la verdad de lo que sucedió.

 

Claude Levi-Strauss, como antes Jean-Jacques Rousseau, se plantean si ese neolítico no es el estado natural, el mejor para el hombre, del que solamente le han sacado una suerte de coincidencias.

 

6.   La perseverancia en el neolítico

 

La flecha de la Historia no ha acabado con el neolítico. Hay una consistencia neolítica del ser humano que sobrevive de forma residual y que permite repetirse, tener costumbres, no hacer nada o charlar.

 

7.   La definición del hombre

 

Al igual que en los inicios de la física Galileo parte de lo que realmente no existe (una esfera perfecta deslizándose sobre un plano perfecto en el vacío) para poder definir las leyes de la realidad, Rousseau decía que es preciso concebir al ser humano viviendo en un estado que quizás no existe, no haya existido y no llegue a existir jamás, pero del que hay que forjarse una idea muy precisa si queremos tener una percepción clara sobre nuestro tiempo presente. Ese estado ficticio pero explicativo se parece, se puede ilustrar con el neolítico.

¿No queda nada que estudiar pasada esa etapa? Sí: el hombre subsiste y se protege de la Historia como lo hace de la naturaleza, edificando instituciones que le protejan.

 

8.   Nihilismo y desnivel prometeico

 

El ser humano es mucho más limitado del poder que puede llegar a tener gracias a la técnica. Es el “desnivel prometeico” (Günther Andres). Apretar un botón envía una bomba nuclear que mata a 200.000 personas. La imaginación, la capacidad de representación, la comprensión moral del ser humano son mucho más limitadas y finitas. Por eso, sucesos como la guerra sólo pueden ser vistos como parte del paisaje, de la naturaleza. La más pequeña de nuestras acciones desencadena resultados en cualquier parte del mundo. Eso nos lleva a un naufragio antropológico, un nihilismo, porque no hay manera de saber lo que estás haciendo cuando haces lo que haces.

 

9.   El capitalismo frente a la Ilustración y frente al Neolítico

 

Hay abundantes estudios sobre la incompatibilidad entre capitalismo y Estado de Derecho, sobre cómo el capitalismo ahoga la vida republicana y el Mercado se impone a la Palabra y a la Razón. Pero es que además el capitalismo va arrinconando el espacio neolítico del hombre, empujándole hacia la prehistoria, más allá de los mitos fundacionales.

 

10.   Más allá del hombre: la proletarización

 

Cuando Nietzsche habla de la “república cosmopolita” que está más allá del ser humano, se sitúa ante un espejismo; en realidad el capitalismo está ocupando todo el espacio que el hombre necesita para hablar, razonar, discutir.

 

El desarrollo que prometía la Ilustración quedó cegado con la proletarización. Engañosamente pareció que ciudadano y proletario eran dos caras de lo mismo: un ser humano libre. Pero se trata de dos libertades muy diferentes, el proletario sólo es libre de trabajar en unas condiciones que no se deciden política, sino económicamente. La Razón prometía la ciudadanía, pero, mientras, el capitalismo implantaba la proletarización.

 

11.   Capitalismo y Nihilismo: el naufragio del hombre

 

La Historia se acelera por las necesidades imparables del capital y ataca a las certezas neolíticas. El “desnivel prometeico” enloquece a nuestra brújula moral; se mercantilizan trabajo, tierra y dinero; la proletarización descoyunta la consistencia del ser humano (suprimiendo, por ejemplo, la diferencia antropológica entre infancia y vida adulta, poniendo a trabajar a los niños).

 

La lucha sindical, y antes la beneficencia religiosa, frenan al capital recordándole que es en la sociedad donde se reproducen y educan los humanos: los obreros surgen en la sociedad capitalista del componente sociedad, no del componente capitalista. Esa lucha religiosa (reaccionaria) primero y sindical después, retrasan el futuro del capitalismo.

 

Pese a lo que creen y dicen, socialismo y anarquismo son movimientos hacia el pasado, conservadores de lo genuinamente humano. Mientras socialismo y fascismo hablan de un “hombre nuevo”, la burguesía se apropia de los conceptos básicos de la Razón y la Ilustración: ciudadanía, Estado de Derecho, parlamentarismo.

 

12.   El hombre nuevo fascista y socialista

 

Fascismo y nacionalsocialismo intentaron crear un ser humano que, en vez de protegerse de la Historia, la asumiera y dirigiera: romper todas las barreras que había alzado la consistencia neolítica para defender al hombre. Fue la alianza del capitalismo con la prehistoria.

 

Los países del socialismo real, atacados desde el principio por los Estados capitalistas, tuvieron que, para no ser derrotados, asumir la proletarización masiva. Pero mientras que en el capitalismo ésta la crea el mercado de consuno con el hambre, en éstos hubo que crear una “cultura proletaria” en defensa del “hombre nuevo”, que sustituyera la ciudadanía, la libertad de expresión, la división de poderes, las garantías jurídicas. El capitalismo podía alardear de ellas porque en el fondo hambre y mercado se bastan para proletarizar. El socialismo real tuvo que omitirlas para poder hacer lo mismo.

 

Al prescindir del Derecho, fascismo y socialismo vuelven a la religión (al culto a la personalidad, a la vuelta a las prácticas religiosas cuando el poder afloja).

 

El anticapitalismo ha seguido asociando la ciudadanía, el Derecho, a la proletarización capitalista, entregando así todo el aparato ideológico de la Ilustración a su enemigo.

 

13.   La mayoría de edad ciudadana como más allá del ser humano

 

Ya antes de la Ilustración, en los griegos clásicos Sócrates, Platón, Aristóteles, hay un intento de inmortalizarse, de superar lo humano y lo mortal en base a lo permanente: la Razón. Supone una “mayoría de edad” racional más allá de la celebración de los ritos de iniciación, que recuerdan mediante el aparato mítico que gracias a los héroes se entró en el mundo de la Palabra. Ese nuevo paso racional, supone que la Ley se impone a la Costumbre y a la Tradición, la Educación al Rito, el Derecho a Religión y Mito, la Constitución a los Ancestros.

 

Tras la revolución neolítica, el hombre tropieza con las matemáticas: la posibilidad de razonar independientemente de la cultura y la tribu. Esa mayoría de edad nueva, racional, supone que hay leyes universales pero que, además, son decididas políticamente.  ¿?

 

La victoria neolítica, la Palabra, ha vencido al Tiempo gracias a su antigüedad, a que hace mucho que sucedieron los hechos fundadores. La palabra encierra en sí mucho Tiempo. La Ilustración pretende que el Tiempo obedezca a la Libertad y a la Razón. Nietzsche se burla del imperativo categórico kantiano, pero realmente el eterno retorno, la decisión libre que se repite independientemente del contexto, porque es ‘lo que debe hacerse’, ya está en Kant.

 

14.   La vuelta al Infierno

 

Cuando Nietzsche pretendía un superhombre a la altura de los tiempos, que se correspondiera con la fuerza de una Historia enloquecida y destructora, en realidad estaba llevando de vuelta a un estado de barbarie que es previo al neolítico: el Infierno.

 

En las representaciones clásicas del Infierno, el castigo tiene un carácter inagotable, circular. Es un ciclo de reproducción del que no se puede salir: la misma posición que en la antigüedad tenían los esclavos -dedicados completamente a la reproducción de alimentos- y las mujeres -dedicadas sólo a la reproducción de las personas-. Pues es la misma rueda la del capitalismo: una destrucción continua para poder seguir produciendo, circular e inacabadamente.

 

Karl Polanyi explica bien cómo el avance de la sociedad capitalista fue entrando en contradicción con la sociedad en sí, con la razón, la ciudadanía, el parlamentarismo. Esta contradicción no se presenta en el Primer Mundo, donde un régimen de privilegios permite subsistir a la ciudadanía porque no se enfrentará nunca a lo que le permite ser privilegiada. Ahora bien, cuando llegan crisis agudas, surgen fascismo y nazismo para intentar un más allá de la Ilustración, que en realidad lleva a un más atrás del neolítico: la barbarie, la prehistoria.

 

15.   La bisagra entre la Ilustración y el Neolítico

 

Si no se puede ir más allá del neolítico sin caer en la prehistoria, es porque hay una suerte de “consistencia neolítica” en el hombre que no se puede destruir sin generar tremendos desastres.

 

Apenas han existido ocasiones de articulación entre Neolítico e Ilustración. La Razón parece precisar de la tranquilidad. El Neolítico da una cierta tranquilidad a los humanos, en cuanto es una victoria contra las fuerzas de la naturaleza y de la historia. Por eso, los indígenas más estabilizados en el neolítico resultaban muy permeables a ese esencial imperativo categórico de la razón (no se puede querer hacer al otro lo que no querríamos que nos hicieran) que les transmitía el cristianismo de los evangelizadores (“amarás al prójimo como a ti mismo” es la ley). Pero siempre que haya tranquilidad, esto es, que no venga acompañada de la barbarie: esclavismo, explotación, expoliación. Y lo malo es que la Ilustración ha solido llegar al Neolítico impulsada por la Historia y su falta de calma.

 

16.   La tradición como Ilustración de los pobres

 

Cuando se intenta ‘educar’ a los pueblos neolíticos, se descubre que no siguen sus costumbres por inercia o por obligación, sino porque las creen buenas, razonables. Hay por tanto en ellos una simiente de Ilustración, una voluntad o ansiedad por la Ley, lo razonable, lo justo.

 

17.   Mesopotamia e Infinito

 

Pero lo que sucedió no fue una articulación entre Tradición e Ilustración, sino el capitalismo. Rousseau, al establecer su definición más allá de la realidad (como la bola deslizándose de la física de Galileo) estaba señalando el “justo medio”, la mesopotamia, el paquete de elementos que era necesario conservar para que subsistiera ese hombre ideal.

 

Pero en la realidad no sucedió así: la evolución no se planteó qué había que conservar, sino qué había que superar para acomodarse al devenir del Tiempo. Se buscaba un ‘hombre histórico’, cuando el hombre es social. La revolución neolítica había hecho que el hombre se defendiera del Tiempo, y de pronto se entregaba a él. Fascismo y socialismo, en su pretensión del ‘hombre nuevo’, condujeron al desastre antropológico, pero eran reacciones ante la destrucción de lo humano por el capitalismo.

 

Éste genera una mayoría de humanos reducidos a la subhumanidad, al hambre, y una minoría de sobrehumanos que tiene aún más hambre porque está en una sociedad de consumo que basa su devenir en lo que aún no se tiene.

 

El Neolítico no era sólo una etapa en la historia de la humanidad, sino que el hombre era el resultado de una matriz o dispositivo neolíticos. Ello se debe a su finitud, a nacer del sexo, a adquirir el lenguaje en la familia.

 

Cuando al hombre se le arrebatan sus espacios físicos, se encapsula en los psicológicos, porque necesita tener su propio territorio. Cuando el capitalismo sigue avanzando, con su locura intrínseca, ataca las conquistas neolíticas de los humanos. Cuando en los años 80 del siglo XX el capitalismo neoliberal y la traición sindical empiezan a destruir el Estado de bienestar, continúan el acoso a los espacios que los trabajadores habían conseguido conservar frente al capitalismo.

 

Cuando vemos el capitalismo de hoy, observamos que no precisamos más cosas para obtener más humanidad sino que, por el contrario, hay que eliminar muchas cosas para obtener humanidad, para “arraigar en el cosmos” (Claude Levi-Strauss).

 

Los filósofos de la Historia (Hegel) pretendían que era ésta la que hacía de los humanos seres reales y efectivos. Pero la antropología muestra lo contrario: lo humano se encuentra justo en la periferia, donde está protegido de la Historia tanto como de la naturaleza.

 

Al capitalismo hoy no le bastan el Tiempo y el Espacio existentes, precisa infinitud de cosas. Lo que hay que darle a una persona del Tercer Mundo para que llegue a la mesopotamia de la condición humana, es mucho menos que lo que hay que quitarle a la gente del Primer Mundo para lo mismo. Sin embargo, cuando vemos qué obtiene la parte más rica del Primer Mundo , volvemos a encontrarnos el hogar, el ocio, la palabra: para que ellos obtengan su neolítico, el 99% de la humanidad pierde el suyo con un nivel de despojamiento que nunca había sido tan intenso.

 

La industrialización habría podido convivir con el neolítico (Lafargue, “derecho a la pereza”), pero bajo condiciones capitalistas no puede, porque no cabe detenerse, sino acelerar.

 

18.   Antropológicamente precavidos

 

Además de la entrega de los conceptos de derecho y ciudadanía, el socialismo ha tenido otro gran error teórico que ha sido confiar en una teoría materialista de la historia que presumía que el socialismo era una etapa posterior, de superación, del capitalismo. En realidad, el socialismo debería haber funcionado como un freno, no como un acelerador. La lucha sindical, sin embargo, sí que ha sido proteccionista y humanista.

 

Las demandas teóricas del socialismo han sido desbordadas por el capitalismo: ¿un mundo nuevo?, uno cada día; ¿más valores de uso?, mercancías hasta el hartazgo, hasta superar la condición de uso; ¿eliminación de la “especialización” alienante?, ETTS, precariedad.

 

Para ser económicamente revolucionario, hay que ser sindicalmente reformista o antropológicamente conservador. Se trata ahora de conservar el mundo, las cosas, de usar en lugar de consumir, de mirar. Las instituciones son coágulos sociales de la palabra. En realidad, parlamento y capitalismo son incompatibles.

 

Ahora bien, hay que ser antropológicamente precavidos, más que conservadores, porque el neolítico incluye conceptos aún peores que el capitalismo y que sobreviven a él, como el patriarcado.

 

19.   La otra fuente de cuanto hay que conservar

 

Una vez conservado el mínimum antropológico, deben ser las instituciones ciudadanas las que decidan lo que hay que conservar y lo que no. Y no la tradición o la costumbre. Éstas son la manera en la que el neolítico venció al Tiempo, pero están compuestas de tiempo coagulado. Útiles, pero peligrosos arcaísmos, que protegen la vida, pero no la dignidad humana.

 

La costumbre hace encajar a unas cosas con otras; la Razón quiere encajarlas con el deber ser, con la palabra, y ello precisa de instituciones, construidas desde la política, no desde la tradición.

 

Para la ciudadanía, las tradiciones deben ser reformadas (ni conservarlas ni revolucionarlas) precisamente porque están en el terreno de la razón y la palabra. Pero el capitalismo arrincona y chantajea económicamente a las instituciones; por eso hace falta una revolución, pero es una revolución para reformarlas.

 

20.   Reforma y Revolución

 

Ha sido absurdo, por tanto, arremeter contra las instituciones desde el revolucionarismo del 68. Los análisis teóricos de esos años (Foucault, Deleuze, …) han acabado siendo la base del ataque feroz neoliberal a las instituciones: a la escuela pública, a la Justicia, a la Universidad. El proceso de Bolonia en esta última es paradigmático.

 

El capitalismo (que en realidad no quiere cumplir con las leyes del libre mercado) no ha renunciado a las instituciones, sino que las ha puesto a su servicio.

 

Precisan, por tanto, ser reformadas. Son nuestra defensa frente a la religión, la tradición, la costumbre. Y son reformables desde la razón y la palabra. Eso es el Progreso, que es el fundamento mismo de la Ilustración.

 

21.   La idea de Progreso: el superhombre de las Luces

 

El siglo XX ha sido una continua búsqueda del superhombre. El capitalismo mediante el más allá de lo antropológico, pero lo que hizo fue proletarizar, desposeer del mínimum neolítico, llevar al vacío. El socialismo vio esto como un paso superable dialécticamente y buscó un hombre nuevo, total, que superara la consistencia tribal-religiosa y la burguesa.

 

Pero la Ilustración también había buscado al nuevo hombre, un progreso que partía de la libertad y la razón. Ése es un progreso de verdad, que no tiene que ver con el desarrollo económico del capitalismo y que se basa en que los avances científicos y del derecho no tienen vuelta atrás en ciencia y en derecho (pueden prohibirse, pero no anularse por vía científica o racional legal). Es por eso que el capitalismo tiene que emplear cada vez más propaganda para ocultar su carácter intolerable.

 

Progreso no es la espiral suicida del crecimiento económico capitalista, más bien hoy pasaría por un decrecimiento acelerado o una demolición sostenible.

 

 



Acción sindical e internet 2.0. Texto tomado de Global Labour Strategies en internet.

 

Carácter: Resumen.

Origen: “El Viejo Topo”, #255, abril 2009. 

 

            En IX-2007, en el curso de un conflicto salarial, los trabajadores de IBM – Italia organizaron una acción de protesta en Second Life, parando una reunión y obligando a IBM a cerrar su centro de negocios virtual. Jocoso, pero útil; mejoró la negociación del convenio colectivo y dimitió el gerente.

 

            El entorno web 2.0 tiene un enorme potencial para los trabajadores, aunque parece haber funcionado más en cuestiones humanitarias o antirrepresivas. Ha habido debate porque algunos consideran que la organización on-line es más compleja y que los verdaderos cambios suceden off-line.

 

            Crear redes sociales y apuntarse a ellas se ha hecho siempre, no depende de internet 2.0. Pero es cierto que ésta supone un cambio cualitativo para los movimientos sociales. Cinco razones:

  1. La formación de grupos es más fácil, incluso en temas efímeros o marginales. Antes era difícil encontrar personas con los mismos intereses. El movimiento obrero podría enseñar a los trabajadores a usar estas tecnologías y a intervenir en grupos ya existentes, donde provocar debates.
  2. Escala y amplificación. Se puede llegar a muchísima gente. Es cierto que en la red hay mucho ruido, pero se puede segmentar eficazmente a los destinatarios.
  3. Interactividad. La red no es una correa de transmisión. Permite conversar, intimar, debatir, aportar.
  4. Eliminación de jerarquías. Las élites ya no pueden controlar dónde se produce y por dónde se distribuye una información.
  5. Herramientas baratas y fáciles de usar. Los teléfonos móviles aún más que los ordenadores.

 

Pero estos cambios también generan preguntas:

1.     ¿Qué implicaciones tiene que los trabajadores se organicen por fuera de las organizaciones tradicionales?

2.     Es fácil y barato reunir a una multitud pero ¿qué se hace con ella? Las personas abandonan con la misma facilidad con que se apuntan.

3.     ¿Estarán las organizaciones sociales y activistas dispuestas a ceder el control? Problemas para las jerarquías.

4.     Al apoyarse en sitios comerciales, los jefes/empresarios están al tanto. Y pueden intervenir astutamente. Necesidad de medios (servidores) propios.

5.     Problemas para sabr quiénes están accediendo a la red y quiénes no.

6.     ¿Cómo presentar ideas complejas?

7.     ¿Cómo articular on-line y off-line? La campaña electoral de Obama lo ha sabido hacer muy bien.