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Réquiem por el sueño americano, de Noam Chomsky

Resumen del libro “Réquiem por el sueño americano. Los diez principios de la concentración de la riqueza y el poder”, de Noam Chomsky, Ed. SextoPiso, Ciudad de México, 2017.

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Una nota sobre el sueño americano

Incluso durante la Gran Depresión, que fue una época espantosa, había una percepción social de esperanza en el futuro y efectivamente funcionó un ascensor social. La percepción hoy es que todo ha terminado, la movilidad social es cada vez más baja, la minoría rica lo es ahora de una manera mucho más intensa, mientras la renta media real del conjunto de la población lleva treinta años estancada. Hay un gran círculo vicioso de concentración económica y concentración de poder:  las elecciones son cada vez de mayor coste económico y sólo pueden ser sufragadas por personas muy ricas, de manera que la legislación que producen los electos fomenta la concentración de la riqueza.

 

Principio Uno – Reducir la democracia

La democracia es la resultante de la dialéctica entre dos fuerzas. Una de ellas no quiere que los pobres tomen fuerza y hagan peligrar a los ricos mediante la tiranía de la mayoría (Madison) mientras que otros consideraban que el poder le correspondía al conjunto de la población (Jefferson). Frente al riesgo que pone la democracia para los ricos, Madison quería reducir la democracia, Aristóteles había propuesto reducir la desigualdad.

En este largo combate a través de los años, el bando de los demócratas ha obtenido victorias: el voto femenino, la abolición de la esclavitud, el movimiento sindical, la lucha por los derechos civiles de los años 60s. La actual situación es la reacción de los poderosos a las victorias de esos años.

 

Principio Dos – Modelar la ideología

Desde los 70s  (Memorando Powell, 1971) hubo una ofensiva de clase, empresarial, para contrarrestar los avances de las fuerzas democráticas. Bajo el lema de libertad, se debía recuperar poder arrebatándoselo a los demócratas. Devolver a los crecidos grupos de presión a la pasividad y la despolitización, principalmente a los jóvenes. Powell: hay que usar tácticas como las que utiliza la empresa para vender.

Hubo un esfuerzo por controlar a los universitarios (incluso arquitectónicamente, haciendo desaparecer lugares de encuentro): se elevaron los precios y tasas, al límite de endeudarles, prohibiendo incluso por ley que se declararan en bancarrota. En la educación básica y media, se primaron los conocimientos técnicos, a costa de la creatividad y el pensamiento crítico. Centrarse en exámenes y calificaciones permitió además controlar las ayudas a las escuelas según los resultados de ese tipo.

Otra vía ideológica fue la censura de los críticos con difamaciones y descalificaciones como “antiamericano”, de manera que se identificara el interés de los negocios privados con el nacional.

 

Principio Tres – Rediseñar la economía

Ha habido un voluntario impulso a la transformación de la economía en ciertas líneas concretas. Una de ellas es incrementar la influencia de las instituciones financieras. Éstas antes contribuían a la economía, convirtiendo los ahorros en inversión; la banca estaba regulada y se impedían prácticas inversoras de riesgo que pudieran perjudicar a los particulares; los acuerdos de Bretton Woods, tras la IIGM, regularon las divisas, vinculándolas al dólar y éste al oro; los gobiernos podían controlar la exportación de capitales. Todo esto cambia a partir de los setenta, y se produce la financiarización de la economía, se desmantelaron los controles. Los beneficios en la producción industrial comenzaron a menguar comparados con los financieros. Los puestos directivos fueron pasando de ingenieros a expertos financieros. Desapareció la lealtad a la empresa, porque esos directivos ya sólo atienden al corto plazo, donde han de ser exitosos incluso a costa del futuro de la firma, porque ellos ya estarán fuera de ella. Hay empresas industriales hoy que obtienen gran parte de sus beneficios de movimientos financieros ajenos a su actividad productiva.

Otro gran movimiento ha sido la deslocalización, el desplazamiento de la producción a países con una mano de obra más barata y sin o con escasas normativas sanitarias, de seguridad o medioambientales. Esa función tienen los acuerdos de libre comercio, obligando a competir a los trabajadores de todo el mundo, lo que provoca una disminución en la proporción de sus ingresos. Hoy en día, el desempleo industrial en los EUNA tiene el rango que tuvo en la Gran Depresión, pero ahora ya no se espera que los empleos vuelvan. Mientras, los ejecutivos tienen contratos muy bien remunerados y muy protegidos. Y el capital circula libremente.

La precariedad laboral no ha sido azarosa: es un resultado buscado (y confesado, Alan Greenspan): generar inseguridad en el trabajador para que no pueda pedir demasiado. ¿Cómo ha mantenido la población su nivel de vida? Trabajando más horas, más personas en la unidad familiar, y endeudándose. Todo ello tiene un efecto de disciplina sobre los trabajadores y rebaja sus pretensiones.

No ha habido una contraofensiva eficaz contra esto. Se intentó volver a la regulación, pero las empresas presionaron para tener muchas excepciones. Cuando el Estado tuvo que salvar a la industria del automóvil, prácticamente la nacionalizó. Pero a falta de movilizaciones y organización activa esto no se empleó para una nueva política industrial del Estado (por ejemplo, en favor del transporte público) sino que se convirtió en un gasto presupuestario para los contribuyentes.

 

Principio Cuatro – Desplazar la carga fiscal

El concepto de “sueño americano” no es meramente ideológico. En las décadas de 1950 y 1960 se produjo el mayor crecimiento económico de la historia de EUNA, pero además la mejora de la quinta parte inferior de la sociedad fue similar a la de la quinta parte superior y se instauraron algunas medidas de bienestar social. Al país le preocupaban sus propios consumidores y había incrementos salariales (ya desde la época de Henry Ford: salarios altos y precios bajos).

Pero para los dirigentes actuales, el futuro a largo plazo del país ya no importa tanto. El mercado pueden ser las clases adineradas de cualquier parte del mundo, antes que la gran masa de la propia población. Se necesita un Estado fuerte sólo para la inversión en I+D, capacidad de acudir al rescate si algo en el sistema se hunde y una fuerza militar capaz de controlar el mundo. En las ‘plutonomías’, aquellas sociedades dominadas por quienes poseen una riqueza sustancial, no interesa el resto de la sociedad, el precariado, el conjunto de trabajadores del mundo en una existencia cada vez más apurada. Uno de los elementos esenciales para que se mantenga una plutonomía es que amplios sectores del electorado crean que pueden alcanzar realmente la riqueza; mientras suceda, defenderán el sistema.

En esas décadas de 1950 y 1960 los impuestos a las clases pudientes y a las grandes empresas eran mucho más elevados que ahora. Ahora la tendencia es reducir los impuestos a los ricos. El sistema se centra ahora en imponer sobre los salarios y el consumo, que afectan a todos. Hay un gran desplazamiento de la carga fiscal.

El pretexto siempre es el mismo: eso aumenta la inversión y los puestos de trabajo. Pero no hay pruebas de tal cosa. Si de verdad se quiere estimular las inversiones y la producción, hay que aumentar la demanda, proporcionar dinero a pobres y a trabajadores; eso sí estimula producción y empleo. Hablar hoy de subir los impuestos a los ricos resulta radical y extremista.

Los niveles elevados de desigualdad económica aumentan las presiones políticas, desincentivan comercio, inversión y contratación, contraen el consumo popular, disparan la deuda de los pobres, entorpecen la movilidad social y da lugar a una clase trabajadora peor formada.

 

Principio Cinco – Atacar la solidaridad

La solidaridad es un concepto peligroso para los amos (pese a que está en los textos de sus héroes, como Adam Smith). Hay un intenso esfuerzo para que las personas olviden esta emoción humana básica.

Una muestra es el ataque a un mecanismo de solidaridad como es la Seguridad Social: se recortan sus fondos, empieza a funcionar peor, la gente se queja, se privatiza. Los gestores tienen cuidado de que sus reformas no perjudiquen inmediatamente a los mayores de 55 años, porque son un colectivo votante. El sistema tan privado de la sanidad en EUNA no sólo responde a los intereses de las aseguradoras, sino también a las farmacéuticas, que han obtenido la prohibición de que el Estado negocie el precio de los fármacos. Los proyectos de modificación de Obama fueron perdiendo amplitud y fracasaron.

El mismo esquema se aplicó a la enseñanza pública, hasta el punto que la mayor parte de los fondos de las universidades hoy vienen de las matrículas, lo que significa que –salvo los de familias ricas- los estudiantes salen de la universidad fuertemente endeudados. En una sociedad más pobre, en los años 50s había recursos para la educación pública gratuita y hoy se dice que no.

Infraestructuras y servicios básicos en Estados Unidos están hundidos. Por una parte, es la consecuencia económica del desempleo, pero principalmente es una opción ideológica que decide que lo que tiene importancia es el déficit, por encima de cualquier mecanismo de solidaridad. Son decisiones sociales y políticas, no económicas.

Los ricos no quieren un Estado que intervenga. Los políticos republicanos son forzados a firmar el juramento de Grover Norquist, de que jamás subirán impuestos. Del Estado sólo les interesa la fuerza militar y la capacidad económica suficiente para rescatar a las empresas cada vez que haga falta.

 

Principio Seis – Controlar las entidades reguladoras

Con frecuencia, las entidades reguladoras son creadas o propuestas por las entidades económicas que van a ser sometidas a su regulación… para a continuación comenzar la ‘captación de los reguladores’. Al final, es el negocio sometido a regulación quien dirige las entidades reguladoras.

A continuación de la Depresión de 1929 y como resultado de ella se aprobó la ley Glass-Steagall, que separaba los bancos comerciales garantizados por el Estado, de los de inversión, dedicados al riesgo. Quien consiguió su derogación en 1999 y con ello la garantía del Estado para las operaciones de riesgo y la prohibición de regulación de nuevos instrumentos financieros (derivados) fue Robert Rubin, quien a continuación paso a Citigroup, se enriqueció, y volvió a la Administración. Es sólo un ejemplo, las ‘puertas giratorias’ funcionan continuamente, con reguladores que pasan a desempeñar cargos en las empresas que regulaban y viceversa.

Los grupos de presión que empujaron en esta dirección reaccionaban ante las regulaciones de la presidencia Nixon sobre protección al consumidor, normas sanitarias, seguridad laboral, protección del medio ambiente. A la vez, la implantación de la televisión disparó al alza el coste de las campañas electorales y las finanzas se fueron convirtiendo en el sector esencial de la economía.

Mientras que en los años 50s y 60s, con los mecanismos reguladores en funcionamiento, no hubo crisis financieras, a partir de la presidencia Reagan, comenzado el desmontaje de la regulación, empezaron a sucederse. Normalmente sin consecuencias para las empresas (salvo que hicieran daño a otras, y no al contribuyente). La crisis mayor, de la burbuja estallada en 2007 dio lugar a rescates carísimos durante las presidencias de Bush y Obama, que se quedaron en las grandes empresas que habían provocado la crisis, no llegaron a las personas afectadas por aquéllas. Las grandes financieras tienen una póliza de seguro con el Estado, porque éste considera que son ‘demasiado grandes para quebrar’, y siempre acudirá a su rescate. Los asesores de los gobiernos en esta gestión de la crisis vienen de las empresas financieras que la provocaron.

El neoliberalismo en teoría defiende que gobierne el mercado, pero en realidad no se lo creen, siempre quieren la protección estatal para los grandes. Tampoco respetan la libertad de comercio, pueden ser bastante proteccionistas (como Reagan) y usan el Estado como gran consumidor para asegurar los beneficios de las grandes empresas (proyecto guerra de las galaxias). El neoliberalismo en realidad significa: unas normas para los ricos y las opuestas para los pobres.

 

Principio Siete – Manipular las elecciones

La Decimocuarta Enmienda a la Constitución de los EUNA ha supuesto una interpretación en el sentido de que las empresas son también ‘personas’ y que por tanto sus derechos no pueden vulnerarse sin el debido proceso legal. Se les otorgan unos derechos personales que no tienen los inmigrantes sin papeles; así funcionan los mecanismos de protección de inversiones de los tratados internacionales de libre comercio.

Otras decisiones judiciales llegaron a la conclusión de que el dinero es una forma de expresión, cuya libertad por tanto ha de ser protegida. Por tanto, las empresas puede sufragar libremente campañas electorales (y sin declarar las donaciones) igual que los medios de comunicación pueden expresar sus opiniones. Estas decisiones las toman jueces del Tribunal Supremo que son nombrados por Presidentes que han sido electos con campañas pagadas por esas empresas; es un círculo. ¿Cómo participar en la carrera electoral  sin llamar a la puerta del poder corporativo? Al ganar, los abogados de las empresas pasan al equipo legislativo de los electos, para escribir las leyes.

Votar cada cuatro años no debería gastar mucho de nuestro esfuerzo; lo que tenemos que hacer es construir movimientos sociales en la calle. De hecho, la extrema derecha, como el Tea Party, sí actúa así y ha adquirido una gran influencia.

 

Principio Ocho – Someter a la plebe

Los sindicatos son la principal fuerza organizada que permite resistir la tiranía empresarial; son además una fuerza democratizadora: defendiendo los derechos de los trabajadores defienden también los derechos poulares en general.

En EUNA hay un fuerte sentimiento antisindical entre las élites. Los derechos básicos de la OIT, como el de asociación, no están ratificados. Sin embargo, hay una larga historia de lucha sindical, incluso muy violenta, hasta que en los años 20s fue aplastada por el miedo de Woodrow Wilson al comunismo. En los años 30, la CIO y por su parte el Partido Comunista revitalizaron el movimiento, no sólo sindical, sino de derechos civiles, movimientos sociales, etc.

Franklin D. Roosvelt aprovechó la fuerza sindical para que ‘obligaran’ a tomar las disposiciones de su New Deal, para sacar a EUNA de la gran depresión. En aquel momento, el empresariado estaba dividido porque el sector más tecnológico e internacional apoyaba el New Deal, mientras que el intensivo en trabajo se oponía. Estos últimos empezaron a desarrollar métodos científicos para reventar huelgas.

La intervención estatal durante la guerra y los años posteriores supusieron un gran impulso a la economía. Pero con la guerra fría, la ley Taft-Hartley y el macartismo hubo una reacción empresarial exitosa contra todo el movimiento social. Al llegar la administración Reagan la acción empresarial, incluso ilegal, se incrementó, y hoy en el sector privado el nivel de afiliación sindical, llena de obstáculos, está por debajo del 7%.

También la conciencia de clase ha ido retrocediendo. Al inicio de la revolución industrial era muy intensa, con importante libertad de prensa y una crítica a la esencia del capitalismo. Hoy casi no se puede hablar de clases sociales y en vez de beneficios se habla de “crear puestos de trabajo”. Hoy día la movilidad social en EUNA es más baja que en otros países industrializados, pero la mayoría de los trabajadores se considera ‘clase media’, desatendiendo la pregunta básica: quiénes mandan y quiénes obedecen.

 

Principio Nueve – Fabricar el consenso

Decía David Hume que en todo Estado el poder está en manos de los gobernados… si se unen y son conscientes de que tienen ese poder. Ya desde hace un siglo, los ricos comprendieron que era muy difícil controlar a la población por la fuerza. Se desarrolló así una industria de las relaciones públicas, cada vez más importante. En EUNA la inició Edward Bernays, quien argumentaba que la población puede tomar decisiones espantosas y que por eso el poder lo ha de gestionar una minoría inteligente y para ello hace falta una ingeniería del consenso, manipular para obtener consentimiento.

Uno de sus principales medios es fabricar consumidores (Thorstein Veblen), dirigir a la población hacia las cosas más superficiales de la vida, como el consumo de moda. Esto ha llegado a una gran sofisticación, con casi todo el mundo en estado de ansiedad por comprar el siguiente artilugio.

Se trata también de crear consumidores desinformados que tomen decisiones irracionales gracias a la publicidad.

Otra de las vías de dominio de la población es hacer que caiga en deudas (igual que se hizo con los negros cuando se prohibió la esclavitud: pasaron a  deber cada vez más dinero en la tienda del amo).

Otro factor es sabotear las elecciones: generar electores desinformados que toman decisiones irracionales, haciendo que desaparezcan de la agenda los temas esenciales en favor de temas marginales y empleando una fortísima industria publicitaria para vender candidatos.

 

Principio Diez – Marginar a la población

Cuando se analizan las políticas gubernamentales, se observa que la toma de decisiones está orientada a beneficiar a los poderosos y no al bienestar de la población. Esto genera un gran antagonismo social, un desprecio hacia las instituciones. Pero casi siempre el activismo derivado tiene formas autodestructivas: ataques mutuos, división, centrar el odio en las capas más vulnerables. Se trata de una buscada erosión de las relaciones sociales, mediante el odio y el temor fomentar en cada uno la búsqueda del propio beneficio. El ejemplo obvio es el presidente Trump quien aprovecha esa rabia generalizada de sectores (trabajadores blancos pobres o medios) muy dañados por el neoliberalismo para dirigirla contra personas aún más vulnerables, supuestamente protegidos por las élites liberales con las que hacen confundir el poder del Estado.

Una sociedad global basada en el egoísmo y la ausencia de solidaridad se dirige a la destrucción masiva, como sucede con el negacionismo del cambio climático. Corremos hacia un desastre medioambiental, incluso hacia una guerra nuclear, lo que demuestra una total despreocupación por las generaciones futuras.

A cambio, el activismo tiene consecuencias, como por ejemplo los éxitos de los movimientos de derechos civiles en los años 60s en EUNA. El activismo genera interacción; los sindicatos no sólo defienden derechos de los trabajadores, también son una escuela de formación. Lo mismo se observó en el contacto directo en las plazas durante la primavera árabe.

Tenemos que ver cada una de nuestras libertades como un legado. Frente a la coacción de las grandes empresas, tenemos posibilidades mediante la organización y la lucha de la población.

 

 

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Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo

Resumen del libro “Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo”, de David Harvey, IAEN + Traficantes de sueños, Quito y Madrid, 2014.

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PRÓLOGO – La crisis del capitalismo que toca ahora

Las crisis son esenciales para la reproducción del capitalismo. Crean y destruyen, pero no sólo elementos materiales, también modos de pensamiento, instituciones, ideologías dominantes, alianzas, subjetividades políticas, relaciones sociales, gustos…

Son acontecimientos complejos, cuyas consecuencias a menudo se proyectan durante décadas. A posteriori, somos capaces de descubrir las señales que las anunciaban.

En esta crisis, sin embargo, no se han desarrollado muchas teorías. El mundo se polariza entre las recetas de profundización del neoliberalismo monetarista y algunas versiones aguadas del keynesianismo (a veces sin atender a la redistribución de la renta, como en China). Sí parece haber una diferencia institucional: el gran papel jugado por los bancos centrales, dedicados a la protección de la banca privada. Hay también teorías sobre una solución tecnológica a los males actuales, pero en realidad ésta parece ir en la dirección de disminuir el empleo y aumentar las rentas de la propiedad intelectual.

No sólo las élites y sus acólitos académicos parecen incapaces de encontrar una salida, lo mismo le pasa a las fuerzas de la izquierda tradicional, tras treinta años de derrotas ideológicas y políticas. La izquierda radical (inspirada por Foucault), antiestatista y libertaria (incluso neoliberal) se dedica a las acciones a pequeña escala, al activismo local, a menudo identitario y fuera de los análisis de clase. Frente a esta izquierda que no quiere tomar el poder, la plutocracia queda sin verdadera oposición, y aplasta policialmente la disidencia (calificada como terrorismo).

Este libro aplica el método marxista al estudio del problema, del mal estado en que se encuentra el capitalismo.

INTRODUCCIÓN – Sobre la contradicción

“Contradicción” tiene dos significados: el aristotélico (dos afirmaciones que no pueden ser simultáneamente ciertas), y el dialéctico, que se puede describir como la confluencia en una situación, entidad, proceso o acontecimiento, de dos fuerzas aparentemente opuestas. Un ejemplo típico de este tipo de contradicción es el que se encuentra entre las exigencias de la producción organizada y la necesidad de reproducir la vida cotidiana (esto es, los problemas de conciliación entre vida laboral y familiar).

Hay momentos en que esas contradicciones son más obvias, se agudizan y la tensión entre las dos fuerzas se hace insoportable. La insoportabilidad es muy subjetiva, hay quien no la siente en ciertos momentos y en otros sí. También pueden las contradicciones atenuarse de repente, normalmente dejando cicatrices.

No son esencialmente negativas. Son una fuente fecunda de cambio social, que a veces pueden utilizarse creativamente, generando innovaciones, por ejemplo (eso pasó con la contradicción en Gran Bretaña en el s. XVIII sobre el uso del suelo para producir alimentos o para carbón vegetal: acabó provocando la innovación de las minas en profundidad).

A veces las contradicciones no se resuelven, sino que se desplazan en el tiempo.

La contradicción más importante es la que se da entre la realidad y la apariencia del mundo en que vivimos. Para entender el mundo, hay que no dejarse engañar por el fetichismo, el conjunto de máscaras, disfraces y distorsiones, hay que llegar más abajo que lo superficial. Son fetiches la creación de dinero en una cuenta a plazo, la asignación de precio a las lechugas en el supermercado. El fetiche no es una creencia insensata, una ilusión o un trampantojo. Se puede vivir en el mundo sin desentrañarlos, mientras no sucedan acontecimientos extraordinarios.

Este libro intenta ir más allá del fetichismo, y determinar las fuerzas contradictorias. El capitalismo tiene muchas contradicciones (por ejemplo, de raza o género). Este libro sólo trata de las del capital, las que son esenciales respecto a la circulación y acumulación del motor económico del capitalismo. Las otras contradicciones también influyen, pero aquí nos centramos en las relativas al motor económico del capital. Si el capitalismo fuera un gran buque de pasajeros, lleno de conflictos y complejidades, aquí se trataría sólo de la sala de máquinas, que ha demostrado ser bastante vulnerable, y sólo a lo interno a ella, no a acontecimientos que la afecten desde su exterior.

Se trata de explicar el motor económico, cómo funciona, por qué a veces está a punto del colapso y por qué debería ser sustituido y cuál sería su reemplazo.

PRIMERA PARTE – Las contradicciones fundamentales

Las siete primeras contradicciones son fundamentales, porque el capital simplemente no podría existir ni funcionar sin ellas. Están entrelazadas entre sí, pero sus relaciones a veces son tóxicas. Si una de ellas se intensifica, las demás pueden contagiarse y llegar a una crisis general, lo que da muchas oportunidades al anticapitalismo.

CONTRADICCIÓN 1 – Valor de uso y valor de cambio

Todas las mercancías tienen un valor de uso y un valor de cambio. El primero puede ser muy variado, diferente para cada persona y cada momento; el segundo es uniforme y cualitativamente idéntico (dinero).

Si tomamos como ejemplo una casa, los valores de uso son muy diferentes (cobijo, lugar de trabajo, especulación, privacidad, etc.). En cuanto al valor de cambio, inicialmente (y aún en lugares pobres) se autoconstruían y por tanto era muy limitado; luego se construían por encargo pagando materiales y a trabajadores, lo que limitaba las posibilidades de obtener valor de uso, de acuerdo con las capacidades; en el capitalismo avanzado, se construyen especulativamente, como una mercancía para ser puesta en el mercado al alcance de quien pueda pagarla, el vaor de cambio es ahora el de la construcción, más el del suelo, más el margen de beneficio que espera el constructor, más en su caso el coste del endeudamiento. El valor de uso no es el fin, sino el medio para obtener valores de cambio. En ocasiones, el Estado desarrolla planes de vivienda, y entonces sí prima el valor de uso.

La vivienda es un artículo caro que, a menudo, no puede comprarse de una vez, así que las personas contratan hipotecas. El valor de cambio se dispara para el comprador, pero es su manera de acceder al valor de uso y, de hecho, en la medida en que la vivienda al final es suya, supone una forma de ahorro, un depósito de valor de cambio. El valor de cambio de una vivienda está sujeto a externalidades, que pueden disminuirlo o anularlo: deterioro del entorno, expropiación pública, …

La propiedad de una vivienda se ha convertido en un tema importante para mucha gente. Es un bien especulativo, pero como todos éstos, funciona a la manera de una “pirámide de Ponzi”: el sistema se mantiene e infla hasta que se llega a la conciencia de que es una burbuja y estalla. La búsqueda por muchas personas de un incremento de valor de cambio puede acabar con la pérdida de todo el valor de uso (desahucio). Especialmente si el Estado se inhibe en la satisfacción de las necesidades básicas de valor de uso por parte de la población.

El de la vivienda es un buen ejemplo de cómo una crisis en el valor de cambio niega a mucha gente el valor de uso necesario. Pero sanidad y educación tienen evoluciones similares.

CONTRADICCIÓN 2 – El valor social del trabajo y su representación mediante el dinero

El valor de cambio requiere una medida de cuánto valen unas mercancías en relación con otras: esa medida es el dinero. Tiene tres funciones básicas: es un medio de circulación que facilita los intercambios solventando los problemas del trueque, ofrece una única vara de medir para todos los medios económicos en el mercado, y es una forma de almacenar el valor.

Dependemos del trabajo de los otros para obtener la mayoría de valores de uso que necesitamos. El dinero es un título del derecho a reclamar parte de ese trabajo de los otros. El dinero representa el valor social de esa multiplicidad de actividades; el valor social es algo inmaterial e indivisible, que relaciona las diversas actividades sociales, pero su consecuencia es objetiva: las mercancías tienen valores diferentes, que no dependen esencialmente de sus valores de uso, sino del trabajo social involucrado en su producción.

El dinero es una forma tangible de apariencia, un símbolo y representación de aquello material e invisible que es el valor. Como toda forma de representación, por ejemplo un mapa, no es idéntica a lo representado. Esa disparidad entre el dinero y el valor que representa es la segunda contradicción del capitalismo.

Dinero y valor tienen una relación dialéctica y coevolutiva, se han desarrollado a la vez, pero no es una relación causal.

La brecha entre valor social y su instrumento de representación está cuajada de contradicciones potenciales. El dinero-mercancía (oro, plata), se inserta en mercancías con cualidades físicas concretas, mientras que las monedas, billetes y el dinero fiduiciario son meros símbolos. El dinero de cuenta son simples apuntes contable, remitiéndose al pago de un saldo neto al final de un cierto periodo. Y el dinero crediticio tiene una naturaleza profundamente diferente.

Hay un uso tautológico del dinero: aun siendo un medidor del valor, puede ser también una mercancía, el capital-dinero, cuyo valor de uso es su capacidad para producir más valor (beneficio, plusvalía) y su valor de cambio se mide con el pago de intereses. Otras medidas estándar, como el kilo o el litro no son a la vez mercancías.

El dinero empezó concretándose en metales o materiales preciosos: tienen una oferta relativamente inelástica, no se deterioran apenas con el uso y sus propiedad y cualidades con conocidas y evaluables por cualquiera. Pero no son fácilmente fraccionables ni, por ello cómodas de usar, y así surgieron monedas, billetes y dinero electrónico. Pero cuando el dinero es representado por números surge una paradoja: de pronto el dinero puede crecer sin límites técnicos; esto pasa desde que en la década de 1970 se abandonó el patrón oro: el dinero se puede crear y acumular sin límites. Por último, el dinero crediticio pone en buena medida la creación de dinero en manos de bancos y particulares, y ya no sólo en instituciones estatales. Cada una de esas formas del dinero satisface más o menos a una u otra de las tres funciones básicas del dinero que mencionábamos: por ejemplo, el dinero-materiales preciosos, que era muy bueno para acumular valor, no lo era para la fluidez de la compraventa en el mercado, así que -hasta los 70 del s.XX- monedas y billetes eran una representación del oro, que a su vez representaba el valor, un doble fetiche.

El precio en cada transacción en el mercado depende de condiciones particulares (oferta y demanda concretos en un lugar y tiempo concretos) que sólo en un mercado perfecto hacen coincidir precio y valor general del producto. Pero no es fácil que haya un mercado perfecto, cuando cada capitalista ansía eliminar competencia y monopolizar. Cuando sucede que hay una divergencia cuantitativa entre precio y valor, los capitalistas responden necesariamente a los precios, porque éstos son los que se pueden ver en el mercado.

Además, puede ponerse precio a lo que no es el resultado del trabajo social (cabildeo, por ejemplo) o no es reconocible como valor social (tráfico de blancas, armas o drogas). Y puede usarse el dinero para crear más dinero: dinero que circula y crece sin que se corresponda con una producción, capital ficticio, del que un ejemplo típico es la especulación inmobiliaria.

El dinero provoca por tanto múltiples contradicciones, desde la falsificación parcial de la realidad que conlleva toda representación, al hecho de que el trabajo social pueda convertirse en poder para unos pocos que pueden acumularlo bajo la forma dinero. El fetiche dinero acaba convirtiéndose en el objetivo para una serie de personas y se desatan comportamientos nocivos, como la codicia.

¿Cómo dar una respuesta crítica? En primer lugar, atacando directamente los procesos especulativos y las formas monetarias ficticias que los promueven. Y el objetivo utópico es la desaparición del valor de cambio, que conllevaría la del dinero y las patologías ansiosas asociadas a su uso. Como fase intermedia, habría que crear formas cuasi dinerarias que facilitaran el intercambio de productos, pero que inhibieran la acumulación privada de riqueza. Silvio Gesell, en 1916, hablaba de un paradinero que se oxidara al no usarse. Esto hoy en día es fácilmente creable en el dinero electrónico, mediante fechas de caducidad y se rompería así con la función de depósito de valor de dinero, como acumulación de riqueza y poder privados. Esto precisaría grandes cambios sociales, como la renta básica garantizada para todos, esto es, acceso mínimo a un conjunto de valores de uso colectivamente gestionado. La sociedad se orientaría así a lo verdaderamente necesario: la creación continua de valores de uso mediante el trabajo social, desapareciendo el valor de cambio como impulsor principal de este proceso.

Estos cambios son especialmente necesarios desde el abandono del respaldo metálico del dinero mundial, cuando el dinero es imprimible hasta el infinito, un dinero numérico que es representación de un dinero real que lo es del valor. Esta ilusión de crecimiento indefinido ha llevado a que todos los bancos centrales converjan en una política única de contención de la inflación a cualquier precio.

CONTRADICCIÓN 3 – La propiedad privada y el Estado capitalista

El valor de cambio y el dinero presuponen conjuntamente la existencia de derechos de propiedad privada individual sobre las mercancías y el dinero.

No es lo mismo propiedad privada que posesión individual. Hay procesos y objetos que, mientras los estoy usando, no pueden ser aprovechados por otros (una bici, por ejemplo). También hay otros cuyo uso no es excluyente (la calle), aunque pueden tener normas regulatorias para el uso conjunto. La propiedad privada es distinta: un derecho de pertenencia exclusiva sobre un objeto o proceso, esté siendo utilizado o no; es por tanto diferente al derecho al usufructo.

La propiedad privada presupone un vínculo social entre lo poseído y la persona, que se define entonces como un sujeto jurídico (titular de un derecho). Con el tiempo, este derecho a pasado a estar reconocido también a empresas, organizaciones, instituciones, “personas jurídicas”. Las constituciones burguesas reconocen este derecho a la propiedad privada, y lo incardinan con los derechos humanos individuales.

La propiedad privada es un derecho a perpetuidad, que no expira por falta de uso y que puede pasar de una generación a otra por medio de la institución de la herencia. Históricamente, en los procesos de colonización, se usó el concepto de res nullius (Locke), según el cual sólo es legítima la propiedad que es usada para proveer de mercancías el mercado; de esta manera se expropiaban a los pueblos sometidos sus tierras.

La imposición del derecho a la propiedad privada ha dependido de la existencia de poderes estatales y sistemas jurídico-legales. Éstos son los que han ido acabando con muchas formas de propiedad intermedias entre la posesión individual usufructuaria y la propiedad privada: bienes comunes, gobernanzas compartidas. Es el poder del Estado el que ha ido consolidando y garantizando la propiedad individual irrestricta, base de la circulación y acumulación capitalistas. Incluso se va avanzando en la línea de someter a este régimen a objetos y procesos que antes no eran apropiables (procesos biológicos o de conocimiento de procesos naturales).

La propiedad privada individualizada está en la base misma del sistema, pero su régimen está plagado de contradicciones. La primera es la fractura existente entre el ejercicio libre del derecho a la propiedad privada y el ejercicio colectivo del poder coercitivo del Estado. Aunque el segundo protege el primero, no se limita a ser un guardián protector, también controla: debe garantizar la provisión de bienes y servicios colectivos públicos (como el alcantarillado, las infraestructuras o la educación). El Estado debe además proteger sus propias instituciones, y alimentarlas mediante impuestos. El Estado tiene que gobernar y administrar poblaciones diversas, con intereses contrapuestos (y la democracia burguesa ha demostrado ser un sistema eficaz de gobierno); de manera que el producto final es la resultante de dinámicas políticas amplias y de largo alcance. Otra contradicción está en los fallos del mercado, como las externalidades, costes reales que no quedan registrados en el mercado, por ejemplo, la contaminación que se expulsa al medio en la producción de una mercancía. Hay externalidades negativas y positivas, y en general se acepta la intervención del Estado para controlar y regular las negativas, incluso al coste de invadir el derecho a la propiedad individual. También la posición del Estado en la comunidad internacional genera contradicciones con el derecho de propiedad. La diplomacia y la guerra requieren de un Estado fiscal-militar.

También le corresponde al Estado el monopolio sobre el dinero y la moneda. Hay que matizar que el sistema monetario internacional es jerárquico, no todas las monedas están en el mismo plano, no todas las deudas emitidas tienen el mismo valor. Otro matiz es que esta función del Estado la puede subcontratar al sistema financiero o a instituciones supuestamente independientes, situadas entre el Estado y la sociedad (como los bancos centrales).

Otra contradicción es que el Estado, al admitir formas de cierta democracia (que le han sido siendo esenciales para favorecer el libre mercado y la libertad de movimientos) está sujeto a influencia de movimientos populares. En ciertos casos, como las etapas socialdemócratas de algunos países occidentales, a veces se han impuesto ciertos fines económicos por encima de los intereses privados de los propietarios, ha habido planificación económica gubernamental, a veces en competencia con las actividades privadas. Y siempre quedan áreas, como el complejo industrial-militar, donde prevalecen los intereses del Estado.

Esta contradicción entre intereses del Estado e intereses de los propietarios va dando como resultado una tendencia en favor de los centros antidemocráticos del poder estatal. Incluso si esto perjudica intereses concretos, a la postre supone un plus de protección a los propietarios del capital respecto al movimiento obrero o al ecologista. Un ejemplo está en la política de vivienda, donde el Estado a menudo ha fomentado el acceso de grandes masas de población a la propiedad, no sólo como apoyo al sector inmobiliario privado, sino cumpliendo una función ideológica crucial, de convertir a muchos trabajadores en propietarios.

¿Cuál debería ser la estrategia política de la izquierda en este contexto? Un simple intento de restaurar el equilibrio fortaleciendo las libertades individuales no basta. El Estado ha acumulado mucho poder y ya no se tiene fe en él como en un poder benevolente. La estrategia debería ser el restablecimiento y reforzamiento de los bienes comunes de gestión colectiva democrática, no sometida a la autocracia estatal. El dinero y el crédito también deberían pasar a esta zona de bienes comunes de gestión colectiva.

CONTRADICCIÓN 4 – Apropiación privada y riqueza común

La apropiación y acumulación privadas de la riqueza común (la variedad infinita de valores de uso producidos) y del trabajo social en ella coagulado se produce por dos vías. Una extralegal (robo, fraude, coerción, usura, corrupción, monopolización, manipulación de precios, cárteles, mafias, …), otra mediante intercambios legales sancionados en mercados libres, en condiciones no coercitivas.

La primera vía no es una excrecencia casual, una falla del sistema; hay una relación simbiótica entre ambas. Y ello por dos motivos: por razones empíricas (su vastedad, su peso en el comercio mundial) y por razones teóricas: la esencia misma del capital alberga una economía basada en la desposesión. En ello es esencial el dinero, que, al funcionar bien como medida y deposito de valor, puede ser acumulado sin límite. Como vimos, hay una brecha entre la realidad del trabajo social en un producto y su precio, no sólo cuantitativa (alzas y bajas de precios), sino cualitativa (se puede poner precio a bienes inmateriales como el honor o la lealtad).

Karl Polanyi, en 1944, alertaba de que los mercados de la tierra, el trabajo y el dinero se basan en su consideración como mercancías, pero esto es falso: no son elementos producidos para la venta. Y es muy arriesgado tratarlos como mercancía; de hecho, los ejemplos de degradación que Polanyi enunciaba como posibles, se han ido produciendo.

Aunque las políticas neoliberales han ido reduciendo o eliminando todas las protecciones, ya en la ‘acumulación originaria’ trabajo, tierra y dinero se han ido transformando en mercancías mediante violencia, engaño, fraude, robo (cerramiento de tierras, exacción del oro y la plata de las minas americanas para crear dinero, trabajadores expulsados de la tierra para ser usados como ‘asalariados libres’ o esclavos).

El Estado se convierte en un instrumento esencial para la acumulación por desposesión y para la legitimación y racionalización de facto por vía de la propiedad privada.

Se admite como una verdad evidente que todo lo que existe sobre la tierra debe ser sometido, si hay posibilidad técnica, a la mercantilización, monetización y privatización.

Así, la vivienda, la educación, la sanidad; hoy también las actividades bélicas, las secuencias genéticas, las cuotas de contaminación, los derivados sobre el clima, …

El valor de cambio manda sobre el valor de uso. La rebelión popular debería ser para el acceso a todos los valores de uso fundamentales.

Pensamos que la acumulación por desposesión es el efecto de la incapacidad para regular correctamente los mercados, pero no es así, aunque no veamos la naturaleza exacta de la mentira. El hecho de que la constitucionalidad capitalista beneficie sistemáticamente a unos más que a otros no es casual, es la razón de ser del edificio legal.

Dos percepciones más: quienes saquean la riqueza común no actúan de forma que asegure su reproducción, suelen destruir las condiciones de ésta. En segundo lugar, no hay incentivo para seguir las reglas de buen comportamiento: los beneficios y el rendimiento sn mucho más bajos.

CONTRADICCIÓN 5 – Capital y trabajo

La apropiación de la fuerza de trabajo de unos individuos por parte de otros (a menudo con rasgos de racialización o discriminación de género) es histórica, y está detrás de la construcción de las relaciones sociales. También el endeudamiento, como una de las formas más insidiosas de la apropiación.

Pero lo más específico del capitalismo es que la fuerza de trabajo se trate como mercancía. Ya pasaba antes de alguna manera, pero el ascenso del capitalismo lo convierte en el rasgo distintivo: la plusvalía.

El sistema no parece basarse en el engaño, porque los trabajadores tienen un derecho de propiedad privada individual sobre la fuerza de trabajo que pueden proporcionar al capital, que es además lo único que tienen, a falta de tierra y otros medios de producción.

La mercantilización de la fuerza de trabajo es la única forma de salvar la contradicción insoluble de la circulación del capital: si se intercambian valores de uso con una utilidad aproximadamente igual, la circulación no genera más valor, no hay beneficio. Esto se salva si una de las mercancías, la fuerza de trabajo, tiene la característica de crear más valor de uso que el suyo propio.

Aunque la relación entre trabajadores y capitalistas es contractual e individual, en realidad es una relación de clase general que involucra al Estado y la ley como árbitros. Los capitalistas se esfuerzan en obtener más del trabajo (más intensidad, productividad, tiempo) y los trabajadores en elevar su nivel de vida y disminuir el tiempo, la intensidad o el riesgo del trabajo.

Muchos, sobre todo los marxistas, consideran esta contradicción entre capital y trabajo como la principal, a la que se subordinan todas los demás. Tmbién como fuente subyacente de todas las crisis económicas.

Pero esta contradicción no es la única explicación de todas las crisis, ni conceptual ni políticamente. Está entrelazada con otras. La resolución de la contradicción mediante otras formas de relacionar capital y trabajo, como los trabajadores asociados (cooperativas, autogestión, economía solidaria) o la posesión estatal de los medios de producción y planificación centralizada de ésta, alcanza sólo éxitos limitados por la relación de la contradicción capital-trabajo con otras (como la forma dinero y su manera de apropiarse de la riqueza social).

Privilegiar esta contradicción lleva también a centrarse en dos dominios donde actúa, el mercado laboral y el lugar de trabajo, olvidando otros terrenos de lucha.

La acumulación por desposesión, la supresión de derechos adquiridos al amparo de la austeridad y el equilibrio fiscal, puede generar resistencias tan importantes para la lucha de clases como las de esos dos espacios (mercado laboral y lugar de trabajo).

Ésta, capital-trabajo, es una contradicción fundamental, pero no cardinal, a la que las otras estén subordinadas. Nunca hay que pensar que actúa de forma autónoma e independiente de las otras.

CONTRADICCIÓN 6 – ¿El capital es una cosa o un proceso?

En las ciencias naturales, se ha ido asumiendo el razonamiento dialéctico y la idea de contradicción (por ejemplo, la luz como onda o corpúsculo o en realidad como ambas cosas, simultánea o complementariamente). En la economía también ha de asumirse así.

¿Es el capital un proceso o una cosa? Es ambas cosas y de forma simultánea. Si miramos el proceso como un flujo simple, el capital va tomando diversas formas (dinero, medios de producción, masa de trabajo, plusvalía, dinero de nuevo, reinversión). Hay tanto un flujo legal como ilegal; por eso el Estado funciona como regulador y normativizador (legislación laboral, de consumo, financiera, etc.) y su capacidad de intervención depende de controles e influencias de clases.

Es, por tanto, un flujo y una cosa, como en la naturaleza. Pero en el capital es también crucial la velocidad, ya que la aceleración del tiempo de rotación del capital genera una cierta ventaja competitiva.

El proceso de producción está lleno de obstáculos: las materias primas hay que extraerlas y moverlas; los trabajadores son seres con voluntad propia; los productos pueden necesitar ser planificadamente obsoletos para que haya que reponerlos pronto. Para superar esos obstáculos, el capital usa todo tipo de estrategias y atajos, como hacer que los comerciantes (mayoristas o minoristas) asuman el riesgo del mercado vendiéndoles los productos a ellos con descuento. Estas estrategias posibilitan posiciones de poder para comerciantes y financieros, los cuales pueden lubricar el proceso de circulación.

El proceso productivo precisa también de grandes inversiones de capital fijo (territorios construidos, infraestructuras físicas). Aquí hay otra contradicción, ya que el capital necesita circular deprisa, pero a la vez depende de que haya capital fijado, de larga duración, para sostener el proceso de circulación.

En la confluencia de las maniobras sociales para garantizar la lubricación del flujo del capital con la necesidad de capital fijo, surge otra dificultad, que es la captación de parte de la plusvalía por el terrateniente. Así se producen acaparamiento y escasez. A la vez, estos propietarios cuyo poder descansa en el control de los bienes inmóviles, usan la fluidez financiera para explotarlos.

La tensión entre proceso y cosa, entre inmovilidad y movimiento, se agudiza a veces (especialmente por el poder de los rentistas) dando lugar a crisis, a booms y cracks locales y temporales.

¿Qué proyecto político derivar de este análisis? La abolición del poder de la propiedad inmobiliaria, registrar tierra y recursos naturales como propiedades comunes de las poblaciones; igualmente, abolir la relación entre capital fijo y especulación financiera, y la planificación racional para que los valores de uso físicos sean accesibles siempre.

CONTRADICCIÓN 7 – La contradictoria unidad entre producción y realización

En su flujo para alcanzar el crecimiento cuantitativo (el beneficio) el capital pasa por dos momentos críticos importantes: el proceso de trabajo que añade valor a lo producido y el proceso de realización en el mercado que saca ese incremento de valor de su latencia.

Esa unidad es contradictoria. En el proceso de trabajo, el capital tiene un fuerte incentivo para pagar a los trabajadores lo menos posible, hacerles trabajar la mayor cantidad de tiempo y con la mayor intensidad posibles, mantenerles dóciles y disciplinados (mediante un ejército industrial de reserva), evitando su organización autónoma y cualquier forma de poder o influencia sobre el Estado. De estas maneras, incrementa su beneficio.

Pero, en cuanto a la realización en el mercado, si el capital hace todo lo anterior se encuentra con que la demanda agregada es muy baja; los trabajadores, los parados, consumen mucho menos.

Atrapado en esa contradicción, el capitalismo va adoptando diferentes políticas económicas. La keynesiana, 1945-1975, gestionaba coherentemente la demanda para mejorar la realización en el mercado (consumo), pero los movimientos obreros organizados y políticamente poderosos suponían un incremento de coste en la producción. Así que, 1975-hoy, la contrarrevolución neoliberal actúa sobre el lado de la oferta, reduciendo salarios y aplastando organizaciones sindicales.

Es una exposición simplificada, aunque ilustrativa, que sirve para comprender los procesos de generación y de superación de crisis.

La contradicción puede mitigarse de varias maneras: se puede incrementar la mano de obra aumentando el número de trabajadores (China), se puede expandir el consumo de lujo de la burguesía, o mantener y mejorar la capacidad de compra de capas de la población no productoras (funcionarios, militares, …). pero la forma principal de paliar la contradicción es el crédito, que puede actuar en ambos puntos, producción y realización del valor.

Si el crédito se restringe, se exacerba la contradicción, pero si se fomenta y desregula, genera especulación y burbujas, lo que da lugar a crisis financieras y comerciales.

Hay contradicciones secundarias ligadas a esa principal de producción-realización. La continuidad del flujo del capital puede permitir que figuras como el comerciante o el financiero sean los que realizan la mayor parte del valor, explotando al capital productivo, incluso desplazándolo en el espacio (grandes multinacionales occidentales de consumo abaratando el coste de la producción en China).

Otra vía de mitigar la contradicción es sustraer de los trabajadores las rentas obtenidas , pero fuera del proceso de la producción: tasas, rentas, impuestos, manipulación del salario social (pensiones, educación, sanidad, servicios básicos), privatizaciones, gentrificación, austeridad: es la acumulación por desposesión. Por eso no hay que perder de vista la unidad contradictoria entre el conflicto y la lucha de clases en la esfera del trabajo y en el resto de la vida.

El proyecto político a derivar de esta contradicción sería desmercantilizar, reafirmar los valores de uso que la sociedad necesita y dedicar la producción a satisfacer esas necesidades sociales. No se trata de incrementar continuamente los valores de cambio, sino de disfrutar los valores de uso.

SEGUNDA PARTE – Las contradicciones cambiantes

Las contradicciones fundamentales que hemos visto hasta ahora se entrelazan para dar una arquitectura básica a la acumulación de capital.

La contradicción entre valor de uso y valor de cambio (1ª contradicción) depende de la existencia de dinero, el cual tiene una relación contradictoria con el valor como trabajo social (2ª). Se requiere cierta relación jurídico-legal entre los que participan en el intercambio, dándose la contradicción entre propiedad privada individual y la colectividad del Estado capitalista (3ª). Los individuos pueden apropiarse legal y libremente de los frutos del trabajo social mediante el intercambio (4ª). Ésta es la base monetaria para la formación del poder de clase capitalista, la mercantilización de la fuerza de trabajo que resuelve el problema de cómo producir la desigualdad que es el beneficio en un sistema de intercambio de mercado basado en la igualdad, contradicción fundamental entre capital y trabajo (5ª). Contradicción puesta en movimiento definiendo un proceso de circulación de capital que pasa por diversas formas materiales, generando tensión entre inmovilidad y movimiento (6ª), con una unidad contradictoria entre producción y realización (7ª).

A su vez, estas contradicciones delimitan el campo en que puede definirse una alternativa al mundo creado por el capital: orientación hacia los valores de uso, forma dinero que inhiba la acumulación de riqueza y poder, promoción de la disolución del nexo Estado-propiedad privada, fortalecimiento del poder de los trabajadores asociados para determinar su propio proceso de trabajo no alienado.

Ahora pasamos a contradicciones inestables en un cambio evolutivo permanente. Hay que estar muy atentos a ellas para no buscar soluciones desactualizadas, sino apropiadas a su momento de cambio.

CONTRADICCIÓN 8 – Tecnología, trabajo y disponibilidad humana

Un esbozo simplificado e insuficiente de la concepción marxista tradicional describiría la contradicción principal entre el increíble incremento de las fuerzas productivas y la incapacidad del capital para aprovecharlas para el bienestar común, debido a su compromiso con unas relaciones de clase.

Entendamos como tecnología, aunque pueda parecer una definición muy genérica, el uso de procesos y objetos para obtener productos que satisfagan las necesidades. Supone una relación dinámica y contradictoria con la naturaleza y se expresa en hardware, software y formas organizativas. Dinero, banca, sistema de crédito… son ejemplos de tecnología en esta definición amplia.

Inicialmente, las modificaciones tecnológicas eran una derivada de la competencia entre productos individuales. El innovador obtenía una ventaja competitiva, efímera porque los demás empresarios se sumaban pronto: innovaciones a saltos. En realidad, el capitalismo tiende al monopolio, y éste es menos innovador, pero está en la cultura de los capitalistas (con o sin competencia) el impulso de aumentar la eficiencia y la productividad.

El capital no es el único agente implicado en buscar ventajas tecnológicas. Algunas ramas del Estado lo hacen: ejército, recaudación de impuestos, definición de derechos de propiedad inmobiliaria, de formas legales de contrato, gestión del dinero, gobernanza, cartografía, vigilancia, policía, … son áreas frecuentes de innovación.

En su desarrollo desde el siglo XIX se intensificó la investigación en tecnologías genéricas, aplicables a muy distintos procesos productivos, y por tanto la innovación en sí se materializó también en un área específica de actividad empresarial. Hubo también una imbricación retroalimentada entre ciencias y técnicas. Ese sector empresarial de la innovación logra, con la ayuda del Estado, la imposición de sus avances incluso donde no es económicamente rentable (terminales electrónicas para la venta en pequeños comercios), con una mezcla de consentimiento y coerción.

Siguiendo el estudio de Brian Arthut “The Nature of Technology”, cada tecnología se constituye en un ladrillo y en un impulso para las siguientes: solucionan un problema y generan otros que demandan nuevas tecnologías; “evolución combinatoria”. Se han desarrollado espontáneamente centros de innovación en áreas geográficas concretas, basadas en pequeñas empresas con una fuerte división del trabajo. Hoy es una evolución tecnológica relativamente autónoma, retroalimentada. Va adquiriendo propiedades que asociamos a los mecanismos vivos.

Los cambios tecnológicos no son indoloros (Schumpeter hablaba de “vendavales de destrucción creativa”) y el dolor que causan no se reparten por igual entre todos.

Cinco imperativos tecnológicos en la historia y lógica del capital:

1. Organización y cooperación de las divisiones del trabajo que maximizan la eficiencia, la rentabilidad y la acumulación; articulación de técnicas de gestión empresarial óptimas, de creciente complejidad y fluidez.

2. Necesidad de aceleración de la circulación del capital en todas sus fases. Acortar los ciclos de rotación del capital, acortar la vida útil de los productos. Creación por el capital de sus propios espacio y tiempo (reducido y acelerado), mediante cambios en el transporte, las comunicaciones, los medios de comunicación (que han incrementado mucho su inmediatez y que deben ser más y más controlados por el capital, porque abren nuevas posibilidades en su contra).

3. Tecnologías de producción y difusión del conocimiento, de almacenamiento y recuperación de datos. Han devenido indispensables para conocer y controlar un montón de información básica del sistema (precios, oferta, demanda, catastro, contratos, sentencias, …). Tecnologías éstas que tienen consecuencias enormes en el funcionamiento del capital (como las transacciones informatizadas casi inmediatas de Wall Street).

4. Innovaciones en finanzas y dinero: informatización, banca electrónica, dinero electrónico, vehículos de inversión, capitales ficticios. Es un campo de actividad importantísimo y desordenado.

5. Control del trabajo y del proceso laboral.

¿Ha sido inevitable esta evolución tecnológica? Es cierto que se han tomado decisiones que liberaban las fuerzas innovadoras (no ha ido igual en Occidente que en China) y es cierto que ha habido fuerzas de resistencia a los avances tecnológicos. ¿Podría detenerse? En teoría sí, pero es una posibilidad remota, porque funciona con una dinámica descentralizada.

¿Cuál es la contradicción entre esta “evolución combinatoria” de las tecnologías y la rentabilidad y acumulación del capital? Hay dos: la relación entre tecnología y naturaleza (la veremos como contradicción 16ª) y la relación entre el cambio tecnológico y el papel de los trabajadores en relación con el capital.

El control del proceso de trabajo es decisivo para la rentabilidad y la acumulación del capital. Pero no sólo en cuanto a la eficiencia física, sino también en cuanto a la disciplina, a mentalidades y hábitos culturales de los trabajadores, al obstáculo a las huelgas, a la robotización y sustitución del trabajo vivo por trabajo muerto, al desempleo tecnológicamente inducido, al abaratamiento de bienes de consumo para poder disminuir los salarios, al bloqueo del salario social básico con el argumento de que fomenta la holgazanería.

La contradicción es que todas esas innovaciones mejoran la rentabilidad de cada empresa que las adopta, pero al coste de socavar colectivamente la posibilidad del beneficio. Tienen un profundo impacto sobre la disponibilidad de empleo, sobre la demanda agregada de bienes y servicios. Categorías enteras de trabajadores están en riesgo por la aceleración tecnológica, y no son sólo los peor retribuidos. Sectores cada vez mayores de la población mundial pasan a ser considerados prescindibles como trabajadores productivos.

Se vuelve a la pregunta keynesiana de de dónde sacar demanda. Hay recomendaciones, como difundir un consumismo insensato, o un sistema impositivo estatal (sobre las ganancias de productividad) para estimular la capacidad de compra de las masas desposeídas a cambio de actividades sociales creativas o valiosas (como ha sido pagos por llevar a los hijos a la escuela en Brasil o Argentina).

Marx veía otros antídotos posibles a esa desaparición de la demanda: apertura de líneas de producción nuevas intensivas en trabajo, innovaciones que den lugar a ahorro en capital y no sólo en trabajo, tasa de explotación creciente sobre la fuerza de trabajo aún empleada, desarrollo o formación de una clase de consumidores que no producen nada, incrementos intensos de la fuerza de trabajo total. Por ejemplo, se han producido masivas incorporaciones de trabajadores al proceso productivo mundial (China, bloque ex-soviético, mujeres); se ha incrementado la tasa de explotación (China, Bangladesh, Vietnam). Por ello, la situación no es de pánico, pero sí parece ser ya visible una última frontera.

La contradicción ya no es sólo que la innovación tecnológica haga prescindibles a masas crecientes de la población mundial, sino que está afectando a la propia reproducción del capital.

De las tres últimas recesiones en Estados Unidos se ha salido mediante ‘recuperaciones sin generación de empleo’. También en Europa y China van creciendo enormes excedentes de población prescindible potencialmente rebelde.

Desde un punto de vista teórico, si el dinero es una representación del trabajo social y éste disminuye rápidamente, cada vez más sucede que el dinero sólo se representa a sí mismo, y eso lleva a una situación desenfrenada, a un desorden total. Esto ya empezó con la desaparición de la base metálica de respaldo en los años 70; el dinero se ha ido convirtiendo en más y más autónomo; hasta surgen cibermonedas como el bitcoin.

Políticamente, hay que ser capaces de discernir entre las posibilidades emancipatorias de las tecnologías y sus consecuencias alienantes y discriminatorias. A corto plazo, la izquierda está obligada a defender los empleos amenazados, pero sabiendo que seguramente será una batalla perdida; muchos empleos devienen en realmente prescindibles (y,. además, en forma desigual en cuanto a género, raza, etc.). Por ello, a largo plazo, la respuesta ha de ser más organizada, en favor de valores de uso suficientes, acciones defensivas contra la acumulación por desposesión, la degradación del medio ambiente, el incremento de las desigualdades, el desempleo permanente, la descualificación.

CONTRADICCIÓN 9 – Divisiones del trabajo

La división del trabajo es una característica fundamental del capital: es la descomposición de las actividades productivas en tareas específicas pero más simples, realizadas por distintos individuos y que se reúnen en una totalidad mediante la cooperación organizada. Es una contradicción de las cambiantes, porque está en continua (r)evolución.

Bajo el capital, se orienta hacia la ventaja competitiva y la rentabilidad, si bien tiene efectos colaterales como cambios en el modo de vida de los trabajadores y sobre el medio ambiente.

La división no es meramente técnica, sino también social, atravesada por todo tipo de factores (culturales, de género, habilidades sociales, …). Esas distinciones pueden generar antagonismo y crisis. Por ejemplo, la actividad socialista se centraba en sectores del proletariado industrial y extractivo, que se consideraban vanguardia. Aunque se trate de distinciones toscas, es importante saber que existen, ya que entremezclan las meras cuestiones técnicas con las sociales: por ejemplo, la distinción por género llevaba asociada una valoración como de inferior cualficación de cualquier trabajo femenino, y un inferior salario para las mujeres. También hay asignaciones laborales por motivos étnicos, religiosos, de nacionalidad, etc.

Los conflictos por la división del trabajo no son sólo entre los diversos estatus, oportunidades y niveles de vida de los distintos grupos de trabajadores, sino que se remiten también a la rentabilidad para el capitalista. Para éste es muy útil un mercado laboral segmentado y muy competitivo, que hace que la mano de obra enfrentada entre sí pierda poder y que el capital ejerza un mayor control.

Cuando el capitalismo empieza a desarrollarse se encuentra con que en las ciudades los oficios están en manos de gremios que a la vez que garantizan la formación y capacitación técnica, suponen un monopolio de hecho. El capitalismo combatió esta situación en dos frentes: por un lado mediante la propiedad privada de los medios de producción que iba privando a los artesanos de éstos, lo que permitía ir organizándolos mediante criterios de división del trabajo, que daban lugar a mejoras en la eficiencia y la productividad, lo que hacía caer los precios de los productos y permitía que el capital se fuera haciendo con más medios de producción de quienes se iban arruinando por este motivo.

Adam Smith teorizaba que la división del trabajo dentro de una factoría, como recurso de mejora de la producción, podía expandirse a una división entre el conjunto de las factorías. Para ello, hacía falta el mecanismo de cooperación organizada funcionara muy bien, por lo que el Estado debía dejar funcionar a la mano invisible del mercado (laissez faire). Marx decía que, no siendo ya el capitalista individual quien hace de mecanismo de coordinación, el sistema devenía más caótico y anárquico, con constantes alteraciones del equilibrio de los precios y una proclividad a las crisis.

El otro sistema del capitalismo para revertir las capacidades monopolísticas de los trabajadores es el propio cambio tecnológico, que conlleva una tendencia a la descualificación. Braverman afirma que el capital tiene un fuerte interés en degradar la cualificación de los trabajadores, arrebatándoles así poder: Taylor quería llegar a una división de tareas tal que incluso un gorila entrenado pudiera desempeñar algunos de los puestos. Pero al mismo tiempo (Marx, Braverman) ese proceso requiere una fuerte cualificación de los organizadores, el empoderamiento de los ingenieros. Por tanto, el proceso conlleva que surjan grupos con ciertas habilidades muy específicas. Eso al capital no le importa siempre que no puedan monopolizar esas habilidades; para ello desarrolla y fomenta la formación en esos campos (como ha pasado con la programación informática).

La rápida extensión y el explosivo aumento de la complejidad de la división técnica y social del trabajo es el rasgo esencial del capitalismo moderno. No es algo diseñado y planificado, sino la consecuencia de cambios tecnológicos, y los organizativos impelidos por éstos. Además de un incremento significativo de la productividad y del volumen y variedad de productos, tiene como consecuencia una notable interdependencia entre poblaciones y áreas geográficas distantes. A la vez, la coordinación es más compleja, con más altas posibilidades de perturbaciones, con mercados más volátiles.

Esto a su vez desarrolla unas capas nuevas en la división del trabajo, especializadas en control, relaciones contractuales de suministro, servicios logísticos, financieros, mercadotécnicos, de seguridad y prevención de riesgos, vigilancia, control de calidad. Y, en paralelo, de especialización burocrática dentro de las autoridades administrativas y reguladoras. El “dominio de los expertos” (Tony Mitchell).

La división internacional del trabajo, provocada por factores naturales (clima, reservas de materias primas), pero también sociales (cualificación, dispositivos institucionales, sistemas políticos, relaciones de clase, posibilidad de saqueo colonial o neocolonial), ha dado lugar a mutaciones espectaculares: la industria se ha desplazado del Occidente al Oriente y al Sur, donde la industrialización y la extracción masiva de recursos no ha generado el incremento de rentas que hubo en Occidente. Éste se ha concentrado en sectores como finanzas, seguros, propiedad intelectual, patentes, productos culturales, monopolios corporativos de marcas; esto es, en actividades basadas en el conocimiento, “trabajo simbólico” (Robert Reich).

Estos desplazamientos han generado mayores riesgos de conflictos globales, donde no sólo actúan el capital y los mercados, sino actores geopolíticos estatales.

A la vez, la complejidad tan intensa -técnica y geográfica- en la división del trabajo da lugar a una vulnerabilidad en las cadenas de producción: cualquier perturbación local puede tener efectos graves en cualquier parte del mundo. Esto también tiene una contraparte, que es una mayor seguridad frente a calamidades locales (por ejemplo, hambrunas por fenómenos climatológicos).

La contradicción principal derivada de la división del trabajo no es técnica, sino social y política: la alienación. Además del incremento de la productividad, la división del trabajo tiene como consecuencia daños en el bienestar emocional, mental y físico de los trabajadores (Marx: persona fragmentaria”), en relación directa con la cantidad de inteligencia que se incorpora a las máquinas. Esta alienación obstaculiza los sentimientos de comunidad moral, solidaridad social, formas colectivas de vida, desarrollo personal. Pero esta tendencia no es lineal, sino contradictoria: al la vez, el capital con una división del trabajo intensa requiere una mano de obra flexible y adaptable y por tanto, en cierta medida, educada. Hay una tensión entre interés en la alienación y necesidad de instrucción. Por eso el capitalismo empuja al Estado a ocuparse de la formación, esencialmente técnica, pero también permitiendo dosis de humanismo, moral, artes, que sirvan como antídoto a la ansiedad generada por la pérdida de significado del trabajo.

Pero el neoliberalismo, triunfante desde finales de los 70s, arrumbó estas concesiones humanistas en aras de la ‘austeridad’, dejándolas a cargo de la caridad del patrocinio de las grandes empresas.

También los trabajadores que se forman pueden invertir la tendencia a la alienación, contrarrestando el aislamiento individualista, especialmente en los países de un capitalismo más avanzado, con una fuerza de trabajo más formada y mejor retribuida.

El neoliberalismo ha sido devastador en este aspecto, generando masas de trabajadores prescindibles, por los cambios tecnológicos y las deslocalizaciones. Estos grandes sectores de población generan erupciones ocasionales de protestas violentas, aparentemente irracionales. Esto puede dar lugar a más represión, y a más descontento, con riesgo para la correcta reproducción del capital.

CONTRADICCIÓN 10 – Monopolio y competencia: centralización y descentralización

Uno de los argumentos más habituales para explicar el éxito del capitalismo es que responde a una inclinación natural de los humanos a competir entre sí. Los monopolios u oligopolios se presentan como aberraciones, desvíos de la línea correcta.

Adam Smith recomendaba la regulación gubernamental para evitar sobreprecios y garantizar la innovación en los monopolios naturales, instalaciones públicas, canales, transportes, que no se pueden organizar competitivamente.

La idea de que cuando puede implantarse un mercado puro, sin distorsiones, todo funciona perfectamente es el mito fundacional de la teoría económica liberal.

En la práctica, el poder de los monopolios no es una aberración casual, sino algo sistémico, relacionado con el monopolio simultáneo en lo político. El comportamiento de la banca en la crisis que comienza en 2007 es un buen ejemplo: consiguen impuestos regresivos, perdón de las deudas, captura de los reguladores por los grupos dominantes, compra de influencia política con la financiación de campañas electorales, demolición de derechos democráticos y de servicios previamente existentes, desposesión… Es el efecto de un monopolio efectivo en la economía, en el proceso político, en la propiedad de los medios de comunicación.

En realidad, el poder de los monopolios no es una aberración, sino que existe en unidad contradictoria con la competencia. Cualquier capitalista prefiere para sí una situación de monopolio. La propiedad privada de los medios de producción es en sí un monopolio sobre cada uno de éstos. El poder de la clase capitalista es el ensamblaje de todos esos poderes monopólicos. El relato de las bondades de la competencia oscurece la situación monopólica de hecho.

El equilibrio entre monopolio y competencia oscila erráticamente, entre los efectos supuestamente ruinosos de la competencia desregulada y los poderes centralizadores excesivos de monopolios y oligopolios. Se habla ya de competencia monopolística y de la validez de cierto grado de poder de monopolios como Google.

Las situaciones de competencia no siempre son claras. A veces, aún habiendo una multiplicidad de pequeñas empresas, los costes de transporte o las cuestiones geográficas coartaban la competencia. En principio, la disminución actual de costes de transporte, la mundialización, son un impulso a la competencia. Pero se desarrollan megacorporaciones, se establecen alianzas flexibles entre empresas, se aseguran los derechos de patentes industriales y científicas, o se desarrolla una cultura de la marca, basada en el efecto de la publicidad. Aparte de la mano invisible del mercado de Adam Smith, está la mano visible de cada empresa y la mano dura del poder estatal en apoyo del capital.

Competencia implica descentralización y monopolio lo contrario. Su unidad contradictoria se puede ver desde dos planos: el sectorial con las fuerzas institucionales que apoyan al poder monopolístico, y el geográfico, donde tienen mucha importancia los centros financieros internacionales en ciudades específicas y las ‘zonas económicas especiales’ en China o India.

Las fuerzas progresistas no deben dejarse llevar por la idea de que la descentralización es democrática (puede dar lugar a un control monopolístico oculto) ni por la quimera de un control centralizado racional (que puede provocar un estancamiento inaceptable y totalitario).

CONTRADICCIÓN 11 – Desarrollos geográficos desiguales y producción de espacios

El capital se esfuerza en producir un paisaje geográfico favorable a su reproducción, pero lo que produce resulta perpetuamente inestable por las presiones técnicas, económicas, sociales y políticas. Su espacio siempre está evolucionando y, de no hacerlo, habría acabado en el caos.

Para el capital, el tiempo es dinero. Es clave para la rentabilidad reducir costes o tiempo en la circulación del capital. Karl Marx: “la aniquilación del espacio mediante el tiempo”. Estas reducciones se pueden lograr de dos maneras: innovaciones en las tecnologías de los transportes y las comunicaciones (aunque no puedan afectar a todas las mercancías), que permite al capital explorar las oportunidades de beneficio en lugares distantes y moverse a ellos desindustralizando así las zonas donde operaba; o en segundo lugar reducir los costes de acceso a los medios de producción, materiales o humanos, mediante ‘economías de aglomeración’, en la que las empresas se sitúan juntas obteniendo así beneficios de escala, servicios comunes, etc. Estas aglomeraciones generan una centralización geográfica y dividen los territorios en regiones avanzadas y deficitarias, que entran en un círculo causal: a más actividad, más atracción, mejores infraestructuras, mayores capacidades fiscales, y las menos desarrolladas en forma inversa. Tampoco es lineal: una centralización indefinida genera sus propios límites, como exceso de población, contaminación creciente, aumento local del coste de la vida, demandas salariales, más facilidad para la actividad sindical, suelo e inmuebles encareciéndose. Así que de nuevo, al llegar a esos límites el capital puede buscar reacomodo.

Para ello necesita excedentes de capital y de mano de obra, pero eso lo produce con continuidad. Así, produce ‘fijaciones/soluciones provisionales espacio-temporales’. Las expansiones geográficas son inevitables, o bien el capital se traslada dejando una región devastada o permanece ahogándose en sus propios excedentes.

La financiación crediticia agrava el problema. Los territorios son vulnerables al capital especulativo, que lo mismo estimula que socava el desarrollo. Un país que se endeuda queda en manos de los prestatarios (Grecia).

El sistema es relativamente estable en su conjunto, pero sus partes experimentan crisis periódicas como desindustrialización o devaluaciones en tal o cual región. El capital no resuelve sus fracasos sistémicos: los desplaza geográficamente. También puede darse una intensificación de la competencia entre regiones con posibles guerras comerciales, monetarias o militares.

El capital tiene que liberarse periódicamente de las restricciones impuestas por el mundo que ha construido, mediante crisis localizadas intensas y destructivas (Detroit). Unos salen ganando, otros perdiendo,de acuerdo con su clase social.

¿Cómo actúa en estos temas el poder estatal? No se solapa con el capital, sus lógicas son diferentes (como puede verse en la cuestión migratoria). El Estado no es uniforme y su actuación depende de la naturaleza de su sistema político, de las dinámicas de clase y conflictos sociales, de las relaciones que implica un sistema interestatal. Está interesado en la acumulación de riqueza y poder con una base territorial y esto influye aunque aplique en general políticas favorables a las empresas. Las lealtades del capital no coinciden con la lealtad orgánica del ciudadano a su Estado. El Estado aplica por ejemplo políticas de planificación urbana y regional en su propio beneficio. El capital puede subvertir las necesidades o intereses de los Estados (como hace el complejo industrial-militar).

Otros medios del Estado para imponer sus intereses son las inversiones en infraestructuras o la creación y reforma de instituciones básicas, como la banca. Aunque es cierto que su poder sobre los flujos de capital y dinero se ha reducido mucho desde los años 70. Incluso ciertas reterritorializaciones políticas (como la Unión Europea) están muy influidas por el capital.

Los desarrollos geográficos desiguales enmascaran convenientemente la auténtica naturaleza del capital. Sirven para culpabilizar a las víctimas en las regiones desindustrializadas y a la vez para mantener la esperanza en otras. La ciudad capitalista es el punto álgido del intento del capital de mostrarse civilizado (¿?).

Sin desarrollos geográficos desiguales el capital se habría estancado. Le sirve para desplazar sus fallos sistémicos de un lugar a otro. De hecho, la homogeneización que intentan imponer instituciones como el FMI serían devastadoras para el capital. La devaluación y la destrucción localizadas son esenciales.

¿Cómo deben afrontar esto los anticapitalistas? Reconociendo que el capital es un blanco móvil, aprender a prever y superar sus desplazamientos, abandonar pretensiones de igualdad y convergencia regional, coordinarse a su vez en una dinámica de desarrollo geográfico desigual.

CONTRADICCIÓN 12 – Disparidades de renta y riqueza

Las luchas por la distribución de la riqueza han sido constantes durante la historia del capitalismo; sus resultados no son uniformes, sino que han variado en tiempos y lugares distintos. Como el Estado es crucial en la recaudación y redistribución de riqueza, los resultados de ésta han dependido mucho de qué facciones han ejercido el poder en él. Si en 1945 en Gran Bretaña los laboristas pusieron en pie un ‘estado del bienestar’, desde 1980 Thatcher y Reagan lo fueron aboliendo, línea que se consolidó gracias a la caída del comunismo soviético en 1989.

Tanto las luchas sociales como las fluctuaciones económicas tienen efecto sobre la redistribución de la riqueza, sin que estas variaciones (tan importantes como las que van de Suecia a Estados Unidos) obsten el funcionamiento del sistema capitalista.

No todas las distinciones económicas en cuanto a riqueza dentro del capitalismo se pueden achacar al capital, pero éste tampoco es inocente. No obstante, tiende a apoyar cualquier forma de emancipación social que gane respaldo, que no ponga en cuestión el control de la mano de obra y que constituya un nicho de mercado,como el movimiento gay.

También influyen las ideas dominantes sobre cuáles son las disparidades de riqueza justas o aceptables. El reformismo burgués se opone a la extrema miseria por motivos ideológicos, no sólo de salud pública (como una epidemia de cólera).

En Estados Unidos, por ejemplo, se observa demoscópicamente una percepción de cuáles pueden ser las diferencias de riqueza justas que está muy alejada de la realidad del país. Sin embargo, no da lugar a un movimiento social debido a la hostilidad ideológica al intervencionismo estatal.

Otras luchas no directamente dirigidas al tema de la distribución tienen efectos en ésta, como la de colectivos concretos (mujeres, raza, LGTB, …). Por ejemplo, la igualdad de oportunidades en educación tiene consecuencias posteriores en la renta de las personas.

¿Descansa el capital en algunos principios básicos sobre la distribución de riqueza y renta? Está claro que el capital se adapta a distribuciones muy diversas, pero aunque no haya una única que sea óptima, sí está claro que no es congruente con una totalmente equitativa. Tampoco le convienen las muy desequilibradas, que tienden a derivar en grandes crisis macroeconómicas, a provocar disturbios y agitación social y a desequilibrar la contradicción entre producción y realización (es mucho más fiable la demanda no discrecional de la clase trabajadora que los caprichos y hábitos de los ricos).

El hecho es que en las últimas décadas la desigualdad ha aumentado espectacularmente en muchos países. No sólo aumenta la parte que está en manos de los más ricos, sino que éstos empiezan a estar más repartidos por el mundo (muchos en los países BRIC). Las disparidades entre países han tendido a disminuir (no entre el norte y el sur de la Unión Europea, por ejemplo), pero no ha pasado igual entre las personas.

¿Se pueden atribuir los grandes cambios constatables en la distribución de la renta que han tenido lugar en los últimos cuarenta años a la reconfiguración de las contradicciones internas del capital? El movimiento ha sido doble: por una parte ha disminuido la diferencia entre la renta de los países y por otra parte han aumentado espectacularmente las diferencias entre individuos (con una cierta excepción en América Latina). La desigualdad en sí está en el fundamento del capital: los trabajadores han de ser desposeídos de la propiedad y el control de los medios de producción si se quiere que se vean obligados a asalariarse. La proporción del reparto del excedente entre salarios y beneficios es consecuencia de la combinación entre escasez de mano de obra y el curso de la lucha de clases. El capitalista debe recibir una porción suficiente del valor de lo producido de forma que le incentive dándole condiciones de consumo privilegiadas y que sea bastante para mantener en marcha el motor del capital mediante la reinversión.

Una visión ideológica le atribuye al capital la condición de creador de empleos y por tanto de riqueza. No es necesariamente así, sólo crea empleo cuando ello es rentable, si no, hoy día tiene mecanismos para utilizar sus rentas en los mercados (casinos financieros, mercado inmobiliario) o incluso puede invertir en el sector productivo pero en tecnologías de ahorro de trabajo. Por tanto, puede generar empleo y también desempleo.

Sí le afecta la necesidad de que exista una demanda agregada suficiente para la realización, dentro de mantener bajos los salarios. Y para ello el ejército industrial de reserva: por una parte los trabajadores desempleados y por otra las innovaciones tecnológicas. Aún hay grandes reservas latentes de población activa (campesinos, autoempleados, mujeres, extranjeros que atraer).

En los últimos cuarenta años ha conseguido mantener controlada la participación del trabajo en la renta nacional, con cambios tecnológicos que generan desempleo, con una globalización aleatoria. Ha sido también importante la reestructuración de las prestaciones por desempleo para acercarlas a un mínimo vital. Igualmente la posesión de los medios de comunicación y el cambio de ortodoxia en el pensamiento económico desde el keynesianismo al neoliberalismo.

¿Es la contradicción intensificada entre pobres y ricos una amenaza para la reproducción del capital? Como se dijo, fuertes desigualdades crónicas producen desequilibrio entre producción y realización. Pero también hay un riesgo de descontento social y movimientos revolucionarios (no sólo en situación de privación absoluta, sino cuando hay discriminaciones religiosas, de género, étnicas).

Especialmente influyente en la concentración de la riqueza ha sido el gran cambio tecnológico en las comunicaciones, que ha dado lugar a una intensa financiarización. El beneficio se busca en mucho más corto plazo, el mercado presiona y cierra incluso empresas rentables. Los comerciantes y rentistas obtienen más que los productores. A cambio, el capital es más volátil y sensible a las crisis.

¿Cómo afecta todo esto a una política anticapitalista? Hay que aprovechar el apoyo del público hacia más igualitarismo. Sería una reforma revolucionaria, porque aunque no desafíe de hecho la reproducción del capital lo puede llegar a hacer en el futuro en la medida en que el capital necesita de desigualdad.

CONTRADICCIÓN 13 – Reproducción social

Aunque se podría decir que inicialmente al capital no le importaban las necesidades y carencias de los trabajadores, siempre ha estado presente la contradicción entre las condiciones requeridas para la reproducción social de la mano de obra y las necesarias para la reproducción del capital; al principio en forma latente, luego cada vez más en forma más destacada y compleja, aunque con muchas variaciones espacio-temporales.

Conforme se complicaban los sistemas de producción capitalista, el capital necesitaba una mano de obra alfabetizada, con una modesta educación, flexible y aquiescente. Esa línea se desarrollaría por parte de la burguesía reformista en el intento de conformación de una clase obrera respetable, con un puesto de trabajo regular y participación política.

Ello no significa que el capital quiera cualquier tipo de formación para los trabajadores. El obrero autodidacta es un peligro, como lo fueron los que llegaron a las ideas del socialismo utópico y luego del marxismo.

El desarrollo de la educación pública tampoco ha sido linealmente útil al capital, porque ahí entra otro poder diferente, el del Estado que busca forjar una identidad y una solidaridad nacionales, lo que contradice el interés del capital en obreros individualistas, cosmopolitas, intercambiables. Pero de hecho (como prueban los casos de China o Singapur) las fuertes inversiones estatales en educación dan resultados muy positivos para el capital. A la vez, esas fuertes inversiones han dado lugar a modelos de negocio para el capital que ha aprovechado mucho (privatizaciones, tasas, cargas financieras que endeudan a los estudiantes).

Esta creación de una fuerza de trabajo formada y altamente productiva, dio lugar a la teoría del “capital humano”. Ésta ya aparece en Adam Smith, quien enuncia la adquisición de talento como un gasto real que genera un capital fijo, realizado en las propias personas, y que puede producir beneficios para éstas. Karl Marx ya realizó la crítica a esta perspectiva: el trabajador sólo puede realizar esas habilidades trabajando para otros y siendo explotado (de hecho, más productividad ni siquiera ha supuesto siempre más salario); para argumentar que no es verdaderamente un capital, basta con darse cuenta de que el obrero formado no puede tumbarse en la hierba y obtener rentas, como sí puede hacer el capitalista. La teoría resurge en los 60’s con Gary Becker: todos somos capitalistas de nosotros mismos, quien no alcanza salarios suficientemente altos, es que no ha invertido lo bastante en sí mismo, y es el culpable. FMI y BM apoyan este punto de vista.

También Pierre Bourdieu habla de un ‘capital cultural’ que da estatus. Pero nuevamente es confuso llamarlo capital. Sí hay un capital cultural que es la inversión empresarial en marcas y mercadotecnia para vender productos que den una marca de distinción. Pero la distinción en sí no es una forma de capital.

En estos tiempos, capital y Estado capitalista le dan mucha importancia a una formación tecnológica e intensa desde edades tempranas (aunque el capital prefiere no tener que pagarla él). Robert Reich (1992) habla de un subtipo de trabajadores cuyos servicios son ‘simbólico-analíticos’, basados en el conocimiento y que se constituyen como una clase media alta bastante rica y muy móvil.

Al principio, otros factores de la reproducción social (cuidados, crianza, salud) quedaban fuera del interés del capital, pero ha ido cambiando.

En la reproducción social hay una gran cantidad de trabajo no pagado, esencialmente femenino. En situaciones de democracia con presión social se ha obligado al capital (en los salarios) y al Estado (en el sistema de bienestar social) a asumir parte del gasto.

El programa neoliberal, por el contrario, se afana en externalizar los costes de la reproducción social para que los asuma la población (bajando así sus impuestos).

Es cierto que en muchas sociedades hay instituciones de ayuda mutua entre familias, pero realmente no son tan importantes, y se reducen conforme avanza la ética individualista y de maximización de beneficios. Por otra parte, esas instituciones de ayuda mutua estaban sacando demasiada demanda del mercado, y al capital no le interesa eso. También el desmantelamiento del sistema de bienestar, la austeridad, reduce la demanda efectiva en el mercado. Hay una cierta tendencia a suplantar el hogar por el mercado, a privatizar y mercantilizar tareas personales, lo que infecta la reproducción social (por ejemplo, la vivienda es vista ahora como una acumulación de capital mediante el consumo de espacio).

Esta mercantilización de la reproducción social ha tenido resistencia, pero que casi siempre se han perdido. Es muy intrusiva; ha llevado a los hogares a un consumo alienante y a altos niveles de endeudamiento personal. Esta tendencia no es homogénea territorialmente. En EUNA, el consumo supone el 70% del PIB, mientras que en China el 30%; en muchas ciudades hay una fuerte división por clases sociales en estas pautas.

La reproducción social es un tema polémico y resbaladizo, pero donde se observan bien los estragos del capitalismo globalizado (Cindi Katz): consumo alienante, forma de vida individualista, responsabilización de las víctimas por su fracaso…

Existen comunidades alternativas que se rebelan, pero es muy difícil aislarse del consumismo.

La reproducción social no suele ser un ámbito fuente de sentimientos revolucionarios.

La respuesta anticapitalista pasa por la oposición a las múltiples alienaciones, la degradación de la vida cotidiana, la pérdida de autonomía. Hacer de los hogares una red social de valores civilizados.

El supuesto radicalismo de empoderar en la reproducción social a los más pobres mediante la monetización y el mercado va en dirección contraria (microcréditos, títulos de propiedad). También es muy discutible la idea de salario para las mujeres por el mantenimiento del hogar, que no va a alterar su explotación, pero sí la va a monetizar.

CONTRADICCIÓN 14 – Libertad y sometimiento

Bajo el régimen de las normas del capital nos sentimos con libertad de pensamiento, incluso de planear iniciativas para transformar el mundo. Pero ese concepto de libertad individual en el que vivimos, ¿bloquea alternativas anticapitalistas?, ¿es un concepto de libertad parcial que sostiene el status quo?, ¿sólo permite la libertad empresarial y como mucho el liberalismo humanista?

Oficialmente, los poderes públicos de Estados Unidos (sus presidentes, por ejemplo), siempre defienden la libertad como algo asociado a la evolución histórica y que debe extenderse a toda la humanidad. Sin embargo, Estados Unidos ha usado ese principio para el sometimiento imperial y neocolonial de buena parte del mundo, ha recurrido sistemáticamente a la coerción y la violencia, ha depuesto a presidentes elegidos por sus pueblos, ha violado sistemáticamente los derechos humanos (como en Abu Ghraib o Guantánamo). Y, en el interior, viola continuamente las libertades de privacidad e intimidad de sus ciudadanos en beneficio de la seguridad. ¿Esto significa que toda la retórica en favor de la libertad es pura hipocresía? Hay que recordar la multitud de luchas que han supuesto transformaciones en el sistema (apartheid, esclavitud, revueltas campesinas, descolonización, …); bajo la presión social, el orden dominante ha tenido que hacer concesiones.

El anhelo de libertad nunca es del todo degradado por la retórica de las clases dominantes. Pero hay un reverso oscuro: en la trayectoria de cualquier movimiento progresista, hay un punto en el que es necesario enfrentarse y someter a los que se oponen (como el Terror en la Revolución Francesa). Aparece aquí la grave contradicción entre libertad y sometimiento; sin el dominio sobre cínicos, escépticos y enemigos, la libertad no puede avanzar. A veces el sometimiento puede ser establecido mediante la persuasión o la manipulación, pero es mejor asumir que nos liberamos sin someter a alguien y que después hay que estar perpetuamente vigilantes para defender la libertad conquistada.

La economía política liberal clásica (Locke, Smith) propone una libertad individual que ponga límites a la arbitrariedad del poder estatal, pero exigiendo una autorregulación (Foucault) que obedece a las reglas de la sociedad de mercado, una libertad inserta en sus relaciones y códigos sociales característicos de la propiedad privada. En su teoría y en práctica, el Estado liberal debe autolimitarse (laissez-faire).

Polanyi, desde el otro lado de la argumentación política, decía, por el contrario, que la desaparición de la economía de mercado podía posibilitar una época de libertad sin precedentes. Frente a una libertad asociada al privilegio y viciada por ello de raíz, la regulación y el control pueden asegurar la libertad no de unos sino de todos. Pero eso se opondría a los intereses de clase y por ello se nos muestra la regulación como si fuera un ataque a la libertad. Asocian la libertad a las relaciones contractuales y éstas al funcionamiento del mercado en la economía. En esa visión, nadie, ni votantes, ni propietarios, ni productores, ni consumidores aparecen como responsables de las restricciones a la libertad que emanan del paro y la miseria. Éstas se presentan como causas naturales, fuera de control. Por eso Polanyi reclama que hay que descartar la visión utópica de la economía política clásica, y afrontar la realidad social y sus contradicciones. La extracción de excedentes del trabajo requiere el sometimiento y la falta de libertad de los trabajadores, que han sido históricamente desposeídos del acceso a los medios de producción mediante la violencia y la coerción en nombre de la libertad del capital para acceder al trabajo asalariado y para moverse de aquí a allá. En esa visión de la libertad se incluye la prohibición de interferencias reguladoras, la libertad de pillaje sobre los indígenas, de sobre carga del sistema ecológico, etc. La libertad del capital descansa siempre sobre la falta de libertad de otros, sobre la escasez, el empobrecimiento, el excedente de mano de obra, las necesidades no satisfechas. Entre esa libertad del capital y la de los demás, lo que decide es la fuerza (Marx).

Hoy, el desarrollo de los medios de producción permitirían sacar a todos del reino de la necesidad, pero eso no impide que sigamos bajo las leyes de la economía política capitalista, porque sus libertades exigen el sometimiento a las de los otros.

El razonamiento económico del capital impregna también los esfuerzos de los humanistas, ONGs y filantrópicas. Amartya Sen asocia la libertad al crecimiento, a la ampliación de oportunidades y capacidades; pero a base de conformismo y de obedecer a las instituciones y modos de vida burgueses. Sen no reconoce los antagonismos de clase, o los considera manejables. Parte del principio de que el sistema del mercado capitalista, bien gestionado y regulado, es una forma justa y eficiente de satisfacer las necesidades humanas. La filantropía y las ONGs son ya un poderoso complejo caritativo-industrial que hace que algunos se sientan bien mientras se refuerza que otros queden atrapados en el sistema.

Marx no eludía la cuestión de la contradicción, en situaciones revolucionarias, entre libertad y sometimiento. La libertad de los hombres quedaba limitada cuando entraba en conflicto con la ‘vida política’ burguesa, la cual supuestamente era la garantía de los derechos y libertades. El núcleo de la contradicción entre libertad y sometimiento, lo encontraba en J. J. Rousseau: lo esencial era la diferencia entre el hombre natural, individual, y el plenamente socializado, que alcanza una concepción de la libertad diferente a la del individuo aislado.

¿Está mejor defendida la libertad humana para todos por un régimen de derechos de propiedad privada individuales y excluyentes o por derechos comunes colectivamente gestionados por los individuos asociados?

También en Rousseau está el concepto de la contradicción: una transformación revolucionaria supone una cierta destrucción creativa. Hay, ya en Marx, una necesidad de derribar las concepciones individualistas de riqueza y de valor para liberar el potencial de una prosperidad humana creativa pero colectiva, que no excluye autodisciplina, compromiso y dedicación.

TERCERA PARTE – Las contradicciones peligrosas

Las ‘contradicciones cambiantes’ evolucionan de forma muy distinta, según tiempo y lugar. Algunas tienden a lo progresivo (como el cambio tecnológico o la producción de espacio), otras a lo pendular (como monopolio y competencia, o pobreza y riqueza), otras son más caóticas y aleatorias, dependientes del flujo de las fuerzas políticas enfrentadas, otras son simplemente irregulares y no consistentes (como la reproducción social). Esta dinámica de las contradicciones cambiantes proporciona energía y vigor innovador al capitalismo. Además, como las contradicciones fundamentales, también las cambiantes se entrecruzan, interactúan, interfieren. En ese movimiento continuo se abren y cierran posibilidades alternativas, anticapitalistas; y también proyectos políticos alternativos como respuestas del capital a sus contradicciones y dirigidos a facilitar su reproducción. Como decía Marx, el futuro ya está en buena medida en el presente que nos rodea y se trata de recombinar posibilidades existentes; pero no es automático, cada alternativa debe rastrear su propio camino.

Entienden mal a Marx quienes dicen que dijo que el capital se derrumbaría bajo el peso de sus propias contradicciones. Marx no era así de mecanicista: veía las tendencias peligrosas, pero daba por hecho que hacían falta agentes humanos que echaran arena en el motor.

No hay, por tanto, contradicciones fatales, inevitables y apocalípticas, pero sí que las hay, las tres siguientes, potencialmente muy peligrosas.

CONTRADICCIÓN 15 – El crecimiento exponencial y acumulativo sin fin

El capital gira siempre en torno al crecimiento exponencial y acumulativo, pero ¿es esto posible a perpetuidad?

Robert Gordon afirma que esto puede no ser así, que los últimos 250 años de crecimiento pueden ser un suceso aislado, que olas de innovación anteriores han sido más intensas que ésta de la electrónica y la informática desde 1960, la cual además de más débil muestra agotamiento y además tiene ‘vientos en contra’: desigualdad, coste de la calidad en educación, globalización, regulación medioambiental, envejecimiento de la población, endeudamiento fuerte público y privado (que es usado como justificación para recortes draconianos del gasto público y del salario social).

El crecimiento exponencial, el del interés compuesto, tiene una curva ascendente lenta al principio, pero que se disparata después. Se usan como ejemplo la historia de los granos de trigo duplicados en cada escaque de un tablero de ajedrez, o la herencia que dejó un tal Peter Thelluson a interés compuesto para ser entregada cien años después.

Es muy complicado calcular cuál ha sido la tasa de crecimiento de la economía mundial a lo largo de siglos. Angus Maddison y Bradford DeLong no coinciden pero llegan a cifras no muy lejanas. De acuerdo con la primera, la tasa (compuesta) de crecimiento desde 1820 habría sido del 2’25% anual como media mundial. Los economistas y la prensa financiera suelen considerar el 3% como tasa mínima aceptable de crecimiento, y a partir del 5% habla de sobrecalentamiento y desboque de la inflación, y por debajo del 0% recesión o depresión.

Pues bien, si tomamos el 3% como tasa de crecimiento correcta, que permite a la mayoría de los capitalistas estar en rendimientos positivos, ¿cómo encontrar oportunidades de inversión para una cantidad alocadamente creciente de dinero?, ¿cuánto más pueden crecer las ciudades, las infraestructuras? No nos dejemos llevar por un análisis muy matemático; Malthus lo hizo y hubo de rectificar: los comportamientos humanos son fluidos y adaptables.

¿Cómo se puede ir adaptando el capital al problema del crecimiento acumulativo? En primer lugar, está la demografía. En la historia del capital se fue acumulando más y más población, primero la campesina desposeída, luego la mujer, grandes masas migratorias. Pero el crecimiento de la población tiene un límite claro: su evolución tiene forma de S (distribución logarítmica sismoide): lento crecimiento inicial, rápido aumento posterior y luego ralentización hasta aplanarse o incluso disminuir. De hecho, se calcula que el crecimiento de la población mundial se detendrá entre los 10,000 y los 12,000 millones de humanos. La demografía, por tanto, no va a dar el apoyo necesario al incremento exponencial del capital como hizo en épocas anteriores.

¿Podría el capital dejar de crecer de forma exponencial y mostrar también una curva sigmoide, como la demográfica? No; el capital no funciona sin crecimiento, se basa en el beneficio y éste exige más producción total de trabajo social al final de cada periodo. Por eso un crecimiento nulo es un estado de crisis para el capitalismo.

¿Qué otras adaptaciones puede intentar el capital para sostener ese crecimiento exponencial continuo? En primer lugar, ha liberado a la forma dinero del respaldo de metales preciosos (cuya cantidad no podía continuar creciendo indefinidamente). El dinero fiduciario emitido por el Estado sí puede crecer indefinidamente. El riesgo es la inflación pero ésta se viene combatiendo con la actuación de la Reserva Federal hacia el sistema bancario (¿?), y además se ha debilitado tanto el movimiento obrero que éste apenas tiene poder para actuar sobre los salarios. En todo caso, la creación exponencial de dinero, actuando sola, sin combinar otras adaptaciones, no podría funcionar.

En segundo lugar, el capital no sólo crece, también destruye y ése es otro vector de adaptación; las ‘destrucciones creativas’ de las crisis económicas, la desindustrialización de grandes zonas. Pero ésta es también una adaptación con límites, apenas pausa el proceso. Hay además devaluaciones que son muy temporales (como la inmobiliaria de las últimas crisis), y a la postre hay grandes revalorizaciones, después de que los activos hayan cambiado de manos. Estos procesos de destrucción o devaluación pueden tener consecuencias políticas, ya que tienen un componente territorial (como por ejemplo el ciclo antineoliberal en América Latina tras las dos ‘décadas perdidas’, o lo que puede pasar en Grecia y en el sur de Europa con la crisis).

En tercer lugar, hay creaciones de nuevos mercados y cercamiento de nuevos bienes comunes, campos nuevos para el capital. Continuas privatizaciones: agua, vivienda social, educación, sanidad, guerra, emisión de gases, patentes genéticas. Esta adaptación tiene sus límites, ya que no queda mucho más que se pueda pasar al mercado y además provoca resistencias políticas.

En cuarto lugar, está la actuación del capital sobre los ciclos de vida útil de los productos: obsolescencia programada, cambio continuo de líneas de producción, moda, publicidad. Dentro de esta adaptación está también la masiva producción de bienes que desaparecen en el acto de su consumo, el espectáculo (Guy Debord): televisión, cine, conciertos, deportes, turismo. Se provoca además que en estos temas el consumidor pase a ser prosumidor. Esto está alterando la relación entre capital y consumidores, que cada vez está menos mediada por cosas y más por información (Hardt y Negri), aunque indudablemente hay una gran cantidad de trabajo social material en las infraestructuras necesarias para todo esto. Cuando se habla de la “sociedad de la información” y del “capitalismo del conocimiento”, no hay que creer que se trata de un orden capitalista nuevo, una ruptura radical. Espectáculo ha habido siempre y no hay que perder de vista que se trata de una adaptación ante el problema del crecimiento exponencial.

La liberación en los años 70s de las restricciones (metales preciosos) en la creación de dinero, tuvo lugar en un momento de rentabilidades especialmente bajas para los activos. La creación de dinero tuvo efectos de burbujas especulativas, de gran crecimiento de la deuda de los países en desarrollo, y de la creación de nuevos mercados de activos, productos financieros que, en un contexto de desregulación, se volvían completamente opacos.

Algunos de los activos sobre los que se especula y se producen burbujas son bienes seguros, con fundamento, (suelo, inmobiliarios, recursos naturales). Pero también se invierte cada vez más en inmateriales (propiedad intelectual, material genético, semillas).

Pero este tipo de actividad económica no puede llegar a todo el mundo, sólo a la población de ingresos superiores, lo que empuja hacia formas políticas de oligarquía represiva.

Todos los ajustes que hemos mencionado (y que a la vez son casi síntomas) no aportan soluciones a largo plazo. El capital va construyendo un sistema fetichista, que es casi una pirámide de Ponzi, la cual no controla sino que fomenta la especulación. La perspectiva es de crisis periódicas, estallidos de violencia popular, fracaso de la promesa a la ciudadanía de consumo y empleo, un Estado cada vez más autoritario.

Esta contradicción del crecimiento exponencial afecta mucho a las otras. Tensa las contradicciones medioambientales, la de pobreza y riqueza, las de producción y realización de beneficios. Algunos efectos, como la mercantilización y comercialización de aspectos de la vida, del valor de uso, son difícilmente reversibles. Y otro efecto es el incremento del poder de los rentistas improductivos, parásitos, meros propietarios de activos inmateriales. Las formas parasitarias del capital, los ‘bonistas’, son los grandes beneficiados, los que van ganando la batalla.

CONTRADICCIÓN 16 – La relación del capital con la naturaleza

Aunque son indudables las presiones medioambientales acumuladas que surgen del crecimiento exponencial del capitalismo, hay cuatro razones que hacen dudar de una crisis medioambiental inminente:

1. Hay una larga experiencia del capital resolviendo sus dificultades medioambientales.

2. No se puede ver la naturaleza como una entidad separada del capital, retroalimentándose. Más bien son un sistema ecológico en el que naturaleza y capital se producen y reproducen continuamente. La naturaleza no evoluciona solo motu propio, sino que es reformada y reconfigurada por las acciones del capital, que no sólo la ha usado para facilitar actividades rentables sino para hacerla más acogedora para la vida humana.

3. Para el capital, los asuntos medioambientales son una gran área de actividad empresarial. Los proyectos ecológicos son socioeconómicos y viceversa. A veces el objetivo es la tasa de beneficios, otros el bienestar de las personas, otros el primero simulando el segundo (greenwashing).

4. Para el capital es perfectamente posible la circulación y la acumulación en medio de catástrofes medioambientales (capitalismo del desastre).

¿En qué circunstancias las dificultades medioambientales pueden ser peligrosas o fatales para la reproducción del capital? El capital considera a la naturaleza como una gran reserva de valores de uso potenciales. La naturaleza es dividida y repartida en forma de derechos de propiedad garantizados por el Estado, mediante el cercamiento de los bienes comunes naturales, que se monetarizan y mercantilizan. Hay así una clase propietaria, rentista, que acumula riqueza. No se trata sólo de naturaleza, también influye la tecnología: hoy hay rentistas propietarios de materiales genéticos o de propiedad intelectual. Ello les permite especular, manipular la escasez. De hecho, casi todas las hambrunas de los últimos dos siglos tienen un origen social, no natural.

Esta concepción cosificada de la naturaleza ha encontrado resistencias en el propio Estado y en el movimiento ecologista, pero es tan sustantiva al capital esa relación con la naturaleza que cualquier movimiento ecologista no cosmético debe ser anticapitalista.

Es importante para el capital arrogarse el manto de la responsabilidad medioambiental para dominar los discursos ecológicos, gestionar las contradicciones con la naturaleza de acuerdo con intereses de clase y tener presentes las relaciones metabólicas capital/naturaleza en discursos y políticas públicas.

¿Cómo puede llegar a suceder que esta contradicción sea peligrosa o fatal? Que el capital haya superado estas contradicciones en el pasado no supone que lo vaya a volver a hacer siempre, y tampoco que haya sido sin coste: hay degradaciones del medio ambiente correlativas con las anteriores adaptaciones cuyos efectos permanecen, son acumulativos; en cada etapa la línea de base del ecosistema capitalista es diferente.

Pero ahora estamos en un punto de inflexión crucial de la tasa de crecimiento exponencial de la actividad capitalista y, correlativamente, el impacto sobre el estrés y el riesgo medioambiental es exponencial: hay que mercantilizar, privatizar e incorporar aspectos nuevos de nuestro mundo (incluso formas de vida de laboratorio) a sus circuitos. Es una propagación cancerosa.

Las empresas externalizan sus costes ecológicos y, aunque el mercado acaba demandando una actividad interventora del Estado (como regulaciones, o tributación medioambiental), la resistencia de los poderes empresariales y los ciclos temporales de la naturaleza (tan distintos a los del capital: ¿cuándo desaparecerán los efectos de los gases CFC en la estratosfera?) acercan el peligro de un punto de inflexión irreversible. Hay ya momentos de apariencia apocalíptica, pero las catástrofes localizadas son fácilmente asumibles por el sistema, que las rentabiliza (capitalismo del desastre) y construye un discurso sobre la furia ciega de la madre naturaleza, cuando se trata de efectos del funcionamiento del capital. El crecimiento exponencial del capital va transformando las escalas temporales y geográficas. Los problemas que antes eran locales e inmediatos, se regionalizan y alargan en el tiempo, superando las herramientas tradicionales de gestión y acción.

Se intenta tomar medidas a nivel internacional y a largo plazo (como con los gases CFC y la capa de ozono), pero hay muy fuertes resistencias de facciones del capital y de ciertos gobiernos y aparatos de Estado.

El comercio internacional conlleva una transferencia de los perjuicios y beneficios ecológicos de una a otra parte del mercado, lo que entraña tensiones geopolíticas. Con frecuencia el capital agota o destruye irreparablemente recursos de la naturaleza en ciertos lugares, lo que sucede más intensamente bajo regímenes imperiales o coloniales. Y simultáneamente hay prácticas ecosistémicas equilibradas en otras partes del mundo. En conjunto, beneficios y pérdidas acaban reforzando la desigualdad.

Hay una gran incertidumbre (ante esta variedad de prácticas) sobre cómo está funcionando el ecosistema capitalista en su conjunto. Sí está claro que los desastres naturales no lo son, tienen un origen social; y que el capital no puede tomar las medidas oportunas sin fuertes luchas internas entre facciones.

Los graves problemas en la relación capital-naturaleza son una contradicción interna, no externa al capital. ¿Sabrá tomar los ajustes necesarios? Hay zonas del norte de Europa y América donde el entorno natural es mejor que el de hace una generación, mientras que en China ha empeorado. El conjunto de los datos que tenemos no avala la tesis de un colapso inminente. Pero habrá guerras por los recursos, hambrunas, millones de refugiados medioambientales; pero no se trata de que se haya roto límites naturales, sino como consecuencias del sistema socioeconómico.

Los dos elementos más amenazadores son 1. La creciente capacidad de la clase rentista para apropiarse de la totalidad de la riqueza y 2. Que la relación actual entre capital y naturaleza es profundamente alienante: funcionalista, artificial, tecnocrática, privatizada, comercializada, monetizada, orientada a la maximización de valores de cambio; y esto provoca reacciones, revulsiones, resistencias que atraviesan todo el espectro político, porque supone la destrucción de una naturaleza humana digna y sensible (Polanyi, romanticismo, escuela de Frankfurt …). Están plantadas las semillas de la sublevación humanista.

CONTRADICCIÓN 17 – La rebelión de la naturaleza humana: La alienación universal

Podría suceder que el capitalismo sobreviviera a todas sus contradicciones, pagando un precio: la degradación hacia mundos distópicos. La idea es que ese coste es tan alto que debería ser inaceptable para la población y esta debería reaccionar con movimientos sociales y políticos. Debería ser evidente que cambiar las cosas exige reemplazar la maquinaria económica. ¿Cómo hacerlo?, ¿con qué reemplazarla?

El capitalismo no va a caer solo. Para tumbarlo hace falta un movimiento potente y un enorme compromiso individual. Y eso no funciona sin una convincente visión de una alternativa.

Se puede intentar cambiar gradualmente, atacando contradicciones concretas. El gradualismo tiene sus virtudes, aunque la reacción del Estado (Tahrir, Syntagma, Taksim) ha sido extraordinariamente violenta.

¿Cómo hacer converger movimientos de oposición muy fragmentados, que no perciben la interrelación entre todas las contradicciones del capital? Hace falta una concepción catalizadora, que puede ser la alienación.

Alienación tiene muchos significados (enajenación, pérdida de confianza y lealtad en personas e instituciones, aislamiento, cólera y hostilidad…). Todos ellos son aplicables en el capitalismo:

Se pierde el contacto táctil con la mercancía, la relación con la naturaleza. El valor social del trabajo queda oculto tras la forma dinero. Se pierde la capacidad de tomar decisiones colectivas. Una división del trabajo exponencialmente creciente. Pero todo esto no ayuda a un cambio si no se entiende la fuente de las alienaciones.

El marxismo tradicional se centra en la contradicción entre fuerzas productivas (tecnología) y relaciones sociales (la clase). Este cientifismo no dio suficiente imaginación política ni razones subjetivas convincentes. Esa visión cientifista además cayó en el fetichismo de la producción por la producción. Pero de hecho, es cierto que ésa es la contradicción principal.

André Gorz ha estudiado la alienación. Los individuos alienados en el trabajo también lo estarán en el consumo y en sus necesidades. Han de ser ‘consumidores racionales’ desde el punto de vista del capital: no buscar una buena vida estable, sino sentir un deseo insaciable de más y más poder monetario y consumo.

El cambio tecnológico corta el vínculo entre la persona trabajadora y la interacción social con el mundo. La naturaleza es tratada instrumentalmente, y eso crea una violenta ‘cultura de la barbarie’.

En los productos culturales, se ve el anhelo de humanizar a los robots, como una reacción.

Trabajar es un medio de autocreación. Pero la mayoría de la gente (70%, Gallup, EUNA) odia el trabajo o se siente desconectada de él. El otro 30% tienen trabajos más creativos. ¿Llena esto sus vidas? En realidad no. La tecnificación debería suponer un ahorro en tiempo y trabajo.

Pero la producción ya no tiene la función de satisfacer las necesidades existentes de manera eficiente, sino que son las necesidades las que tienen la función de permitir que la producción siga creciendo. Hay que crear deseos y darles el carácter de necesidades imperiosas. Crear demanda.

Pero esto no aumenta el grado de satisfacción. Mantiene la impresión de que no hay para todos. El consumo se estratifica. Thorstein Veblen y la “Teoría de la clase ociosa”: se necesita un consumo alienante para compensar la represión salarial y el desempleo inducido.

El conjunto de los trabajadores, sometidos a las necesidades artificialmente creadas, trabaja en realidad más horas. El tiempo libre es un peligro para el sistema. Las reivindicaciones salariales son mucho más integrables por el sistema que las de horas de trabajo, intensidad, organización, que son mucho más subversivas.

La publicidad comercial es un factor esencial. Hay que persuadir d un consumo que no es necesario y ni siquiera útil. Son ‘bienes compensatorios’ (Gorz), que llevan en su inutilidad la huida desde el universo colectivo a un refugio de soberanía privada. En eso acabaron los movimientos de 1968; su retórica de libertad individual acabó en una libertad de elección en el mercado de los deseos humanos.

El progreso del consumismo absurdo requiere de la destrucción creativa (Schumpeter). La gentrificación engulle ciudades y redefine la clase de personas que las habitan. A la vez, impulsa hacia el trabajo asalariado a quienes antes hacían labores no remuneradas. El dinero es el instrumento de medida que permite retirarse a la esfera privada con ventajas personales, lo que conlleva la desintegración de las redes de solidaridad y asistencia mutua, la cohesión familiar, la pertenencia. El estímulo es hacia que los individuos “sean ellos mismos”, se diferencien de los otros.

El capitalismo necesita que no crezca el tiempo verdaderamente libre. Y ha tenido últimamente grandes éxitos con los actuales hábitos culturales (armas de distracción masivas), productos obsoletos rápidamente, espectáculos de consumo inmediato: incluso haciendo que los trabajos ocupen su tiempo libre en crear sus propios espectáculos (redes sociales).

La historia (desarrollo de las fuerzas productivas) puede darnos la oportunidad de una mayor libertad, pero no hay un determinismo material, hemos de ser nosotros quienes aprovechemos esas oportunidades.

La alienación exige una respuesta política. Surgen algunas inquietudes, con el auge del fascismo en Grecia, Francia, Hungría. En Estados Unidos extrema izquierda y extrema derecha coinciden en que el sistema estatal se extralimita.

CONCLUSIÓN – Perspectivas de un futuri feliz, pero disputado: la promesa del humanismo revolucionario

Siempre ha habido personas que han creído que podían construir un mundo mejor, y mucho que eso supondría, además, remodelarse a sí mismos como personas.

Creer que se puede cambiar el mundo mediante pensamiento y acción es la tradición humanista. Ésta tiene versiones laica y religiosa. Con altibajos, ha existido siempre, aunque en competición con doctrinas que asignan nuestro destino a dioses, fuerzas de la naturaleza, leyes de la evolución. Tiene un riesgo, que la visión antropocéntrica llegue a ver a los hombres como reyes del universo, o incluso que distinga a subhombres carentes de la dignidad de los demás.

Hoy en día hay mucha actividad humanitaria en ONGs e instituciones caritativas. Incluso hay líderes de empresa implicándose en lo que es un lavado de conciencia, que presenta las barbaridades del sistema como daños colaterales de disfunciones de un sistema económico de dimensiones éticas.

Dos aspectos negativos del humanismo. Primero: pese a sus sentimientos universalistas de principio, a menudo derivan en beneficios para intereses particulares, de fracciones o clases (como la doctrina de derechos humanos de la ONU que prioriza los derechos individuales y la propiedad privada frente a las relaciones colectivas). El segundo aspecto es que cualquier sistema de creencias y derechos lleva siempre aparejado algún tipo de poder disciplinario, habitualmente ejercido por el Estado. No hay un buen conocimiento en la tradición humanista de estas contradicciones. Haya demás en la versión laica una especie de vergüenza, de falta de rotundidad.

Ha habido críticas al humanismo (como la de Althusser) por su carácter engañoso, insuficiente, de lavado de conciencia. Las organizaciones que luchan contra la pobreza no buscan interferir en la continuación de la acumulación de la riqueza.

¿Qué tipo de humanismo necesitamos? Uno revolucionario y laico, que pueda aliarse con el religioso. Diferente del liberal burgués que cree en una esencia inamovible del ser humano. Un futuro feliz para la mayoría conlleva la inevitabilidad de ordenar la infelicidad de otros.

Es significativo el ejemplo del análisis del colonialismo por el psiquiatra Frantz Fanon, ya que acepta una violencia necesaria y rechaza el compromiso, dada la polarización social. La violencia siempre contiene un riesgo, pero es inevitable para enfrentarse a la violencia del orden Es cierto que el orden colonial disimula y es menos inhumano en la metrópoli. Y cuando no ha sido así (Estados Unidos, movimiento negro, años 60), ha provocado rebeliones.

El poder oligárquico, apoyado en una vigilancia intensificada, está actuando cada vez más violentamente contra poblaciones enteras, suprimiendo radicalmente cualquier movimiento contra la pobreza. A la vez, los oligarcas practican la caridad sin reconocer su papel en la generación de la pobreza.

Hay por todo el planeta erupciones violentas e imprevisibles que pueden ser temblores previos del terremoto que se avecina. Ojalá la masa de la humanidad vea el peligro antes de que el daño humano y medioambiental ya no tenga cura. El capital tiene suficientes contradicciones internas para abrigar motivos de esperanza.

EPÍLOGO – Ideas para la acción política

Algunas directrices para la acción política, derivadas de las 17 contradicciones. Se trata de conseguir un mundo en el que:

  1. La provisión directa de valores de uso (vivienda, educación, alimentos, …) para todos tega prioridad a su provisión por un sistema de mercado que adjudica según capacidad de pago y que maximiza ganancias.

  2. Hay que crear un medio de cambio que facilite la circulación de bienes y servicio pero excluya la posibilidad de que individuos privados acumulen dinero como forma de poder social.

  3. La opción entre propiedad privada y poder del Estado se debe desplazar a un régimen de derechos sobre el común que quede en manos de asambleas y asociaciones populares.

  4. La apropiación del poder social por personas privadas ha de ser mal visto, como una desviación patológica.

  5. La oposición entre capital y trabajo e disuelve mediante productores asociados que deciden libremente qué, cómo y cuándo producir, para satisfacer las necesidades comunes.

  6. La vida cotidiana se ralentiza, maximizando el tiempo dedicado a actividades libres.

  7. Las poblaciones asociadas evalúan y comunican sus necesidades mutuas para elaborar sus decisiones de producción,

  8. Nuevas tecnologías y formas organizativas aligeran la carga de todas las formas de trabajo social, eliminando divisiones técnicas innecesarias, liberando tiempo y disminuyendo la huella ecológica.

  9. Automatización, robotización e inteligencia artificial reducen las divisiones técnicas del trabajo. Las residuales se disocian de divisiones sociales del trabajo. Las funciones de administración y liderazgo estratégico se desempeñan rotatoriamente.

  10. El poder centralizado sobre el uso de los medios de producción es confiado a las asociaciones populares.

  11. Existe la mayor diversificación posible en formas de vida, relaciones sociales, hábitos culturales. Movimiento geográfico libre pero ordenado entre territorios y comunas.

  12. Se abolen las desigualdades en la provisión material excepto las derivadas de a cada uno de acuerdo con sus necesidades y de cada uno según sus capacidades.

  13. Progresiva fusión entre el trabajo necesario hecho para personas distantes y el trabajo para uno mismo y el entorno doméstico.

  14. Todos tienen el mismo derecho a educación, asistencia sanitaria, vivienda, alimentación, transporte, …, evitando cualquier situación de necesidad.

  15. La economía converge hacia el crecimiento cero (con margen para desarrollos geográficos desiguales).

  16. Desarrollo de energías naturales, protección de ecosistemas, reciclaje.

  17. Seres humanos no alienados, creativos. Todos igualmente merecedores de dignidad y respeto, incluso en el conflicto. Y siempre en evolución.

Hay alternativas

 

 El texto de esta anotación está disponible como PDF en la página de descargas.

Resumen del libro “Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España”, de Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa, ATTAC-Sequitur, Madrid, 2011.

 

 

 

I – Las causas de la crisis mundial

 

Para proponer soluciones, necesitamos un buen diagnóstico de la situación. En el caso español, y en común con otros países, los males son: muy alto nivel de paro, hundimiento de sectores enteros de la econmía, quiebra de muchísimas empresas y consecuente alto nivel de endeudamiento público. ¿Y las causas?

La gran recesión

La causa inmediata fue la difusión por bancos estadounidenses de productos financieros, derivados del mercado hipotecario, que resultaban ser basura. Ante el riesgo de quiebra de los banqueros e inversores que los habían adquirido, los bancos dejaron de conceder créditos, lo que bloqueó a empresas y consumidores, dando lugar a una gran caída de la actividad económica. Los gobiernos inyectaron miles de millones a la banca, pero sólo se consiguieron ligeros frenazos o alivios.

Al disminuir la actividad económica, se redujeron fuertemente los ingresos de los Estados, a la vez que aumentaban sus gastos; por tanto, se dispararon el déficir¡t y la deuda pública. La banca entonces, a cambio de subvenir esas necesidades de financiación, exigieron reformas en la línea de recortar el gasto social y los salarios, para que el dinero público fluyera hacia ellos. Pero la consecuencia es que al haber menos capacidad de compra por parte de los ciudadanos, más empresas se vienen abajo.

La mentira de los “brotes verdes”

Al no modificarse las reglas del juego que dieron lugar a la crisis, no hay visos de cambio;  no hay tales “brotes verdes”. Por el contrario, en muchoa países la situación empeora al incrementarse los niveles de deuda.

Causas superficiales y causas de fondo de la crisis

Además de las causas inmediatas, el comportamiento irresponsable de la banca, hay unas causas de fondo, que explican también el problema de la deuda privada: el descenso de la capacidad adquisitiva de la población, provocada por las políticas neoliberales de Reagan y Thatcher, y en Europa de las normas impuestas para la implantación del euro.

La debacle financiera

En la década de los noventa, la masa salarial seguía disminuyendo en los Estados Unidos. Ante la falta de demanda, las autoridades iniciaron una política de tipos de interés bajo, especialmente hipotecarios. Muchas familias se endeudaron en la compra de viviendas, iniciándose así una situación de burbuja (aquella en la que los compradores creen que los precios de los productos van a subir indefinidamente).

La estafa de las hipotecas basura

En un círculo de avaricia, los bancos empezaron a prestar a quienes no era esperable que pudieran pagar (NINJAs), generándose así hipotecas subprime, más arriesgadas, pero también de tipos más altos.

La banca necesitaba más dinero para poder seguir con esta política, y para ello diseña la titulización, que agrupa y convierte en negociables productos que no lo eran. Al colocar estos títulos, obtiene liquidez, y ellos pasan a grandes financieras. Para disimular el riesgo de estos activos, se hacen paquetes en los que se incluyen deudas hipotecarias razonables con subprimes. Como esto era ya prácticamente una estafa, lograron de los gobiernos el relajamiento de la supervisión, y sobre todo recurrieron a las agencias de calificación, que calificaron sus productos como de alta calidad.

El derrumbe

Los bancos obtenían así espectaculares beneficios. Pero al empezar a subir los tipos de interés, el mercado inmobiliario se derrumbó, generando paro y dando lugar a que se dejaran de pagar muchas hipotecas. La cartera inmobiliaria de los bancos perdía valor, mientras que sus deudas seguían allí. Empezó a haber pérdidas multimillonarias y quiebras y, como los productos titularizados los habían difundido por todo el mundo, la crisis era global.

La crisis de la economía global y sus daños colaterales

Los bancos empezaron a dejar de prestarse entre ellos por desconfianza y por no tener suficiente capital, restringiendo también el crédito a empresas y consumidores. Así que de la crisis hipotecaria estadounidense se pasó a la financiera global, y de ésta a una crisis general de la actividad económica real.

Mientras, los capitales especulativos, que ya no confiaban en el mercado inmobiliario, se desplazaron al petróleo y a los productos alimenticios, originando fuertes subidas de precios en estos sectores.

Las causas profundas de la crisis

¿Cómo ha podido suceder todo esto?, ¿cómo se ha permitido que tanto dinero pasara a la especulación?, ¿cómo que lo bancos engañaran a tantos inversores sin que intervinieran los supervisores?, ¿cómo se ha dedicado tanto a salvar a los bancos sin apoyar a las empresas de la economía real? Hay hechos previos muy importantes:

El tremendo poder que han ganado las finanzas sobre las autoridades públicas en las últimas décadas; las medidas económicas, políticas y culturales destinadas a favorecerlas; y el papel de la desigualdad.

La financiarización de las economías y el papel de los bancos

En el campo político, en los años 80 llegan al poder los gobiernos neoliberales de Reagan y Thatcher. En lo financiero, hay una gran sobreproducción, que supuso un descenso de la rentabilidad de la economía productiva. Los bancos fomentaron el crédito, para colocar los excesos de capital. Coincidentemente, la revolución tecnológica abarató los costes e hizo prácticamente instantáneas las operaciones financieras.

Los financieros obtuvieron del poder reformas legales que garantizaron la total libertad del movimiento de capitales y el descontrol. En esto tuvieron un importante papel los paraísos fiscales.

Pero, a mayor rentabilidad, mayor riesgo. Esto ha hecho que se hayan sucedido una gran cantidad de pequeñas crisis. Las empresas pedían menos créditos a los bancos y recurrían al mercado de capitales (acciones, bonos). Y los bancos desplazaron su negocio desde la economía real a las operaciones financieras y a las comisiones operativas.

El neoliberalismo

Ha habido una importante polarización de las rentas, incrementándose las del capital y reduciéndose las del trabajo. Esto supone una caída de la capacidad adquisitiva de la población, y un problema de escasa demanda, que empuja al capital de la limitada rentabilidad de la economía real a la financiera, donde los beneficios son mayores.

Esa polarización de las rentas es la consecuencia de políticas neoliberales de los gobiernos. De los cincuena a los setenta, los trabajadores habían mejorado su posición en el reparto de renta, partidos d eizquierdas, sindicatos y movimientos sociales eran potentes. La respuesta política neoliberal fue contundente y, a veces (América Latina), sanguinaria.

El cambio de modelo productivo se expresaba en: la aplicación de nuevas tecnologías de la información que demandaban una fuerza de trabajo más escasa y barata; una política macroeconómica centrada en la lucha contra la inflación, mediante altos tipos de interés y recortes salariales; y un conjunto de nuevos valores sociales que fomentaban el individualismo y la fragmentación social.

El neoliberalismo impuso estas políticas, logrando un cambio en el orden económico y en el social.

La desigual distribución de las rentas y la crisis

Estas políticas produjeron grandes cambios mediante un doble proceso: la pérdida de las ganancias obtenibles en el mercado de bienes y servicios, dada la disminución de rentas salariales y la potenciación del ahorro y, por tanto, de la inversión.

La desigualdad en la distribución de las rentas entre trabajo y capital es la principal fuente de la especulación financiera y del riesgo asociado a ella. La deriva del capital hacia el mundo financiero debilita la eocnomía real y genera inestabilidad, ya que se basa en una continua asunción de riesgos y crisis. Una extenuante inestabilidad sistémica.

Un capitalismo tóxico

El dinero ya no es un instrumento para la producción, sino un fin en sí mismo y una fuente poder. Y esto no es el resultado únicamente de movimientos económicos, sino también de las relaciones de poder y de la concentración de los medios de comunicación y su dependencia de grandes grupos económicos.

 

 

II – Las singularidades de la crisis española

 

Aunque la crisis española deriva indudablemente de la crisis financiera internacional, se dan condiciones previas muy singulares, que nos dan un perfil distinto y una intensidad de la crisis más grave.

Las coincidencias y nuestras particularidades

En los últimos treinta años, se han dado las mismas transformaciones estructurales y las mismas recetas neoliberales. También aquí ha habido un crecimiento excesivo de la actividad financiera, con tres particularidades: una impresionante burbuja inmobiliaria, un importante endeudamiento previo con insuficiencia de ahorro nacional, y una supervisión diferente (¿?) de las instituciones financieras, debida a importantes crisis anteriores.

La herencia del franquismo en nuestra economía

Debilidad de las clases trabajadoras

La presión de las clases trabajadoras entre 1974 y 1978 consiguieron tumbar la dictadura, pero no una ruptura del régimen; las derechas, poco demócratas, conservaron fuertes dosis de poder.

Desmesurada influencia política de los grandes grupos empresariales y financieros

Los mecanismos de protección de los que disfrutaban bajo el franquismo se han mantenido en buena medida.

Instituciones y mercados muy imperfectos

El mercado laboral ha sido dirigido con gran dureza por las organizaciones empresariales, siempre facilitando el despido y sin entrar en prácticas comunes en Europa como la cogestión. El sector financiero ha gozado de una protección privilegiada y gestiona un poder desproporcionado. Y el sistema fiscal, pese a las reformas al inicio de la democracia, se ha consolidado como regresivo e insuficiente.

Déficit social

También es herencia del franquismo la escasa dotación de recursos y la debilidad de las estructuras de protección y bienestar. Con la Transición hubo algunas mejoras, pero siempre muy por debajo de los estándares europeos.

Débil y traumática vinculación de la economía española con el exterior

La apertura al exterior desde 1959, tuvo un carácter muy dependiente, que sólo resultaba competitivo por los bajos salarios y los favores administrativos. El equilibrio de la balanza dependía de la entrada de divisas y del turismo, vías insuficientes que obligaban a periódicas devaluaciones.

La entrada en la Comunidad Europea y en su unión monetaria supusieron una muy importante entrada de fondos, que mejoró la estructura de bienestar y la dotación de recursos. Pero sectores enteros de la economía han quedado en manos de capital extranjero. Y se ha perdido casi totalmente el margen de maniobra al someterse a las decisiones económicas europeas. La entrada en el euro impide las devaluaciones y la constante contención salarial es ya insuficiente (además de contraproducente, como veremos).

Gran desigualdad

La dictadura era muy desigualitaria. La economía y la sociedad estaban sometidas a grupos de interés reducidos y poderosos.

El modelo productivo que da lugar a la crisis

Los residuos de la economía franquista no han desaparecido y, en alguno de sus factores, han empeorado.

Desde 1993 se ha disminuido el gasto público social por habitante. Para la entrada en el euro se redujo el déficit del Estado a costa de los fondos necesarios para cubrir el déficit social. Las privatizaciones reforzaron el carácter oligárquico de los poderosos, confluyendo políticos, financieros y constructores e inmobiliarios, sin que dieran lugar a mejoras productivas.

España se ha modernizado, pero la estructura del poder sigue siendo muy asimétrica, sin alcanzar los estándares europeos de bienestar y protección.

La confluencia de estos factores consolida un modelo productivo con estas características:

Economía poco productiva y de poco valor añadido

La utilización más intensiva de la mano de obra se da en sectores con poca innovación y poco valor añadido: construcción, turismo, otros servicios.

Hay un déficit histórico de recursos humanos cualificados (bajas proprociones de personas formadas) y de inversión en I+D+i, lo que da una productividad del trabajo prácticamente estancada.

El incremento de acceso de las mujeres al mercado laboral se ha hecho sin medidas suficientes contra la discriminación, lo que ha supuesto un descenso salarial medio. El mismo efecto ha tenido la entrada masiva de inmigrantes, con niveles salariales muy bajos.

La asimetría de los poderes, da lugar a una fuerte preeminencia del gran empresariado en las condiciones de contratación, que genera una alta temporalidad (y por tanto los fuertes vaivenes en el volumen de empleo conforme a las oscilaciones del ciclo).

Una fuerte dependencia del capital público y de las decisiones políticas en infraestructura, suelo, urbanismo, facilidades fiscales y financiación externa.

Pérdida de poder adquisitivo de los salarios y debilidad del mercado interno

Se aplican desde hace años políticas de contención salarial con el fin de ser más competitivos. De 1976 a 2008, la participación de los salarios en el PIB (al coste de los factores) ha bajado del 73’63 al 60’21 (por debajo de 1960). Somos el único país de la OCDE donde los salarios reales no han crecido en los últimos quince años. Esta debilidad salarial tiene dos grandes efectos: debilita mucho el mercado interior, lo que afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas, que consecuentemente generan mucho paro; y aumenta el endeudamiento privado (que ha llegado al 150% de la renta disponible neta) y una reducción del ahorro (hasta el 11% de la rdn). Los españoles no han vivido por encima de sus posibilidades, sino que sus salarios han estado por debajo de sus necesidades.

Crecimiento de la deuda privada y demonización de la pública

En endeudamiento público aporta más riqueza y menos riesgos que el privado. En España se ha dedicado sobre todo a capital social y estructuras de bienestar colectivas, mientras que el privado ha ido sobre todo (75%) a vivienda, y muy poco (6%) a actividad productiva.

Sin embargo, se ha permitido el crecimiento sin límite del privado, mientras se ponen cortapisas al del Estado. La extraordinaria deuda privada esclaviza a millones de familias, desmoviliza y genera sumisión.

Deterioro ambiental

La centralización del modelo productivo en construcción y turismo ha supuesto grandes daños medioambientales, despilfarro de rfecursos y problemas de gestión de residuos.

Dependencia del ciclo

Nuestro modelo tiene también una fuerte dependencia del ciclo económico, exacerbándolo: cuando va bien, a nosotros mejor, cuando mal a nosotros peor. Y ello por diversas causas:

1.      España tiene una fuerte precariedad laboral y gra facilidad para disminuir y aumentar las plantillas. Los empresarios usan la contratación y el despido como primeras medidas. Si el trabajo fuera más valioso y costoso, los empresarios preferirían actuar sobre la productividad y la calidad.

2.      Gran dependencia del capital extranjero, que hace que incluso cuando en España aún no hay crisis, las empresas extranjeras tomen decisiones de acuerdo con la dinámica de sus centrales.

3.      Escaso peso de la actividad industrial, y alto de las actividades más sensibles a la coyuntura.

4.      Fuerte influencia de un sector muy conservador, como es el bancario, que se suele adelantar a las fases del ciclo.

5.      Disminución de la autonomía en política económica por la globalización y la pertenencia a la unión monetaria.

La etapa de la exageración, el estallido de la crisis y la recesión

Si bien los problemas de la economía española no son sólo resultado del impacto de la crisis externa de las hipotecas basuras estadounidenses, ésta sin duda influye mucho por las siguientes razones:

1.      Por la fuerte integración de la banca española con la internacional.

2.      Por ser la española una economía muy sensible a la demanda externa.

3.      Porque el fuerte endeudamiento nacional genera desconfianza en el exterior.

4.      Porque se trata de una crisis sistémica y global que afecta a todos.

Pero no es menos cierto que cuatro o cinco años antes de que estallara, los rasgos de inestabilidad ya se exageraban, haciendo insostenibles varias de las circunstancias españolas:

1.      Exceso de liquidez provocado por el crecimiento exorbitado de la deuda.

2.      Imposible mantenimiento de la tendencia alcista del precio de la vivienda y consiguiente estallido de la burbuja financiera.

3.      Imposibilidad de controlar el déficit exterior ante la pérdida de confianza de los mercados externos.

4.      Desigualdad creciente que deteriora los mercados internos progresivamente.

5.      Permisividad de las autoridades monetarias con todo lo anterior.

6.      Despreocupación de los gobiernos de Aznar y Rodríguez Zapatero ante la insostenibilidad del ladrillo.

7.      Lamentable gestión gubernamental del inicio de la crisis, negándola, probablemente porque creían en la autorregulación de los mercados.

El gran negocio de la banca española nos salió demasiado caro

A pesar de la fama de buen supervisor, el Banco de España no desarrolló un control efectivo sobre la banca, que es muy poderosa (muy relacionada y mezclada con la clse política y muy impune -caso de las cesiones de crédito del Banco Santander-). El crédito a residentes tuvo incrementos tremendos, casi todo dirigido a la construcción. Por su gigantesco negocio (la española era la banca de mayor rentabilidad), los bancos españoles incurrieron en un fuerte endeudamiento internacional, especialmente europeo.

Los mismos de siempre se llevaron el gato al agua

El sobreendeudamiento y el exceso de liquidez, elevaron las cotas de desigualdad a los más altos niveles. Los dividendos empresariales han crecido, mientras para las familias la deuda inmobiliaria ha ido subiendo en en la proproción sobre su total de ingresos.

El papel de las autoridades

Como en el resto del mundo, son muy corresponsables del estallido de la crisis. El Banco de España ha vigilado más que otros los mecanismos de titulización, pero se ha desentendido del brutal incremento del volumen de deuda, de la burbuja inmobiliaria, de la exageración del crédito hipotecario (incluso más allá del cien por cien del valore del inmueble), ha permitido normas contables que falsean los balances al permitir valorar bienes por su valor de adquisición y no de mercado.

Tampoco ha conseguido el BE que los sucesivos fondos públicos que se le han aportado a la banca pasaran al mercado del crédito. Los gobiernos sucesivos de PP y PSOE también son responsables, por medidas legales como la Ley del Suelo, y por desoír advertencias como la de los inspectores del Banco de España.

Y, por si faltaba algo, el estallido de la deuda soberana

El gran esfuerzo presupuestario por ayudar a lo bancos, en una coyuntura de disminución de ingresos por la crisis, multiplicó el déficit público y la deuda del Estado. El Banco Central Europeo decidió no financiar a los gobiernos (al final lo hizo, poco, tarde y mal), lo que les obligó a ponerse en manos de los mercados, los cuales les extorsionaron exigiendo reformas patronales: mercado de trabajo, pensiones, privatización de servicios públicos.

Muchas crisis en una y una gran crisis con muchas caras

La debilidad del mercado interno, la carencia de sectores endógenos potentes más allá de la construcción, el endeudamiento, la dependencia de la financiación exterior, el problema estructural de precios (¿?) y el déficit exterior nos dejaron sin capacidad de respuesta. Nuestra crisis habría acabado estallando incluso sin la de las hipotecas basura estadounidenses.

 

 

III – Lo que hay que solucionar: agenda para una economía más justa y eficiente

 

Compromisos en saco roto

La crisis internacional no es una perturbación cualquiera, sino que es el resultado de defectos muy profundos. En su inicio, Sarkozy y el G-20 reconocieron la gravedad y lo sistémico de la crisis, y la necesidad de grandes cambios. Se comprometieron a ellos, pero no cumplieron y el sistema sigue actuando bajo los mismos principios: se permite que los mismos financieros que desataron la crisis con la titulización de las hipotecas basura, ahora especulen contra las deudas soberanas. Los paraísos fiscales siguen actuando e incluso algunas nuevas normas refuerzan los problemas, como permitir la anotación en balance a precio de coste en lugar de a precio de mercado, o unas manipuladoras y falsas pruebas de estrés bancario (como lo prueba que los bancos irlandeses las superaran para estar arruinados semanas después.

Más de lo mismo y empeoramiento de la situación económica

Los informes internacionales muestran que el paro llega a límites históricos, que se dispara la pobreza, que avanza el hambre, que la actividad económica no se ha recuperado, que el crédito no fluye.

Mientras, aumentan los ingresos de las grandes fortunas, las grandes empresas reparten más beneficios (y los salarios de sus trabajadores bajan), las pequeñas no consiguen créditos.

Los gobernantes mundiales han seguido con las mismas recetas neoliberales; los más ortodoxos son quienes tienen a la economía en peor resultado, mientras que los menos van mejorando. Es urgente proponer medidas alternativas, en cuatro cuestiones principales:

1.   Reforma de las finanzas internacionales y de la actividad bancaria.

2.   Crear las condiciones de creación de empleo decente en forma sostenible.

3.   Poner fin al incremento de la desigualdad.

4.   Cambios en el mundo de la economía, cultura, valores y comportamientos personales.

Reformas financieras pendientes, reformas inevitables

Si se quieren evitar los problemas de inestabilidad financiera constantes y acabar con la escasez de recursos para la actividad económica real, se precisan reformas con los siguientes objetivos:

Someter a las finanzas

Hay que poner a finanzas y financieros bajo las mismas normas que el resto, en cuanto a responsabilidad, transparencia, simetría, veracidad, etc. Las estafas bancarias no han sido castigadas, ni siquiera el blanqueo de dineros ilegales. Una impunidad que les da un extraordinario poder al margen de los gobiernos.

Acabar con la desnaturalización del negocio bancario

Impedir que canalicen el ahorro hacia la actividad especulativa, y que se constituyan como creadores artificales de deuda. No basta con exigirles unos mayores niveles de capital, hay que impedir que funcionen como un casino de operaciones financieras ficticias, sin base real.

Poner fin al terrorismo financiero

Hay que impedir los ataques de los fondos financieros contra monedas y países, sus tácticas de difusión de rumores (con la colaboración de las agencias de calificación) para encarecer artificialmente la deuda, mediante fórmulas como:

1.      Control de movimientos de capital para evitar la volatilidad especulativa.

2.      Establecimiento de tasas e impuestos internacionales sobre las actividades especulativas.

3.      Prohibición de los derivados de incumplimiento crediticio (CDS), producto financieros sofisticados que se equiparan a los seguros, pero que no lo son porque se establecen sobre lo que no es propiedad del asegurado.

4.      Control de la actuación de los financieros, que son personas concretas muy localizables.

5.      Separación de la banca comercial de la financiera.

Vigilar a los vigilantes

Los vigilantes no han funcionado, por falta de diligencia, torpeza, ceguera ideológica o simple complicidad con la banca. A mayor complejidad de los instrumentos financieros han respondido con menos vigilancia.

El BCE no previó la crisis, luego se empeño en la austeridad y en no intervenir hasta que era demasiado tarde. El Banco de España, pese a sus importantes recursos, tampoco previó nada (o no hizo caso de sus técnicos). Son esos imprevisores e incompetentes los mismos que pretenden saber lo que va a pasar dentro de cincuenta años para que admitamos recortes de salarios y pensiones.

Es imrescindible un control social directo y auténtico sobre las autoridades monetarias.

Los necesarios cambios estructurales

La causa inmediata de la crisis es la falta de financiación a empresas y consumidores. Pero si la hubiera y se dedicara a los sectores de antes y de la misma manera, la crisis se reproduciría. Hay que cambiar al modelo productivo, hacia otro m´s equitativo, racional y sostenible.

Nuevas actividades productivas

No se pueden recuperar niveles de empleo basándose en la construcción de viviendas y de infraestructuras antieconómicas y antosociales, cuyo beneficio era esencialmente para los constructores.

Hay que centrarse en actividades con más valor añadido, como energías renovables, nuevas teconologías, cultura, ocio, reciclaje, medio ambiente, agricultura, servicios sociales, cuidados: una producción más directa y descentralizada.

Pero no basta con tener recursos financieros y decisión, hacen falta mercados, interrelaciones, demanda solvente… un nuevo tipo de sociedad.

El difícil cambio de modelo

Para ello hay tres grandes dificultades: se carece de la dotación necesaria de esos requerimientos, una dotación más de capital social que económica, un proyecto social compartido que se enfrentaría a poderosos oponentes. Por tanto, son imprescindibles los poderes públicos, reforzándolos en lugar de debilitándolos.

Una segunda dificultad es que la mayoría de los recursos españoles están en manos de capital extranjero. Hay que plantearse la devolución al Estado de las privatizaciones que hayan sido socialmente inútiles.

La tercera gran dificultad es la ideología dominante en la Unión Europea, obsesionada por la competitividad exterior. Sin llegar a comportamientos autárquicos, hay que anteponer siempre el bienestar de la población.

La economía de la igualdad

No es solamente una cuestión moral. Es que el capitalismo funciona mejor con rentas mejor repartidas, porque se consume más que cuando la renta se concentra en unos pocos.

Pero la desigualdad excesiva tiene más efectos negativos que los meramente económicos, por lo que es muy importante combatirla. Se genera en dos frentes diferentes: el de los ingresos (la diferente retribución del trabajo y el capital) y el de la redistribución de la renta mediante el gasto público. Para ser eficaces se ha de combatir en ambos frentes.

En el de los ingresos, los propietarios del gran capitral han conseguido ir introduciendo una desprotección gradual de los trabajadores: escasa presencia sindical, negociación descentralizada, altas tasas de desempleo, formación deficiente, ausencia de normas legales protectoras, etc. Hace falta un pacto nacional para garantizar una participación más elevada de los salarios en la renta nacional, generando así una demanda interna solvente.

Para ello hace falta empleo decente y estable, con una política de salarios mínimos, de contratación indefinida, de negociación de las ganancias de la productividad, de participación de los trabajadores en la empresa, de políticas de igualdad, de fomento de otras formas de propiedad.

Y en cuanto a la redistribución de la renta hay que reforzar el valor de los impuestos como mecanismos de cohesión social y de generación de capital social.

Otra economía, otras relaciones sociales, otros seres humanos

La crisis no es solamente económica. Hay personas reales, bajo la máscara de “los mercados” que toman decisiones concretas, que especulan con alimentos aunque eso cause muertes por hambre, que argumentan con mentiras para aprobar reformas laborales o de pensiones, que son indiferentes a la destrucción del planeta, a la discriminación, la exclusión. Todo un mundo que mitifica el dinero, mercantiliza todo, fomenta la avaricia, el egoísmo, la manipulación informativa. Ha habido una inversión global de los valores sociales.

 

 

IV – Las condiciones para crear empleo decente

 

Sólo en apariencia todo el mundo está a favor de un mayor número de empleos. A ciertos grupos de presión, muy poderosos, no les interesa el pleno empleo: el mayor desempleo permite contratar a precios más bajos, y de igual manera se ha utilizado a inmigrantes y a trabajadores sin papeles, que se emplean en condiciones más desfavorables.

Las causas del paro y las condiciones para crear empleo

El Banco de España, la CEOE y otros actores han inundado los medios con el paradigma de que para crear empleo hay que moderar los salarios. Pero no hay evidencia empírica de tal aserto.

Las propuestas neoliberales

Políticos y economistas neoliberales defienden que el trabajo es como un bien más en un mercado cualquiera. Argumentan que se puede llegar a un salario en el que confluyen oferta y demanda y que daría lugar a una situación de pleno empleo. A un salario más bajo que ése, los trabajadores prefieren el ocio al empleo, a un salario más alto las empresas no estarían dispuestos a contratarlos. Este argumento presupone que la opción de trabajar es voluntaria, así como que el mercado debe ser flexible y el trabajador acudirá donde haya empleo y el empleador donde haya trabajadores.

Defienden, por tanto, que hay que flexibilizar el mercado, e identifican como rigideces: los sindicatos, las normas laborales, el salario mínimo, el subsidio para los desempleados, las cotizaciones sociales, los convenios colectivos. Todos estos factores de rigidez deberían ser eliminados para que el mercado funcionara con flexibilidad.

Aunque ahora se presenten con mucho aparato matemático, estas ideas son de finales del siglo XIX. TRiunfan entre los gobiernos, que hacen de la competitividad un objetivo básico, para producir a menos coste, aunque no aclaran a quiénes van a poder vender lo producido.

¿Se crea empleo con la receta liberal?

Esta bastante demostrado que estos axiomas no tienen consistencia lógica ni se compadecen con los datos de la realidad. El primer crítico fue John M. Keynes, quien argumentaba que el trabajo no era una mercancía ordinaria en un mercado ordinario: las empresas no contratan si no tienen a quien vender la producción; la creación de empleo, decía, depende más de una sificiente demanda de bienes y servicios.

Estudios históricos (Galbraith y Roy-Chowdhury, por ejemplo) han demostrado cosas como que en Francia (1980-2005) el salario ha crecido a la vez que el empleo, y ha descendido simultáneamente. Otros de la OCDE han demostrado que el empleo no está ligado a la flexibilidad del mercado de trabajo. En España, un mercado presuntamente rígido creaba centenares de miles de empleo y pasó a destruirlos. En definitiva, el trabajo parece depender más de las condiciones macroeconómicas que del salario.

Empleo y paro en la crisis: ¿qué ha fallado y qué hay que corregir?

El desempleo ha aumentado masivamente durante la crisis, pero de manera muy desigual: mucho en España, Irlanda y Estados Unidos, poco o nada en Alemania, Austria o Bélgica. ¿Cuáles son las causas reales de las disparidades?

No basta con que aumente el PIB

En Alemania el PIB se desplomó al inicio de la crisis y el empleo no, mientras que España ha perdido muchísimo empleo y no es de las que más pierde de PIB.

La tasa de paro en España

Hay que distinguir entre la tasa de paro y el crecimiento del paro. La tasa de paro (proporción de la población que está en edad de trabajar y no encuentra empleo) es siempre alta en España. En ello influye el escaso desarrollo del empleo y los servicios públicos, muy por debajo de la media de la Europa de los 15; y ese bajo sector público se corresponde con una baja presión fiscal que pivota sobre los trabajadores. Por tanto, la alta tasa de empleo en España es un problema político, dada la extremada fuerza política y mediática que tienen los grupos poderosos en España.

De 2000 a 2008 la situación mejoró, pero siguió manteniéndose muy por debajo de la media. Para disminiur la tasa de paro en España hay que aumentar el secor público, mediante una reforma fiscal, reduciendo el déficit social de España.

Flexibilidad y rigidez en la crisis

Además de una alta tasa de paro, con la crisis España ha experimentado un fuerte crecimiento del desempleo. También lo han hecho Irlanda y Estados Unidos, dos países con los mercados de trabajo especialmente flexibles. La supuesta rigidez del mercado de trabajo en España no ha impedido despidos masivos. La flexiseguridad danesa sólo ha funcionado en momentos de expansión.

Por el contrario, Alemania, con un mercado muy regulado (hasta el punto de la cogestión de los trabajadores en las empresas) y un importante descenso del PIB no ha reducido empleo, sino jornada de trabajo.

Flexibilizar el mercado de trabajo sólo aumenta el desempleo.

¿Qué enseña la realidad de los mercados laborales?

El análisis de los casos reales muestra: la liberalización del mercado de trabajo y las relaciones laborales no genera más empleo; si hay normativas que protegen a los trabajadores y pueden suponer cierta rigidez en el mercado, no son determinantes en el nivel de empleo, que depende mucho más de las decisiones macroeconómicas; las reformas laborales han producido disminución del coste, relajación de normas laborales, precarización, inseguridad, insatisfacción y discriminación; la generación de empleo depende fuertemente de políticas macroeconómicas, más allá del crecimiento del PIB, y las últimas que se han venido tomando operan en contra del empleo (privilegio de las rentas financieras sobre la actividad productiva, escasez de financiación para la economía real, disminución constante de la demanda interna, reducción del gasto social y de los servicios de bienestar, aumento del poder de las grandes empresas sobre el mercado); creación y destrucción de empleo tienen una fuerte relación con la jornada de trabajo y con el reparto de la productividad; y también con la pauta de distribución de rentas, que es una decisión de tipo político, más que económico.

No todas las empresas están en la línea neoliberal, algunas están en la innovación, la productividad. Existen empresas de propiedad social o cooperativa, que han destruido menos empleo. Y por otra parte, hay que recuperar al Estado como responsable en la creación de empleo.

Las condiciones para poder crear empleo decente

Lo esencial es el entorno macroeconómico, donde se juega el poder de los grupos sociales. Hay que abandonar la primacía de la economía financiera, y recuperar una forma de producir que recupere las rentas salariales. Una gestión del empleo en función de la demanda social de bienes y servicios, y no de la rentabilidad económica.

Hay que suspender las reformas laborales precarizadoras e incentivar el empleo indefinido, disminuyendo el tiempo de trabajo, garantizando rentas y salarios mínimos, evitando la exclusión. El trabajo determina la calidad de vida de la ciudadanía.

 

 

V – La hipoteca del déficit social

 

Los economistas neoliberales están usando la crisis, y especialmente desde que surgen los problemas con la deuda soberana, como excusa para atacar al Estado y al gasto público. Esto no recuperará el empleo, sino que empobrecerá a las clases trabajadoras, haciendo caer la demanda de productos, generará estancamiento y producirá una mayor insatisfacción.

El bienestar como factor de competitividad

Esos economistas suelen defender que bienestar y gasto social tienen un efecto retardatario sobre la actividad económica, disminuyendo la competitividad, pero los datos empíricos desmienten esta creencia: los países de mayor eficiencia son los del norte de Europa. El Estado del bienestar supone educación para la ciudadanía, trabajo más estimulante y creativo, seguridad y protección que garantizan cohesión social, cooperación y solidaridad que facilitan la adaptación a los cambios económicos. Su ausencia desmotiva y genera una sociedad menos dinámica, menos eficaz y más injusta e insatisfecha.

El Estado del bienestar y la crisis

Los países que más sufren la crisis son los Estados periféricos, en el sur de Europa, Grecia, Portugal, España, Irlanda; allí donde hay menos bienestar y peor financiado, donde las políticas fiscales son más regresivas y el Estado más débil. Fortalecer el bienestar y el gasto social no es sólo una cuestión ética, sino una garantía de dinamismo económico.

La debilidad del Estado del bienestar en España

Los países PIGS, y España especialmente, están en la cola del gasto social de la Europa de los Quince (21% frente a 27%, Suecia supera el 29%), y en el porcentaje de empleo que trabaja en los servicios estatales (España 9% y Suecia 25%). Son países que ha sufrido dictaduras fascistas o similares, o gobiernos profundamente conservadores (como Irlanda) durante prácticamente cinco décadas (1930-1979). Posteriormente ha habido cambios, pero muy insuficientes para el desfase que había.

El dominio de las fuerzas conservadoras es la causa de ese retraso. Cuando en España llega al poder un gobierno socialdemócrata en 1982, y hay fuertes presiones obreras en la calle, la situación mejora, el gasto social llega al 24% del PIB (1993), pero a partir de ahí empiezan las alianzas con la burguesía catalana y los planes para cumplir las condiciones de entrada en el euro, y se hicieron a costa del gasto público, en lugar de incrementando los ingresos fiscales. Por esa vía, disminuyendo el gasto, se llegó incluso a superávit, pero a costa de aumentar la distancia con la Europa de los Quince, llegando a 2005 con una peor relación que en 1994.

Las causas del subdesarrollo social de España

Lo esencial es el enorme dominio de las fuerzas conservadoras y liberales, su poder de clase sobre el conjunto de la sociedad, imponiendo así políticas fiscales regresivas. Los ingresos del Estado son solamente el 32% del PIB, mientras que la media de la Europa de los Quince es el 44%, y Suecia el 54%. El Estado tiene por tanto un escaso impacto redistributivo: nuestro coeficiente de Gini (concentración del ingreso, medida de la desigualdad) es del 31’3 frente al 29 de la Europa de los Quince (UE-15).

¿Es cierto que el Estado no puede sostener un Estado del bienestar más financiado que el actual?

España no es pobre, su PIB por habitante es el 95% del medio en la Europa de los Quince, el problema es que en gasto social estamos en el 72% del promedio de esos países. España tiene recursos, pero no los recauda. Los empresarios declaran ganar menos dinero que sus trabajadores, las empresas pagan de hecho el 10% en impuestos sobre su beneficio, etc.

La insuficiente financiación de los derechos sociales

Sistema sanitario

Poco financiado y poco desarrollado. Sólo un 4’1% de la población trabaja en el sector (UE-15: 6’6%). El gasto en el sector es el 79’5% del promedio de la UE-15. Crece más lentamente que el de Europa y va pasando progresivamente al sector sanitario privado. Éste trata al público como un obstáculo para su negocio y tiene un carácter marcadamente de clase en sus usuarios. Obtienen desgravaciones fiscales, fomentan el deterioro del sector público, le acusa de falsedades como que los usuarios abusan (con datos sobre visitas al médico, por ejemplo, que esconden que en otros países la organización es diferente y se usan más servicios de enfermería y administrativos).

Por su bajo gasto, además, el sistema en insuficiente, no cubre todos los aspectos (como la salud dental) ni da las mismas ratios de comodidad que el sector privado, aunque sí mejores medios humanos y materiales. La mercantilización es un peligro en la medicina, porque los ahorros en personal y material, y la optimización de beneficios puede tener consecuencias sobre la mortalidad.

Educación

Los recortes de gasto en educación pública generan una fuerte polarización por clase social, coartando la movilidad social. Pero además es fuertemente perjudicial para el sistema económico, porque la cualificación del capital humano es crucial para el crecimiento y la competitividad. A mayor desigualdad social, menor eficiencia productiva.

Vivienda

El no considerar la vivienda como un bien de primera necesidad, sino como una lujosa mercancía, es lo que dio alas a la burbuja inmobiliaria. De considerarlo de aquella otra manera, correspondería al Estado garantizar el derecho a la vivienda, lo que podría hacer con un parque de vivienda en alquiler, a precios relacionados con la renta familiar, usando el enorme parque que tiene en su poder la banca.

Ésta deshaucia a quienes no pueden continuar pagando la hipoteca, y se queda con la vivienda, mientras continúa exigiendo la deuda. Más allá de la daciçon en pago, se hace imprescindible un sistema de arbitraje que permita continuar en la vivienda.

Condiciones de trabajo

Los trabajadores españoles  realizan más horas al año que la media de la OCDE, y a la vez con niveles salariales más bajos y peores servicios de bienestar vinculados a la vida laboral. Eso redunda en unos niveles de estrés muy altos.

Pensiones

Bancos y entidades financieras atacan intensamente el sistema público de pensiones para aumentar su negocio de pensiones privadas. Siempre hablan de colapso del sistema, con argumentaciones falsas. Se plante como un problema demográfico, cuando hay muchas más variables: se habla de los gastos pero no de los ingresos, de lo que supondría el incremento de la masa salarial, la incorporación masiva de la mujer al trabajo, de la economía sumergida, del fraude fiscal, de los aumentos de productividad (hace 40 años, seis activos sostenían a un pensionista, hoy basta con tres), y de la posibilidad de financiar el sistema con los impuestos y no sólo con las cuotas.

Dependencia y sector de cuidados (cuarto pilar del bienestar)

El mayor subdesarrollo del Estado del bienestar español se da en la asistencia a las familias. Las escuelas de infancia alcanzan a cifras bajas de la población (España 10%, UE-15 28%, Suecia 58%), la atención a dependientes lo mismo (España 2%, UE-15 18%, Suecia 23%). Este subdesarrollo y falta de financiación tiene consecuencias sociales: son los hogares los que soportan la carga, y eso esencialmente supone las mujeres, las cuales además están en parte (52%) en el mercado laboral. Esto da lugar a más enfermedades de estrés en ellas, a una fecundidad muy baja y al enorme coste económico de tener excluidas del mercado de trabajo a varios millones de mujeres.

Cuando se aprueban leyes sobre Dependencia o Igualdad, se hace sin financiación suficiente, y entregando la gestión a Comunidades Autónomas, muchas de ellas en manos de la derecha. Al llegar la crisis, estos sectores son los primeros que sufren recortes.

 

 

VI – ¿Bajar los salarios o subirlos para crear empleo y recuperar la economía?

 

La posición neoliberal ante la crisis incluye la reivindicación de la moderación, o incluso el descenso, salarial. Si se consigue, aumentará la competitividad y se saldrá de la crisis. Pero esta tesis no se sostiene científicamente y aplicar estas medidas puede tener consecuencias aún peores.

Salarios y competitividad

Competitividad es la capacidad que tiene la economía de un país para colocar sus productos, en oposición a los de otros, en el mercado internacional. Se supone que al exportar menos, quiebran más empresas, y hay más paro y menos crecimiento económico. Como el elemento diferenciador en el mercado es el precio, los neoliberales concluyen que hay que rebajar el coste de producción y eso exige rebajar los salarios, que es el coste principal.

El doble papel de los salarios

Aún admitiendo que a los empresarios considerados individualmente les pueda interesar bajar lo más posible los salarios de sus empleados (lo que tampoco es del todo así, por la productividad inferior de los trabajadores peor retribuidos), siempre necesitarán que los salarios de las demás empresas sean altos, para que esos otros trabajadores compren sus productos. En lo micro, el salario es sobre todo un coste, en lo macro es el componente fundamental de la demanda.

Por eso las crisis arrancan un círculo vicioso: unas quiebras suponen más paro, más paro dispara otras quiebras, … hasta que se produce una reactivación, por la intervención del Estado o fenómenos como las guerras. En la depresión de los años 30, se llegó a entender esto, y se realizaron planes de estímulo público de la economía, que generaron empleo y salarios; también se actuó en su cuantía, mediante salarios mínimos y prestaciones por desempleo, que mitigaban las caídas del consumo.

Rebajar salarios empobrece a los trabajadores, pero también al conjunto de la economía y lleva al estancamiento. Muchos empresarios se dejan llevar por su visión microeconómica; otras empresas tienen su demanda interior cautiva y poco flexible; otras dependen más de la demanda externa. Las que más pierden con esta política son las empresas pequeñas y medianas, pero se imponen los intereses de las más poderosas.

¿Bajar salarios o aumentar la productividad?

Por otro lado, reducir costes no sólo puede hacerse bajando salarios, sino también por otra vía que no lleva al empobrecimiento generalizado y a la depresión: incrementar la productividad.Ahora bien, esto es más complejo e implica dar una cierta participación a los trabajadores en las decisiones de estrategia empresarial. La productividad depende de la motivación, pero también de la tecnología, la formación, los medios informáticos. Eso supone que se precisa un fuerte esfuerzo en educación, y bien planificado, en investigación y desarrollo, en transporte; también supone mejoras en las condiciones laborales. Y, claro, una política fiscal más potente.

Salarios y cuotas de mercado

Los estudios demuestran que la evolución de las cuotas de mercado intraeuropeas no están en relación con los costes laborales. Es lógico que no sea así, cuando los países no venden exactamente los mismos productos perfectamente sustituibles, sino que más bien hay una especialización.

¿Son culpables los salarios de la baja competitividad?

Los salarios reales, no los nominales, llevan cayendo diez años, sin que ello haya supuesto mejoras en la competitividad: de 1994 a 2006, el poder adquisitivo ha caído un 5’94%, y la participación salarial en la renta nacional un 7’98%. Y no ha aumentado la competitividad.

La responsabilidad del poder empresarial en nuestra menor competitividad

El instrumento para medir el impacto de los salarios en la competitividad es el concepto de costes laborales unitarios -CLU-, esto es, el coste salarial medio por unidad de producto. Los CLU reflejan el contrapeso entre salario y productividad en cada empresa: si el primero crece más que la segunda, los CLU crecen también. Ahora bien, si miramos el conjunto de la economía de un país, los datos ya no son comparables, porque los productos no son todos iguales e influye el factor de cómo se forman los precios.

De 1980 a 2007, los CLU de la zona euro han aumentado, pero no por los salarios, sino por incrementos en los precios. Aunque fuera cierto, como dicen los neoliberales, que los CLU determinan la competitividad y ésta el nivel de empleo, no es cierto que sólo se pueda disminuirlos mediante ajuste salarial, sino que se pued eintervenir en el componente precios. Y éstos dependen sobre todo del poder de las empresas en el mercado. Si la zona euro pierde competitividad no es porque suban los salarios (que de hecho están bajando), sino porque los mercados están dominados por grandes empresas que tienen el poder suficiente para subir los precios o mantenerlos cuando bajan los costes, al margen de las reglas de la competencia.

La imposibilidad de que todos los países sean competitivos

Ser más competitivos es poder vender los productos en el exterior a un precio más bajo que el de los rivales. Obviamente, el éxito de un país en este tema supone el fracaso de otro, no pueden ser todos competitivos a la vez. Pero, además, la competitividad va por sectores: por ejemplo, aquellos que venden sobre todo fuera pueden ser partidarios de fuertes descensos salariales porque no dependen de la demanda interna, mientras que a las pequeñas empresas les sucede lo contrario. Quienes venden fuera, pero en países que aplican la misma política de reducciones salariales no podrán tampoco vender sus productos.

La alternativa es otra: mejorar la posición en los mercados mediante mejor productividad, calidad e innovación, y sustituyendo la competencia por la cooperación, acuerdos y sinergias orientadas a la satisfacción de las necesidades humanas.

La necesidad de un pacto nacional sobre el reparto de la renta

Detrás de un alto –incluso en bonanza- nivel de desempleo, un bajo ingreso y competitividad empresarial, está la muy desigual distribución de la riqueza. La participación de los salarios en la renta nacional ha bajado diez puntos en la última década, y trece desde 1976. Sin cambiar la distribución de ingresos, no se puede recuperar el empleo en España.

La evolución de las rentas del trabajo y de la desigualdad salarial

Con Grecia y Portugal, España tiene los salarios más bajos (en euros estandarizados según la capacidad adquisitiva) de la UE-15. Además, en España hay una gran distancia entre los más altos y los más bajos: entre el decil superior y el inferior, la ratio es de 3’46 (Suecia 2’28, Francia 2’91, Alemania 3’35). También es muy alto el diferencial entre el decil superior y el salario medio.

Los países nórdicos, los de salarios más altos y menores diferencias salariales son también los más eficientes económicamente, y los países de salarios mínimos más bajos (Grecia, Portugal y España) son los de mayor desempleo.

Los incrementos de salario mínimo tienen un impacto muy positivo en la recuperación de la demanda. Por eso, en su lucha contra la Gran Depresión, el presidente Roosevelt en Estados Unidos reforzó el poder de los sindicatos, para obtener subidas en el salario mínimo.

Los beneficios empresariales: tanto aumento ¿para qué?

La crisis no ha afectado gravemente a los grupos empresariales más importantes de España; muy pocos de ellos han registrado pérdidas. Sin embargo, no se les ha impedido disminuir plantillas o disminuir salarios, como sí se ha hecho en otros países europeos. Estos excedentes empresariales no se han dedicado mayoritariamente a la inversión, sino a la especulación o a la exportación de capitales a otros países.

Pacto de rentas y cambio de modelo productivo

Hay tres evidencias fundamentales en la economía española: fuerte desigualdad con insuficiencia de rentas para la demanda en el mercado interno; inviabilidad de que todas las economías europeas o todos los diferentes sectores puedan ser competitivos unos frente a otros; y los incrementos de excedente empresarial y depresión de la demanda interna no pueden mantener niveles de empleo suficiente.

La regeneración de la economía española precisa de un fortalecimiento del mercado interno y una modificación de las tradicionales líneas productivas exportadoras. Se necesitaría un gran pacto de rentas que elevara la participación de los salarios en la renta nacional, lo que no sólo beneficiaría a los asalariados, sino a las pequeñas y medianas empresas, en sus beneficios y en su capacidad de contratar. No bastaría con eso, sino que haría falta una fuerte inversión en educación, innovación y desarrollo y en actividades de nueva generación, en lugar de en gigantescas infraestructuras cuyo beneficio esencial es para constructoras y bancos.

La viabilidad de la propuesta

Los economistas neoliberales, los organismos internacionales en sus manos (FMI, OCDE), los banqueros y los dirigentes de la patronal argumentan que el crecimiento económico lo producen las empresas, por lo que hay que bajar los salarios para que tengan más beneficios y puedan invertir. Otros economistas subrayas que el crecimiento no depende sólo de la inversión, sino del consumo, el gasto público y el saldo de comercio exterior. Los estudios técnicos demuestran que cuál de estas estrategias sea mejor depende de la configuración de la economía, pero que en la economía europea, y específicamente también en la española, la mejor táctica para aumentar el crecimiento es incrementar los salarios (Bhaduri y Marglin, 1990).

 

VII – La financiación de otro modelo de actividad económica

 

El primer efecto de la crisis, en 2007, fue el cierre del crédito a empresas y consumidores. Las grandes empresas disponen de fondos propios y pueden emitir acciones o títulos financieros para captar dinero, pero las pequeñas no tienen liquidez ni esa capacidad. Esto supuso un duro golpe a la economía real y al empleo, mucho más dependiente de las pequeñas que de las grandes empresas.

El problema generado por la banca internacional afectó gravemente a la economía productiva y al crecimiento. El Banco Central Europeo (BCE) y los Estados reaccionaron, pero mal: en lugar de garantizar un flujo de dinero hacia la economía, siguieron confiando en la banca privada para esta función y le prestaron dinero muy barato con el fin de que llegara a empresas y familias, pero la banca no lo usó en eso, sino en tapar sus agujeros contables, especular y prestar a los Estados que les estaban facilitando el dinero.

La deuda pública

La recesión en la actividad económica disminuyó los ingresos del Estado por vía impositiva al caer la renta de las personas (IRPF), de muchas empresas (impuesto sobre sociedades) y del consumo (IVA), a la vez que aumentaban sus gastos  (prestamos a y rescates de bancos, planes iniciales de estímulo económico). Se incrementó por tanto la necesidad de endeudamiento.

En España la deuda pública pasó del 39’6% en 2006 al 60’1% en 2010. En el conjunto de la UE creció un 30% entre esos años. El BCE podía haber prestado directamente a los Estados o haber emitido deuda, pero dejó que éstos se endeudaran y que el dinero fluyera a la banca privada, sin controlar lo que hacía ésta.

Hay alternativas, relativas a las tres dimensiones del problema: financiación bancaria, financiación del Estado y financiación del déficit público y de la deuda.

Reformar el sistema de financiación bancaria

No se puede confiar en una banca privada desregulada, hay que hacer reformas con los siguientes principios y prioridades.

Garantizar la financiación

Los bancos comerciales siguen recogiendo el ahorro, pero han dejado de financiar la actividad económica, desplzando la mayor parte del dinero a procesos especulativos, que sólo benefician a una parte muy minoritaria de la sociedad. Hay que obligarles a financiar la economía, imponiéndoles coeficientes o con medidas indirectas.

Reforzar la regulación y la vigilancia

Los reguladores han permitido todo tipo de prácticas financieras, instrumentos de ingeniería financiera que ni siquiera comprendían, estafas impunes a sus clientes. Y los directivos de esos bancos han pasado a desempeñar importantes responsabilidades institucionales (gabinete de Obama, presidencia del BCE, gobiernos deGrecia e Italia, …).

Depurar responsabilidades

Es una necesidad inmediata, esencial e ineludible. Salvo en Islandia, no se ha hecho en ningún lado, al contrario, se les sigue retribuyendo con largueza. Se necesita una comisión independiente que señale a todos los beneficiarios de la crisis.

Banca pública

En España, el capital aucmulado durante décadas en las cajas de ahorro se les ha entregado a los bancos, en un auténtico expolio. Pese a la excusa que se usó de que eran demasiado grandes para caer, ahora se les infla aún más haciendoles absorber a las cajas.

Hay que nacionalizar las cajas para que tengan una verdadera vinculación al desarrollo regional y local. El resto de la banca privada obtiene enormes beneficios incluso con la crisis, que dedica a retribuir accionistas y a ampliar el negocio, principalmente fuera de España. Hay que plantear su nacionalización.

Controlar la creación de dinero bancario a través de la deuda

Cada crédito concedido, la banca está generando lo que se denomina dinero bancario (dinero depositado + dinero prestado > dinero depositado).

Modificar la función de los bancos centrales

El BCE está dando dinero a la banca privada a un bajíismo interés, sin controlar que se revierta a la actividad económica. Es necesario someter el BCE a los poderes representativos y vincular su función al pleno empleo y a la satisfacción de las necesidades humanas, gobernado con transparencia y pluralidad.

Banca ética

Además de subordinarse a la economía productiva, la banca  tiene que tener un carácter ético impuesto mediante la ley, para que sea transparente y se asegure el buen uso de sus fondos.

Descentralizar el sistema bancario y monetario

Cuanto más global es un banco, menos eficiente resulta en la financiación de la economía local y personal, menos conoce las peculiaridades de cada sector. Hay que promover la segmentación de la actividad bancaria y romper el actual oligopolio. Fomentar alternativas éticas y solidarias a la banca comercial (microfinanciación, redes alternativas, monedas locales, mercados no convencionales).

La financiación del sector público

Insuficiencia de gastos e ingresos

Rebajar el gasto público ante la caída de los ingresos del Estado es una medida muy negativa para los intereses sociales y para el funcionamiento de la economía. Para acercarnos a los niveles de la UE-15 deberíamos incrementar ingresos y gastos públicos.

No hay que tener una prevención sistemática frente al déficit. Hay inversiones cuya utilidad es a largo plazo y es lógico que se financien con deuda.

Pero es que, además, disminuir el gasto no es la única manera de cuadrar las cuentas públicas (ni es una buena manera, porque el gasto público es un estimulante del crecimiento y el empleo). Hay que aumentar los ingresos, generando más actividad económica y reestructurando las fuentes de ingresos impositivos. Se difunde con fuerza la idea de que los impuestos son malos y no deben subir, ocultando que no todo el mundo paga los mismos (en España, por ejemplo, los pagan principalmente los asalariados), y que las disminuciones y rebajas fiscales se centran en las rentas más elevadas, las del capital y las inmobiliarias.

Justicia fiscal

Aunque el sistema impositivo pretende ser progresivo, en realidad no funciona así. Por un lado, por el economía sumergida (en torno al 23% del PIB), pero sobre todo por el fraude fiscal y el uso de instrumentos financieros específicos para este fin (las SICAV, por ejemplo), los paraísos fiscales.

Los sucesivos gobiernos han ido reduciendo los impuestos directos, subiendo ligeramente los indirectos, disminuyendo los ingresos totales y restando progresividad al sistema.

La financiación del déficit y la deuda pública

Terrorismo financiero

El diferencial entre ingresos y gastos del Estado se cubre con la deuda pública, donde los inversores demandan tipos de interés que dependen de la confianza en la marcha de la economía en ese Estado.

Al haber muchos inversores, muy cualificados y con muchos medios a su alcance, se han dado ataques especulativos, generando ellos mismos rumores que generaran falta de confianza para elevar los intereses, haciendo la deuda más y más costosa. Entre ellos están los grandes bancos europeos, que reciben dinero barato del BCE y lo usan para prestar dinero a los Estados. A la vez, achacan la desconfianza a la necesidad de unas reformas estructurales que aumenten el poder de la banca y de las grandes empresas.

Los Estados entran en un círculo visioso de endeudamiento, que lleva a la banca, para garantizar la devolución de la deuda, el rescate europeo (con fondos públicos) de esos Estados (para que sigan pagando a la banca privada).

El caso de Irlanda

Los neoliberales ponían como ejemplo a Irlanda, que aplicaba las políticas del FMI: bajos impuestos sobre el capital, liberalización de la actividad económica, privatizaciones, moderación salarial, facilidades al capital. Este sistema parecía funcionar, pero sólo si se atendía al crecimiento del PIB y se obviaba el incremento de las desigualdades y la disminución de los estándares de bienestar. Sin embargo, fue el primer país que entró en recesión, en 2008, al empezar la crisis de las hipotecas basura; aplicó entonces el programa de austeridad y recortes que propugnaban los neoliberales: bajadas de sueldos, de prestaciones sociales, eliminación de programas de gasto público, a la vez que se derivaban miles de millones de euros para los bancos quebrados. El efecto fue una contracción tremenda, una disminución del PIB del 11% en 2009, caída del 30% de la inversión, del 7% del consumo, y crecimiento de la deuda.

Equívocos sobre la deuda

Cuando se califica de indeseable a la deuda, rara vez se menciona a la privada y no se suelen contemplar sus causas. Se simplifica diciendo que la deuda privada implica que hemos vivido por encima de nuestra posibilidades y que la pública implica gobernantes manirroros y despilfarradores. Nunca se habla de combatirla aumentando ingresos, sino disminuyendo gastos. Y se oculta que la deuda es un negocio de la banca, no sólo por los ingresos que obtiene, sino por el poder que adquiere sobre los Estados y el resto de la sociedad.

El origen real de la deuda

Los neoliberales han logrado convencer a la gente de q       ue, si la deuda es culpa de los gobiernos, hay que hacer que éstos gasten menos y que el Estado disminuya su tamaño y sus prestaciones, dejando así más espacio al negocio privado. Esta ocultación de los verdaderos orígenes de la deuda tiene efectos muy graves: en Grecia está suponiendo un fortísimo deterioro de las condiciones de vida, sin tener en cuenta que en el origen de su deuda está la venalidad de los coroneles golpistas, la corrupción durante los juegos olímpicos, la compra de mucho armamento militar a crédito y las imposiciones en política económica de la banca europea (disminuir el poder adquisitivo para aumentar la demanda de créditos, despidos y disminuciones de salarios para dar más poder al empresario sobre los trabajadores).

Auditar la deuda

La deuda que se obliga a contraer a unos para el beneficio de otros, es deuda odiosa ilegítima, y puede ser rechazada. Hay que auditar la deuda, de forma independiente y veraz, para descubrir a quién ha beneficiado y cuál ha sido su origen real. La deuda que sólo haya beneficiado a la banca, las grandes empresas y los especuladores puede ser repudiada. También pueden hacerse reestructuraciones. Podría por ejemplo declararse inmoral la deuda comprada por la banca con el dinero prestado por el Banco Central Europeo.

Naturalmente, este proceso no sería fácil. Los poderes financieros contraatacarían con fuerza, por eso es recomendable actuar conjuntamente con otros países, auditar a nivel europeo. Y, a la vez, reformar el sistema para evitar especulaciones a la contra. Pero se puede ejercer ese derecho con daños menores a los que tendría no hacerlo.

Los costes de las actuales estrategias europea y española frente a la deuda

Las medidas que se vienen tomando pueden suponer el colapso de la demanda privada. Sería más eficiente que el sector público compensara esa caída hasta que la demanda privada se recuperara. Pero las medidas que se toman son procíclicas, lo que aboca a un escenario de recesión. Si el BCE compra deuda durante dos años por un valor del 4% del PIB, subiría el montante bruto de la deuda, pero la reactivación de la actividad económica supondría una proporción menor de deuda sobre el PIB.

 

VIII – Otra Europa, otro mundo

 

Está claro que no hay un camino único para salir de la crisis, pero no se puede prescindir del entorno en el que estamos situados. Por una parte, pertenecemos a la UE, por lo que las políticas económicas están muy sujeras a decisiones consensuadas o impuestas por los países más poderosos. En segundo lugar, pertencemos a la zona euro, lo que implica la imposibilidad de devaluar nuestra moneda y el sometimiento a un BCE que no está controlado democráticamente, que está muy ideologizado y que es muy favorable a los intereses del capital financiero. En tercer lugar, la economía está hoy globalizada: los capitales, las industrias, pueden amenazar con deslocalizarse si se les imponen normas (ambientales, laborales, fiscales, …) que no les interesen. En cuarto lugar, los capitales financieros tienen poder suficiente para atacar la moneda de cualquier país que no obedezca, o para encarecer salvajemente su deuda.

Nada es inamovible

Los factores mencionados no son inmutables, ni implican una total impotencia. La idea de que no hay otras posibilidades, de que no se puede hacer nada, es ideológica y no casual, sino provocada por los que se benefician de ella.

Europa: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

Aunque desde el sur de Europa, países que habían sufrido dictaduras y gobiernos muy conservadores, se tenía una idea romántica de la Unión Europea, ésta fue promovida por unas élites industriales y financieras que querían un mercado único. La banca alemana, por ejemplo, fue crucial en el diseño del Banco Central Europeo (BCE), como entidad orientada al control de la inflación y que tenía prohibido financiar a los Estados.

De hecho, el desarrollo de la Unión ha priorizado totalmente los temas financieros y monetarios, dejando muy atrás la economía productiva, permitiendo  que se incrementaran las diferencias regionales, haciendo competir entre sí a los Estados y frenando el crecimiento y el empleo para pevenir subidas de la inflación. La consecuencia es que los países del sur han perdido tejido productivo y los grandes grupos empresariales y financieros alemanes han acumulado ingentes cantidades de euros que han sido masivamente prestados a empresas y Estados del sur, para financiar las exportaciones alemanas. Han optado por fomentar la demanda externa para sus exportaciones, y no por la interna de mejorar la situación de los asalariados alemanes. Al final, los intereses de los trabajadores del norte y el sur de Europa pueden coincidir entre sí, como lo hacen entre sí los de los banqueros nor y sureuropeos.

El tremendo incremento de la deuda privada y pública en el sur ha sucedido financiado por la banca del norte y en interés de ésta. Su receta ahora es profundizar en las medidas que dieron lugar al problema, deteriorando trabajo y salarios, beneficiando a las empresas exportadoras que no precisan de demanda interna.

Otro proyecto económico para Europa

Para cambiar las cosas, lo primero que hace falta es que la zona euro tenga un verdadero Estado detrás, con políticas económicas y fiscales coordinadas. El presupuesto de la UE es el 1% de su PIB, mientras que el de los Estados Unidos es el 30%.

Coordinación política y Hacienda europea

Hace falta un sistema fiscal europeo, potente y progresivo, que garantice una demanda interna europea, y que promueva la actividad económica en toda la Unión, sin agravar desequilibris territoriales. Este sistema permitiría que la deuda púbica fuera global, lo que daría lugar a mejores condiciones de financiación y a menos debilidad ante ataques de especuladores.

Un nuevo estatuto para el BCE

Debe ser un verdadero banco central, dependiente del Parlamento Europeo, y no de la banca privada, y ocupado tanto en estimular la actividad económica como en controlar la inflación.

Regulación financiera

Hay que regular los mercados importantes, como el deuda, y prohibir instrumentos cuya única función es la especulación (CDS, operaciones al descubierto). Es imprescindible asimismo un pacto social capital-trabajo de ámbito europeo.

Autosuficiencia financiera y control de capitales

Europa debe ser una zona de autosuficiencia financiera. Para poner en marcha una política fiscal adecuada, hay que prohibir los paraísos fiscales. La amenaza de que entonces el capital se fugará donde no haya impuestos se combate con el cierre del espacio financiero a la especulación y los controles de movimientos de capital.

Impuestos sobre las transacciones financieras

Hacen falta impuestos sobre las transacciones financieras y sobre las ganancias del capital, no sólo como medida recaudatoria, sino también como mecanismo económico.

Otro modelo productivo

Hay que hacer una planificación a largo plazo que cambie el modelo de crecimiento hacia la cooperación y la coordinación, los nuevos sectores (información, renovables, investigación) que dan beneficios concretos a la colectividad, con códigos de responsabilidad empresarial y formas alternativas de producción y consumo.

Convenios colectivos a nivel de toda la Unión Europea

El empresariado puede deslocalizar la producción cuando le interese dentro de la UE. Esta posibilidad debe compensarse con convenios colectivos de ámbito europeo.

Una democratrización muy profunda de las organizaciones europeas

Hoy en día están controladas por el poder financiero y las grandes empresas.

¿Salir del euro?

La unión monetaria sólo es una ventaja para todos si está bien diseñada y tiene mecanismos de compensación entre las diversas realidades económicas. Pero salirse hoy del euro supondría recibir ataques feroces y años de caos y empobrecimiento; ni siquiera está legalmente regulado cómo se sale del euro. Pero si no hay un cambio en las políticas económicas, no va a haber más remedio que escapar de una jaula que es un infierno para los trabajadores.

Más allá de la globalización neoliberal

El planeta sufre una deriva terrible de pobreza y hambre, y sin embargo la crisis económica ha absorbido recursos ingentes para salvar a quienes la habían provocado.

Instituciones democráticas

Hay que democratizas los organismos internacionales para que dejen de actuar sólo como arietes de los poderes financieros.

Necesidad de planes de estímulo

La ONU reconoce que no se puede confiar a los mercados la recuperación, y por eso recomienda planes estatales de estímulo, que además deben financiar también a los países en desarrollo.

Renegociar la deuda

La ONU tabién promueve que se estudien cancelaciones parciales o moratorias de la deuda, porque es impagable sin sacrificios tremendos y sin hipotecar por décadas l actividad económica.

Regulación financiera internacional

El informe sobre la crisis de la ONU también recomienda transparencia en los mercados financieros, lucha contra la corrupción, incremento en la regulación y desincentivos severos a los comportamientos irresponsables.

Control de la ingeniería financiera y del riesgo sistémico

Deben vigilarse y auditarse los productos financieros derivados para que se conozca su valor real y se respalden con reservas de capital suficiente. Las agencias de calificación no pueden caer en conflictos de intereses. Los bancos centrales deben ser genuinos vigilantes con un mandato amplio, que no sólo controle los precios, sino que tenga en cuenta el empleo y las prestaciones sociales.

Un nuevo sistema monetario internacional

No podemos seguir en un sistema basado en el dólar estadounidense, cuando ese país está terriblemente endeudado y en manos de la inversión china. Una cesta de divisas, en lugar de una moneda imperial, sería mucho más estable.

Acabar con el cinismo del comercio internacional

Se supone que hoy día, como recomiendan los neoliberales, el comercio mundial está regulado por los principios del libre comercio, en virtud del cual se ha obligado a los pequeños países a dejar desprotegida (y perder) su agricultura, industria y servicios. En realidad, los países ricos (UE, EEU, Japón) no practican el librecambio, sino que dan a sus empresas una protección que prohiben aplicar a los países débiles. Esta doble moral ha empobrecido a millones de personas en todo el mundo.

El libre comercio no existe en la práctica. Además, no es cierto que sea más eficiente en cualquier caso, sino sólo si se dan una serie de circunstancias (y no es el caso): mercados de competencia perfecta en los que ningún productor es suficientemente potente para alterar los precios, homogeneidad de los productos, productores y consumidores perfectamente informados, compensaciones respecto a los efectos negativos (pérdidas de rentas, despidos, costes de reestructuración), etc.

Hace falta una reordenación del comercio internacional que repare los daños causados, que proteja las economías locales, que permita aprovechar las ventajas de lo local y lo global.

Gobierno y justicia económica global

Todo esto requiere acabar con el poder del gobierno internacional informal (dirigentes empresariales y financieros unidos, imponiendo medidas a los gobiernos de los países más grandes, quienes las imponen al resto), y reforzar instituciones como la ONU, un gobierno mundial representativo que establezca impuestos, normas, tribunales.

 

IX – La economía al servicio de las personas y en armonía con la naturaleza

 

Fallos profundos

El sistema económico funciona mal a nivel planetario, si se observa el número de muertes por hambre cada día, cuando las cifras que se gastan en armamento o en rescate de la banca privada europea permitiría subvenir esas necesidades. A nivel local, tenemos un sistema productivo incapaz de generar empleo y recursos a la población ni siquiera en tiempos de bonanza económica.

Estos fallos no pueden ser sólo económicos, cuando en medio de tremendas privaciones hay quienes juegan con cantidades ingentes de dinero en casinos financieros. Hay también un degradación de los valores sociales y una concentración tremenda de poder en pocas manos.

Lo primero son las personas

Actualmente tiene prioridad el beneficio, el lucro, sobre las necesidades humanas más perentorias, se permite especular con las materias primas alimentarias básicas. Se intenta hacer pasar por lógica económica que los ricos paguen mucho menos por su dinero que los trabajadores.

El paro, la crisis, la pobreza, la desigualdad, no son fallos de funcionamiento, defectos en la ingeniería social, problemas a resolver por técnicos y especialistas. Son consecuencias de las desigualdades de poder.

Poner a las necesidades de las personas por delante, implicaría que no se puedan tomar grandes medidas económicas sin que la gente, informada, se pronunciara sobre ello. Implica que no se admitan asignaciones de recursos que impliquen desprotección y exclusión sociales.

Otro modo de producir y consumir. Otros valores

La producción y el consumo en los países capitalistas se desarrollan en la falsa presunción de la inagotabilidad de los recursos. No se valoran actividades económicas muy importantes, como el trabajo doméstico, si no son monetarizadas; lo mismo con la pérdida de recursos naturales.

Los economistas usan el PIB como paradigma de medición del estado de la economía, dando por bueno que ha de aumentar siempre lo más posible y cuanto antes, sin tener en cuenta el gasto de naturaleza que ello implica. No se tiene en cuenta la “huella virtual” de nuestras actividades cotidianas sobre el planeta. No se valora correctamente en términos energéticos lo que supone el tráfico continuo de mercancías, alimentos que como media se mueven 4.000 kilómetros de donde se producen a donde está el consumidor final. El consumo y la producción en los países ricos desborda su biocapacidad global, lo que implica que están colonizando ambientalmente a los países no desarrollados.

Hay que aprender a medir y valorar de otro modo nuestras necesidades, utilizando indicadores y variables diferentes del PIB. Dar prioridad a la producción local y próxima. Modificar las actuales pautas de consumo, que fingen hacernos diferentes e individualizarnos, cuando en realidad nos aislan y dessocializan, desprestigiando al sindicato, a la asociación de vecinos, para que estemos sólos ante el régimen de las desigualdades. Los productores lo saben y por eso se han hecho con el control de los medios de información.

Necesitamos pensar la revés, situarnos en coordenadas diferentes, usar nuestros propios códigos y crear un relato colectivo que nos permita interpretar la realidad por fuera de la visión de las empresas.

¿Hablamos sólo de utopías? ¿Se puede cambiar la sociedad?

Este libro propone medidas concretas. ¿Son viables? Históricamente, las preferencias sociales se convierten en viables cuando sus defensores logran convencer al conjunto de la sociedad. Hoy, grupos reducidos tienen un poder (económico y de información y difusión) inmenso, que oculta la realidad económica. El poder se desplaza a espacios no representativos (“los mercados”), degradando las instituciones democráticas y debilitando la participación política.

Otro mundo es posible

Los cambios sociales históricos son posibles, pero precisan fuerza social, empeño político, un proyecto, visibilización, la ruptura de inercias. Hay que desarrollar un sistema diferente de deliberación, de información, construir contrapoderes en el trabajo, los barrios, la vida cotidiana. Y no creer a quienes dicen que es imposible.

Cambios políticos necesarios

Los diagnósticos deben acompañarse de propuestas, y hay que transmitir a la ciudadanía que son realistas, razonables, posibles, populares. Pero para ello hay que mejorar sustancialmente el sistema político, para que sea representativo y democrático. Hay que cambiar la ley electoral bipartidista, fomentar otras vías de participación, democratizar instituciones, poder revocar mandatos, democratizar a los partidos políticos, garantizar la libertad de prensa mediante la diversidad.

 

X – 115 propuestas concretas

 

Gobernanza mundial

1. Constituir un gobierno mundial que reduzca el poder de los grupos privados.

2. Incrementar las competencias de la ONU en materia de economía y finanzas, en subordinación a los derechos humanos.

3. Democratizar BM, FMI, ONU.

4. No admitir en las organizaciones internacionales a quienes no respeten la Declaración de derechos humanos.

Sistema financiero y monetario internacional

5. Estatuto de la banca internacional que separe banca comercial y banca de inversión y que incremente el coeficiente de caja.

6. Regulación: prohibición de la especulación, las operaciones al descubierto, los CDS, los OTC, las operaciones de alta frecuencia, el secreto bancario y los paraísos fiscales.

7. Impuesto sobre transacciones financieras.

8. Sustitución del dólar en el sistema internacional de pagos por una cesta de títulos respaldada por varias divisas.

Justicia global

9. Fondo de restitución para compensar a los países empobrecidos por el colonialismo y el neoliberalismo.

10. Ayuda al desarrollo del 0’7% del PIB, gestionada por la ONU.

11. Reducción del 20% del gasto militar y transferencia de esos fondos a la ONU.

12. Imposición a los beneficios extraordinarios del comercio internacional y a la emisión de gases contaminantes, pasando lo recaudado a la ONU.

13. Ejecución de los compromisos incumplidos del G-8 en ayudas sobre catástrofes y hambrunas.

14. Cumplimiento de los objetivos del milenio.

Comercio internacional

15. Definición de nuevas reglas para el comercio internacional, más justas y democráticas.

16. Desaparición de las barreras al comercio y las subvenciones impuestas por los países ricos.

17. Prohibición del dumping de productos no autorizados en los países ricos a los países pobres (sic).

18. Código de responsabilidad de las empresas multinacionales para garantizar condiciones laborales, sanitarias y humanas.

19. Control estricto sobre el sector armamentístico.

20. Código internacional de investigación sanitaria y financiación por la ONU de la no rentable.

21. Garantía de la propiedad de la población sobre los recursos naturales, incluida el agua.

Constitución de un auténtico Estado confederal europeo

22. Reforzar el poder del Parlamento Europeo.

23. Nombramiento de la Comisión Eurpea por el Parlamento.

24. Mecanismos de coordinación internacional de las políticas europeas.

25. Estatuto del euro que garantice simetrías, equilibrio e igualdad entre los pueblos.

26. Cumplimiento de indicadores de derechos humanos, sociales y políticos como requisito de pertenencia a la Unión Europea.

27. Flexibilización de los criterios de Maastricht para permitir el estímulo económico.

Instituciones económicas

28. Subordinación del BCE al Parlamento Europeo, imponiéndole como prioridad el pleno empleo, la igualdad, el bienestar humano y la protección de los Estados frente a los especuladores europeos.

29. Creación de una agencia pública de calificación y prohibición de que las privadas califiquen la deuda pública.

30. Creación de la Hacienda europea, con una política fiscal progresista y no competitiva entre países.

31. Reforzamiento del Banco Europeo de Inversiones al Desarrollo, con una política de cambio del modelo productivo.

Europa y la economía internacional

32. Definición de la UE como zona de autosuficiencia financiera.

33. Control de capitales contra los movimientos especulativos.

34. Prohibición de paraísos fiscales.

35. Acomodamiento de la regulación financiera internacional al entorno europeo de autosuficiencia financiera.

36. Impuesto sobre transacciones financieras. Impuesto sobre activos bancarios para financiar eventuales rescates futuros.

37. Renuncia a las ayudas comerciales y subvenciones en la UE en aquellos productos que compitan con los de países empobrecidos.

38. Mecanismos redistributivos: transferencias entre países y entre clases sociales.

39. Fomento de la producción local y no contaminante.

40. Coordinación salarial y convenios colectivos europeos. Pacto capital-trabajo sobre recuperación del peso de los salarios en la renta global.

41. Directivas europeas en igualdad, conciliación y corresponsabilidad.

42. Códigos de responsabilidad empresarial y limitación de remuneraciones de directivos.

43. Promoción de las cooperativas y de la gestión democrática de las empresas.

Respuestas inmediatas a la crisis

44. Creación de una comisión de expertos que depure las responsabilidades de los causantes.

45. Planes de estímulo del crecimiento sostenible orientado a la riqueza social, con empleos decentes, igualdad y respeto al medio ambiente.

46. Auditoría de la deuda pública para detectar contatos ilegitimos.

47. Poder al BCE para que emita títulos de deuda propios para su financiación y ayuda a la de los países.

Respuestas inmediatas a la crisis en España

48. Referéndum vinculante para cualquier plan de ajuste estructural.

49. Pacto de rentas capital-trabajo para llevar la participación de los salarios en la renta nacional al máximo del periodo democrático.

50. Estímulo de nuevas actividades y formas de producción y consumo.

51. Auditoría de las deudas pública y privada para denunciar la ilegítima.

52. Comisión de responsabilidades sobre actuación de las autoridades en la burbuja inmobiliaria y el endeudamiento extremo.

53. Nacionalización de las grandes empresas privatizadas.

54. Incremento del gasto social para que España alcance la media de la UE-15 en cinco años.

55. Plan de igualdad de género que elimine discriminaciones, fomente la corresponsabilidad y eleve la tasa de actividad femenina a la media de la UE-15.

Sistema financiero

56. Creación de una banca pública que financie la economía y a empresas y ciudadanos, mediante la nacionalización de las cajas de ahorro y de las entidades ayudadas con fondos públicos.

57. Impuesto sobre beneficios extraordinarios de la banca y activos financieros.

58. Código de comportamiento ético de la banca pública.

59. Elevación de los coeficientes de caja y de inversión.

60. Promoción de nuevos tipos de instituciones financieras (locales, microfinanciación).

Modelo de producción y consumo

61. Redefinición del modelo productivo hacia el mercado interno, la demanda doméstica, potenciando sectores de energías renovables, recuperación de viviendas, Estado social.

62. Modelo de crecimiento basado en el mercado interno mediante altos salarios y elevado gasto público.

63. Fomento de la agricultura ecológica y de la producción de proximidad.

64. Modelo de transporte que priorice el de la mayoría de la población sobre el minoritario de élite.

65. Disminución del peso de los intermediarios fomentando la producción y distribución locales.

66. Acercar los lugares de consumo y producción, apoyando al pequeño comercio contra los centros comerciales.

67. Cogestión y democratización en las empresas.

Desarrollo empresarial y del emprendimiento

68. Garantizar la financiación de las pymes mediante la banca pública.

69. Horario laboral que mejore las condiciones de los trabajadores e incremente la productividad.

70. Agilización de trámites burocráticos para la creación de pymes.

Fiscalidad

71. Incrementar la progresividad, los tramos y los tipos de los impuestos sobre la renta y sociedades. Recuperación de impuestos sobre la riqueza, con tramos exentos.

72. Igualar la fiscalidad de las rentas de capital y de trabajo.

73. Incrementar los presupuestos destinados a la lucha contra el fraude y aumento de inspecciones sobre las grandes empresas.

74. Eliminación de privilegios financieros de la Iglesia y destino de esos fondos a la educación pública laica.

75. Individualziación total del IRPF.

Creación de empleo y derechos laborales

76. Derogación de las reformas laborales neoliberales.

77. Equiparación del SMI con el los países de la UE de similar PIB.

78. Recuperación progresiva y negociada de los abanicos salariales hasta llegar a la proporción máxima entre extremos de 4 a 1.

79. Aumento de las prestaciones por desempleo.

80. Prohibición de despidos en empresas con beneficios.

81. Reparto del trabajo y disminución de la jornada laboral.

82. Fortalecimiento normativo de la corresponsabilidad varones/mujeres y de la conciliación familiar/laboral.

83. Hoja de ruta para la consecución de la equiparación y obligatoriedad de los permsos de maternidad/paternidad.

84. Plan de austeridad pública que respete los derechos laborales y sociales.

Derechos sociales

85. Fomento de la vivienda en alquiler social, mediante el uso del parque en posesión de las entidades financieras.

86. Anular el condicionamiento de las prestaciones o desgravaciones de la Ley de Dependencia por la inactividad laboral de las personas cuidadoras.

87. Paralización de los deshaucios, dación en pago voluntaria y comisiones de arbitraje para evitar la pérdida de la vivienda.

88. Reducción de un 35% del gasto militar en tres años.

89. Incremento del número de empleados públicos, especialmente en bienestar, hasta alcanzar el promedio de la UE-15.

90. En el sistema público de pensiones, financiación por impuestos, reducción de la vida laboral; fin de los incentivos a los planes privados de pensiones.

91. Eliminación del retraso de la edad de jubilación a los 67 años.

92. Desarrollo del cuarto pilar del Estado del bienestar hasta llegar a la media de la UE-15 en cinco años y a los países nórdicos en diez.

Educación

93. Aumento del número y la atención de escuelas infantiles.

94. Fin del régimen de concertación con la enseñanza privada.

95. Aumento del gasto en educación hasta que todas las CCAA alcancen la media europea.

96. Mejora de las condiciones laborales y sociales de maestros y profesores.

97. Mejora del bachillerato y la FP combatiendo el fracaso y el abandono escolar.

98. Financiación pública de la universidad hasta el nivel de la UE-15

99. Reforma del sistema europeo de enseñanza superior para que, como servicio público, se oriente a la promoción del conocimiento que satisfaga necesidades sociales.

100. Garantía de que en economía se estudien diversas escuelas de pensamiento y no sólo la neoliberal.

101. [Repetido del 96]

102. Incremento de la financiación de la investigación hasta llegar al promedio de la UE-15.

103. Recuperación del potencial de investigadores jóvenes exportados, mediante dignificación y salario.

104. Estímulo de la investigación e innovación en empresas privadas, mediante la vinculación a ello de otras ayudas y subvenciones.

Política

105. Austeridad y ejemplaridad en el gasto público, mediante nuevas formas de evaluación y control.

106. Facilitar la participación ciudadana en el conocimiento y control del dinero y los servicios públicos.

107. Garantía de la pluralidad de medios de comunciación, prohibición de su concentración y fomento de los alternativos.

108. Garantizar que los medios públicos presenten la pluralidad ideológica de la sociedad y condicionar las ayudas a los privados a esto.

109. Establecer laresponsabilidad pública en la defensa del consumidor de bienes y servicios privados y públicos.

110. Control de la eficiencia en la administración pública mediante instrumentos de nuevas teconologías y transparencia. Democratización de los partidos políticos. Responsabilización de los electos ante los electores y no ante las élites de los partidos.

111. Transparencia total en la financiación de partidos políticos. Prohibición de las contribuciones privadas en la campaña electoral. Prohibición del flujo de personas entre organismos reguladores y regulados, con un mínimo de cinco años de demora.

112. Incentivo de la participación ciudadana, con referéndums a todos los niveles. Autoridad independiente que evalúe al final de la legislatura el grado de cumplimiento de los programas electorales.

113. Poner en la base del sistema que el valor del voto debe ser igual para cada ciudadano, resida donde resida.

114. Redefinición constitucional de la responsabilidad y autoridad en los diversos niveles del Estado, para garantizar la igualdad efectiva de todos los ciudadanos.

115. Electividad constitucional de todos los cargos públicos representativos, prohibición de su herencia.

 

 

Carlos Fernández Liria, “El naufragio del hombre”

Editado bajo ese título, conjuntamente con un texto de Santiago Alba Rico (“Los abismos de la normalidad”), por Hiru, Hondarribia 2010.

 

 

1.   El capitalismo y el Reino del Tiempo

 

En la sociedad capitalista se ensamblan dos dispositivos contradictorios: lo que la hace capitalista y lo que la hace sociedad. El capitalismo expulsa a la sociedad hacia los márgenes; él está obligado estructuralmente a producir sin descanso, a reproducirse, a generar más capital.

 

No es cierto que ese carácter insaciable sea propio del hombre. Los antropólogos lo desmienten: el hombre inventa para trabajar menos y descansar. Pero el capitalismo no permite el descanso.

 

El Tiempo lo ocupa todo: Cronos devorando a sus hijos. Es cuando Zeus, apoyado por su madre, lo derrota, cuando surgen las instituciones, las leyes, el diálogo.

 

2.   El neolítico y la animadversión contra el Tiempo

 

El neolítico fue el periodo en el que se iniciaron agricultura y ganadería, y se inventaron las herramientas e instrumentos más importantes. Con ello, el hombre obtuvo una protección frente a la naturaleza, y una victoria frente al Tiempo. Ahora había liberado tiempo para el ocio, para la cultura.

 

Los mitos tienden a referirse a un tiempo antiguo en el que todo estaba sin diferenciar y donde todo lo que hace el héroe sucede por primera vez.

 

Los pueblos neolíticos (Levi-Strauss) odian el tiempo y la historia. No quieren cambios, sino permanencia.

 

3.   La Palabra y la Historia

 

Los mitos hablan del tiempo en el que pasaban cosas precisamente para que ahora no pase nada y se pueda hablar, y si pasa algo sea pequeño y se solucione con la palabra.

 

La Historia es el privilegio de los héroes y la palabra el de los humanos. Eso en el neolítico, pero el judaísmo – cristianismo devuelve el poder al Tiempo, porque se está en busca de una Tierra Prometida.

 

4.   Las dimensiones de lo humano

 

El capitalismo es un cataclismo histórico incesante, en que todo se produce para ser obsoleto y sustituido. Los antropólogos (como Levi-Strauss) dicen que los salvajes que subsisten del neolítico son los que guardan las dimensiones de lo humano.

 

5.   El basurero de la Historia: hombre y superhombre

 

¿Es que la evolución, la historia, llevan a un Superhombre? La antropología, interesada en lo estático, en lo que se cuenta de lo que ocurrió, va siendo desplazada por la Historia, preocupada por lo que cambia y por la verdad de lo que sucedió.

 

Claude Levi-Strauss, como antes Jean-Jacques Rousseau, se plantean si ese neolítico no es el estado natural, el mejor para el hombre, del que solamente le han sacado una suerte de coincidencias.

 

6.   La perseverancia en el neolítico

 

La flecha de la Historia no ha acabado con el neolítico. Hay una consistencia neolítica del ser humano que sobrevive de forma residual y que permite repetirse, tener costumbres, no hacer nada o charlar.

 

7.   La definición del hombre

 

Al igual que en los inicios de la física Galileo parte de lo que realmente no existe (una esfera perfecta deslizándose sobre un plano perfecto en el vacío) para poder definir las leyes de la realidad, Rousseau decía que es preciso concebir al ser humano viviendo en un estado que quizás no existe, no haya existido y no llegue a existir jamás, pero del que hay que forjarse una idea muy precisa si queremos tener una percepción clara sobre nuestro tiempo presente. Ese estado ficticio pero explicativo se parece, se puede ilustrar con el neolítico.

¿No queda nada que estudiar pasada esa etapa? Sí: el hombre subsiste y se protege de la Historia como lo hace de la naturaleza, edificando instituciones que le protejan.

 

8.   Nihilismo y desnivel prometeico

 

El ser humano es mucho más limitado del poder que puede llegar a tener gracias a la técnica. Es el “desnivel prometeico” (Günther Andres). Apretar un botón envía una bomba nuclear que mata a 200.000 personas. La imaginación, la capacidad de representación, la comprensión moral del ser humano son mucho más limitadas y finitas. Por eso, sucesos como la guerra sólo pueden ser vistos como parte del paisaje, de la naturaleza. La más pequeña de nuestras acciones desencadena resultados en cualquier parte del mundo. Eso nos lleva a un naufragio antropológico, un nihilismo, porque no hay manera de saber lo que estás haciendo cuando haces lo que haces.

 

9.   El capitalismo frente a la Ilustración y frente al Neolítico

 

Hay abundantes estudios sobre la incompatibilidad entre capitalismo y Estado de Derecho, sobre cómo el capitalismo ahoga la vida republicana y el Mercado se impone a la Palabra y a la Razón. Pero es que además el capitalismo va arrinconando el espacio neolítico del hombre, empujándole hacia la prehistoria, más allá de los mitos fundacionales.

 

10.   Más allá del hombre: la proletarización

 

Cuando Nietzsche habla de la “república cosmopolita” que está más allá del ser humano, se sitúa ante un espejismo; en realidad el capitalismo está ocupando todo el espacio que el hombre necesita para hablar, razonar, discutir.

 

El desarrollo que prometía la Ilustración quedó cegado con la proletarización. Engañosamente pareció que ciudadano y proletario eran dos caras de lo mismo: un ser humano libre. Pero se trata de dos libertades muy diferentes, el proletario sólo es libre de trabajar en unas condiciones que no se deciden política, sino económicamente. La Razón prometía la ciudadanía, pero, mientras, el capitalismo implantaba la proletarización.

 

11.   Capitalismo y Nihilismo: el naufragio del hombre

 

La Historia se acelera por las necesidades imparables del capital y ataca a las certezas neolíticas. El “desnivel prometeico” enloquece a nuestra brújula moral; se mercantilizan trabajo, tierra y dinero; la proletarización descoyunta la consistencia del ser humano (suprimiendo, por ejemplo, la diferencia antropológica entre infancia y vida adulta, poniendo a trabajar a los niños).

 

La lucha sindical, y antes la beneficencia religiosa, frenan al capital recordándole que es en la sociedad donde se reproducen y educan los humanos: los obreros surgen en la sociedad capitalista del componente sociedad, no del componente capitalista. Esa lucha religiosa (reaccionaria) primero y sindical después, retrasan el futuro del capitalismo.

 

Pese a lo que creen y dicen, socialismo y anarquismo son movimientos hacia el pasado, conservadores de lo genuinamente humano. Mientras socialismo y fascismo hablan de un “hombre nuevo”, la burguesía se apropia de los conceptos básicos de la Razón y la Ilustración: ciudadanía, Estado de Derecho, parlamentarismo.

 

12.   El hombre nuevo fascista y socialista

 

Fascismo y nacionalsocialismo intentaron crear un ser humano que, en vez de protegerse de la Historia, la asumiera y dirigiera: romper todas las barreras que había alzado la consistencia neolítica para defender al hombre. Fue la alianza del capitalismo con la prehistoria.

 

Los países del socialismo real, atacados desde el principio por los Estados capitalistas, tuvieron que, para no ser derrotados, asumir la proletarización masiva. Pero mientras que en el capitalismo ésta la crea el mercado de consuno con el hambre, en éstos hubo que crear una “cultura proletaria” en defensa del “hombre nuevo”, que sustituyera la ciudadanía, la libertad de expresión, la división de poderes, las garantías jurídicas. El capitalismo podía alardear de ellas porque en el fondo hambre y mercado se bastan para proletarizar. El socialismo real tuvo que omitirlas para poder hacer lo mismo.

 

Al prescindir del Derecho, fascismo y socialismo vuelven a la religión (al culto a la personalidad, a la vuelta a las prácticas religiosas cuando el poder afloja).

 

El anticapitalismo ha seguido asociando la ciudadanía, el Derecho, a la proletarización capitalista, entregando así todo el aparato ideológico de la Ilustración a su enemigo.

 

13.   La mayoría de edad ciudadana como más allá del ser humano

 

Ya antes de la Ilustración, en los griegos clásicos Sócrates, Platón, Aristóteles, hay un intento de inmortalizarse, de superar lo humano y lo mortal en base a lo permanente: la Razón. Supone una “mayoría de edad” racional más allá de la celebración de los ritos de iniciación, que recuerdan mediante el aparato mítico que gracias a los héroes se entró en el mundo de la Palabra. Ese nuevo paso racional, supone que la Ley se impone a la Costumbre y a la Tradición, la Educación al Rito, el Derecho a Religión y Mito, la Constitución a los Ancestros.

 

Tras la revolución neolítica, el hombre tropieza con las matemáticas: la posibilidad de razonar independientemente de la cultura y la tribu. Esa mayoría de edad nueva, racional, supone que hay leyes universales pero que, además, son decididas políticamente.  ¿?

 

La victoria neolítica, la Palabra, ha vencido al Tiempo gracias a su antigüedad, a que hace mucho que sucedieron los hechos fundadores. La palabra encierra en sí mucho Tiempo. La Ilustración pretende que el Tiempo obedezca a la Libertad y a la Razón. Nietzsche se burla del imperativo categórico kantiano, pero realmente el eterno retorno, la decisión libre que se repite independientemente del contexto, porque es ‘lo que debe hacerse’, ya está en Kant.

 

14.   La vuelta al Infierno

 

Cuando Nietzsche pretendía un superhombre a la altura de los tiempos, que se correspondiera con la fuerza de una Historia enloquecida y destructora, en realidad estaba llevando de vuelta a un estado de barbarie que es previo al neolítico: el Infierno.

 

En las representaciones clásicas del Infierno, el castigo tiene un carácter inagotable, circular. Es un ciclo de reproducción del que no se puede salir: la misma posición que en la antigüedad tenían los esclavos -dedicados completamente a la reproducción de alimentos- y las mujeres -dedicadas sólo a la reproducción de las personas-. Pues es la misma rueda la del capitalismo: una destrucción continua para poder seguir produciendo, circular e inacabadamente.

 

Karl Polanyi explica bien cómo el avance de la sociedad capitalista fue entrando en contradicción con la sociedad en sí, con la razón, la ciudadanía, el parlamentarismo. Esta contradicción no se presenta en el Primer Mundo, donde un régimen de privilegios permite subsistir a la ciudadanía porque no se enfrentará nunca a lo que le permite ser privilegiada. Ahora bien, cuando llegan crisis agudas, surgen fascismo y nazismo para intentar un más allá de la Ilustración, que en realidad lleva a un más atrás del neolítico: la barbarie, la prehistoria.

 

15.   La bisagra entre la Ilustración y el Neolítico

 

Si no se puede ir más allá del neolítico sin caer en la prehistoria, es porque hay una suerte de “consistencia neolítica” en el hombre que no se puede destruir sin generar tremendos desastres.

 

Apenas han existido ocasiones de articulación entre Neolítico e Ilustración. La Razón parece precisar de la tranquilidad. El Neolítico da una cierta tranquilidad a los humanos, en cuanto es una victoria contra las fuerzas de la naturaleza y de la historia. Por eso, los indígenas más estabilizados en el neolítico resultaban muy permeables a ese esencial imperativo categórico de la razón (no se puede querer hacer al otro lo que no querríamos que nos hicieran) que les transmitía el cristianismo de los evangelizadores (“amarás al prójimo como a ti mismo” es la ley). Pero siempre que haya tranquilidad, esto es, que no venga acompañada de la barbarie: esclavismo, explotación, expoliación. Y lo malo es que la Ilustración ha solido llegar al Neolítico impulsada por la Historia y su falta de calma.

 

16.   La tradición como Ilustración de los pobres

 

Cuando se intenta ‘educar’ a los pueblos neolíticos, se descubre que no siguen sus costumbres por inercia o por obligación, sino porque las creen buenas, razonables. Hay por tanto en ellos una simiente de Ilustración, una voluntad o ansiedad por la Ley, lo razonable, lo justo.

 

17.   Mesopotamia e Infinito

 

Pero lo que sucedió no fue una articulación entre Tradición e Ilustración, sino el capitalismo. Rousseau, al establecer su definición más allá de la realidad (como la bola deslizándose de la física de Galileo) estaba señalando el “justo medio”, la mesopotamia, el paquete de elementos que era necesario conservar para que subsistiera ese hombre ideal.

 

Pero en la realidad no sucedió así: la evolución no se planteó qué había que conservar, sino qué había que superar para acomodarse al devenir del Tiempo. Se buscaba un ‘hombre histórico’, cuando el hombre es social. La revolución neolítica había hecho que el hombre se defendiera del Tiempo, y de pronto se entregaba a él. Fascismo y socialismo, en su pretensión del ‘hombre nuevo’, condujeron al desastre antropológico, pero eran reacciones ante la destrucción de lo humano por el capitalismo.

 

Éste genera una mayoría de humanos reducidos a la subhumanidad, al hambre, y una minoría de sobrehumanos que tiene aún más hambre porque está en una sociedad de consumo que basa su devenir en lo que aún no se tiene.

 

El Neolítico no era sólo una etapa en la historia de la humanidad, sino que el hombre era el resultado de una matriz o dispositivo neolíticos. Ello se debe a su finitud, a nacer del sexo, a adquirir el lenguaje en la familia.

 

Cuando al hombre se le arrebatan sus espacios físicos, se encapsula en los psicológicos, porque necesita tener su propio territorio. Cuando el capitalismo sigue avanzando, con su locura intrínseca, ataca las conquistas neolíticas de los humanos. Cuando en los años 80 del siglo XX el capitalismo neoliberal y la traición sindical empiezan a destruir el Estado de bienestar, continúan el acoso a los espacios que los trabajadores habían conseguido conservar frente al capitalismo.

 

Cuando vemos el capitalismo de hoy, observamos que no precisamos más cosas para obtener más humanidad sino que, por el contrario, hay que eliminar muchas cosas para obtener humanidad, para “arraigar en el cosmos” (Claude Levi-Strauss).

 

Los filósofos de la Historia (Hegel) pretendían que era ésta la que hacía de los humanos seres reales y efectivos. Pero la antropología muestra lo contrario: lo humano se encuentra justo en la periferia, donde está protegido de la Historia tanto como de la naturaleza.

 

Al capitalismo hoy no le bastan el Tiempo y el Espacio existentes, precisa infinitud de cosas. Lo que hay que darle a una persona del Tercer Mundo para que llegue a la mesopotamia de la condición humana, es mucho menos que lo que hay que quitarle a la gente del Primer Mundo para lo mismo. Sin embargo, cuando vemos qué obtiene la parte más rica del Primer Mundo , volvemos a encontrarnos el hogar, el ocio, la palabra: para que ellos obtengan su neolítico, el 99% de la humanidad pierde el suyo con un nivel de despojamiento que nunca había sido tan intenso.

 

La industrialización habría podido convivir con el neolítico (Lafargue, “derecho a la pereza”), pero bajo condiciones capitalistas no puede, porque no cabe detenerse, sino acelerar.

 

18.   Antropológicamente precavidos

 

Además de la entrega de los conceptos de derecho y ciudadanía, el socialismo ha tenido otro gran error teórico que ha sido confiar en una teoría materialista de la historia que presumía que el socialismo era una etapa posterior, de superación, del capitalismo. En realidad, el socialismo debería haber funcionado como un freno, no como un acelerador. La lucha sindical, sin embargo, sí que ha sido proteccionista y humanista.

 

Las demandas teóricas del socialismo han sido desbordadas por el capitalismo: ¿un mundo nuevo?, uno cada día; ¿más valores de uso?, mercancías hasta el hartazgo, hasta superar la condición de uso; ¿eliminación de la “especialización” alienante?, ETTS, precariedad.

 

Para ser económicamente revolucionario, hay que ser sindicalmente reformista o antropológicamente conservador. Se trata ahora de conservar el mundo, las cosas, de usar en lugar de consumir, de mirar. Las instituciones son coágulos sociales de la palabra. En realidad, parlamento y capitalismo son incompatibles.

 

Ahora bien, hay que ser antropológicamente precavidos, más que conservadores, porque el neolítico incluye conceptos aún peores que el capitalismo y que sobreviven a él, como el patriarcado.

 

19.   La otra fuente de cuanto hay que conservar

 

Una vez conservado el mínimum antropológico, deben ser las instituciones ciudadanas las que decidan lo que hay que conservar y lo que no. Y no la tradición o la costumbre. Éstas son la manera en la que el neolítico venció al Tiempo, pero están compuestas de tiempo coagulado. Útiles, pero peligrosos arcaísmos, que protegen la vida, pero no la dignidad humana.

 

La costumbre hace encajar a unas cosas con otras; la Razón quiere encajarlas con el deber ser, con la palabra, y ello precisa de instituciones, construidas desde la política, no desde la tradición.

 

Para la ciudadanía, las tradiciones deben ser reformadas (ni conservarlas ni revolucionarlas) precisamente porque están en el terreno de la razón y la palabra. Pero el capitalismo arrincona y chantajea económicamente a las instituciones; por eso hace falta una revolución, pero es una revolución para reformarlas.

 

20.   Reforma y Revolución

 

Ha sido absurdo, por tanto, arremeter contra las instituciones desde el revolucionarismo del 68. Los análisis teóricos de esos años (Foucault, Deleuze, …) han acabado siendo la base del ataque feroz neoliberal a las instituciones: a la escuela pública, a la Justicia, a la Universidad. El proceso de Bolonia en esta última es paradigmático.

 

El capitalismo (que en realidad no quiere cumplir con las leyes del libre mercado) no ha renunciado a las instituciones, sino que las ha puesto a su servicio.

 

Precisan, por tanto, ser reformadas. Son nuestra defensa frente a la religión, la tradición, la costumbre. Y son reformables desde la razón y la palabra. Eso es el Progreso, que es el fundamento mismo de la Ilustración.

 

21.   La idea de Progreso: el superhombre de las Luces

 

El siglo XX ha sido una continua búsqueda del superhombre. El capitalismo mediante el más allá de lo antropológico, pero lo que hizo fue proletarizar, desposeer del mínimum neolítico, llevar al vacío. El socialismo vio esto como un paso superable dialécticamente y buscó un hombre nuevo, total, que superara la consistencia tribal-religiosa y la burguesa.

 

Pero la Ilustración también había buscado al nuevo hombre, un progreso que partía de la libertad y la razón. Ése es un progreso de verdad, que no tiene que ver con el desarrollo económico del capitalismo y que se basa en que los avances científicos y del derecho no tienen vuelta atrás en ciencia y en derecho (pueden prohibirse, pero no anularse por vía científica o racional legal). Es por eso que el capitalismo tiene que emplear cada vez más propaganda para ocultar su carácter intolerable.

 

Progreso no es la espiral suicida del crecimiento económico capitalista, más bien hoy pasaría por un decrecimiento acelerado o una demolición sostenible.

 

 



El Plan Bolonia: Capitalismo académico superior

Carácter: Resumen

Fuente: “El Viejo Topo”, mayo de 2009.

Autor: Enrique Javier Díez Gutiérrez

 

 

            La escueta Declaración de Bolonia habla de unos principios que se pueden compartir: equiparación de titulaciones, aprendizaje más centrado en los estudiantes, menos peso a las clases magistrales y más a las tutorías y seminarios. Pero el problema es el marco en que se inscribe y la filosofía que hay detrás. Son éstos los que suponen una privatización y mercantilización de la educación superior.

            El contexto es la ofensiva neoliberal en todo el mundo, bajo la dirección de BM, FMI, OCDE… Y, dentro de la Unión Europea, se enmarca en el Acuerdo General de Comercio de Servicios, que convierte los servicios educativos superiores en una mercancía más, sujeta a las normas de la competencia, en lugar de en un derecho público que el Estado ha de garantizar (véase lo que decía la Constitución Europea, III-166.2). Todo ello presentado siempre como “sentido común” en lugar de cómo la opción ideológica que es.

            Las mejoras mencionadas en las formas educativas tienen un precio (más profesorado, grupos más pequeños, instalaciones, …), pero se presume de que los cambios tengan un coste cero para el Estado. Eso supone que hay que incrementar lo que llega de dos fuentes: el estudiante y la financiación externa empresarial. En España, sin embargo, partimos de un gasto en educación superior muy inferior a la media de la UE, el 0’9% del PIB.

            Para captar dinero de los estudiantes, se añade un nivel académico, los másteres de postgrado. Se crea la figura de los préstamos-renta que suponen que el estudiante asume una deuda antes incluso de entrar en el mercado de trabajo y en el de vivienda (aunque se mantengan las becas convencionales, los informes del Gobierno español -“Informe Universidad 2000”, pg. 27- hablan de la mejor utilidad de los préstamos). La filosofía que hay detrás es que ya no es un derecho, sino una prerrogativa para quienes pueden devolver la inversión.

            El nuevo sistema supone además muchas más intensividad temporal, por lo que se dificulta la formación universitaria a todo el que tenga que compatibilizarla con el trabajo.

            El estudiante, además, va a pagar más por estudiar más horas en casa o trabajando, gratis, en empresas.

            Se habla de que la universidad atienda a las demandas sociales, pero se confunde voluntariamente éstas con los requerimientos de las empresas. Las universidades ceden en la elaboración de los planes de estudio, y ya casi sólo se va a poder estudiar lo que sean conocimientos inmediatamente vendibles en el mercado, la cualificación de asalariados, en lugar de transmitir conocimiento, reflexión, debate, crítica.

            La financiación pública se subordina a la obtención de fuentes de financiación privadas, y no está en función del número de estudiantes, sino de los resultados de la institución. Si las universidades deben competir por los fondos de las empresas privadas, ¿quién va a dedicarse a los saberes no rentabilizables inmediatamente por el mercado? Se va a una situación que se ha denominado “capitalismo académico”; si bien los salarios del personal de la universidad sigue en buena medida en manos del Estado, los edificios, cátedras, instalaciones… se financian por empresas que le dan sus nombres (“Cátedra Yahoo! de tecnología informática”, p. ej.). La investigación, por tanto, se orienta a lo que dé beneficios tangibles a las empresas patrocinadoras. Esta lógica del mercado y el beneficio, convierte a los rectores en especialistas en captación de recursos, y a los investigadores en portavoces de las compañías. Al final, hay una apropiación privada de recursos públicos, de lo que pone el Estado en la educación superior, que se emplea para el beneficio de las empresas implicadas (incluso con la apropiación de las patentes obtenidas en esas cátedras patrocinadas).

            En la misma línea de sobreexplotación van los proyectos de estatuto del personal universitario en desarrollo de Bolonia.

            Lo grave, pues, no son los objetivos de aumentar la movilidad estudiantil y laboral en la UE o la mejora en la incorporación al trabajo, sino el marco, la filosofía de la reforma, que lo que quiere es adaptar la universidad al mercado.

            Frente a eso, defendemos la universidad como un servicio público, no orientado por la competitividad, sino por la calidad, con financiación pública, con becas-salario en vez de préstamos, para garantizar el acceso de los desfavorecidos, llegar al 2% del PIB; con autonomía de las universidades respecto a las empresas.

La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla.

Carácter: Resumen.

Origen: libro en copyleft, disponible en web o editado por ATTAC. 

 El texto de esta anotación está disponible como PDF en la página de descargas.

  

LA CRISIS FINANCIERA. GUÍA PARA ENTENDERLA Y EXPLICARLA

 

Juan Torres López (colaborador: Alberto Garzón Espinosa), ATTAC, copyleft

 

 

I.                   EL DINERO Y LA ESPECULACIÓN FINANCIERA

 

 

Esta crisis no es un caso aislado

 

            Esta crisis es fuerte, pero no es una novedad. Son consustanciales al capitalismo. Ello se debe a que el capitalismo se fundamenta en la búsqueda del beneficio individual, y aunque los liberales clásicos pensaban que esa búsqueda garantizaba el beneficio de todos, no sucede así, ya que no todos tenemos el mismo poder, las mismas posibilidades o capacidad de decisión.

            Un empresario particular estará interesado en que los salarios que paga sean muy bajos, para aumentar sus beneficios, pero entonces los trabajadores tienen menos dinero, compran menos y perjudican al conjunto de los empresarios. Y a la vez, si todos los trabajadores están empleados, compran más, pero también son más fuertes reivindicando sus condiciones laborales, al no asustarles el paro.

            La búsqueda del beneficio aislado acaba produciendo menos ganancias. Cuando el Estado interviene (como tras la IIGM), los ciclos se suavizan y el crecimiento es más estable y prolongado. Cuando han triunfado los neoliberales, el Estado ha perdido fuerza, y eso da lugar a más crisis y más profundas.

 

 

Las burbujas y la crisis

 

            Todas las crisis de los últimos decenios han tenido que ver con los mercados financieros y la especulación.

            Una burbuja es una situación en la que los inversores creen que las subidas en el precio de un producto no son momentáneas, sino permanentes, por lo que compran para vender después a mejor precio. La primera burbuja fue la de los tulipanes en Holanda, en el s. XVII.

            Las burbujas permiten ganar mucho dinero, pero antes o después estallan (ya que la subida no tiene base real, sino que la provoca la misma creencia). Lo que sucede ahora es que las finanzas en su conjunto son una burbuja.

 

 

La transformación del dinero: Las crisis financieras recientes

 

            Históricamente, el dinero era un medio de pago o un depósito de valor (ahorro). Tenía una relación con el volumen de las transacciones, porque era un instrumento.

            Pero ahora, además de instrumento, es objeto de cambio. El dinero se usa para comprar dinero, y su cantidad ha crecido desmesuradamente.

            Esto ha sucedido siempre, pero ahora con un volumen tremendo y con carácter generalizado. El capital se va al casino, en lugar de a la economía productiva.

 

 

La creciente creación de dinero: El dinero bancario

 

            El dinero no lo forman monedas y billetes. Eso es el “dinero legal” (entre el 7 y el 10% de los medios de pago). Luego hay un 60-70% de “dinero bancario”. El legal lo crea el Estado, el bancario los propios bancos.

            Los bancos prestan sobre los depósitos, garantizando éstos, aunque no conservándolos realmente en sus manos. Por ello, el dinero se multiplica (lo depositado + lo prestado). En los años 70 se les exigía conservar el 30% de sus depósitos en liquidez; hoy entre el 2 y el 10%. Ahora crean más dinero.

 

 

Los bancos no sólo crean dinero: El dinero es poder

 

Aunque algunos economistas hablan del dinero como un instrumento neutro, cuyo control corresponde a profesionales, en realidad quien tiene dinero tiene poder, de satisfacción y de decisión. Véase el ejemplo de cierto asunto del Banco de Santander en que la abogacía del Estado recibió orden de inhibirse.

 

 

La financierización de las economías

 

            Si además de ser un negocio rentable, da tanto poder, los bancos están muy interesados en que el dinero bancario crezca. El incremento en la oferta de medios de pago es lo que ha permitido la expansión del capitalismo.

            Pero ahora es distinto. Tras la devastación de la IIGM, Estados Unidos, con un dólar convertible en oro, emitía más y más dinero. Cuando las demás economías mejoraron, empezaron a sobrar dólares y perdieron valor. En 1971 el dólar se devalúa y deja de ser convertible en oro.

            Los grandes beneficios de los 60 y las subidas del precio del petróleo en los 70, generaron una gran cantidad de dólares circulantes. Por tanto, los bancos prestaban con facilidad. Al llegar las nuevas tecnologías, especular en el mercado se convirtió en algo muy barato e inmediato. Daba más beneficios que la economía productiva. Los capitales fueron atraídos a este tipo de mercado: financierización de la economía.

 

 

Beneficios, salarios y especulación financiera

 

            Los cuatro factores de la financierización son: expansión del crédito, reformas institucionales, nuevas tecnologías de la información, y que la ganancia relativa es mucho mayor en la economía financiera que en la productiva.

            ¿Por qué esto último? Por las políticas neoliberales en la economía productiva (precariedad y salarios reducidos) que han supuesto una caída de las rentas salariales (que a su vez aumenta la necesidad de créditos de los trabajadores).

            Por tanto, las rentas que se han incrementado son las de los beneficios y éstas no suponen más consumo, sino más ahorro e inversión. Que van a la economía financiera (que supone mucho menos trabajo diario que la productiva) por que además, con bajas rentas salariales hay menos productos que vender en la economía productiva.

            Los países que han practicado políticas neoliberales han tenido tasas de crecimiento inferiores a las de antes o a las de quienes no las han seguido del todo (países asiáticos, Estados Unidos en algunos momentos). Es obvio que sin una mayor renta de los trabajadores no se puede evitar que el capital se vaya a la financiera.

 

 

El casino

 

            Y ¿por qué se gana tanto en algo que no tiene nada detrás? Cuando alguien ha firmado un contrato de compra de una cosecha, tiene un contrato vendible, “papel”.

            ¿Por qué alguien lo compraría? En primer lugar, porque hay mucha gente con dinero para invertir. Y además, esos compradores saben que hay otros a quienes pueden vendérselo a su vez. Y además es muy barato y requiere mucha menos atención y esfuerzo que producir.

            Se compra papel no por lo que vale, sino porque es vendible fácilmente y se espera que suba de precio.

            ¿Cómo funciona el casino?

            Básicamente, creando multitud de formas para ese papel, todo tipo de productos financieros, con el beneplácito de las leyes y con expectativa de subida de precio (hay una ingente cantidad de capital ansioso de comprar).

            A veces con productos “derivados” de otros “subyacentes”, o “carry trade” que especula con divisas y diferenciales de tipos de interés entre países. Y “titulizando” los préstamos, vendiendo el contrato de préstamo personal o hipotecario que hemos firmado con el banco (así el banco no sólo gana la renta mensual, sino que al haber demanda puede ganar más). Sobre muy poco “dinero real”, correspondiente a actividades productivas se levanta una pirámide invertida de especulación. Una masa inmensa de productos financieros que cambia continuamente.

            Para un PIB diario de 0’15 billones de dólares (y 0’055 billones de comercio mundial diario), hay una actividad financiera diaria de 5’5 billones de dólares.

 

 

El riesgo y la crisis

 

            Al ser especulativa y sin base real, este tipo de economía es muy arriesgada. Se ha disimulado muy bien el riesgo, por tres vías: con economistas muy bien pagados que con fórmulas matemáticas pretenden demostrar que el riesgo es bajo, ocultando los bancos y las agencias de “rating” el riesgo real; y con el silencio de unas autoridades supeditadas al poder financiero.

 

 

 

II.                LA CRISIS DE LAS HIPOTECAS BASURA

 

 

Una burbuja detrás de otra: El origen de la crisis en Estados Unidos

 

            De 1993 a 2000, la economía de Estados Unidos tenía un crecimiento medio anual del PIB del 4’8%, alto consumo y una fuerte inversión. Entraba mucho capital extranjero en las bolsas para inversiones a corto plazo. Sobre todo en las empresas tecnológicas (las puntocom) que iniciaron un comportamiento de burbuja (todo el mundo se comporta como si fueran a crecer en su precio indefinidamente). Fue una época de alto consumo y alta inversión con tasas de ahorro muy bajas y, por tanto, un fuerte desequilibrio comercial (se importa mucho más de lo que se exporta, lo que se compensa con una fuerte entrada de capital extranjero).

            En 2000 estalla la burbuja bursátil y la Reserva Federal baja en veinte meses los tipos de interés del 6’55 al 1%. Con un endeudamiento tan barato, se desató una burbuja inmobiliaria. El endeudamiento familiar pasó del 100% al 130% de los ingresos de 2000 a 2007. El consumo pasó del 67% al 72% del PIB en ese mismo periodo.

            En una alta proporción, esa inversión inmobiliaria no era para residencia, sino como segunda vivienda o para especular.

 

 

La letra pequeña y la explosión del crédito basura

 

            Al bajar los tipos, los bancos obtienen menos rentabilidad de sus préstamos, por lo que intentan dos cosas: prestar más y conseguir prestar a tipos más elevados.

            Las familias pudientes buscaban créditos para seguir en la burbuja inmobiliaria.

            En cuanto a la otra vía, se empezó a buscar clientes de más riesgo, incluso NINJAS (no income, no job, no assets) a quienes se puede cobrar más. Esas son las hipotecas subprime (de la clasificación prime / jumbo / nearprime o Alt-A / subprime). Pasaron de suponer el9% al 20% del mercado en 2006. Se venden a través de intermediarios, quienes cobran según cuántas hagan.

            Como tienen más riesgo, la banca cobra tipos más altos. Además, hubo todo un conjunto de prácticas engañosas, de contratos de “letra pequeña” con fórmulas incomprensibles para los ciudadanos comunes. Incluso sucedió que se forzaba a firmar una subprime a quienes habrían podido por sus ingresos tener otro tipo de hipoteca, especialmente a negros o hispanos, a quienes se les denegaba las normales. Por último, son hipotecas con costes y penalizaciones más altas.

            La banca consiguió así altos beneficios.

 

 

La avaricia bancaria

 

            Para poder seguir prestando más y más en esas condiciones, la banca “tituliza” (securitization) los créditos, los convierte en “papel”, un producto derivado que vende a sociedades inversoras, a través de una sociedad “vehículo” (a menudo creada por el propio banco). La entidad vehículo genera unos títulos a interés fijo para venderlos, principalmente a inversores institucionales (son productos muy complejos y vendidos en paquetes de alto precio, rara vez al alcance de inversores particulares).

            Si en 2001 se titulizaban el 46% de las subprime, en 2006 se titulizaba el 75% (las nearprime el 91%).

            Al pasar así la pelota de las hipotecas a campo ajeno, el banco se despreocupa de su calidad y de sus riesgos.

 

 

Los fondos de inversión

 

            Para no ser expulsados del mercado por sus competidores, todos los bancos tienen que unirse a este sistema y llevarlo a sus límites. Para ello, se usan mucho los paraísos fiscales. Tanto los inversores tipo hedge fund como las entidades vehículo de titulización suelen instalarse en ellos.

            Características de un paraíso fiscal: alberga un elevadísimo número de instituciones financieras que trabajan para no residentes; su actividad financiera no tiene una relación de tamaño con sus economías domésticas (Liechtenstein, 30.000 habitantes y 40.000 empresas); sus sistemas fiscales son de muy baja o nula imposición; reinan el secreto bancario y el anonimato.

 

 

La diseminación de la basura financiera

 

            Los contratos se empaquetan, van construyéndose unos derivados sobre otros, pasan de unos fondos de inversión a otros. Ello se debe a: modificaciones legislativas (Reagan, Thatcher) que permiten la opacidad y eliminan controles; interdependencia de las instituciones financieras; nuevas tecnologías.

            La economía financiera se va alejando de la real, moviendo mucho más capital aquélla que ésta.

 

 

Disimulando la basura financiera: MBS, CMBS, ABS, CDO, CDO2…

 

            Para colocar los paquetes, se utilizan tres instrumentos. Por una parte la titulización, que comienza con un Mortgage Backeed Securities (MBS), va generando derivados (Asset Backed Securities, Collateralized Debt Obligations, …).

            Por otro lado, al titulizar se mezclan contratos de créditos diferentes (residencias, comercios, créditos personales…) y de muy distinta calidad.

            Por último, unas agencias de calificación (rating) se encargan de validar la calidad del derivado final. Esas agencias resultan no ser independientes, sino contratadas por las propias entidades financieras cuyos productos están siendo valorados (el 62% de todas las emisiones calificadas en Estados Unidos en 2007 fueron AAA, la mejor posible).

 

 

El inicio de la debacle: los impagos

 

 

            Entonces se desinfla la burbuja inmobiliaria estadounidense. Y la Reserva Federal sube los tipos de interés. Muchas familias se encuentran con una hipoteca a la que hacer frente por un valor superior al que tiene ahora su casa. La legislación de ese país hace que esa deuda sólo se respalde con la casa hipotecada (en España, después de ésta, sería con el resto de los bienes). Así que se dejan de pagar las cuotas.

            Los bancos sufren fuertes costes (hasta el 25%) para ejecutar las hipotecas, y el producto subyacente (la hipoteca) sobre el que está construida toda la pirámide de derivados, se tambalea y deja de tener valor.

 

 

Caen las fichas del dominó

 

            Las carteras de los bancos empiezan a perder valor rápidamente, pero es que además tienen que hacerse cargo de las entidades vehículo que han utilizado para la titulización (y que son suyas), las cuales ya no consiguen colocar sus paquetes de derivados al haberse perdido la confianza de los inversores.

 

 

Los mecanismos de transmisión: auge y colapso de los “vehículos”

 

            Los Special Purpose Vehicles son las entidades creadas por los bancos para el proceso de titulización. Cuando un banco concede una hipoteca, de su caja sale dinero real, pero sólo entra dinero-papel, un contrato. La manera de convertir este papel en dinero real para poder seguir prestando, es titulizarlo. Para ello crea esas entidades vehículo, que se quedan con el derecho de cobrar los préstamos a los prestatarios, y que vende ya paquetes de activos titulizados, en forma de bonos, con diversas rentabilidades y niveles de riesgo.

            Estas entidades, que pueden ser especializadas en corto o largo plazo, o según los activos, tienen personalidad jurídica propia (en Estados Unidos, en España no) y son creadas por los bancos y otras financieras. Tienen las características de estar muy apalancadas (tienen muy poco capital propio en comparación con el dinero que mueven y las deudas que adquieren, por tanto con grave falta de liquidez), servir sólo para esa emisión de deuda sobre activos titulizados, y son muy opacas y a menudo situadas en paraísos fiscales.

            Cuando los préstamos hipotecarios, los activos subyacentes, empiezan a perder valor, las entidades vehículos (que ingresan menos al fallar los activos) tienen problemas graves para responder de sus deudas. Entonces los bancos que las crearon tienen que asumirlas para evitar que quiebren e incorporar las pérdidas en sus balances.

 

 

La crisis bancaria

 

            Mientras el sistema funcionaba, los bancos repartieron altísimos beneficios y fuertes bonos y compensaciones (para directivos). La riqueza generada en esos años quedó en muy pocas manos.

            Cuando los paquetes titulizados empiezan a perder valor, los bancos sufren muy fuertes pérdidas. Algunos quiebran, otros tienen fuertes problemas. Se producen muchos despidos. Los grandes bancos estadounidenses pierden entre 14.000 y 55.000 millones de dólares. Pero además, el mercado está tan globalizado que bancos canadienses, de la Unión Europea, suizos, japoneses, de ven afectados. Los cien mayores bancos del mundo pierden en conjunto 500.000 millones de dólares.

            Entonces la crisis hipotecaria se convierte en una crisis financiera: ante estas masivas e intensas pérdidas, se abre una crisis de confianza y, aun teniendo liquidez, los bancos no se prestan entre sí, por temor a la bancarrota de los otros.

 

 

Uno detrás de otro

 

            En la primavera de 2008 empiezan las quiebras de los grandes. Primero un banco hipotecario, luego un banco de inversión que es comprado por una cifra ridícula por otro. Fannie Mae y Freddy Mac, entidades hipotecarias privadas, pero con la garantía del Estado, que sólo podían hacer hipotecas prime pero que habían comprado subprimes en paquetes titulizados, caen a continuación.

            También las compañías de seguros, desbordadas por los riesgos de las deudas no pagadas. La falta de confianza aumenta. De los cinco grandes bancos de inversión sólo quedan dos y con grandes problemas, que piden la conversión en bancos comerciales para poder recibir ayudas del Gobierno.

 

 

Tres ejemplos

 

            La profunda desconfianza en la situación hace que se dispare el precio del dinero en el mercado interbancario. Entidades especializadas en hipotecas (como el Northern Rock británico o el IndyMac estadounidense) se encuentran con que, aun teniendo una gran cantidad de fondos en forma de préstamos hipotecarios concedidos, como su captación de dinero es a corto plazo en un mercado interbancario que se encarece, no pueden responder, se deprecian y acaban en manos de los respectivos gobiernos.

            Bear Stearns, en Estados Unidos, cae arrastrado por sus hedge funds en paraísos fiscales, que quiebran tras recibir fuertes inyecciones de dinero del banco.

 

 

Carroñeros

 

            En estas circunstancias económicas, se desarrolla un genuino capitalismo de carroñeros, en el que desde entidades financieras se difunden rumores para acabar con la credibilidad de un banco (desde JP Morgan sobre Bear Stearns) y poderlo comprar de saldo. O intermediarios que consiguen con sus rumores manipular el precio de las acciones a la baja (vendiendo acciones ajenas prestadas antes de “bajarlas”, recomprándolas después de, y devolviéndolas tras obtener beneficios). Directivos de algunas entidades financieras (Bear Stearns, Credit Suisse) son denunciados por estafa al haber ocultado el riesgo de ciertas inversiones.

 

 

La crisis llega a la economía real

 

            En una situación así, los bancos son los primeros desconfiados y cierran el grifo de los créditos, pero a todos. Con ello, la crisis pasa a la economía real: las empresas no tienen liquidez para operar, y los ciudadanos no obtienen préstamos, por lo que consumen menos. Menos ventas, menos inversión, pérdidas, despidos…

 

 

Efectos colaterales: especulación petrolera y alimentaria

 

            ¿Qué hacen los grandes inversores (fondos de pensiones que captan el ahorro familiar, grandes fortunas, multinacionales, petrodólares, China, “fondos soberanos” de ciertos países) cuando empieza a fallar el casino financiero montado sobre el mercado inmobiliario? Lo mismo que hicieron en 2000 cuando estalló la burbuja bursátil de las puntocom. Si entonces pasaron al inmobiliario, ahora tampoco han pasado a nada productivo, sino a mercados con una tendencia a la escasez y el alza de precios, donde se puedan obtener muy rápida (y opacamente) grandes beneficios: los mercados del petróleo y de los productos alimenticios básicos.

            Esta irrupción en esos mercados desata unos fuertes incrementos de precios que provocan inflación y, sobre todo, hambre y muertes por hambre al subir especulativamente los precios de alimentos básicos.

 

 

¿Qué hicieron mientras tanto las autoridades?

 

            Esta crisis no se entiende sin la complicidad de las autoridades gubernamentales, de los bancos centrales y de los organismos internacionales.

            Primero, a través de las políticas neoliberales que derivan a los capitales hacia la especulación financiera. Luego, omitiendo el deber de control sobre el proceso de titulización. Obviando los avisos sobre lo que estaba pasando. Permitiendo la especulación con bienes básicos como los alimentos. Admitiendo el uso de paraísos fiscales opacos, donde el dinero de las financieras se mezcla con el de los grupos de delincuencia organizada. Disminuyendo o eliminando las cargas fiscales.

            Hay todo un respaldo de buena parte de la academia hacia ese tipo de políticas especulativas y de confianza ciega en los mercados. Respaldo que sigue incluso hoy día.

 

 

Las dos varas de medir

 

            La economía funciona como un casino, pero hay una gran diferencia entre acudir a ese mercado de la apuesta como ciudadano o como banco.

            Si el ciudadano apuesta y pierde, se quedará sin sus bienes y será expulsado. No encontrará respaldo de los gobiernos, que tienen que garantizar el funcionamiento del libre mercado y que, a la vez, le agreden de muchas maneras: congelaciones salariales, reducciones de impuestos (que descapitalizan al Estado para el mantenimiento de sus servicios), liberalizaciones y privatizaciones (disminuyendo el bienestar y la seguridad de los usuarios de los servicios privatizados), flexibilidad laboral, abaratamiento de los despidos, aumento de la jornada laboral.

            Sin embargo, la entidad financiera que acude al casino, cuando las cosas van mal obtiene el respaldo del Estado. En sólo dos meses de 2007 el Banco Central Europeo suministró 550.000 millones de euros en liquidez a los bancos. Se nacionalizan los bancos en crisis. Se respaldan sus acciones, se garantizan sus activos.

            Sus ingresos son suyos, sus riesgos los asumen las entidades públicas.

 

 

Ayudas a los bancos y planes de rescate

 

Las inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales tienen el objetivo declarado de que ese dinero llegue a las empresas y particulares que demandan crédito. Pero en la práctica no ha sucedido así. Una parte se ha repartido entre los mismos directivos que han llevado a las entidades a esa situación, otra parte se emplea para la política carroñera de compra de otros bancos en peor situación, y otra parte la dejan depositada en los propios bancos centrales a la espera de que mejoren las cosas.

            Otra alternativa de rescate, aún más descarada es la de los últimos momentos de Bush: que el Estado comprara todos los activos tóxicos (contaminados por las hipotecas subprime), purificando así los balances de las entidades. Era tan exagerado que el Congreso de los Estados Unidos lo impidió.

 

 

¿De dónde sale el dinero para rescatar los bancos?

 

            Las cifras de estos planes y ayudas son tan elevadas que causan sorpresa. Para detener las muertes por hambre y sed en el mundo, según la FAO, harían falta 60.000 millones de dólares, que siempre nos dijeron que no había. En un solo día (el 29/09/2008), el Banco Central Europeo inyectó en los mercados más del doble de esa cantidad.

            ¿De dónde sale? Por ejemplo, en Estados Unidos: por una parte de un incremento de la deuda pública, bonos que el Gobierno intenta vender en el exterior (con los efectos de desequilibrio de la potencia mundial en favor de China, India y otros países compradores de esa deuda, y la consiguiente tensión militar de Estados Unidos para no perder su poderío); por otra, de la simple impresión de más dinero, la cantidad que se imprime ha dejado de ser un dato público, se sospecha que pasó del 7% del PIB en junio de 2006 al 18% en febrero de 2008; y por otra parte, directamente de los ciudadanos, a quienes ahora sí que se les hablará de subidas de impuestos y sobre todo de disminución de gastos en pensiones y servicios públicos, y en congelaciones salariales.

 

 

La reunión de Washington

 

            En este contexto de crisis se produce la reunión de Washington. Ahora bien, a ella no van los perjudicados por la especulación en bienes de primera necesidad, o por la aplicación de las normal neoliberales; ninguna voz crítica. Es una reunión de los poderosos y, en consecuencia, no entra en las verdaderas causas de la crisis, ni menos aún en sus responsables.

            Es cierto que habla de reformar los mercados y las instituciones financieras, pero en términos generales, sin concreciones, sin indicaciones globales, sino al albur de cada Estado. Permite intervenciones fiscales, pero en forma restringida y conservadora, y renuncia a actuar sobre la demanda, la satisfacción de las necesidades, o una visión de la posibilidad de crecimiento vinculado a la calidad de vida y a la sostenibilidad.

 

 

Sin saber qué hacer, los gobiernos sólo esperan que escampe

 

            De la reunión de Washington, los gobiernos salieron solamente con autorización para expandir el gasto público, más allá de lo que permitían las doctrina neoliberales, pero no se han tomado medidas de regulación de los sectores bancarios y financieros.

 

 

 

III.             EL FUTURO, LAS ALTERNATIVAS

 

 

¿Servirán de algo las medidas de los gobiernos?

 

            No, mientras no se entre en las causas. Los gobiernos se enfadan con la banca porque no facilita el crédito a la economía, pero no hace nada para obligarla, y mientras no deja de inyectar dinero a costa de los ciudadanos presentes y futuros. Incluso en algunos lugares les hacen reformas fiscales.

 

 

¿Qué hacer entonces?

 

            Hay que tomar medidas directas y urgentes, pero esto no consiste en intervenir bancos, enjugar las pérdidas y devolvérselos. Hay que reivindicar la banca pública, pero sabiendo que lo esencial no es que tenga ese carácter (las cajas de ahorro, por ejemplo, lo tienen), sino que actúen con una lógica diferente a la de la banca privada.

 

 

Una nueva lógica financiera internacional

 

            Hace falta una nueva lógica financiera al servicio del capital productivo, no del especulador, y bajo condiciones de control social. Hay que aumentar los planes de gesto, pero orientados a sectores como la innovación social, la formación, la sostenibilidad, a disposición de empresas que generen empleo y financiados con impuestos sobre grandes fortunas, beneficios extraordinarios o transacciones especulativas.

            Pero modificar la lógica financiera actual no se hace reivindicando esquemas que la gente no reconoce o que no motivan. Hace falta concienciar, movilizar; e ir poniendo en vigor las medidas que van obteniendo más consenso social.

 

 

El control de las finanzas y el poder de los mercados

 

            Hay que reformar el sistema financiero y ponerlo bajo control, con una amplia presencia de medios públicos, con coordinación internacional. Hay que regular los mercados financieros, prohibiendo los comportamientos especulativos y aplicando la tasa Tobin, que no supone un cambio radical, pero que permite generar fuertes recursos económicos para el beneficio de los más necesitados, y que supone poner algo de arena en los engranajes del sistema. También nuevas normas: control de movimiento de capitales, prohibición de paraísos fiscales, creación de impuestos internacionales y de instituciones internacionales democráticas. Controlar democráticamente a los bancos centrales que, bajo la pantalla de su independencia, en realidad favorecen los comportamientos especulativos, piden moderación salarial, y fomentan el enriquecimiento de los ricos. Hay que acabar con el dólar como moneda dominante. Y hay que conseguir un gobierno mundial que tenga un carácter democrático.

 

 

Otra economía, otros valores y el poder en otras manos

 

            Detrás de la crisis está la especulación financiera, y los capitales se han ido a ésta porque es más rentable que la economía productiva. Por tanto, hay que penalizar la especulación y los beneficios extraordinarios; y a la vez dinamizar la economía productiva, hacerla más rentable reforzando la demanda: con una política de mejoras salariales.

            Estas medidas son posibles, pero nunca las tomarán quienes tienen el poder, porque a ellos les perjudica. Ellos, desde sus medios, nos hablan de la crisis, de problemas económicos que hay que arreglar.

            En realidad, la cuestión es mucho más que económica. Es una cuestión moral, es todo un modelo social de millonarios avariciosos siempre impunes, de hambre y sed mientras se destinan cantidades ingentes a los especuladores, de empleos precarios e inmigrantes esclavizados.

            Es una cuestión de moral y principios. Por eso la solución pasa porque los ciudadanos levanten la voz y pongan freno a los poderosos.

 

 

 

“La globalización en retirada”, por Walden Bello.

Carácter: resumen.

Origen: “El Viejo Topo”, #230, marzo 2007.

 

Después de quince años, la globalización ha alcanzado su punto más alto, donde las economías aún siguen siendo nacionales, y se inicia el descenso.

No se ha terminado el poder de los Estados, ni sus medidas de interferencia en los mercados (por ejemplo,. China y Malasia esquivaron la crisis financiera asiática de 1997-1998 con estrictos controles sobre los capitales). No hay una élite capitalista transnacional unificada, sino élites nacionalistas que  compiten entre sí. La OMC, el FMI y el BM no consiguen la liberalización del comercio (crisis de la ronda de Doha), y cada vez más países se niegan a solicitarles fondos.

¿Por qué se ha estancado la globalización? 1. Su presentación era exagerada: la mayor parte de la economía de las transnacionales se desarrolla en su país de origen. 2. Las élites capitalistas nacionales no cooperan, sino que compiten entre sí (Estados Unidos negándose a suscribir el Tratado de Kyoto). 3. Efecto corrosivo del doble rasero aplicado al comercio por los Estados Unidos: liberalización de los otros y proteccionismo de ellos. 4. Discordancia entre las promesas de riqueza y la realidad de empobrecimiento masivo (quien crece de verdad es quien no la practica: China). 5. Su obsesión por el crecimiento económico ilimitado, cuando cada vez más se percibe la insostenibilidad ecológica de éste. 6. Las resistencias populares: Seattle, Praga, Génova, el 15/02/2003, Cancún, …

La retirada de la globalización es especialmente intensa en Latinoamérica.

 No obstante, la globalización no está hundida, sus políticas se siguen aplicando. Por ejemplo, fracasa la OMC, pero se implementan tratados de libre comercio y acuerdos de asociación económica con los países en vías de desarrollo.

“Hoy ya hay modelo alternativo. Entrevista a Juan Torres López”, por Salvador López Arnal.

Carácter: Resumen.

Origen: “El Viejo Topo”, #232, mayo 2007.

¿Va bien la economía? Depende de cómo se defina ir bien: el salario medio actual equivale al de 1997, el peso de los salarios en el PIB ha caído 2’91 puntos, se devoran recursos naturales costosamente reponibles. Multitud de escándalos económicos, el capitalismo se ha hecho corrupto, no hay un poder que lo controle. El neoliberalismo es una política económica, pero también un conjunto de valores en torno al mercado, una antropología, una práctica social, una política, una creencia. El capitalismo en estado puro, sin límites. La clase política española no es esencialmente corrupta, aunque haya casos sangrantes. Pero al sistema le conviene que parezca que sí, para distanciar a la gente de la política. Las multinacionales españolas actúan en el extranjero de manera criminal. No es que el PSOE siga la política económica del PP, sino que éste continuó la del último mandato de González. En el PSOE se imponen las corrientes liberales sobre las socialdemócratas, pero éstas existen y deberían ser apoyadas por la izquierda. Además, hay que implicarse en una gestión concreta de los presupuestos si se quiere transformar la sociedad. Y generar una movilización social que se enfrente a ese tipo de sociedad, que empodere a las clases populares, que las desaliene y les haga ver el capitalismo como algo indeseable, usar la capacidad de influencia de nuestro consumo. Hay modelos alternativos, con éticas de comportamiento diferentes, sistemas de incentivos distintos, lógicas de producción respetuosas con la naturaleza, más democracia, distribución más igualitaria de los excedentes… Hay otras políticas económicas razonables y factibles, el problema es la correlación de fuerzas, insuficiente para apoyarlas. Comparar la carga fiscal de las distintas regiones es irrelevante en lo que se refiere al bienestar de las clases y grupos sociales. Además, no se miden elementos de alto valor económico, como externalidades generadas, el compartir mercados… Cuando se habla de la Seguridad Social y su presunta futura crisis se miente sistemáticamente. Quienes lo dicen proceden –o cobran- de servicios de estudios de los grandes bancos. El sistema es perfectamente viable si hay la decisión política de que así sea. El tipo de empleo, precario en lugar de indefinido, debilita la economía: reduce la demanda y desincentiva la productividad. Además, desmoviliza a los trabajadores, los convierte en “buscavidas”, les individualiza y aleja de su clase.  La ciencia económica se centra en los valores monetarios, olvidando los criterios ambientales. Eso la aleja de la realidad y del carácter de ciencia útil.

“Banco Mundial: ¡Manos arriba, esto es un atraco! Entrevista a Eric Toussaint”, por Miguel Riera.

Carácter: Resumen

Origen: “El Viejo Topo”, #232, mayo 2007 

Toussaint es presidente del Comité por la anulación de la deuda del Tercer Mundo de Bélgica.

 Durante toda su historia, el Banco Mundial (BM) ha apoyado a regímenes dictatoriales aliados de Estados Unidos (Pakistán, Chad, por ejemplo) y otros países del Primer Mundo. También a contribuido a desestabilizar regímenes democráticos (Joao Goulart en Brasil en los 60s, suspensión de créditos a Allende en Chile). Utiliza (junto con el Fondo Monetario Internacional, FMI, la deuda externa para hacer cambiar decisiones de política económica interna de esos países .

 En su política de comunicación pública, o para relacionarse con las ONGs, el BM integra la cuestión de los derechos humanos y gasta un poco de dinero en eso. Pero su influencia en las políticas macroeconómicas (privatizaciones) tiene un efecto pernicioso. También se apoya a países con fuertes problemas de derechos humanos, como Turquía.

 BM y FMI son instrumentos del consenso de Washington, que ya desde los sesenta, pero especialmente desde los noventa, supone una conquista para las empresas grandes del Primer Mundo de industrias y servicios privatizados.

 Los planes de ajuste estructural , medidas de choque, suponen la devaluación brutal de la moneda, en teoría para dar competitividad al país, pero se eleva también mucho los tipos de interés, entonces el consumo cae (los préstamos y los productos extranjeros son carísimos), no se puede invertir (carestía del dinero) y se entra en recesión y desempleo. A la vez se abren las aduanas, con lo que quiebran los productores locales, se legalizan los movimientos de capitales en ambas direcciones (compras de bienes estratégicos –industrias y servicios, que pasan a ser de pago- y fugas hacia el Primer Mundo). En política fiscal, se disminuyes los impuestos progresivos (directos) y se sube el IVA. La consecuencia global es un aumento de la pobreza en los países del Tercer Mundo.

 Estas medidas suponen también la pérdida de su soberanía alimentaria (su producción agrícola pasa a ser para la exportación, y han de importarse los alimentos básicos).

 ¿Alternativas? Hay movimientos de masas (República Dominicana 1984, caracazo 1989) y también resistencias políticas (Chávez, Tabaré Vázquez, Lula, Evo Morales, Correa, Kirchner), aunque en grados muy diferentes. Cabría la posibilidad de un Banco del Sur, del ALBA, pero falta voluntad política.