Publicaciones de la categoría: Lucha de clases

La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror

Resumen del libro “La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror”, de Slavoj Žižek, Anagrama, Barcelona, 2016.

 

 

1 – EL DOBLE CHANTAJE

Ante el tema de los refugiados, las autoridades y la opinión pública de Europa Occidental van pasando por las fases que E. Kübler-Ross describió sobre las situaciones catastróficas, como el diagnóstico de una enfermedad terminal: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Sólo que jamás llegan a esta última fase.

Además, han sucedido los ataques terroristas del 13-XI-2015 en París para complicar más las cosas. Esto requiere una condena radical, sin peros: hay que destruir al Estado Islámico (EI). Pero, ¿por qué existe éste? En cada uno de los dos grandes bandos (el occidente cristinao y el espacio islámico) hay actores que usan al EI para combatir en realidad dentro de su campo (sunitas contra chiítas, EUNA y UE contra Rusia).

En Occidente, vivimos bajo una cúpula de protección. La globalización no consiste en un mercado abierto, una plaza pública. En realidad, consiste en que hemos traído todo lo que nos interesa del exterior al interior de nuestro invernadero. Dentro de nuestra cúpula, el ataque terrorista no es un acontecimiento histórico, sino un accidente doméstico, una perturbación momentánea y brutal. Pero fuera de la cúpula, esa violencia brutal, ese terror, es continuo, cotidiano, no excepcional. Hemos de ser conscientes de la violencia que queda fuera de nuestro invernadero: religiosa, étnica, política y sexual (feminicidio en serie –como en la República Sudafricana- que es una crítica externa a la ‘confusión sexual’ occidental y una exigencia de vuelta a la jerarquía sexual tradicional).

Igual que hemos de ser conscientes de que se usa el feminismo o los derechos humanos para servir al neocolonialismo (como esas argumentaciones sobre la invasión de Irak, que supuestamente iba a liberar a las mujeres iraquíes), tampoco hemos de caer en la decisión estratégica de renunciar a los derechos de la mujer o los de la diversidad sexual en nombre de un antiimperialismo superior.

¿Qué hacer entonces ante tanta gente desesperada que busca encontrar refugio en Europa? Hay dos actitudes, que representan las dos versiones del chantaje cuyo objetivo es que nos sintamos culpables: los populistas antiinmigración que quieren proteger nuestro modo de vida manteniéndoles fuera y los liberales de izquierda que demandan que mostremos nuestra solidaridad abriendo las puertas de par en par. Ésta es una postura especialmente hipócrita, que permite ir de alma bella, ser superior en un mundo corrupto, cuando se sabe que no se pueden abrir las fronteras sin provocar una revuelta en Europa.

Es una postura empática que, como criticaba Oscar Wilde en “El alma del hombre bajo el socialismo”, se aprovecha de que es más fácil suscitar emociones que inteligencia. Son remedios que no curan la enfermedad, sino que forman parte de ella.

Ante los refugiados, nuestro objetivo debe ser el que parece utópico, pero es el único posible: reconstruir la sociedad global para que no se vean obligados a huir.

2 – UN DESCENSO AL MAELSTROM

La crisis de los refugiados es una oportunidad para Europa de redefinirse en medio de los dos polos: el neoliberalismo anglosajón y el capitalismo autoritario de valores asiáticos.

Es una candidez denunciar el déficit democrático de Europa, cuando éste es una parte necesaria de la estructura global. Cuando Merkel dice que quiere centenares de miles de refugiados, no le ha prguntado a nadie; lo mismo respecto a los que quieren abrir sin más las fronteras: no hablan de consultárselo previamente a la población. Si se hubiera consultado sobre la actuación de la UE ante Grecia, el resultado habría sido aún más duro para ésta.

Europa está atrapada entre los extremos de EUNA y China, planteándose si se entrega a la modernización o intenta salvar lo más posible del Estado del Bienestar. Necesitamos un nuevo comienzo: ¿qué es Europa?, ¿qué significa para nosotros ser europeos?

Los acuerdos transatlánticos de comercio e inversión, con sus sistemas de arbitraje de diferencias entre inversores y Estados, entregan soberanía de los gobiernos democráticamente elegidos a las corporaciones transnacionales.

Europa se plantea la excepción cultural, salvar la producción artística de las condiciones del mercado global. Pero, ¿es realmente la cultura una superestructura aislable o es lo que más consumimos hoy en día?, ¿nos convertiríamos en un parque temático cultural para los turistas chinos y estadounidenses?

3 – ROMPER LOS TABÚES DE LA IZQUIERDA

Uno de los tabúes de la izquierda que deberíamos ser capaces de romper, para avanzar en la emancipación, es el de “un enemigo es alguien cuya historia no has escuchado”. Esto es muy peligroso: nuestra experiencia interior, la historia que nos contamos sobre nosotros mismos es básicamente mentira: lo que importa son los hechos, lo que hacemos. Queda muy bien que Shelley le de voz a Frankenstein en un capítulo para que se explique; ¿a Hitler también?

Otro tabú a romper es el que confunde el legado emancipador europeo con el imperialismo cultural y el racismo. Es curioso que, en nombre del anticolonialismo, critiquemos los valores culturales occidentales (igualitarismo, derechos fundamentales, Estado del Bienestar) justo cuando, en su globalización, el capital ya no los necesita, porque se acopla muy bien a una gran variedad de culturas; de hecho, le va especialmente bien con los “valores asiáticos autoritarios”, donde el capitalismo tiene un éxito exponencial.

Tercer tabú a abandonar: la idea de que defender y proteger nuestro modelo de vida es en sí protofascista o racista. Deberíamos esforzarnos en mostrar que es la dinámica del capitalismo global y las ‘soluciones’ que proponen los populistas antiinmigración, la verdadera amenaza para nuestro modo de vida.

Un cuarto tabú es la prohibición de cualquier crítica al islam, tachándola de islamofobia. Cuanta más tolerancia mostremos hacia algunas de sus instituciones culturales, más nos tratarán de hipócritas y de insuficientemente tolerantes. ¿Es que acaso el islam es una forma de resistencia al capitalismo global? Ésa es una idea absurda, convive muy bien con él (Emiratos, Arabia Saudí).

Y otro tabú más sutil: equiparar religión politizada y fanatismo. En realidad el islamismo no requiere la verdadera creencia, sino que se fija sólo en el comportamiento público. Encontramos rasgos similares en el sionismo, donde se usan con desparpajo citas bíblicas para justificar la ocupación de territorios, con todo cinismo, ya que quien lo hace no tiene por qué creer realmente que Dios les dio esas tierras. Progresivamente van entrando en los discursos oficiales esas obscenidades racistas. Al final, al menos hay la ventaja de que esos fanatismos religiosos de diversos credos no se toleran entre ellos como para formar un frente común.

4 – EL OBSCENO ENVÉS DE LAS RELIGIONES

Hay que extender el examen crítico del siniestro potencial del islam al judaísmo y al cristianismo.

Recordando un caso de abusos sexuales masivos a menores en el Reino Unido (Rotherham), tanto los investigadores como la izquierda bienpensante ocultaron o disimularon lo más posible que los delincuentes pertenecían a unas bandas musulmanas y las víctimas eran blancas cristianas. Fue un aparente antirracismo que en realidad hablaba de los musulmanes como menores de edad a quienes no fueran aplicables nuestros criterios morales.

Pero son crímenes que sí tienen que ver con la religión, como lo tiene la pedofilia generalizada en la Iglesia católica.

En la violencia sistemática contra las mujeres, la información transmitida y las reacciones no son igual de intensas cuando los victimarios son pobres (como en las violaciones frecuentes y masivas de la India) que cuando pueden no serlo (como los feminicidios en Ciudad Juárez, o en el territorio indio de Vancouiver).

Esos actos de violencia no son manifestaciones espontáneas salvajes y brutales, sino algo aprendido, ritualizado, parte de la sustancia simbólica de una comunidad. Por eso mismo los católicos tratan la pedofilia como un problema interno de la Iglesia. Forma parte del inconsciente institucional de la religión.

Pues así hay que ver también los crímenes de Rotherham: no como una violencia caótica, sino ritualizada, con contornos ideológicos precisos. Es legítimo hablar de la relación entre esos hechos y la religión y la cultura de los criminales.

5 – VIOLENCIA DIVINA

Además de las opciones políticas laica pragmática, fundamentalista religiosa y (aunque ausente) política emancipadora radical, existe el fenómeno de la ‘violencia divina’, según el nombre acuñado por Walter Benjamin.

El ejemplo son revueltas como las de Ferguson (agosto de 2014), desatadas por la muerte a manos de la policía –verdadera “fuerza de ocupación” en esos barrios- de un adolescente negro, o las de los suburbios franceses (en el otoño de 2005). Manifestaciones violentas aparentemente irracionales, sin exigencias programáticas concretas, salvo una vaga exigencia de justicia. Violencia divina: un caso de medios sin ningún fin.

(Notas filosóficas – Benjamin, Kant, Schmitt – sobre generalización y universalización).

Al contrario que en mayo de 1968, éstas no son revueltas con un aparato ideológico o utópico detrás. Hay un resentimiento y una voluntad de ser reconocidos. Esas revueltas sin programa son una muestra del universo que habitamos: hay libertad de elección, pero, sin embargo, las opciones a elegir son seguir las reglas o entregarse a una violencia autodestructiva (lo que se quemaba en los disturbios era de los vecinos del barrio).

Hay que superar la tentación hermenéutica, la búsqueda de un mensaje oculto en esas rebeliones. Es más bien lo que Lacan llama un ‘pasar a la acción’, que en realidad es frustrante. Los rebeldes carecen de un ‘mapa cognitivo’ (Fredric Jameson) donde localizar su experiencia dentro de un todo significativo.

La violencia divina es injusta, aterra, castiga a quien no corresponde, no hay nada noble en ella. Y tampoco hay nada emancipador en las experiencias extremas: no puede pretenderse que un judio superviviente de Auschwitz haya aprendido allí una perfección moral a aplicar luego a su convivencia con los palestinos.

6 – LA ECONOMÍA POLÍTICA DE LOS REFUGIADOS

Qué y quién causa estos movimientos de masas. Hay que estudiar la economía política de los refugiados.

El actual desorden es la faz del Nuevo Orden Mundial, la causa última es la dinámica del capitalismo global y el proceso de intervenciones militares.

Los países africanos no van a cambiar sus sociedades, porque nosotros se lo impedimos. Las situaciones en Libia, Irak, están provocadas por nuestras intervenciones militares. La guerra en la República Centroafricana se origina en las disputas de empresas francesas y chinas por el petróleo: luchan mediante etnias locales interpuestas. La crisis alimenticia global fue la consecuencia de la especulación financiera con los bienes alimenticios básicos, la destrucción de los sistemas agrícolas locales para integrarlos en el mercado de la economía global, generando monocultivos para la exportación, la expulsión del campo a los suburbios urbanos de masas de campesinos, la dependencia postcolonial de los precios, la incapacidad de alimentar a la población local.

Hacen falta formas de acción colectiva a gran escala: ni la intervención estatal ni las organizaciones autónomas locales pueden cambiar las cosas. Nos dirigimos a un mundo basado en el apartheid, con unas partes aisladas y envueltas en la abundancia separadas de un caótico exterior de guerra y hambre.

Países en guerra perpetua, como el Congo, lo están por su minería y los intereses de las multinacionales. Lo mismo los estados fallidos, a veces incluso tras intervenciones militares directas (Libia, Irak). No son situaciones fortuitas, sino la forma actual del colonialismo.

Los refugiados no van a aceptar las leyes auropeas, no van a estarnos agradecidos; están agotados, furiosos, humillados. La prensa los presenta como un azar que viene de un agujero negro tras una frontera. Pero no, vienen mediante una compleja trama de traficantes (que nuestros servicios de inteligencia no investigan lo suficiente). Vienen por la actuación de Turquía, por el cerrojazo de los países musulmanes ricos. Vienen a una nueva esclavitud que ya no necesariamente sucede en el exterior, sino oculta en nuestras ciudades.

7 – DE LAS GUERRAS CULTURALES A LA LUCHA DE CLASES… Y VICEVERSA

Los refugiados no sólo huyen de la guerra: tienen un sueño, un destino, una utopía. No quieren quedarse en el sur de Italia o Grecia, sino en Alemania, Noruega, Reino Unido. Quieren libertad de movimientos y que el país que elijan satisfaga sus necesidades. Esta “libertad” sería una revolución socioeconómica radical. Lo que el capital global requiere es la libre circulación de mercancías; respecto a la de las personas, su posición es contradictoria: quiere mano de obra barata y móvil, pero no puede reconocer los mismos derechos y libertades a todo el mundo.

La libertad de movimiento entendida radicalmente, ¿es un buen arranque en la lucha contra el capital? En realidad, los refugiados no necesariamente quieren integrarse, prescindir de su modo de vida.

En Estados Unidos, el auge del fundamentalismo cristiano es una brecha entre los intereses económicos de las clases sociales y las cuestiones morales. La oposición económica entre los granjeros y obreros de un lado, y los abogados, banqueros, empresarios de otro, se traslada y codifica como oposición entre los valores conservadores y los decadentes liberales que quieren un Estado que tenga la capacidad de inmiscuirse.

Las clases trabajadoras acaban así defendiendo menos impuestos, menos regulaciones, cuando unos y otras les protegen del capital. Las grandes empresas están encantadas con esa visión del Estado federal y de la ONU como potencias enemigas, invasoras, porque eso les da más manos libres. En realidad, no disminuye el poder del Estado, sólo lo desregula, lo descontrola. Tampoco puede el capital seguir al pie de la letra los postulados del conservadurismo populista, porque entraría en una depresión económica. Pero esa tensión que canaliza furia sin interferir en sus intereses económicos, les beneficia.

¿Es que las clases populares son estúpidas, están manipuladas? Eso no es una respuesta. Ha habido populismos parecidos con un carácter progresista (Kansas). Tampoco sirven las interpretaciones psicoanalíticas como las de Wilhelm Reich. Ni el punto de vista de Ernesto Laclau de que, no habiendo vínculo entre una posición de clase y una ideología, es absurdo hablar de “engaño” o “falsa consciencia”; esto no explica el enigma, sólo lo hace desaparecer.

Algunas observaciones: una guerra cultural también precisa dos bandos. Los liberales ilustrados también tienen la cultura en el centro de sus valores (incluso la religión, desde un punto de vista cultural, no creyente; Navidad… ).

Los liberales, solidarios con los pobres, codifican una guerra cultural contra ellos: intolerantes, fundamentalistas, sexistas, patriarcales.

En realidad, el conflicto no tiene dos bandos separados. Se entremezclan: conservadores contra la modernización global del capitalismo y otros que la apoyan. Pero esas contraposiciones son abstractas frente al antagonismo que el marxismo considera sobredeterminante: la lucha de clases. No como referente definitivo de todos los enfrentamientos, sino como principio estructurador explicativo.

En el mundo fundamentalista musulmán hay también una dinámica de clases. Los talibán comienzan su revuelta como una lucha contra los terratenientes.

Consecuencia política: tensión dialéctica entre la estrategia a largo plazo y las diversas tácticas a corto. La lucha radical emancipadora depende de las clases bajas, pero por qué no aliarse a corto plazo con liberales igualitaristas. La tarea es construir puentes entre nuestra clase trabajadora y la de los inmigrantes. Y hay que abandonar el tabú de que la intranquilidad ante su llegada es un prejuicio racista o fascista.

8 – ¿DE DÓNDE PROCEDE LA AMENAZA?

Escuchar las inquietudes de la gente corriente no significa dar por buena la premisa básica de su punto de vista: que la amenaza son los extranjeros.

Hay progresistas que se quejan de que algunos activistas palestinos denuncien los crímenes de religión contra las mujeres dentro de su pueblo, por ejemplo, como si éstos fueran un valor frente a los ocupantes israelíes. No es ésa la ayuda que precisan: hay que fomentar que se liberen ellos mismos.

El sistema de derechos humanos universales tiene dos mistificaciones en sus extremos: la imposición de valores occidentales que puede llevar incluida (por ejemplo, la prioridad del individuo sobre su comunidad) y el respeto a todas las culturas independientemente de los horrores que puedan albergar.

De esta última mistificación hay muchos ejemplos: la homofobia de muchos países está indicando que el movimiento gay se ve como una consecuencia del impacto de la globalización capitalista sobre sus culturas. Lo mismo respecto a la educación para las mujeres. ¿Por qué escoger el igualitarismo y las libertades personales como objeto de su enfrentamiento con Occidente? Sin duda influye que éste presenta la explotación y la dominación violentas como si fueran “libertad, igualdad y democracia”.

De hecho, podemos encontrar quien como Orban (jefe de gobierno en Hungría) hace tres años hablaba contra un estilo de democracia demasiado escandinavo, que podía no ser apropiado para los habitantes de Hungría, y ahora toma como enemigos a los refugiados que intentan pasar desde su frontera con Serbia.

El problema no es con los extranjeros, sino con la propia identidad europea. Ya cuando se votaba la Constitución Europea y Francia y Holanda dijeron NO (2005), los votantes estaban denunciando una UE tecnocrática, sin valores. Salvo Grecia y España, todas las últimas movilizaciones de masas son del populismo antiinmigración.

La idea de éstos de que cada grupo de extranjeros tiene una patria (“Nativia”) a la que deberían volver, esconde maniobras como la de la República Sudafricana en us últimos años, con los bantustanes: se les da a los negros una ‘patria’, unos territorios bantúes (convenientemente pobres), se les quita la nacionalidad sudafricana, y la mayor parte del territorio queda en manos de los blancos. Lo mismo puede suceder en Palestina.

9 – LOS LÍMITES DEL AMOR AL PRÓJIMO

Una mirada filosófica al concepto de prójimo: éste siempre es inquietante pero no por sus actos sino por la inpenetrabilidad del deseo que los sostiene. El prójimo, para Freud, es un intruso traumático y su excesiva cercanía nos provoca una reacción agresiva. Si la civilización europea funciona es gracias a algo que se suele criticar: una dosis importante de alienación de la vida social. Se convive con los otros, con ciertas reglas mecánicas, exteriores, pero sin hacerles mucho caso.

¿Cuál es el factor que provoca que distintas culturas o modos de vida sean incompatibles? Psicoanalíticamente, es un problema de jouissance: no porque el goce del otro nos sea incomprensible, sino porque cuestiona nuestra relación con nuestro propio goce. Surgen los celos, porque imaginamos el goce de los otros como un paraíso del que estamos excluidos. Hay construcciones fantásticas de ese tipo como las fantasías antisemitas sobre los judíos, o las de los fundamentalistas cristianos sobre la vida de gays y lesbianas. Puede observarse también en la película de John Ford “Centauros del desierto”, donde el personaje de John Wayne al final no mata a la chica blanca que ha convivido con los comanches, como está obligado a hacer; pero no por empatía con ella, sino porque tiene la epifanía de no comprenderse a sí mismo ni a la norma.

Para Freud y Lacan, la idea de amar al prójimo, la universalidad basada en el reconocimiento, fracasa porque el prójimo tiene una dimensión inhumana. ¿No cabe una dimensión humana universal? Sí, pero no basada en la empatía y la comprensión.

La universalidad es una universalidad de extraños, de individuos impenetrables incluso para sí mismos. Entonces, ¿empatía? Más bien la burla mutua por nuestras incomprensiones y más aún la burla hacia quienes quieren ‘ser como ellos’, comprenderlos. Su pobreza no es la ausencia de lo que tenemos nostros. No es cierto que el rico sea un pobre con posesiones. Todos tenemos una posición de clase y no hay un grado cero de humanidad en que todos seamos iguales.

En “Los viajes de Sullivan”, de Preston Sturges, cuando S. llega al borde del abismo de la pobreza (del que sale en cuanto es reconocido) se está transformando en otro; lo que le pasa es sistemático, no azaroso.

No podemos fundamentar nuestra humanidad en que el de al lado, en el fondo, no es un mal bicho, ya que sí puede serlo; no se trata de conocerles, de empatizar, sino de nuestro deber ético, nuestra decencia. Si nos basamos en nuestra generosidad, ¿no estaremos olvidando lo que es necesario hacer?

10 – LOS ODIOSOS MIL EN COLONIA

Como ya dijimos, el sufrimiento no es una redención. Ser un refugiado, una víctima, no da una altura moral. Veamos el incidente de Colonia (Nochevieja de 2015, cuando masas de hombres, al parecer muchos de ellos refugiados, asustaron, robaron, agredieron y violaron a mujeres alemanas).

Alain Badiou distingue en el capitalismo global tres tipos de sujetos: el liberal-democrático de clase media civilizada occidental, los que fuera de Occidente están poseídos del deseo de éste e imitan su vida civilizada, y los nihilistas fascistas cuya envidia de Occidente se convierte en un odio mortal y autodestructivo. Lo de estos últimos, no es una radicalización, sino una fascistización. Esto se discute (Jean-Claude Milner: la religión no tiene que ver con el fascismo), pero Badiou afirma que la religión no es algo fundamental en el ISIS: es un modo de expresión de envidia y odio de clase.

El ‘deseo de Occidente’ no es nada revolucionario, que se oponga al capitalismo global; no hay una concepción seria de una sociedad alternativa. En algunos, cuando ese deseo no puede ser satisfecho se produce lo que el psicoanálisis considera inversión nihilista, autodestructiva.

Jean-Jacques Rousseau distinguía entre el egotismo (amour-de-soi) que se complace en aquello que nos gusta y nos hace bien, y el amour-propre cuyo objetivo no es alcanzar una meta, sino destruir el obstáculo que lo impide y que se basa en la envidia y aspira al mal ajeno. Psicoanalíticamente: una permuta que genera el desplazamiento de la inversión libidinal del objeto al obstáculo mismo.

Para jóvenes occidentales frustrados (fundamentalistas católicos –como el del atentado de Oklahoma- o musulmanes), es una manera de dar salida a su frustración y su odio. No todo el terrorismo es así, claro. Hay papeles del ISIS que muestran la opción estratégica de provocar islamofobia, para que los musulmanes occidentales moderados se radicalicen y llegar a la guerra civil. Objetivo en el que coinciden con los racistas antiinmigración.

También hay que situar esa violencia fundamentalista fascista en el conexto de las violencias del capitalismo global (intervenciones militares).

Aún de acuerdo globalmente con Badiou, tengo tres objeciones. En primer lugar, ¿la religión es sólo un ropaje externo del problema? Cierto pero, ¿acaso eso no pasa siempre?, y sin embargo es la manera como los sujetos viven la situación; las ideologías son historias inventadas por los sujetos para engañarse a sí mismos. En segundo lugar, Badiou considera a refugiados e inmigrantes como un proletariado, una vanguardia, pero en realidad son personas poseídas del ‘deseo de Occidente’. Y en tercer lugar, afirma que debajo de su odio puede haber una profunda solidaridad global; claro que hay distintas maneras de actuar de los inmigrantes-refugiados, pero entre ellos hay bárbaros poseídos por el odio, y deberíamos reconocerlo.

La reacción agresiva y descontrolada es un suceso con continua presencia histórica, y así se podrían leer los sucesos de Colonia: como el Carnaval que rompe las reglas y destruye, como la “Gran matanza de gatos”, París 1730, que era a la postre una venganza proletaria contra el patrón.

No tiene sentido minimizar los hechos de Colonia o negar su carácter. Igualmente absurdo es ‘enseñar’ a esos inmigrantes cómo queremos que se comporten. Ya lo saben, por eso precisamente rompen esas reglas. No hay nada redentor ni emancipador.

A veces se dice que la defensa de los derechos de la mujer y la lucha contra el racismo deberían ir de la mano. Pero también al revés. Impedirles agredir a las mujeres es ayudarles en sus derechos. No basta darles voz, hay que educarles en la libertad.

11 – QUÉ HACER

En primer lugar, hay que introducir control. Tal movimiento de masas precisa provisiones y asistencia médica para empezar. Campos de recepción cerca del epicentro de la crisis, inscripción, examen. Debería usarse al ejército; si esto parece que es crear un estado de emergencia, basta pensar si no lo es también toda esa gente atravesando pueblos y ciudades.

En segundo lugar, criterios claros y explícitos sobre a quiénes se va a aceptar, a cuántos y dónde, sin reconocer de forma automática un derecho absoluto a la libertad de movimientos.

En tercer lugar, una serie mínima de normas obligatorias para todos, incluso si resultan eurocéntricas. No se puede admitir que a unos musulmanes les resulte insoportable nuestra forma de vida (por ejemplo, gays visibles en las calles). Normas claras y bien comunicadas y, si eso no funciona, se aplica la fuerza. La moralina es el reverso de la brutalidad antiinmigración: ambas niegan que pueda existir el universalismo ético.

No se trata de cuánta tolerancia podemos permitirnos hacia su cultura. Se trata de que ellos tabién participen de la Leitkultur, la cultura dominante, ya que nuestros problemas son comunes. La lucha contra el neocolonialismo occidental es la misma que la lucha contra el racismo, el fundamentalismo religioso, etc.

Las olas migratorias siempre han existido. Las actuales tienen como causa la economía global. Pero también habrá olas por motivos ecológicos como el cambio climático. Hay que asumir una vida más nómada y plástica.

Debemos comprometernos en que haya medios que aseguren la supervivencia digna de los refugiados, pero también emprender un cambio económico radical que acabe con las condiciones que las crean.

¿Podemos aceptar el capitalismo global como un hecho natural imbatible? Más bien, darnos cuenta de sus antegonismos, contradicciones:  la inminente amenaza de catástrofe ecológica, el fracaso del régimen de propiedad privada para regular la propiedad intelectual y las implicaciones socioéticas de los avances tecnocientíficos (especialmente en biogenética). Estas tres primeras contradicciones son lo que Michael Hardt y Toni Negri llaman el bien común, de la cultura, de la naturaleza exterior y de la naturaleza interior. La defensa de estos dominios comunes justifica la resurrección del comunismo, aunque también podría dar lugar a un régimen autoritario-comunitarista.

Pero hay un cuarto antagonismo / contradicción en el capitalismo global: el apartheid, la necesidad de separación de Excluidos e Incluidos. Éste es el fundamental, el que tiene una verdadera carga subversiva. Los tres primeros hablan de supervivencia, el cuarto de justicia.

¿Quién debe ponerse a la tarea? Basta de esperar al Gran Otro, menos aún de esperar que la llegada masiva de inmigrantes sea el sujeto revolucionario. El marxismo clásico confiaba en la historia, que empujaba en una dirección. Pero hoy sabemos que la historia lleva a la catástrofe. Hace falta nuestra voluntad para cambiar las cosas, pero hay que asumir que no hay una bonita y clara alternativa esperándonos.

Ante este bloqueo se han encontrado las propuestas gubernamentales de oposición al sistema global en Bolivia, Haití, Nepal o Grecia. La falta de una salida obvia es también una oportunidad, una gran circunstancia de libertad.

No hay que ‘comprender mejor’ a los terroristas porque sus actos sean reacciones a las intervenciones brutales europeas. Hay que caracterizarlos como el reverso islamo-fascista de los racistas antiinmigración.

Hay que recuperar la lucha de clases e insistir en la solidaridad global con explotados y oprimidos.

 

Carlos Fernández Liria, “El naufragio del hombre”

Editado bajo ese título, conjuntamente con un texto de Santiago Alba Rico (“Los abismos de la normalidad”), por Hiru, Hondarribia 2010.

 

 

1.   El capitalismo y el Reino del Tiempo

 

En la sociedad capitalista se ensamblan dos dispositivos contradictorios: lo que la hace capitalista y lo que la hace sociedad. El capitalismo expulsa a la sociedad hacia los márgenes; él está obligado estructuralmente a producir sin descanso, a reproducirse, a generar más capital.

 

No es cierto que ese carácter insaciable sea propio del hombre. Los antropólogos lo desmienten: el hombre inventa para trabajar menos y descansar. Pero el capitalismo no permite el descanso.

 

El Tiempo lo ocupa todo: Cronos devorando a sus hijos. Es cuando Zeus, apoyado por su madre, lo derrota, cuando surgen las instituciones, las leyes, el diálogo.

 

2.   El neolítico y la animadversión contra el Tiempo

 

El neolítico fue el periodo en el que se iniciaron agricultura y ganadería, y se inventaron las herramientas e instrumentos más importantes. Con ello, el hombre obtuvo una protección frente a la naturaleza, y una victoria frente al Tiempo. Ahora había liberado tiempo para el ocio, para la cultura.

 

Los mitos tienden a referirse a un tiempo antiguo en el que todo estaba sin diferenciar y donde todo lo que hace el héroe sucede por primera vez.

 

Los pueblos neolíticos (Levi-Strauss) odian el tiempo y la historia. No quieren cambios, sino permanencia.

 

3.   La Palabra y la Historia

 

Los mitos hablan del tiempo en el que pasaban cosas precisamente para que ahora no pase nada y se pueda hablar, y si pasa algo sea pequeño y se solucione con la palabra.

 

La Historia es el privilegio de los héroes y la palabra el de los humanos. Eso en el neolítico, pero el judaísmo – cristianismo devuelve el poder al Tiempo, porque se está en busca de una Tierra Prometida.

 

4.   Las dimensiones de lo humano

 

El capitalismo es un cataclismo histórico incesante, en que todo se produce para ser obsoleto y sustituido. Los antropólogos (como Levi-Strauss) dicen que los salvajes que subsisten del neolítico son los que guardan las dimensiones de lo humano.

 

5.   El basurero de la Historia: hombre y superhombre

 

¿Es que la evolución, la historia, llevan a un Superhombre? La antropología, interesada en lo estático, en lo que se cuenta de lo que ocurrió, va siendo desplazada por la Historia, preocupada por lo que cambia y por la verdad de lo que sucedió.

 

Claude Levi-Strauss, como antes Jean-Jacques Rousseau, se plantean si ese neolítico no es el estado natural, el mejor para el hombre, del que solamente le han sacado una suerte de coincidencias.

 

6.   La perseverancia en el neolítico

 

La flecha de la Historia no ha acabado con el neolítico. Hay una consistencia neolítica del ser humano que sobrevive de forma residual y que permite repetirse, tener costumbres, no hacer nada o charlar.

 

7.   La definición del hombre

 

Al igual que en los inicios de la física Galileo parte de lo que realmente no existe (una esfera perfecta deslizándose sobre un plano perfecto en el vacío) para poder definir las leyes de la realidad, Rousseau decía que es preciso concebir al ser humano viviendo en un estado que quizás no existe, no haya existido y no llegue a existir jamás, pero del que hay que forjarse una idea muy precisa si queremos tener una percepción clara sobre nuestro tiempo presente. Ese estado ficticio pero explicativo se parece, se puede ilustrar con el neolítico.

¿No queda nada que estudiar pasada esa etapa? Sí: el hombre subsiste y se protege de la Historia como lo hace de la naturaleza, edificando instituciones que le protejan.

 

8.   Nihilismo y desnivel prometeico

 

El ser humano es mucho más limitado del poder que puede llegar a tener gracias a la técnica. Es el “desnivel prometeico” (Günther Andres). Apretar un botón envía una bomba nuclear que mata a 200.000 personas. La imaginación, la capacidad de representación, la comprensión moral del ser humano son mucho más limitadas y finitas. Por eso, sucesos como la guerra sólo pueden ser vistos como parte del paisaje, de la naturaleza. La más pequeña de nuestras acciones desencadena resultados en cualquier parte del mundo. Eso nos lleva a un naufragio antropológico, un nihilismo, porque no hay manera de saber lo que estás haciendo cuando haces lo que haces.

 

9.   El capitalismo frente a la Ilustración y frente al Neolítico

 

Hay abundantes estudios sobre la incompatibilidad entre capitalismo y Estado de Derecho, sobre cómo el capitalismo ahoga la vida republicana y el Mercado se impone a la Palabra y a la Razón. Pero es que además el capitalismo va arrinconando el espacio neolítico del hombre, empujándole hacia la prehistoria, más allá de los mitos fundacionales.

 

10.   Más allá del hombre: la proletarización

 

Cuando Nietzsche habla de la “república cosmopolita” que está más allá del ser humano, se sitúa ante un espejismo; en realidad el capitalismo está ocupando todo el espacio que el hombre necesita para hablar, razonar, discutir.

 

El desarrollo que prometía la Ilustración quedó cegado con la proletarización. Engañosamente pareció que ciudadano y proletario eran dos caras de lo mismo: un ser humano libre. Pero se trata de dos libertades muy diferentes, el proletario sólo es libre de trabajar en unas condiciones que no se deciden política, sino económicamente. La Razón prometía la ciudadanía, pero, mientras, el capitalismo implantaba la proletarización.

 

11.   Capitalismo y Nihilismo: el naufragio del hombre

 

La Historia se acelera por las necesidades imparables del capital y ataca a las certezas neolíticas. El “desnivel prometeico” enloquece a nuestra brújula moral; se mercantilizan trabajo, tierra y dinero; la proletarización descoyunta la consistencia del ser humano (suprimiendo, por ejemplo, la diferencia antropológica entre infancia y vida adulta, poniendo a trabajar a los niños).

 

La lucha sindical, y antes la beneficencia religiosa, frenan al capital recordándole que es en la sociedad donde se reproducen y educan los humanos: los obreros surgen en la sociedad capitalista del componente sociedad, no del componente capitalista. Esa lucha religiosa (reaccionaria) primero y sindical después, retrasan el futuro del capitalismo.

 

Pese a lo que creen y dicen, socialismo y anarquismo son movimientos hacia el pasado, conservadores de lo genuinamente humano. Mientras socialismo y fascismo hablan de un “hombre nuevo”, la burguesía se apropia de los conceptos básicos de la Razón y la Ilustración: ciudadanía, Estado de Derecho, parlamentarismo.

 

12.   El hombre nuevo fascista y socialista

 

Fascismo y nacionalsocialismo intentaron crear un ser humano que, en vez de protegerse de la Historia, la asumiera y dirigiera: romper todas las barreras que había alzado la consistencia neolítica para defender al hombre. Fue la alianza del capitalismo con la prehistoria.

 

Los países del socialismo real, atacados desde el principio por los Estados capitalistas, tuvieron que, para no ser derrotados, asumir la proletarización masiva. Pero mientras que en el capitalismo ésta la crea el mercado de consuno con el hambre, en éstos hubo que crear una “cultura proletaria” en defensa del “hombre nuevo”, que sustituyera la ciudadanía, la libertad de expresión, la división de poderes, las garantías jurídicas. El capitalismo podía alardear de ellas porque en el fondo hambre y mercado se bastan para proletarizar. El socialismo real tuvo que omitirlas para poder hacer lo mismo.

 

Al prescindir del Derecho, fascismo y socialismo vuelven a la religión (al culto a la personalidad, a la vuelta a las prácticas religiosas cuando el poder afloja).

 

El anticapitalismo ha seguido asociando la ciudadanía, el Derecho, a la proletarización capitalista, entregando así todo el aparato ideológico de la Ilustración a su enemigo.

 

13.   La mayoría de edad ciudadana como más allá del ser humano

 

Ya antes de la Ilustración, en los griegos clásicos Sócrates, Platón, Aristóteles, hay un intento de inmortalizarse, de superar lo humano y lo mortal en base a lo permanente: la Razón. Supone una “mayoría de edad” racional más allá de la celebración de los ritos de iniciación, que recuerdan mediante el aparato mítico que gracias a los héroes se entró en el mundo de la Palabra. Ese nuevo paso racional, supone que la Ley se impone a la Costumbre y a la Tradición, la Educación al Rito, el Derecho a Religión y Mito, la Constitución a los Ancestros.

 

Tras la revolución neolítica, el hombre tropieza con las matemáticas: la posibilidad de razonar independientemente de la cultura y la tribu. Esa mayoría de edad nueva, racional, supone que hay leyes universales pero que, además, son decididas políticamente.  ¿?

 

La victoria neolítica, la Palabra, ha vencido al Tiempo gracias a su antigüedad, a que hace mucho que sucedieron los hechos fundadores. La palabra encierra en sí mucho Tiempo. La Ilustración pretende que el Tiempo obedezca a la Libertad y a la Razón. Nietzsche se burla del imperativo categórico kantiano, pero realmente el eterno retorno, la decisión libre que se repite independientemente del contexto, porque es ‘lo que debe hacerse’, ya está en Kant.

 

14.   La vuelta al Infierno

 

Cuando Nietzsche pretendía un superhombre a la altura de los tiempos, que se correspondiera con la fuerza de una Historia enloquecida y destructora, en realidad estaba llevando de vuelta a un estado de barbarie que es previo al neolítico: el Infierno.

 

En las representaciones clásicas del Infierno, el castigo tiene un carácter inagotable, circular. Es un ciclo de reproducción del que no se puede salir: la misma posición que en la antigüedad tenían los esclavos -dedicados completamente a la reproducción de alimentos- y las mujeres -dedicadas sólo a la reproducción de las personas-. Pues es la misma rueda la del capitalismo: una destrucción continua para poder seguir produciendo, circular e inacabadamente.

 

Karl Polanyi explica bien cómo el avance de la sociedad capitalista fue entrando en contradicción con la sociedad en sí, con la razón, la ciudadanía, el parlamentarismo. Esta contradicción no se presenta en el Primer Mundo, donde un régimen de privilegios permite subsistir a la ciudadanía porque no se enfrentará nunca a lo que le permite ser privilegiada. Ahora bien, cuando llegan crisis agudas, surgen fascismo y nazismo para intentar un más allá de la Ilustración, que en realidad lleva a un más atrás del neolítico: la barbarie, la prehistoria.

 

15.   La bisagra entre la Ilustración y el Neolítico

 

Si no se puede ir más allá del neolítico sin caer en la prehistoria, es porque hay una suerte de “consistencia neolítica” en el hombre que no se puede destruir sin generar tremendos desastres.

 

Apenas han existido ocasiones de articulación entre Neolítico e Ilustración. La Razón parece precisar de la tranquilidad. El Neolítico da una cierta tranquilidad a los humanos, en cuanto es una victoria contra las fuerzas de la naturaleza y de la historia. Por eso, los indígenas más estabilizados en el neolítico resultaban muy permeables a ese esencial imperativo categórico de la razón (no se puede querer hacer al otro lo que no querríamos que nos hicieran) que les transmitía el cristianismo de los evangelizadores (“amarás al prójimo como a ti mismo” es la ley). Pero siempre que haya tranquilidad, esto es, que no venga acompañada de la barbarie: esclavismo, explotación, expoliación. Y lo malo es que la Ilustración ha solido llegar al Neolítico impulsada por la Historia y su falta de calma.

 

16.   La tradición como Ilustración de los pobres

 

Cuando se intenta ‘educar’ a los pueblos neolíticos, se descubre que no siguen sus costumbres por inercia o por obligación, sino porque las creen buenas, razonables. Hay por tanto en ellos una simiente de Ilustración, una voluntad o ansiedad por la Ley, lo razonable, lo justo.

 

17.   Mesopotamia e Infinito

 

Pero lo que sucedió no fue una articulación entre Tradición e Ilustración, sino el capitalismo. Rousseau, al establecer su definición más allá de la realidad (como la bola deslizándose de la física de Galileo) estaba señalando el “justo medio”, la mesopotamia, el paquete de elementos que era necesario conservar para que subsistiera ese hombre ideal.

 

Pero en la realidad no sucedió así: la evolución no se planteó qué había que conservar, sino qué había que superar para acomodarse al devenir del Tiempo. Se buscaba un ‘hombre histórico’, cuando el hombre es social. La revolución neolítica había hecho que el hombre se defendiera del Tiempo, y de pronto se entregaba a él. Fascismo y socialismo, en su pretensión del ‘hombre nuevo’, condujeron al desastre antropológico, pero eran reacciones ante la destrucción de lo humano por el capitalismo.

 

Éste genera una mayoría de humanos reducidos a la subhumanidad, al hambre, y una minoría de sobrehumanos que tiene aún más hambre porque está en una sociedad de consumo que basa su devenir en lo que aún no se tiene.

 

El Neolítico no era sólo una etapa en la historia de la humanidad, sino que el hombre era el resultado de una matriz o dispositivo neolíticos. Ello se debe a su finitud, a nacer del sexo, a adquirir el lenguaje en la familia.

 

Cuando al hombre se le arrebatan sus espacios físicos, se encapsula en los psicológicos, porque necesita tener su propio territorio. Cuando el capitalismo sigue avanzando, con su locura intrínseca, ataca las conquistas neolíticas de los humanos. Cuando en los años 80 del siglo XX el capitalismo neoliberal y la traición sindical empiezan a destruir el Estado de bienestar, continúan el acoso a los espacios que los trabajadores habían conseguido conservar frente al capitalismo.

 

Cuando vemos el capitalismo de hoy, observamos que no precisamos más cosas para obtener más humanidad sino que, por el contrario, hay que eliminar muchas cosas para obtener humanidad, para “arraigar en el cosmos” (Claude Levi-Strauss).

 

Los filósofos de la Historia (Hegel) pretendían que era ésta la que hacía de los humanos seres reales y efectivos. Pero la antropología muestra lo contrario: lo humano se encuentra justo en la periferia, donde está protegido de la Historia tanto como de la naturaleza.

 

Al capitalismo hoy no le bastan el Tiempo y el Espacio existentes, precisa infinitud de cosas. Lo que hay que darle a una persona del Tercer Mundo para que llegue a la mesopotamia de la condición humana, es mucho menos que lo que hay que quitarle a la gente del Primer Mundo para lo mismo. Sin embargo, cuando vemos qué obtiene la parte más rica del Primer Mundo , volvemos a encontrarnos el hogar, el ocio, la palabra: para que ellos obtengan su neolítico, el 99% de la humanidad pierde el suyo con un nivel de despojamiento que nunca había sido tan intenso.

 

La industrialización habría podido convivir con el neolítico (Lafargue, “derecho a la pereza”), pero bajo condiciones capitalistas no puede, porque no cabe detenerse, sino acelerar.

 

18.   Antropológicamente precavidos

 

Además de la entrega de los conceptos de derecho y ciudadanía, el socialismo ha tenido otro gran error teórico que ha sido confiar en una teoría materialista de la historia que presumía que el socialismo era una etapa posterior, de superación, del capitalismo. En realidad, el socialismo debería haber funcionado como un freno, no como un acelerador. La lucha sindical, sin embargo, sí que ha sido proteccionista y humanista.

 

Las demandas teóricas del socialismo han sido desbordadas por el capitalismo: ¿un mundo nuevo?, uno cada día; ¿más valores de uso?, mercancías hasta el hartazgo, hasta superar la condición de uso; ¿eliminación de la “especialización” alienante?, ETTS, precariedad.

 

Para ser económicamente revolucionario, hay que ser sindicalmente reformista o antropológicamente conservador. Se trata ahora de conservar el mundo, las cosas, de usar en lugar de consumir, de mirar. Las instituciones son coágulos sociales de la palabra. En realidad, parlamento y capitalismo son incompatibles.

 

Ahora bien, hay que ser antropológicamente precavidos, más que conservadores, porque el neolítico incluye conceptos aún peores que el capitalismo y que sobreviven a él, como el patriarcado.

 

19.   La otra fuente de cuanto hay que conservar

 

Una vez conservado el mínimum antropológico, deben ser las instituciones ciudadanas las que decidan lo que hay que conservar y lo que no. Y no la tradición o la costumbre. Éstas son la manera en la que el neolítico venció al Tiempo, pero están compuestas de tiempo coagulado. Útiles, pero peligrosos arcaísmos, que protegen la vida, pero no la dignidad humana.

 

La costumbre hace encajar a unas cosas con otras; la Razón quiere encajarlas con el deber ser, con la palabra, y ello precisa de instituciones, construidas desde la política, no desde la tradición.

 

Para la ciudadanía, las tradiciones deben ser reformadas (ni conservarlas ni revolucionarlas) precisamente porque están en el terreno de la razón y la palabra. Pero el capitalismo arrincona y chantajea económicamente a las instituciones; por eso hace falta una revolución, pero es una revolución para reformarlas.

 

20.   Reforma y Revolución

 

Ha sido absurdo, por tanto, arremeter contra las instituciones desde el revolucionarismo del 68. Los análisis teóricos de esos años (Foucault, Deleuze, …) han acabado siendo la base del ataque feroz neoliberal a las instituciones: a la escuela pública, a la Justicia, a la Universidad. El proceso de Bolonia en esta última es paradigmático.

 

El capitalismo (que en realidad no quiere cumplir con las leyes del libre mercado) no ha renunciado a las instituciones, sino que las ha puesto a su servicio.

 

Precisan, por tanto, ser reformadas. Son nuestra defensa frente a la religión, la tradición, la costumbre. Y son reformables desde la razón y la palabra. Eso es el Progreso, que es el fundamento mismo de la Ilustración.

 

21.   La idea de Progreso: el superhombre de las Luces

 

El siglo XX ha sido una continua búsqueda del superhombre. El capitalismo mediante el más allá de lo antropológico, pero lo que hizo fue proletarizar, desposeer del mínimum neolítico, llevar al vacío. El socialismo vio esto como un paso superable dialécticamente y buscó un hombre nuevo, total, que superara la consistencia tribal-religiosa y la burguesa.

 

Pero la Ilustración también había buscado al nuevo hombre, un progreso que partía de la libertad y la razón. Ése es un progreso de verdad, que no tiene que ver con el desarrollo económico del capitalismo y que se basa en que los avances científicos y del derecho no tienen vuelta atrás en ciencia y en derecho (pueden prohibirse, pero no anularse por vía científica o racional legal). Es por eso que el capitalismo tiene que emplear cada vez más propaganda para ocultar su carácter intolerable.

 

Progreso no es la espiral suicida del crecimiento económico capitalista, más bien hoy pasaría por un decrecimiento acelerado o una demolición sostenible.

 

 



Acción sindical e internet 2.0. Texto tomado de Global Labour Strategies en internet.

 

Carácter: Resumen.

Origen: “El Viejo Topo”, #255, abril 2009. 

 

            En IX-2007, en el curso de un conflicto salarial, los trabajadores de IBM – Italia organizaron una acción de protesta en Second Life, parando una reunión y obligando a IBM a cerrar su centro de negocios virtual. Jocoso, pero útil; mejoró la negociación del convenio colectivo y dimitió el gerente.

 

            El entorno web 2.0 tiene un enorme potencial para los trabajadores, aunque parece haber funcionado más en cuestiones humanitarias o antirrepresivas. Ha habido debate porque algunos consideran que la organización on-line es más compleja y que los verdaderos cambios suceden off-line.

 

            Crear redes sociales y apuntarse a ellas se ha hecho siempre, no depende de internet 2.0. Pero es cierto que ésta supone un cambio cualitativo para los movimientos sociales. Cinco razones:

  1. La formación de grupos es más fácil, incluso en temas efímeros o marginales. Antes era difícil encontrar personas con los mismos intereses. El movimiento obrero podría enseñar a los trabajadores a usar estas tecnologías y a intervenir en grupos ya existentes, donde provocar debates.
  2. Escala y amplificación. Se puede llegar a muchísima gente. Es cierto que en la red hay mucho ruido, pero se puede segmentar eficazmente a los destinatarios.
  3. Interactividad. La red no es una correa de transmisión. Permite conversar, intimar, debatir, aportar.
  4. Eliminación de jerarquías. Las élites ya no pueden controlar dónde se produce y por dónde se distribuye una información.
  5. Herramientas baratas y fáciles de usar. Los teléfonos móviles aún más que los ordenadores.

 

Pero estos cambios también generan preguntas:

1.     ¿Qué implicaciones tiene que los trabajadores se organicen por fuera de las organizaciones tradicionales?

2.     Es fácil y barato reunir a una multitud pero ¿qué se hace con ella? Las personas abandonan con la misma facilidad con que se apuntan.

3.     ¿Estarán las organizaciones sociales y activistas dispuestas a ceder el control? Problemas para las jerarquías.

4.     Al apoyarse en sitios comerciales, los jefes/empresarios están al tanto. Y pueden intervenir astutamente. Necesidad de medios (servidores) propios.

5.     Problemas para sabr quiénes están accediendo a la red y quiénes no.

6.     ¿Cómo presentar ideas complejas?

7.     ¿Cómo articular on-line y off-line? La campaña electoral de Obama lo ha sabido hacer muy bien.

 

 

¿Por qué en España un gran número de trabajadores vota a la derecha?

 

Carácter: Resumen.

Origen: artículo en “El Viejo Topo”, julio-agosto 2008. 

 

 

· JUAN CARLOS MONEDERO (Universidad Complutense)

            En el siglo XIX y principios del XX, la clase obrera se integra a la sociedad a través del trabajo. En los dos primeros tercios del s. XX a través del consumo. En el cambio de siglo, a través del deseo de consumo. Ese deseo es la introducción del capitalismo en la mente del trabajador. Los medios de comunicación, especialmente en la ficción y en la publicidad. El miedo abstracto a casi todo. La ausencia de un modelo alternativo.

·

· JUAN FERRÁN (Partit dels Socialistes de Catalunya)

            Subsisten las diferencias sociales, pero se difumina la división de clases: falta de pertenencia, búsqueda de salidas individuales). Crisis en las organizaciones obreras, partidos y sindicatos, falta de adecuación a cambios sociales vertiginosos. Ausencia de otro paradigma creíble y alcanzable.

·
· JUAN RAMÓN CAPELLA (Universidad de Barcelona)

            La izquierda que ha ganado elecciones no ha resuelto los problemas de la gente, como sanidad y educación públicas. No ha sido ascética en el uso de lo publico. No ha desvelado ni rechazado las prácticas neoliberales. Los medios de comunicación están masivamente en manos de la derecha.

·
· FRANCISCO FRUTOS (Partido Comunista de España)

            Desvertebración de ideales socialistas. Desaparición de la URSS. Aceptación progresiva por la izquierda social y política de los valores de la derecha y de que no hay una alternativa a ellos. Cambio de reivindicaciones sociales por actitudes identitarias, que manipula bien la derecha.

·
· HIGINIO POLO (Escritor)

            Ya antes sucedía (como con Hitler), pero en el nuevo capitalismo desde 1980 tiene caracteres distintos. Pesan las tradiciones familiares y la Iglesia católica. También el nacionalismo español que considera a la izquierda poco patriótica. Reconversión del ciudadano-obrero en consumidor-espectador, especialmente por la publicidad. Miedos a la precariedad, al futuro a los trabajadores inmigrantes. Prestigio de la visión darwinista de los conservadores. Descrédito del socialismo tras la URSS.

·
· MIGUEL ROMERO (revista Viento Sur)

            Siempre ha sucedido. Ahora más por el éxito del capitalismo neoliberal en el desgarramiento de la sociabilidad del mundo del trabajo. Asunción de valores mercantiles por las grandes centrales sindicales. Invisibilización política de la clase trabajadora por parte de la izquierda institucional.

·
· FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY (Universidad Pompeu Fabra)

            Siempre ha habido trabajadores de derechas: la ideología dominante es la de la clase dominante. Cuando la clase obrera pierde su conciencia de tal, se identifica con el que manda. Ideas y valores de izquierdas por los suelos, ausencia de un programa de izquierdas, organizaciones cainitas. Ante la ausencia de conciencia política y de identidad cultural de clase, los obreros se sienten indefensos ante fenómenos como la inmigración. Ausencia de obreros en el parlamento, lo que transmite una sensación de que “todos son iguales”.

·
· GEMMA GALDÓN CLAVELL (Observatorio de resistencias y subculturas)

            Porque es la derecha la que ha hablado de servicios públicos, fiscalidad progresiva, seguridad y nacionalismo, que es lo que preocupa a muchos. Porque no hay un espacio político de la izquierda que articule una alternativa mediante participación, movilización y experimentación.

·
· VICENÇ NAVARRO  (Universidad Pompeu Fabra)

            Distanciamiento de los partidos de izquierda hacia la clase trabajadora, que confunde y esconde en el concepto de “clases medias” Inseguridad de la clase trabajadora por falta de protección social que la lleva a posturas racistas y anti-inmigrantes. Peso del nacionalismo español y del catolicismo. Desideologización de la izquierda, que sólo quiere gestionar. Una ley electoral discriminadora que desmotiva.

·
· ENRIQUE SANTIAGO (Partido Comunista de España)

            Clase trabajadora desdibujada en su definición y poco autoidentificada. Abandono de la lucha ideológica por las organizaciones sindicales y políticas de la izquierda. Precarización del empelo y reconversión a autónomos de muchos trabajadores, quienes creen haber cambiado de clase. Ausencia de un referente político con un programa.

·
· JORGE VERSTRYNGE (Universidad Complutense)

            Las ideologías no tienen ya ese carácter omnicomprensivo de reja analítica frente a la realidad, la gente no está en ellas, sino en el “voto a la carta”. Fracaso de la URSS. El problema español de los nacionalismos, que provoca reacciones de derecha.

·
· JAIME PASTOR (Universidad a Distancia, Izquierda Unida)

            Tiempo histórico mundial: onda larga neoliberal desde 1973. Transformaciones económicas, división de la clase entre trabajadores mayores varones autóctonos de trabajo estable y jóvenes, mujeres e inmigrantes, precarizados. Cuarenta años de franquismo, transición pactada, cultura de la gobernabilidad. Americanización política, alternancia entre dos grandes. Clase obrera propietarista y consumista. Fraccionamiento por la polarización entre nacionalismo español y periféricos. Cultura del miedo, populismo punitivo. Comportamiento de la izquierda en el poder: transformismo, electoralismo cortoplazista.

·
· ALBERT RECIO (mientras tanto)

            No es obvio que la identidad política deba estar asociada a la clase social. Hay otros elementos: nacionalismos, miedos (racismo, xenofobia, drogas). Procesos comunicativos nuevos que favorecen un discurso de derechas. Ausencia de reproducción social de la militancia. Ausencia de un proyecto alternativo creíble y de una práctica social diferenciada en los políticos de izquierda.

·
· JORDI BORJA (Geógrafo urbanista)

            No hay que ver al trabajador como tonto (alienado, sometido a la ideología de la derecha), sino pensar en la izquierda. Muchos votantes de derecha y de extrema derecha antes votaban a izquierdas; en parte hay decepción, despecho. Los trabajadores son un universo heterogéneo, con demandas contradictorias. La derecha tiene un programa agregado simbólico tradicional. El PSOE tiene uno liberal-demócrata (derechos, ayudas sociales, limitación de privilegios, pluralismo cultural nacional, diálogo con radicales vascos) pero se aplica con mucha moderación y límites. Y no hay referentes históricos u horizontes de futuro.

·
· DANIEL LACALLE (Fundación de Investigaciones Marxistas)

            Ha pasado siempre y no pasa solamente en España. Cambios en la composición interna de la clase (precariato, sumergidos, falsos autónomos); fragmentación y desestructuración, sin un grupo hegemónico. Falta de identificación entre la clase y los partidos, antes obreros y ahora verdes, progresistas,… Lo mismo con sindicatos. Diseño por la clase dominante de una democracia poco participativa. Miedos al paro, la inseguridad y el inmigrante económico.

·
· SALVADOR LÓPEZ-ARNAL (El Viejo Topo)

            Ha pasado antes. Hay una derrota cultural y política asociada a la caída de la URSS y el triunfo de la cosmovisión liberal. Creciente poder de medios de inculcación ideológica (TV, corazón, prensa gratuita). Desolación y desencanto de los más politizados cuando han visto el comportamiento de sus representantes.

·
· ARMANDO FERNÁNDEZ STEINKO (economista)

            En ausencia de una alternativa viable o creíble, la derecha abre un ciclo de creación ficticia de riqueza (por ejemplo, incremento del valor de las viviendas; de hecho, donde se empieza a perder más votos de izquierda es en las zonas con más desbocamiento del mercado inmobiliario). Se ofrece a los obreros oportunidades de consumo y de movilidad social.

 

Lucha de clases en la educación. La comprensividad como estratagema, por Salustiano Martín

Carácter: Resumen.

Origen: artículo en “El Viejo Topo”, julio-agosto 2008. 

Se supone que la “comprensividad” en la eduación consiste en poner al alcance de todos, no sólo de una minoría, todos los conocimientos que antes recibía ésta. Pero no se puede hablar de comprensividad si el sistema educativo no es único sino que se basa en redes escolares diferenciadas; podrá haber universalidad en la escolarización, pero no igualdad.

La idea de la extensión universal de la educación procede de las clases trabajadoras y de las “fuerzas políticas progresistas”, aunque a menudo las políticas prácticas de éstas se han quedado en una cierta educación para las edades tempranas de las “clases laboriosas”.

El movimiento obrero fue el impulsor fundamental. Primero logrando la retirada de los niños del mercado obligado de trabajo. En la medida en que se trataba de la educación de TODOS los niños, no podía confiarse a “casas del pueblo” o “liceos anarquistas”. Se llegó a un sistema dual, uno enseñaba lo básico a los hijos de los trabajadores y no llevaba a salidas concretas (aunque después tuvo cierta continuidad en “enseñanza profesional”) y el otro convertía a los niños burgueses en intelectuales orgánicos de su clase, técnicos, científicos o gestores de empresas.

Las organizaciones obreras pelearon por la “escuela única”, pero no llegaron a lograrla. El momento más cercano fue al final de la Segunda Guerra Mundial (ante el peligroso ejemplo de los países socialistas), cuando la burguesía cede a la universalización. Se empieza a hablar de comprensividad, pero las clases dominantes la convierten en una simplificación de los contenidos conceptuales para que los hijos de la clase trabajadora no tuvieran problemas en su estudio. La escuela se llenó de actividades lúdicas, se obviaron los valores de la autodisciplina y el esfuerzo. Pedagogos y sociólogos presuntamente progresistas reivindicaron para la escuela la cultura popular, el folklore, nada de educar para la emancipación intelectual de la clase obrera, nada de conocimientos académicos; en vez de eso, “enseñanzas prácticas” y “valores sociales”.

Mientras tanto, la burguesía lleva a sus hijos a la otra red escolar (escuelas concertadas + privadas) donde sí se busca una enseñanza de calidad, que no debe estar al alcance de los hijos de los obreros. Y vacían de fuerza académica la red pública (ayudados por los ideólogos radicales pequeñoburgueses de la comprensividad antiacadémica).

Se ha garantizado así el predominio de la burguesía en el terreno cultural y moral. Lo que queda al otro lado es la contestación violenta fuera del sistema, que es mucho más fácil de reprimir.

La clase obrera debe pelear por un sistema educativo público que le dé a todos los conocimientos que hoy sólo tienen los hijos de los burgueses. Mientras que haya una doble red escolar, debe oponerse a todo lo que baje niveles en la enseñanza pública (aprobados universales, coleguismo, falta de valoración de la memoria, de la disciplina) a la vez que pelea contra la doble red.

El interés de los trabajadores es el logro tendencial de todos los conocimientos. Sólo así podrá lograr la hegemonía cultural.