Publicaciones de la categoría: Lucha de clases

Réquiem por el sueño americano, de Noam Chomsky

Resumen del libro “Réquiem por el sueño americano. Los diez principios de la concentración de la riqueza y el poder”, de Noam Chomsky, Ed. SextoPiso, Ciudad de México, 2017.

El texto es algo largo, puede bajarse este mismo resumen en PDF en la página de descargas

 

Una nota sobre el sueño americano

Incluso durante la Gran Depresión, que fue una época espantosa, había una percepción social de esperanza en el futuro y efectivamente funcionó un ascensor social. La percepción hoy es que todo ha terminado, la movilidad social es cada vez más baja, la minoría rica lo es ahora de una manera mucho más intensa, mientras la renta media real del conjunto de la población lleva treinta años estancada. Hay un gran círculo vicioso de concentración económica y concentración de poder:  las elecciones son cada vez de mayor coste económico y sólo pueden ser sufragadas por personas muy ricas, de manera que la legislación que producen los electos fomenta la concentración de la riqueza.

 

Principio Uno – Reducir la democracia

La democracia es la resultante de la dialéctica entre dos fuerzas. Una de ellas no quiere que los pobres tomen fuerza y hagan peligrar a los ricos mediante la tiranía de la mayoría (Madison) mientras que otros consideraban que el poder le correspondía al conjunto de la población (Jefferson). Frente al riesgo que pone la democracia para los ricos, Madison quería reducir la democracia, Aristóteles había propuesto reducir la desigualdad.

En este largo combate a través de los años, el bando de los demócratas ha obtenido victorias: el voto femenino, la abolición de la esclavitud, el movimiento sindical, la lucha por los derechos civiles de los años 60s. La actual situación es la reacción de los poderosos a las victorias de esos años.

 

Principio Dos – Modelar la ideología

Desde los 70s  (Memorando Powell, 1971) hubo una ofensiva de clase, empresarial, para contrarrestar los avances de las fuerzas democráticas. Bajo el lema de libertad, se debía recuperar poder arrebatándoselo a los demócratas. Devolver a los crecidos grupos de presión a la pasividad y la despolitización, principalmente a los jóvenes. Powell: hay que usar tácticas como las que utiliza la empresa para vender.

Hubo un esfuerzo por controlar a los universitarios (incluso arquitectónicamente, haciendo desaparecer lugares de encuentro): se elevaron los precios y tasas, al límite de endeudarles, prohibiendo incluso por ley que se declararan en bancarrota. En la educación básica y media, se primaron los conocimientos técnicos, a costa de la creatividad y el pensamiento crítico. Centrarse en exámenes y calificaciones permitió además controlar las ayudas a las escuelas según los resultados de ese tipo.

Otra vía ideológica fue la censura de los críticos con difamaciones y descalificaciones como “antiamericano”, de manera que se identificara el interés de los negocios privados con el nacional.

 

Principio Tres – Rediseñar la economía

Ha habido un voluntario impulso a la transformación de la economía en ciertas líneas concretas. Una de ellas es incrementar la influencia de las instituciones financieras. Éstas antes contribuían a la economía, convirtiendo los ahorros en inversión; la banca estaba regulada y se impedían prácticas inversoras de riesgo que pudieran perjudicar a los particulares; los acuerdos de Bretton Woods, tras la IIGM, regularon las divisas, vinculándolas al dólar y éste al oro; los gobiernos podían controlar la exportación de capitales. Todo esto cambia a partir de los setenta, y se produce la financiarización de la economía, se desmantelaron los controles. Los beneficios en la producción industrial comenzaron a menguar comparados con los financieros. Los puestos directivos fueron pasando de ingenieros a expertos financieros. Desapareció la lealtad a la empresa, porque esos directivos ya sólo atienden al corto plazo, donde han de ser exitosos incluso a costa del futuro de la firma, porque ellos ya estarán fuera de ella. Hay empresas industriales hoy que obtienen gran parte de sus beneficios de movimientos financieros ajenos a su actividad productiva.

Otro gran movimiento ha sido la deslocalización, el desplazamiento de la producción a países con una mano de obra más barata y sin o con escasas normativas sanitarias, de seguridad o medioambientales. Esa función tienen los acuerdos de libre comercio, obligando a competir a los trabajadores de todo el mundo, lo que provoca una disminución en la proporción de sus ingresos. Hoy en día, el desempleo industrial en los EUNA tiene el rango que tuvo en la Gran Depresión, pero ahora ya no se espera que los empleos vuelvan. Mientras, los ejecutivos tienen contratos muy bien remunerados y muy protegidos. Y el capital circula libremente.

La precariedad laboral no ha sido azarosa: es un resultado buscado (y confesado, Alan Greenspan): generar inseguridad en el trabajador para que no pueda pedir demasiado. ¿Cómo ha mantenido la población su nivel de vida? Trabajando más horas, más personas en la unidad familiar, y endeudándose. Todo ello tiene un efecto de disciplina sobre los trabajadores y rebaja sus pretensiones.

No ha habido una contraofensiva eficaz contra esto. Se intentó volver a la regulación, pero las empresas presionaron para tener muchas excepciones. Cuando el Estado tuvo que salvar a la industria del automóvil, prácticamente la nacionalizó. Pero a falta de movilizaciones y organización activa esto no se empleó para una nueva política industrial del Estado (por ejemplo, en favor del transporte público) sino que se convirtió en un gasto presupuestario para los contribuyentes.

 

Principio Cuatro – Desplazar la carga fiscal

El concepto de “sueño americano” no es meramente ideológico. En las décadas de 1950 y 1960 se produjo el mayor crecimiento económico de la historia de EUNA, pero además la mejora de la quinta parte inferior de la sociedad fue similar a la de la quinta parte superior y se instauraron algunas medidas de bienestar social. Al país le preocupaban sus propios consumidores y había incrementos salariales (ya desde la época de Henry Ford: salarios altos y precios bajos).

Pero para los dirigentes actuales, el futuro a largo plazo del país ya no importa tanto. El mercado pueden ser las clases adineradas de cualquier parte del mundo, antes que la gran masa de la propia población. Se necesita un Estado fuerte sólo para la inversión en I+D, capacidad de acudir al rescate si algo en el sistema se hunde y una fuerza militar capaz de controlar el mundo. En las ‘plutonomías’, aquellas sociedades dominadas por quienes poseen una riqueza sustancial, no interesa el resto de la sociedad, el precariado, el conjunto de trabajadores del mundo en una existencia cada vez más apurada. Uno de los elementos esenciales para que se mantenga una plutonomía es que amplios sectores del electorado crean que pueden alcanzar realmente la riqueza; mientras suceda, defenderán el sistema.

En esas décadas de 1950 y 1960 los impuestos a las clases pudientes y a las grandes empresas eran mucho más elevados que ahora. Ahora la tendencia es reducir los impuestos a los ricos. El sistema se centra ahora en imponer sobre los salarios y el consumo, que afectan a todos. Hay un gran desplazamiento de la carga fiscal.

El pretexto siempre es el mismo: eso aumenta la inversión y los puestos de trabajo. Pero no hay pruebas de tal cosa. Si de verdad se quiere estimular las inversiones y la producción, hay que aumentar la demanda, proporcionar dinero a pobres y a trabajadores; eso sí estimula producción y empleo. Hablar hoy de subir los impuestos a los ricos resulta radical y extremista.

Los niveles elevados de desigualdad económica aumentan las presiones políticas, desincentivan comercio, inversión y contratación, contraen el consumo popular, disparan la deuda de los pobres, entorpecen la movilidad social y da lugar a una clase trabajadora peor formada.

 

Principio Cinco – Atacar la solidaridad

La solidaridad es un concepto peligroso para los amos (pese a que está en los textos de sus héroes, como Adam Smith). Hay un intenso esfuerzo para que las personas olviden esta emoción humana básica.

Una muestra es el ataque a un mecanismo de solidaridad como es la Seguridad Social: se recortan sus fondos, empieza a funcionar peor, la gente se queja, se privatiza. Los gestores tienen cuidado de que sus reformas no perjudiquen inmediatamente a los mayores de 55 años, porque son un colectivo votante. El sistema tan privado de la sanidad en EUNA no sólo responde a los intereses de las aseguradoras, sino también a las farmacéuticas, que han obtenido la prohibición de que el Estado negocie el precio de los fármacos. Los proyectos de modificación de Obama fueron perdiendo amplitud y fracasaron.

El mismo esquema se aplicó a la enseñanza pública, hasta el punto que la mayor parte de los fondos de las universidades hoy vienen de las matrículas, lo que significa que –salvo los de familias ricas- los estudiantes salen de la universidad fuertemente endeudados. En una sociedad más pobre, en los años 50s había recursos para la educación pública gratuita y hoy se dice que no.

Infraestructuras y servicios básicos en Estados Unidos están hundidos. Por una parte, es la consecuencia económica del desempleo, pero principalmente es una opción ideológica que decide que lo que tiene importancia es el déficit, por encima de cualquier mecanismo de solidaridad. Son decisiones sociales y políticas, no económicas.

Los ricos no quieren un Estado que intervenga. Los políticos republicanos son forzados a firmar el juramento de Grover Norquist, de que jamás subirán impuestos. Del Estado sólo les interesa la fuerza militar y la capacidad económica suficiente para rescatar a las empresas cada vez que haga falta.

 

Principio Seis – Controlar las entidades reguladoras

Con frecuencia, las entidades reguladoras son creadas o propuestas por las entidades económicas que van a ser sometidas a su regulación… para a continuación comenzar la ‘captación de los reguladores’. Al final, es el negocio sometido a regulación quien dirige las entidades reguladoras.

A continuación de la Depresión de 1929 y como resultado de ella se aprobó la ley Glass-Steagall, que separaba los bancos comerciales garantizados por el Estado, de los de inversión, dedicados al riesgo. Quien consiguió su derogación en 1999 y con ello la garantía del Estado para las operaciones de riesgo y la prohibición de regulación de nuevos instrumentos financieros (derivados) fue Robert Rubin, quien a continuación paso a Citigroup, se enriqueció, y volvió a la Administración. Es sólo un ejemplo, las ‘puertas giratorias’ funcionan continuamente, con reguladores que pasan a desempeñar cargos en las empresas que regulaban y viceversa.

Los grupos de presión que empujaron en esta dirección reaccionaban ante las regulaciones de la presidencia Nixon sobre protección al consumidor, normas sanitarias, seguridad laboral, protección del medio ambiente. A la vez, la implantación de la televisión disparó al alza el coste de las campañas electorales y las finanzas se fueron convirtiendo en el sector esencial de la economía.

Mientras que en los años 50s y 60s, con los mecanismos reguladores en funcionamiento, no hubo crisis financieras, a partir de la presidencia Reagan, comenzado el desmontaje de la regulación, empezaron a sucederse. Normalmente sin consecuencias para las empresas (salvo que hicieran daño a otras, y no al contribuyente). La crisis mayor, de la burbuja estallada en 2007 dio lugar a rescates carísimos durante las presidencias de Bush y Obama, que se quedaron en las grandes empresas que habían provocado la crisis, no llegaron a las personas afectadas por aquéllas. Las grandes financieras tienen una póliza de seguro con el Estado, porque éste considera que son ‘demasiado grandes para quebrar’, y siempre acudirá a su rescate. Los asesores de los gobiernos en esta gestión de la crisis vienen de las empresas financieras que la provocaron.

El neoliberalismo en teoría defiende que gobierne el mercado, pero en realidad no se lo creen, siempre quieren la protección estatal para los grandes. Tampoco respetan la libertad de comercio, pueden ser bastante proteccionistas (como Reagan) y usan el Estado como gran consumidor para asegurar los beneficios de las grandes empresas (proyecto guerra de las galaxias). El neoliberalismo en realidad significa: unas normas para los ricos y las opuestas para los pobres.

 

Principio Siete – Manipular las elecciones

La Decimocuarta Enmienda a la Constitución de los EUNA ha supuesto una interpretación en el sentido de que las empresas son también ‘personas’ y que por tanto sus derechos no pueden vulnerarse sin el debido proceso legal. Se les otorgan unos derechos personales que no tienen los inmigrantes sin papeles; así funcionan los mecanismos de protección de inversiones de los tratados internacionales de libre comercio.

Otras decisiones judiciales llegaron a la conclusión de que el dinero es una forma de expresión, cuya libertad por tanto ha de ser protegida. Por tanto, las empresas puede sufragar libremente campañas electorales (y sin declarar las donaciones) igual que los medios de comunicación pueden expresar sus opiniones. Estas decisiones las toman jueces del Tribunal Supremo que son nombrados por Presidentes que han sido electos con campañas pagadas por esas empresas; es un círculo. ¿Cómo participar en la carrera electoral  sin llamar a la puerta del poder corporativo? Al ganar, los abogados de las empresas pasan al equipo legislativo de los electos, para escribir las leyes.

Votar cada cuatro años no debería gastar mucho de nuestro esfuerzo; lo que tenemos que hacer es construir movimientos sociales en la calle. De hecho, la extrema derecha, como el Tea Party, sí actúa así y ha adquirido una gran influencia.

 

Principio Ocho – Someter a la plebe

Los sindicatos son la principal fuerza organizada que permite resistir la tiranía empresarial; son además una fuerza democratizadora: defendiendo los derechos de los trabajadores defienden también los derechos poulares en general.

En EUNA hay un fuerte sentimiento antisindical entre las élites. Los derechos básicos de la OIT, como el de asociación, no están ratificados. Sin embargo, hay una larga historia de lucha sindical, incluso muy violenta, hasta que en los años 20s fue aplastada por el miedo de Woodrow Wilson al comunismo. En los años 30, la CIO y por su parte el Partido Comunista revitalizaron el movimiento, no sólo sindical, sino de derechos civiles, movimientos sociales, etc.

Franklin D. Roosvelt aprovechó la fuerza sindical para que ‘obligaran’ a tomar las disposiciones de su New Deal, para sacar a EUNA de la gran depresión. En aquel momento, el empresariado estaba dividido porque el sector más tecnológico e internacional apoyaba el New Deal, mientras que el intensivo en trabajo se oponía. Estos últimos empezaron a desarrollar métodos científicos para reventar huelgas.

La intervención estatal durante la guerra y los años posteriores supusieron un gran impulso a la economía. Pero con la guerra fría, la ley Taft-Hartley y el macartismo hubo una reacción empresarial exitosa contra todo el movimiento social. Al llegar la administración Reagan la acción empresarial, incluso ilegal, se incrementó, y hoy en el sector privado el nivel de afiliación sindical, llena de obstáculos, está por debajo del 7%.

También la conciencia de clase ha ido retrocediendo. Al inicio de la revolución industrial era muy intensa, con importante libertad de prensa y una crítica a la esencia del capitalismo. Hoy casi no se puede hablar de clases sociales y en vez de beneficios se habla de “crear puestos de trabajo”. Hoy día la movilidad social en EUNA es más baja que en otros países industrializados, pero la mayoría de los trabajadores se considera ‘clase media’, desatendiendo la pregunta básica: quiénes mandan y quiénes obedecen.

 

Principio Nueve – Fabricar el consenso

Decía David Hume que en todo Estado el poder está en manos de los gobernados… si se unen y son conscientes de que tienen ese poder. Ya desde hace un siglo, los ricos comprendieron que era muy difícil controlar a la población por la fuerza. Se desarrolló así una industria de las relaciones públicas, cada vez más importante. En EUNA la inició Edward Bernays, quien argumentaba que la población puede tomar decisiones espantosas y que por eso el poder lo ha de gestionar una minoría inteligente y para ello hace falta una ingeniería del consenso, manipular para obtener consentimiento.

Uno de sus principales medios es fabricar consumidores (Thorstein Veblen), dirigir a la población hacia las cosas más superficiales de la vida, como el consumo de moda. Esto ha llegado a una gran sofisticación, con casi todo el mundo en estado de ansiedad por comprar el siguiente artilugio.

Se trata también de crear consumidores desinformados que tomen decisiones irracionales gracias a la publicidad.

Otra de las vías de dominio de la población es hacer que caiga en deudas (igual que se hizo con los negros cuando se prohibió la esclavitud: pasaron a  deber cada vez más dinero en la tienda del amo).

Otro factor es sabotear las elecciones: generar electores desinformados que toman decisiones irracionales, haciendo que desaparezcan de la agenda los temas esenciales en favor de temas marginales y empleando una fortísima industria publicitaria para vender candidatos.

 

Principio Diez – Marginar a la población

Cuando se analizan las políticas gubernamentales, se observa que la toma de decisiones está orientada a beneficiar a los poderosos y no al bienestar de la población. Esto genera un gran antagonismo social, un desprecio hacia las instituciones. Pero casi siempre el activismo derivado tiene formas autodestructivas: ataques mutuos, división, centrar el odio en las capas más vulnerables. Se trata de una buscada erosión de las relaciones sociales, mediante el odio y el temor fomentar en cada uno la búsqueda del propio beneficio. El ejemplo obvio es el presidente Trump quien aprovecha esa rabia generalizada de sectores (trabajadores blancos pobres o medios) muy dañados por el neoliberalismo para dirigirla contra personas aún más vulnerables, supuestamente protegidos por las élites liberales con las que hacen confundir el poder del Estado.

Una sociedad global basada en el egoísmo y la ausencia de solidaridad se dirige a la destrucción masiva, como sucede con el negacionismo del cambio climático. Corremos hacia un desastre medioambiental, incluso hacia una guerra nuclear, lo que demuestra una total despreocupación por las generaciones futuras.

A cambio, el activismo tiene consecuencias, como por ejemplo los éxitos de los movimientos de derechos civiles en los años 60s en EUNA. El activismo genera interacción; los sindicatos no sólo defienden derechos de los trabajadores, también son una escuela de formación. Lo mismo se observó en el contacto directo en las plazas durante la primavera árabe.

Tenemos que ver cada una de nuestras libertades como un legado. Frente a la coacción de las grandes empresas, tenemos posibilidades mediante la organización y la lucha de la población.

 

 

Anuncios

Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo

Resumen del libro “Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo”, de David Harvey, IAEN + Traficantes de sueños, Quito y Madrid, 2014.

El texto es largo, puede bajarse este mismo resumen en PDF en la página de descargas

PRÓLOGO – La crisis del capitalismo que toca ahora

Las crisis son esenciales para la reproducción del capitalismo. Crean y destruyen, pero no sólo elementos materiales, también modos de pensamiento, instituciones, ideologías dominantes, alianzas, subjetividades políticas, relaciones sociales, gustos…

Son acontecimientos complejos, cuyas consecuencias a menudo se proyectan durante décadas. A posteriori, somos capaces de descubrir las señales que las anunciaban.

En esta crisis, sin embargo, no se han desarrollado muchas teorías. El mundo se polariza entre las recetas de profundización del neoliberalismo monetarista y algunas versiones aguadas del keynesianismo (a veces sin atender a la redistribución de la renta, como en China). Sí parece haber una diferencia institucional: el gran papel jugado por los bancos centrales, dedicados a la protección de la banca privada. Hay también teorías sobre una solución tecnológica a los males actuales, pero en realidad ésta parece ir en la dirección de disminuir el empleo y aumentar las rentas de la propiedad intelectual.

No sólo las élites y sus acólitos académicos parecen incapaces de encontrar una salida, lo mismo le pasa a las fuerzas de la izquierda tradicional, tras treinta años de derrotas ideológicas y políticas. La izquierda radical (inspirada por Foucault), antiestatista y libertaria (incluso neoliberal) se dedica a las acciones a pequeña escala, al activismo local, a menudo identitario y fuera de los análisis de clase. Frente a esta izquierda que no quiere tomar el poder, la plutocracia queda sin verdadera oposición, y aplasta policialmente la disidencia (calificada como terrorismo).

Este libro aplica el método marxista al estudio del problema, del mal estado en que se encuentra el capitalismo.

INTRODUCCIÓN – Sobre la contradicción

“Contradicción” tiene dos significados: el aristotélico (dos afirmaciones que no pueden ser simultáneamente ciertas), y el dialéctico, que se puede describir como la confluencia en una situación, entidad, proceso o acontecimiento, de dos fuerzas aparentemente opuestas. Un ejemplo típico de este tipo de contradicción es el que se encuentra entre las exigencias de la producción organizada y la necesidad de reproducir la vida cotidiana (esto es, los problemas de conciliación entre vida laboral y familiar).

Hay momentos en que esas contradicciones son más obvias, se agudizan y la tensión entre las dos fuerzas se hace insoportable. La insoportabilidad es muy subjetiva, hay quien no la siente en ciertos momentos y en otros sí. También pueden las contradicciones atenuarse de repente, normalmente dejando cicatrices.

No son esencialmente negativas. Son una fuente fecunda de cambio social, que a veces pueden utilizarse creativamente, generando innovaciones, por ejemplo (eso pasó con la contradicción en Gran Bretaña en el s. XVIII sobre el uso del suelo para producir alimentos o para carbón vegetal: acabó provocando la innovación de las minas en profundidad).

A veces las contradicciones no se resuelven, sino que se desplazan en el tiempo.

La contradicción más importante es la que se da entre la realidad y la apariencia del mundo en que vivimos. Para entender el mundo, hay que no dejarse engañar por el fetichismo, el conjunto de máscaras, disfraces y distorsiones, hay que llegar más abajo que lo superficial. Son fetiches la creación de dinero en una cuenta a plazo, la asignación de precio a las lechugas en el supermercado. El fetiche no es una creencia insensata, una ilusión o un trampantojo. Se puede vivir en el mundo sin desentrañarlos, mientras no sucedan acontecimientos extraordinarios.

Este libro intenta ir más allá del fetichismo, y determinar las fuerzas contradictorias. El capitalismo tiene muchas contradicciones (por ejemplo, de raza o género). Este libro sólo trata de las del capital, las que son esenciales respecto a la circulación y acumulación del motor económico del capitalismo. Las otras contradicciones también influyen, pero aquí nos centramos en las relativas al motor económico del capital. Si el capitalismo fuera un gran buque de pasajeros, lleno de conflictos y complejidades, aquí se trataría sólo de la sala de máquinas, que ha demostrado ser bastante vulnerable, y sólo a lo interno a ella, no a acontecimientos que la afecten desde su exterior.

Se trata de explicar el motor económico, cómo funciona, por qué a veces está a punto del colapso y por qué debería ser sustituido y cuál sería su reemplazo.

PRIMERA PARTE – Las contradicciones fundamentales

Las siete primeras contradicciones son fundamentales, porque el capital simplemente no podría existir ni funcionar sin ellas. Están entrelazadas entre sí, pero sus relaciones a veces son tóxicas. Si una de ellas se intensifica, las demás pueden contagiarse y llegar a una crisis general, lo que da muchas oportunidades al anticapitalismo.

CONTRADICCIÓN 1 – Valor de uso y valor de cambio

Todas las mercancías tienen un valor de uso y un valor de cambio. El primero puede ser muy variado, diferente para cada persona y cada momento; el segundo es uniforme y cualitativamente idéntico (dinero).

Si tomamos como ejemplo una casa, los valores de uso son muy diferentes (cobijo, lugar de trabajo, especulación, privacidad, etc.). En cuanto al valor de cambio, inicialmente (y aún en lugares pobres) se autoconstruían y por tanto era muy limitado; luego se construían por encargo pagando materiales y a trabajadores, lo que limitaba las posibilidades de obtener valor de uso, de acuerdo con las capacidades; en el capitalismo avanzado, se construyen especulativamente, como una mercancía para ser puesta en el mercado al alcance de quien pueda pagarla, el vaor de cambio es ahora el de la construcción, más el del suelo, más el margen de beneficio que espera el constructor, más en su caso el coste del endeudamiento. El valor de uso no es el fin, sino el medio para obtener valores de cambio. En ocasiones, el Estado desarrolla planes de vivienda, y entonces sí prima el valor de uso.

La vivienda es un artículo caro que, a menudo, no puede comprarse de una vez, así que las personas contratan hipotecas. El valor de cambio se dispara para el comprador, pero es su manera de acceder al valor de uso y, de hecho, en la medida en que la vivienda al final es suya, supone una forma de ahorro, un depósito de valor de cambio. El valor de cambio de una vivienda está sujeto a externalidades, que pueden disminuirlo o anularlo: deterioro del entorno, expropiación pública, …

La propiedad de una vivienda se ha convertido en un tema importante para mucha gente. Es un bien especulativo, pero como todos éstos, funciona a la manera de una “pirámide de Ponzi”: el sistema se mantiene e infla hasta que se llega a la conciencia de que es una burbuja y estalla. La búsqueda por muchas personas de un incremento de valor de cambio puede acabar con la pérdida de todo el valor de uso (desahucio). Especialmente si el Estado se inhibe en la satisfacción de las necesidades básicas de valor de uso por parte de la población.

El de la vivienda es un buen ejemplo de cómo una crisis en el valor de cambio niega a mucha gente el valor de uso necesario. Pero sanidad y educación tienen evoluciones similares.

CONTRADICCIÓN 2 – El valor social del trabajo y su representación mediante el dinero

El valor de cambio requiere una medida de cuánto valen unas mercancías en relación con otras: esa medida es el dinero. Tiene tres funciones básicas: es un medio de circulación que facilita los intercambios solventando los problemas del trueque, ofrece una única vara de medir para todos los medios económicos en el mercado, y es una forma de almacenar el valor.

Dependemos del trabajo de los otros para obtener la mayoría de valores de uso que necesitamos. El dinero es un título del derecho a reclamar parte de ese trabajo de los otros. El dinero representa el valor social de esa multiplicidad de actividades; el valor social es algo inmaterial e indivisible, que relaciona las diversas actividades sociales, pero su consecuencia es objetiva: las mercancías tienen valores diferentes, que no dependen esencialmente de sus valores de uso, sino del trabajo social involucrado en su producción.

El dinero es una forma tangible de apariencia, un símbolo y representación de aquello material e invisible que es el valor. Como toda forma de representación, por ejemplo un mapa, no es idéntica a lo representado. Esa disparidad entre el dinero y el valor que representa es la segunda contradicción del capitalismo.

Dinero y valor tienen una relación dialéctica y coevolutiva, se han desarrollado a la vez, pero no es una relación causal.

La brecha entre valor social y su instrumento de representación está cuajada de contradicciones potenciales. El dinero-mercancía (oro, plata), se inserta en mercancías con cualidades físicas concretas, mientras que las monedas, billetes y el dinero fiduiciario son meros símbolos. El dinero de cuenta son simples apuntes contable, remitiéndose al pago de un saldo neto al final de un cierto periodo. Y el dinero crediticio tiene una naturaleza profundamente diferente.

Hay un uso tautológico del dinero: aun siendo un medidor del valor, puede ser también una mercancía, el capital-dinero, cuyo valor de uso es su capacidad para producir más valor (beneficio, plusvalía) y su valor de cambio se mide con el pago de intereses. Otras medidas estándar, como el kilo o el litro no son a la vez mercancías.

El dinero empezó concretándose en metales o materiales preciosos: tienen una oferta relativamente inelástica, no se deterioran apenas con el uso y sus propiedad y cualidades con conocidas y evaluables por cualquiera. Pero no son fácilmente fraccionables ni, por ello cómodas de usar, y así surgieron monedas, billetes y dinero electrónico. Pero cuando el dinero es representado por números surge una paradoja: de pronto el dinero puede crecer sin límites técnicos; esto pasa desde que en la década de 1970 se abandonó el patrón oro: el dinero se puede crear y acumular sin límites. Por último, el dinero crediticio pone en buena medida la creación de dinero en manos de bancos y particulares, y ya no sólo en instituciones estatales. Cada una de esas formas del dinero satisface más o menos a una u otra de las tres funciones básicas del dinero que mencionábamos: por ejemplo, el dinero-materiales preciosos, que era muy bueno para acumular valor, no lo era para la fluidez de la compraventa en el mercado, así que -hasta los 70 del s.XX- monedas y billetes eran una representación del oro, que a su vez representaba el valor, un doble fetiche.

El precio en cada transacción en el mercado depende de condiciones particulares (oferta y demanda concretos en un lugar y tiempo concretos) que sólo en un mercado perfecto hacen coincidir precio y valor general del producto. Pero no es fácil que haya un mercado perfecto, cuando cada capitalista ansía eliminar competencia y monopolizar. Cuando sucede que hay una divergencia cuantitativa entre precio y valor, los capitalistas responden necesariamente a los precios, porque éstos son los que se pueden ver en el mercado.

Además, puede ponerse precio a lo que no es el resultado del trabajo social (cabildeo, por ejemplo) o no es reconocible como valor social (tráfico de blancas, armas o drogas). Y puede usarse el dinero para crear más dinero: dinero que circula y crece sin que se corresponda con una producción, capital ficticio, del que un ejemplo típico es la especulación inmobiliaria.

El dinero provoca por tanto múltiples contradicciones, desde la falsificación parcial de la realidad que conlleva toda representación, al hecho de que el trabajo social pueda convertirse en poder para unos pocos que pueden acumularlo bajo la forma dinero. El fetiche dinero acaba convirtiéndose en el objetivo para una serie de personas y se desatan comportamientos nocivos, como la codicia.

¿Cómo dar una respuesta crítica? En primer lugar, atacando directamente los procesos especulativos y las formas monetarias ficticias que los promueven. Y el objetivo utópico es la desaparición del valor de cambio, que conllevaría la del dinero y las patologías ansiosas asociadas a su uso. Como fase intermedia, habría que crear formas cuasi dinerarias que facilitaran el intercambio de productos, pero que inhibieran la acumulación privada de riqueza. Silvio Gesell, en 1916, hablaba de un paradinero que se oxidara al no usarse. Esto hoy en día es fácilmente creable en el dinero electrónico, mediante fechas de caducidad y se rompería así con la función de depósito de valor de dinero, como acumulación de riqueza y poder privados. Esto precisaría grandes cambios sociales, como la renta básica garantizada para todos, esto es, acceso mínimo a un conjunto de valores de uso colectivamente gestionado. La sociedad se orientaría así a lo verdaderamente necesario: la creación continua de valores de uso mediante el trabajo social, desapareciendo el valor de cambio como impulsor principal de este proceso.

Estos cambios son especialmente necesarios desde el abandono del respaldo metálico del dinero mundial, cuando el dinero es imprimible hasta el infinito, un dinero numérico que es representación de un dinero real que lo es del valor. Esta ilusión de crecimiento indefinido ha llevado a que todos los bancos centrales converjan en una política única de contención de la inflación a cualquier precio.

CONTRADICCIÓN 3 – La propiedad privada y el Estado capitalista

El valor de cambio y el dinero presuponen conjuntamente la existencia de derechos de propiedad privada individual sobre las mercancías y el dinero.

No es lo mismo propiedad privada que posesión individual. Hay procesos y objetos que, mientras los estoy usando, no pueden ser aprovechados por otros (una bici, por ejemplo). También hay otros cuyo uso no es excluyente (la calle), aunque pueden tener normas regulatorias para el uso conjunto. La propiedad privada es distinta: un derecho de pertenencia exclusiva sobre un objeto o proceso, esté siendo utilizado o no; es por tanto diferente al derecho al usufructo.

La propiedad privada presupone un vínculo social entre lo poseído y la persona, que se define entonces como un sujeto jurídico (titular de un derecho). Con el tiempo, este derecho a pasado a estar reconocido también a empresas, organizaciones, instituciones, “personas jurídicas”. Las constituciones burguesas reconocen este derecho a la propiedad privada, y lo incardinan con los derechos humanos individuales.

La propiedad privada es un derecho a perpetuidad, que no expira por falta de uso y que puede pasar de una generación a otra por medio de la institución de la herencia. Históricamente, en los procesos de colonización, se usó el concepto de res nullius (Locke), según el cual sólo es legítima la propiedad que es usada para proveer de mercancías el mercado; de esta manera se expropiaban a los pueblos sometidos sus tierras.

La imposición del derecho a la propiedad privada ha dependido de la existencia de poderes estatales y sistemas jurídico-legales. Éstos son los que han ido acabando con muchas formas de propiedad intermedias entre la posesión individual usufructuaria y la propiedad privada: bienes comunes, gobernanzas compartidas. Es el poder del Estado el que ha ido consolidando y garantizando la propiedad individual irrestricta, base de la circulación y acumulación capitalistas. Incluso se va avanzando en la línea de someter a este régimen a objetos y procesos que antes no eran apropiables (procesos biológicos o de conocimiento de procesos naturales).

La propiedad privada individualizada está en la base misma del sistema, pero su régimen está plagado de contradicciones. La primera es la fractura existente entre el ejercicio libre del derecho a la propiedad privada y el ejercicio colectivo del poder coercitivo del Estado. Aunque el segundo protege el primero, no se limita a ser un guardián protector, también controla: debe garantizar la provisión de bienes y servicios colectivos públicos (como el alcantarillado, las infraestructuras o la educación). El Estado debe además proteger sus propias instituciones, y alimentarlas mediante impuestos. El Estado tiene que gobernar y administrar poblaciones diversas, con intereses contrapuestos (y la democracia burguesa ha demostrado ser un sistema eficaz de gobierno); de manera que el producto final es la resultante de dinámicas políticas amplias y de largo alcance. Otra contradicción está en los fallos del mercado, como las externalidades, costes reales que no quedan registrados en el mercado, por ejemplo, la contaminación que se expulsa al medio en la producción de una mercancía. Hay externalidades negativas y positivas, y en general se acepta la intervención del Estado para controlar y regular las negativas, incluso al coste de invadir el derecho a la propiedad individual. También la posición del Estado en la comunidad internacional genera contradicciones con el derecho de propiedad. La diplomacia y la guerra requieren de un Estado fiscal-militar.

También le corresponde al Estado el monopolio sobre el dinero y la moneda. Hay que matizar que el sistema monetario internacional es jerárquico, no todas las monedas están en el mismo plano, no todas las deudas emitidas tienen el mismo valor. Otro matiz es que esta función del Estado la puede subcontratar al sistema financiero o a instituciones supuestamente independientes, situadas entre el Estado y la sociedad (como los bancos centrales).

Otra contradicción es que el Estado, al admitir formas de cierta democracia (que le han sido siendo esenciales para favorecer el libre mercado y la libertad de movimientos) está sujeto a influencia de movimientos populares. En ciertos casos, como las etapas socialdemócratas de algunos países occidentales, a veces se han impuesto ciertos fines económicos por encima de los intereses privados de los propietarios, ha habido planificación económica gubernamental, a veces en competencia con las actividades privadas. Y siempre quedan áreas, como el complejo industrial-militar, donde prevalecen los intereses del Estado.

Esta contradicción entre intereses del Estado e intereses de los propietarios va dando como resultado una tendencia en favor de los centros antidemocráticos del poder estatal. Incluso si esto perjudica intereses concretos, a la postre supone un plus de protección a los propietarios del capital respecto al movimiento obrero o al ecologista. Un ejemplo está en la política de vivienda, donde el Estado a menudo ha fomentado el acceso de grandes masas de población a la propiedad, no sólo como apoyo al sector inmobiliario privado, sino cumpliendo una función ideológica crucial, de convertir a muchos trabajadores en propietarios.

¿Cuál debería ser la estrategia política de la izquierda en este contexto? Un simple intento de restaurar el equilibrio fortaleciendo las libertades individuales no basta. El Estado ha acumulado mucho poder y ya no se tiene fe en él como en un poder benevolente. La estrategia debería ser el restablecimiento y reforzamiento de los bienes comunes de gestión colectiva democrática, no sometida a la autocracia estatal. El dinero y el crédito también deberían pasar a esta zona de bienes comunes de gestión colectiva.

CONTRADICCIÓN 4 – Apropiación privada y riqueza común

La apropiación y acumulación privadas de la riqueza común (la variedad infinita de valores de uso producidos) y del trabajo social en ella coagulado se produce por dos vías. Una extralegal (robo, fraude, coerción, usura, corrupción, monopolización, manipulación de precios, cárteles, mafias, …), otra mediante intercambios legales sancionados en mercados libres, en condiciones no coercitivas.

La primera vía no es una excrecencia casual, una falla del sistema; hay una relación simbiótica entre ambas. Y ello por dos motivos: por razones empíricas (su vastedad, su peso en el comercio mundial) y por razones teóricas: la esencia misma del capital alberga una economía basada en la desposesión. En ello es esencial el dinero, que, al funcionar bien como medida y deposito de valor, puede ser acumulado sin límite. Como vimos, hay una brecha entre la realidad del trabajo social en un producto y su precio, no sólo cuantitativa (alzas y bajas de precios), sino cualitativa (se puede poner precio a bienes inmateriales como el honor o la lealtad).

Karl Polanyi, en 1944, alertaba de que los mercados de la tierra, el trabajo y el dinero se basan en su consideración como mercancías, pero esto es falso: no son elementos producidos para la venta. Y es muy arriesgado tratarlos como mercancía; de hecho, los ejemplos de degradación que Polanyi enunciaba como posibles, se han ido produciendo.

Aunque las políticas neoliberales han ido reduciendo o eliminando todas las protecciones, ya en la ‘acumulación originaria’ trabajo, tierra y dinero se han ido transformando en mercancías mediante violencia, engaño, fraude, robo (cerramiento de tierras, exacción del oro y la plata de las minas americanas para crear dinero, trabajadores expulsados de la tierra para ser usados como ‘asalariados libres’ o esclavos).

El Estado se convierte en un instrumento esencial para la acumulación por desposesión y para la legitimación y racionalización de facto por vía de la propiedad privada.

Se admite como una verdad evidente que todo lo que existe sobre la tierra debe ser sometido, si hay posibilidad técnica, a la mercantilización, monetización y privatización.

Así, la vivienda, la educación, la sanidad; hoy también las actividades bélicas, las secuencias genéticas, las cuotas de contaminación, los derivados sobre el clima, …

El valor de cambio manda sobre el valor de uso. La rebelión popular debería ser para el acceso a todos los valores de uso fundamentales.

Pensamos que la acumulación por desposesión es el efecto de la incapacidad para regular correctamente los mercados, pero no es así, aunque no veamos la naturaleza exacta de la mentira. El hecho de que la constitucionalidad capitalista beneficie sistemáticamente a unos más que a otros no es casual, es la razón de ser del edificio legal.

Dos percepciones más: quienes saquean la riqueza común no actúan de forma que asegure su reproducción, suelen destruir las condiciones de ésta. En segundo lugar, no hay incentivo para seguir las reglas de buen comportamiento: los beneficios y el rendimiento sn mucho más bajos.

CONTRADICCIÓN 5 – Capital y trabajo

La apropiación de la fuerza de trabajo de unos individuos por parte de otros (a menudo con rasgos de racialización o discriminación de género) es histórica, y está detrás de la construcción de las relaciones sociales. También el endeudamiento, como una de las formas más insidiosas de la apropiación.

Pero lo más específico del capitalismo es que la fuerza de trabajo se trate como mercancía. Ya pasaba antes de alguna manera, pero el ascenso del capitalismo lo convierte en el rasgo distintivo: la plusvalía.

El sistema no parece basarse en el engaño, porque los trabajadores tienen un derecho de propiedad privada individual sobre la fuerza de trabajo que pueden proporcionar al capital, que es además lo único que tienen, a falta de tierra y otros medios de producción.

La mercantilización de la fuerza de trabajo es la única forma de salvar la contradicción insoluble de la circulación del capital: si se intercambian valores de uso con una utilidad aproximadamente igual, la circulación no genera más valor, no hay beneficio. Esto se salva si una de las mercancías, la fuerza de trabajo, tiene la característica de crear más valor de uso que el suyo propio.

Aunque la relación entre trabajadores y capitalistas es contractual e individual, en realidad es una relación de clase general que involucra al Estado y la ley como árbitros. Los capitalistas se esfuerzan en obtener más del trabajo (más intensidad, productividad, tiempo) y los trabajadores en elevar su nivel de vida y disminuir el tiempo, la intensidad o el riesgo del trabajo.

Muchos, sobre todo los marxistas, consideran esta contradicción entre capital y trabajo como la principal, a la que se subordinan todas los demás. Tmbién como fuente subyacente de todas las crisis económicas.

Pero esta contradicción no es la única explicación de todas las crisis, ni conceptual ni políticamente. Está entrelazada con otras. La resolución de la contradicción mediante otras formas de relacionar capital y trabajo, como los trabajadores asociados (cooperativas, autogestión, economía solidaria) o la posesión estatal de los medios de producción y planificación centralizada de ésta, alcanza sólo éxitos limitados por la relación de la contradicción capital-trabajo con otras (como la forma dinero y su manera de apropiarse de la riqueza social).

Privilegiar esta contradicción lleva también a centrarse en dos dominios donde actúa, el mercado laboral y el lugar de trabajo, olvidando otros terrenos de lucha.

La acumulación por desposesión, la supresión de derechos adquiridos al amparo de la austeridad y el equilibrio fiscal, puede generar resistencias tan importantes para la lucha de clases como las de esos dos espacios (mercado laboral y lugar de trabajo).

Ésta, capital-trabajo, es una contradicción fundamental, pero no cardinal, a la que las otras estén subordinadas. Nunca hay que pensar que actúa de forma autónoma e independiente de las otras.

CONTRADICCIÓN 6 – ¿El capital es una cosa o un proceso?

En las ciencias naturales, se ha ido asumiendo el razonamiento dialéctico y la idea de contradicción (por ejemplo, la luz como onda o corpúsculo o en realidad como ambas cosas, simultánea o complementariamente). En la economía también ha de asumirse así.

¿Es el capital un proceso o una cosa? Es ambas cosas y de forma simultánea. Si miramos el proceso como un flujo simple, el capital va tomando diversas formas (dinero, medios de producción, masa de trabajo, plusvalía, dinero de nuevo, reinversión). Hay tanto un flujo legal como ilegal; por eso el Estado funciona como regulador y normativizador (legislación laboral, de consumo, financiera, etc.) y su capacidad de intervención depende de controles e influencias de clases.

Es, por tanto, un flujo y una cosa, como en la naturaleza. Pero en el capital es también crucial la velocidad, ya que la aceleración del tiempo de rotación del capital genera una cierta ventaja competitiva.

El proceso de producción está lleno de obstáculos: las materias primas hay que extraerlas y moverlas; los trabajadores son seres con voluntad propia; los productos pueden necesitar ser planificadamente obsoletos para que haya que reponerlos pronto. Para superar esos obstáculos, el capital usa todo tipo de estrategias y atajos, como hacer que los comerciantes (mayoristas o minoristas) asuman el riesgo del mercado vendiéndoles los productos a ellos con descuento. Estas estrategias posibilitan posiciones de poder para comerciantes y financieros, los cuales pueden lubricar el proceso de circulación.

El proceso productivo precisa también de grandes inversiones de capital fijo (territorios construidos, infraestructuras físicas). Aquí hay otra contradicción, ya que el capital necesita circular deprisa, pero a la vez depende de que haya capital fijado, de larga duración, para sostener el proceso de circulación.

En la confluencia de las maniobras sociales para garantizar la lubricación del flujo del capital con la necesidad de capital fijo, surge otra dificultad, que es la captación de parte de la plusvalía por el terrateniente. Así se producen acaparamiento y escasez. A la vez, estos propietarios cuyo poder descansa en el control de los bienes inmóviles, usan la fluidez financiera para explotarlos.

La tensión entre proceso y cosa, entre inmovilidad y movimiento, se agudiza a veces (especialmente por el poder de los rentistas) dando lugar a crisis, a booms y cracks locales y temporales.

¿Qué proyecto político derivar de este análisis? La abolición del poder de la propiedad inmobiliaria, registrar tierra y recursos naturales como propiedades comunes de las poblaciones; igualmente, abolir la relación entre capital fijo y especulación financiera, y la planificación racional para que los valores de uso físicos sean accesibles siempre.

CONTRADICCIÓN 7 – La contradictoria unidad entre producción y realización

En su flujo para alcanzar el crecimiento cuantitativo (el beneficio) el capital pasa por dos momentos críticos importantes: el proceso de trabajo que añade valor a lo producido y el proceso de realización en el mercado que saca ese incremento de valor de su latencia.

Esa unidad es contradictoria. En el proceso de trabajo, el capital tiene un fuerte incentivo para pagar a los trabajadores lo menos posible, hacerles trabajar la mayor cantidad de tiempo y con la mayor intensidad posibles, mantenerles dóciles y disciplinados (mediante un ejército industrial de reserva), evitando su organización autónoma y cualquier forma de poder o influencia sobre el Estado. De estas maneras, incrementa su beneficio.

Pero, en cuanto a la realización en el mercado, si el capital hace todo lo anterior se encuentra con que la demanda agregada es muy baja; los trabajadores, los parados, consumen mucho menos.

Atrapado en esa contradicción, el capitalismo va adoptando diferentes políticas económicas. La keynesiana, 1945-1975, gestionaba coherentemente la demanda para mejorar la realización en el mercado (consumo), pero los movimientos obreros organizados y políticamente poderosos suponían un incremento de coste en la producción. Así que, 1975-hoy, la contrarrevolución neoliberal actúa sobre el lado de la oferta, reduciendo salarios y aplastando organizaciones sindicales.

Es una exposición simplificada, aunque ilustrativa, que sirve para comprender los procesos de generación y de superación de crisis.

La contradicción puede mitigarse de varias maneras: se puede incrementar la mano de obra aumentando el número de trabajadores (China), se puede expandir el consumo de lujo de la burguesía, o mantener y mejorar la capacidad de compra de capas de la población no productoras (funcionarios, militares, …). pero la forma principal de paliar la contradicción es el crédito, que puede actuar en ambos puntos, producción y realización del valor.

Si el crédito se restringe, se exacerba la contradicción, pero si se fomenta y desregula, genera especulación y burbujas, lo que da lugar a crisis financieras y comerciales.

Hay contradicciones secundarias ligadas a esa principal de producción-realización. La continuidad del flujo del capital puede permitir que figuras como el comerciante o el financiero sean los que realizan la mayor parte del valor, explotando al capital productivo, incluso desplazándolo en el espacio (grandes multinacionales occidentales de consumo abaratando el coste de la producción en China).

Otra vía de mitigar la contradicción es sustraer de los trabajadores las rentas obtenidas , pero fuera del proceso de la producción: tasas, rentas, impuestos, manipulación del salario social (pensiones, educación, sanidad, servicios básicos), privatizaciones, gentrificación, austeridad: es la acumulación por desposesión. Por eso no hay que perder de vista la unidad contradictoria entre el conflicto y la lucha de clases en la esfera del trabajo y en el resto de la vida.

El proyecto político a derivar de esta contradicción sería desmercantilizar, reafirmar los valores de uso que la sociedad necesita y dedicar la producción a satisfacer esas necesidades sociales. No se trata de incrementar continuamente los valores de cambio, sino de disfrutar los valores de uso.

SEGUNDA PARTE – Las contradicciones cambiantes

Las contradicciones fundamentales que hemos visto hasta ahora se entrelazan para dar una arquitectura básica a la acumulación de capital.

La contradicción entre valor de uso y valor de cambio (1ª contradicción) depende de la existencia de dinero, el cual tiene una relación contradictoria con el valor como trabajo social (2ª). Se requiere cierta relación jurídico-legal entre los que participan en el intercambio, dándose la contradicción entre propiedad privada individual y la colectividad del Estado capitalista (3ª). Los individuos pueden apropiarse legal y libremente de los frutos del trabajo social mediante el intercambio (4ª). Ésta es la base monetaria para la formación del poder de clase capitalista, la mercantilización de la fuerza de trabajo que resuelve el problema de cómo producir la desigualdad que es el beneficio en un sistema de intercambio de mercado basado en la igualdad, contradicción fundamental entre capital y trabajo (5ª). Contradicción puesta en movimiento definiendo un proceso de circulación de capital que pasa por diversas formas materiales, generando tensión entre inmovilidad y movimiento (6ª), con una unidad contradictoria entre producción y realización (7ª).

A su vez, estas contradicciones delimitan el campo en que puede definirse una alternativa al mundo creado por el capital: orientación hacia los valores de uso, forma dinero que inhiba la acumulación de riqueza y poder, promoción de la disolución del nexo Estado-propiedad privada, fortalecimiento del poder de los trabajadores asociados para determinar su propio proceso de trabajo no alienado.

Ahora pasamos a contradicciones inestables en un cambio evolutivo permanente. Hay que estar muy atentos a ellas para no buscar soluciones desactualizadas, sino apropiadas a su momento de cambio.

CONTRADICCIÓN 8 – Tecnología, trabajo y disponibilidad humana

Un esbozo simplificado e insuficiente de la concepción marxista tradicional describiría la contradicción principal entre el increíble incremento de las fuerzas productivas y la incapacidad del capital para aprovecharlas para el bienestar común, debido a su compromiso con unas relaciones de clase.

Entendamos como tecnología, aunque pueda parecer una definición muy genérica, el uso de procesos y objetos para obtener productos que satisfagan las necesidades. Supone una relación dinámica y contradictoria con la naturaleza y se expresa en hardware, software y formas organizativas. Dinero, banca, sistema de crédito… son ejemplos de tecnología en esta definición amplia.

Inicialmente, las modificaciones tecnológicas eran una derivada de la competencia entre productos individuales. El innovador obtenía una ventaja competitiva, efímera porque los demás empresarios se sumaban pronto: innovaciones a saltos. En realidad, el capitalismo tiende al monopolio, y éste es menos innovador, pero está en la cultura de los capitalistas (con o sin competencia) el impulso de aumentar la eficiencia y la productividad.

El capital no es el único agente implicado en buscar ventajas tecnológicas. Algunas ramas del Estado lo hacen: ejército, recaudación de impuestos, definición de derechos de propiedad inmobiliaria, de formas legales de contrato, gestión del dinero, gobernanza, cartografía, vigilancia, policía, … son áreas frecuentes de innovación.

En su desarrollo desde el siglo XIX se intensificó la investigación en tecnologías genéricas, aplicables a muy distintos procesos productivos, y por tanto la innovación en sí se materializó también en un área específica de actividad empresarial. Hubo también una imbricación retroalimentada entre ciencias y técnicas. Ese sector empresarial de la innovación logra, con la ayuda del Estado, la imposición de sus avances incluso donde no es económicamente rentable (terminales electrónicas para la venta en pequeños comercios), con una mezcla de consentimiento y coerción.

Siguiendo el estudio de Brian Arthut “The Nature of Technology”, cada tecnología se constituye en un ladrillo y en un impulso para las siguientes: solucionan un problema y generan otros que demandan nuevas tecnologías; “evolución combinatoria”. Se han desarrollado espontáneamente centros de innovación en áreas geográficas concretas, basadas en pequeñas empresas con una fuerte división del trabajo. Hoy es una evolución tecnológica relativamente autónoma, retroalimentada. Va adquiriendo propiedades que asociamos a los mecanismos vivos.

Los cambios tecnológicos no son indoloros (Schumpeter hablaba de “vendavales de destrucción creativa”) y el dolor que causan no se reparten por igual entre todos.

Cinco imperativos tecnológicos en la historia y lógica del capital:

1. Organización y cooperación de las divisiones del trabajo que maximizan la eficiencia, la rentabilidad y la acumulación; articulación de técnicas de gestión empresarial óptimas, de creciente complejidad y fluidez.

2. Necesidad de aceleración de la circulación del capital en todas sus fases. Acortar los ciclos de rotación del capital, acortar la vida útil de los productos. Creación por el capital de sus propios espacio y tiempo (reducido y acelerado), mediante cambios en el transporte, las comunicaciones, los medios de comunicación (que han incrementado mucho su inmediatez y que deben ser más y más controlados por el capital, porque abren nuevas posibilidades en su contra).

3. Tecnologías de producción y difusión del conocimiento, de almacenamiento y recuperación de datos. Han devenido indispensables para conocer y controlar un montón de información básica del sistema (precios, oferta, demanda, catastro, contratos, sentencias, …). Tecnologías éstas que tienen consecuencias enormes en el funcionamiento del capital (como las transacciones informatizadas casi inmediatas de Wall Street).

4. Innovaciones en finanzas y dinero: informatización, banca electrónica, dinero electrónico, vehículos de inversión, capitales ficticios. Es un campo de actividad importantísimo y desordenado.

5. Control del trabajo y del proceso laboral.

¿Ha sido inevitable esta evolución tecnológica? Es cierto que se han tomado decisiones que liberaban las fuerzas innovadoras (no ha ido igual en Occidente que en China) y es cierto que ha habido fuerzas de resistencia a los avances tecnológicos. ¿Podría detenerse? En teoría sí, pero es una posibilidad remota, porque funciona con una dinámica descentralizada.

¿Cuál es la contradicción entre esta “evolución combinatoria” de las tecnologías y la rentabilidad y acumulación del capital? Hay dos: la relación entre tecnología y naturaleza (la veremos como contradicción 16ª) y la relación entre el cambio tecnológico y el papel de los trabajadores en relación con el capital.

El control del proceso de trabajo es decisivo para la rentabilidad y la acumulación del capital. Pero no sólo en cuanto a la eficiencia física, sino también en cuanto a la disciplina, a mentalidades y hábitos culturales de los trabajadores, al obstáculo a las huelgas, a la robotización y sustitución del trabajo vivo por trabajo muerto, al desempleo tecnológicamente inducido, al abaratamiento de bienes de consumo para poder disminuir los salarios, al bloqueo del salario social básico con el argumento de que fomenta la holgazanería.

La contradicción es que todas esas innovaciones mejoran la rentabilidad de cada empresa que las adopta, pero al coste de socavar colectivamente la posibilidad del beneficio. Tienen un profundo impacto sobre la disponibilidad de empleo, sobre la demanda agregada de bienes y servicios. Categorías enteras de trabajadores están en riesgo por la aceleración tecnológica, y no son sólo los peor retribuidos. Sectores cada vez mayores de la población mundial pasan a ser considerados prescindibles como trabajadores productivos.

Se vuelve a la pregunta keynesiana de de dónde sacar demanda. Hay recomendaciones, como difundir un consumismo insensato, o un sistema impositivo estatal (sobre las ganancias de productividad) para estimular la capacidad de compra de las masas desposeídas a cambio de actividades sociales creativas o valiosas (como ha sido pagos por llevar a los hijos a la escuela en Brasil o Argentina).

Marx veía otros antídotos posibles a esa desaparición de la demanda: apertura de líneas de producción nuevas intensivas en trabajo, innovaciones que den lugar a ahorro en capital y no sólo en trabajo, tasa de explotación creciente sobre la fuerza de trabajo aún empleada, desarrollo o formación de una clase de consumidores que no producen nada, incrementos intensos de la fuerza de trabajo total. Por ejemplo, se han producido masivas incorporaciones de trabajadores al proceso productivo mundial (China, bloque ex-soviético, mujeres); se ha incrementado la tasa de explotación (China, Bangladesh, Vietnam). Por ello, la situación no es de pánico, pero sí parece ser ya visible una última frontera.

La contradicción ya no es sólo que la innovación tecnológica haga prescindibles a masas crecientes de la población mundial, sino que está afectando a la propia reproducción del capital.

De las tres últimas recesiones en Estados Unidos se ha salido mediante ‘recuperaciones sin generación de empleo’. También en Europa y China van creciendo enormes excedentes de población prescindible potencialmente rebelde.

Desde un punto de vista teórico, si el dinero es una representación del trabajo social y éste disminuye rápidamente, cada vez más sucede que el dinero sólo se representa a sí mismo, y eso lleva a una situación desenfrenada, a un desorden total. Esto ya empezó con la desaparición de la base metálica de respaldo en los años 70; el dinero se ha ido convirtiendo en más y más autónomo; hasta surgen cibermonedas como el bitcoin.

Políticamente, hay que ser capaces de discernir entre las posibilidades emancipatorias de las tecnologías y sus consecuencias alienantes y discriminatorias. A corto plazo, la izquierda está obligada a defender los empleos amenazados, pero sabiendo que seguramente será una batalla perdida; muchos empleos devienen en realmente prescindibles (y,. además, en forma desigual en cuanto a género, raza, etc.). Por ello, a largo plazo, la respuesta ha de ser más organizada, en favor de valores de uso suficientes, acciones defensivas contra la acumulación por desposesión, la degradación del medio ambiente, el incremento de las desigualdades, el desempleo permanente, la descualificación.

CONTRADICCIÓN 9 – Divisiones del trabajo

La división del trabajo es una característica fundamental del capital: es la descomposición de las actividades productivas en tareas específicas pero más simples, realizadas por distintos individuos y que se reúnen en una totalidad mediante la cooperación organizada. Es una contradicción de las cambiantes, porque está en continua (r)evolución.

Bajo el capital, se orienta hacia la ventaja competitiva y la rentabilidad, si bien tiene efectos colaterales como cambios en el modo de vida de los trabajadores y sobre el medio ambiente.

La división no es meramente técnica, sino también social, atravesada por todo tipo de factores (culturales, de género, habilidades sociales, …). Esas distinciones pueden generar antagonismo y crisis. Por ejemplo, la actividad socialista se centraba en sectores del proletariado industrial y extractivo, que se consideraban vanguardia. Aunque se trate de distinciones toscas, es importante saber que existen, ya que entremezclan las meras cuestiones técnicas con las sociales: por ejemplo, la distinción por género llevaba asociada una valoración como de inferior cualficación de cualquier trabajo femenino, y un inferior salario para las mujeres. También hay asignaciones laborales por motivos étnicos, religiosos, de nacionalidad, etc.

Los conflictos por la división del trabajo no son sólo entre los diversos estatus, oportunidades y niveles de vida de los distintos grupos de trabajadores, sino que se remiten también a la rentabilidad para el capitalista. Para éste es muy útil un mercado laboral segmentado y muy competitivo, que hace que la mano de obra enfrentada entre sí pierda poder y que el capital ejerza un mayor control.

Cuando el capitalismo empieza a desarrollarse se encuentra con que en las ciudades los oficios están en manos de gremios que a la vez que garantizan la formación y capacitación técnica, suponen un monopolio de hecho. El capitalismo combatió esta situación en dos frentes: por un lado mediante la propiedad privada de los medios de producción que iba privando a los artesanos de éstos, lo que permitía ir organizándolos mediante criterios de división del trabajo, que daban lugar a mejoras en la eficiencia y la productividad, lo que hacía caer los precios de los productos y permitía que el capital se fuera haciendo con más medios de producción de quienes se iban arruinando por este motivo.

Adam Smith teorizaba que la división del trabajo dentro de una factoría, como recurso de mejora de la producción, podía expandirse a una división entre el conjunto de las factorías. Para ello, hacía falta el mecanismo de cooperación organizada funcionara muy bien, por lo que el Estado debía dejar funcionar a la mano invisible del mercado (laissez faire). Marx decía que, no siendo ya el capitalista individual quien hace de mecanismo de coordinación, el sistema devenía más caótico y anárquico, con constantes alteraciones del equilibrio de los precios y una proclividad a las crisis.

El otro sistema del capitalismo para revertir las capacidades monopolísticas de los trabajadores es el propio cambio tecnológico, que conlleva una tendencia a la descualificación. Braverman afirma que el capital tiene un fuerte interés en degradar la cualificación de los trabajadores, arrebatándoles así poder: Taylor quería llegar a una división de tareas tal que incluso un gorila entrenado pudiera desempeñar algunos de los puestos. Pero al mismo tiempo (Marx, Braverman) ese proceso requiere una fuerte cualificación de los organizadores, el empoderamiento de los ingenieros. Por tanto, el proceso conlleva que surjan grupos con ciertas habilidades muy específicas. Eso al capital no le importa siempre que no puedan monopolizar esas habilidades; para ello desarrolla y fomenta la formación en esos campos (como ha pasado con la programación informática).

La rápida extensión y el explosivo aumento de la complejidad de la división técnica y social del trabajo es el rasgo esencial del capitalismo moderno. No es algo diseñado y planificado, sino la consecuencia de cambios tecnológicos, y los organizativos impelidos por éstos. Además de un incremento significativo de la productividad y del volumen y variedad de productos, tiene como consecuencia una notable interdependencia entre poblaciones y áreas geográficas distantes. A la vez, la coordinación es más compleja, con más altas posibilidades de perturbaciones, con mercados más volátiles.

Esto a su vez desarrolla unas capas nuevas en la división del trabajo, especializadas en control, relaciones contractuales de suministro, servicios logísticos, financieros, mercadotécnicos, de seguridad y prevención de riesgos, vigilancia, control de calidad. Y, en paralelo, de especialización burocrática dentro de las autoridades administrativas y reguladoras. El “dominio de los expertos” (Tony Mitchell).

La división internacional del trabajo, provocada por factores naturales (clima, reservas de materias primas), pero también sociales (cualificación, dispositivos institucionales, sistemas políticos, relaciones de clase, posibilidad de saqueo colonial o neocolonial), ha dado lugar a mutaciones espectaculares: la industria se ha desplazado del Occidente al Oriente y al Sur, donde la industrialización y la extracción masiva de recursos no ha generado el incremento de rentas que hubo en Occidente. Éste se ha concentrado en sectores como finanzas, seguros, propiedad intelectual, patentes, productos culturales, monopolios corporativos de marcas; esto es, en actividades basadas en el conocimiento, “trabajo simbólico” (Robert Reich).

Estos desplazamientos han generado mayores riesgos de conflictos globales, donde no sólo actúan el capital y los mercados, sino actores geopolíticos estatales.

A la vez, la complejidad tan intensa -técnica y geográfica- en la división del trabajo da lugar a una vulnerabilidad en las cadenas de producción: cualquier perturbación local puede tener efectos graves en cualquier parte del mundo. Esto también tiene una contraparte, que es una mayor seguridad frente a calamidades locales (por ejemplo, hambrunas por fenómenos climatológicos).

La contradicción principal derivada de la división del trabajo no es técnica, sino social y política: la alienación. Además del incremento de la productividad, la división del trabajo tiene como consecuencia daños en el bienestar emocional, mental y físico de los trabajadores (Marx: persona fragmentaria”), en relación directa con la cantidad de inteligencia que se incorpora a las máquinas. Esta alienación obstaculiza los sentimientos de comunidad moral, solidaridad social, formas colectivas de vida, desarrollo personal. Pero esta tendencia no es lineal, sino contradictoria: al la vez, el capital con una división del trabajo intensa requiere una mano de obra flexible y adaptable y por tanto, en cierta medida, educada. Hay una tensión entre interés en la alienación y necesidad de instrucción. Por eso el capitalismo empuja al Estado a ocuparse de la formación, esencialmente técnica, pero también permitiendo dosis de humanismo, moral, artes, que sirvan como antídoto a la ansiedad generada por la pérdida de significado del trabajo.

Pero el neoliberalismo, triunfante desde finales de los 70s, arrumbó estas concesiones humanistas en aras de la ‘austeridad’, dejándolas a cargo de la caridad del patrocinio de las grandes empresas.

También los trabajadores que se forman pueden invertir la tendencia a la alienación, contrarrestando el aislamiento individualista, especialmente en los países de un capitalismo más avanzado, con una fuerza de trabajo más formada y mejor retribuida.

El neoliberalismo ha sido devastador en este aspecto, generando masas de trabajadores prescindibles, por los cambios tecnológicos y las deslocalizaciones. Estos grandes sectores de población generan erupciones ocasionales de protestas violentas, aparentemente irracionales. Esto puede dar lugar a más represión, y a más descontento, con riesgo para la correcta reproducción del capital.

CONTRADICCIÓN 10 – Monopolio y competencia: centralización y descentralización

Uno de los argumentos más habituales para explicar el éxito del capitalismo es que responde a una inclinación natural de los humanos a competir entre sí. Los monopolios u oligopolios se presentan como aberraciones, desvíos de la línea correcta.

Adam Smith recomendaba la regulación gubernamental para evitar sobreprecios y garantizar la innovación en los monopolios naturales, instalaciones públicas, canales, transportes, que no se pueden organizar competitivamente.

La idea de que cuando puede implantarse un mercado puro, sin distorsiones, todo funciona perfectamente es el mito fundacional de la teoría económica liberal.

En la práctica, el poder de los monopolios no es una aberración casual, sino algo sistémico, relacionado con el monopolio simultáneo en lo político. El comportamiento de la banca en la crisis que comienza en 2007 es un buen ejemplo: consiguen impuestos regresivos, perdón de las deudas, captura de los reguladores por los grupos dominantes, compra de influencia política con la financiación de campañas electorales, demolición de derechos democráticos y de servicios previamente existentes, desposesión… Es el efecto de un monopolio efectivo en la economía, en el proceso político, en la propiedad de los medios de comunicación.

En realidad, el poder de los monopolios no es una aberración, sino que existe en unidad contradictoria con la competencia. Cualquier capitalista prefiere para sí una situación de monopolio. La propiedad privada de los medios de producción es en sí un monopolio sobre cada uno de éstos. El poder de la clase capitalista es el ensamblaje de todos esos poderes monopólicos. El relato de las bondades de la competencia oscurece la situación monopólica de hecho.

El equilibrio entre monopolio y competencia oscila erráticamente, entre los efectos supuestamente ruinosos de la competencia desregulada y los poderes centralizadores excesivos de monopolios y oligopolios. Se habla ya de competencia monopolística y de la validez de cierto grado de poder de monopolios como Google.

Las situaciones de competencia no siempre son claras. A veces, aún habiendo una multiplicidad de pequeñas empresas, los costes de transporte o las cuestiones geográficas coartaban la competencia. En principio, la disminución actual de costes de transporte, la mundialización, son un impulso a la competencia. Pero se desarrollan megacorporaciones, se establecen alianzas flexibles entre empresas, se aseguran los derechos de patentes industriales y científicas, o se desarrolla una cultura de la marca, basada en el efecto de la publicidad. Aparte de la mano invisible del mercado de Adam Smith, está la mano visible de cada empresa y la mano dura del poder estatal en apoyo del capital.

Competencia implica descentralización y monopolio lo contrario. Su unidad contradictoria se puede ver desde dos planos: el sectorial con las fuerzas institucionales que apoyan al poder monopolístico, y el geográfico, donde tienen mucha importancia los centros financieros internacionales en ciudades específicas y las ‘zonas económicas especiales’ en China o India.

Las fuerzas progresistas no deben dejarse llevar por la idea de que la descentralización es democrática (puede dar lugar a un control monopolístico oculto) ni por la quimera de un control centralizado racional (que puede provocar un estancamiento inaceptable y totalitario).

CONTRADICCIÓN 11 – Desarrollos geográficos desiguales y producción de espacios

El capital se esfuerza en producir un paisaje geográfico favorable a su reproducción, pero lo que produce resulta perpetuamente inestable por las presiones técnicas, económicas, sociales y políticas. Su espacio siempre está evolucionando y, de no hacerlo, habría acabado en el caos.

Para el capital, el tiempo es dinero. Es clave para la rentabilidad reducir costes o tiempo en la circulación del capital. Karl Marx: “la aniquilación del espacio mediante el tiempo”. Estas reducciones se pueden lograr de dos maneras: innovaciones en las tecnologías de los transportes y las comunicaciones (aunque no puedan afectar a todas las mercancías), que permite al capital explorar las oportunidades de beneficio en lugares distantes y moverse a ellos desindustralizando así las zonas donde operaba; o en segundo lugar reducir los costes de acceso a los medios de producción, materiales o humanos, mediante ‘economías de aglomeración’, en la que las empresas se sitúan juntas obteniendo así beneficios de escala, servicios comunes, etc. Estas aglomeraciones generan una centralización geográfica y dividen los territorios en regiones avanzadas y deficitarias, que entran en un círculo causal: a más actividad, más atracción, mejores infraestructuras, mayores capacidades fiscales, y las menos desarrolladas en forma inversa. Tampoco es lineal: una centralización indefinida genera sus propios límites, como exceso de población, contaminación creciente, aumento local del coste de la vida, demandas salariales, más facilidad para la actividad sindical, suelo e inmuebles encareciéndose. Así que de nuevo, al llegar a esos límites el capital puede buscar reacomodo.

Para ello necesita excedentes de capital y de mano de obra, pero eso lo produce con continuidad. Así, produce ‘fijaciones/soluciones provisionales espacio-temporales’. Las expansiones geográficas son inevitables, o bien el capital se traslada dejando una región devastada o permanece ahogándose en sus propios excedentes.

La financiación crediticia agrava el problema. Los territorios son vulnerables al capital especulativo, que lo mismo estimula que socava el desarrollo. Un país que se endeuda queda en manos de los prestatarios (Grecia).

El sistema es relativamente estable en su conjunto, pero sus partes experimentan crisis periódicas como desindustrialización o devaluaciones en tal o cual región. El capital no resuelve sus fracasos sistémicos: los desplaza geográficamente. También puede darse una intensificación de la competencia entre regiones con posibles guerras comerciales, monetarias o militares.

El capital tiene que liberarse periódicamente de las restricciones impuestas por el mundo que ha construido, mediante crisis localizadas intensas y destructivas (Detroit). Unos salen ganando, otros perdiendo,de acuerdo con su clase social.

¿Cómo actúa en estos temas el poder estatal? No se solapa con el capital, sus lógicas son diferentes (como puede verse en la cuestión migratoria). El Estado no es uniforme y su actuación depende de la naturaleza de su sistema político, de las dinámicas de clase y conflictos sociales, de las relaciones que implica un sistema interestatal. Está interesado en la acumulación de riqueza y poder con una base territorial y esto influye aunque aplique en general políticas favorables a las empresas. Las lealtades del capital no coinciden con la lealtad orgánica del ciudadano a su Estado. El Estado aplica por ejemplo políticas de planificación urbana y regional en su propio beneficio. El capital puede subvertir las necesidades o intereses de los Estados (como hace el complejo industrial-militar).

Otros medios del Estado para imponer sus intereses son las inversiones en infraestructuras o la creación y reforma de instituciones básicas, como la banca. Aunque es cierto que su poder sobre los flujos de capital y dinero se ha reducido mucho desde los años 70. Incluso ciertas reterritorializaciones políticas (como la Unión Europea) están muy influidas por el capital.

Los desarrollos geográficos desiguales enmascaran convenientemente la auténtica naturaleza del capital. Sirven para culpabilizar a las víctimas en las regiones desindustrializadas y a la vez para mantener la esperanza en otras. La ciudad capitalista es el punto álgido del intento del capital de mostrarse civilizado (¿?).

Sin desarrollos geográficos desiguales el capital se habría estancado. Le sirve para desplazar sus fallos sistémicos de un lugar a otro. De hecho, la homogeneización que intentan imponer instituciones como el FMI serían devastadoras para el capital. La devaluación y la destrucción localizadas son esenciales.

¿Cómo deben afrontar esto los anticapitalistas? Reconociendo que el capital es un blanco móvil, aprender a prever y superar sus desplazamientos, abandonar pretensiones de igualdad y convergencia regional, coordinarse a su vez en una dinámica de desarrollo geográfico desigual.

CONTRADICCIÓN 12 – Disparidades de renta y riqueza

Las luchas por la distribución de la riqueza han sido constantes durante la historia del capitalismo; sus resultados no son uniformes, sino que han variado en tiempos y lugares distintos. Como el Estado es crucial en la recaudación y redistribución de riqueza, los resultados de ésta han dependido mucho de qué facciones han ejercido el poder en él. Si en 1945 en Gran Bretaña los laboristas pusieron en pie un ‘estado del bienestar’, desde 1980 Thatcher y Reagan lo fueron aboliendo, línea que se consolidó gracias a la caída del comunismo soviético en 1989.

Tanto las luchas sociales como las fluctuaciones económicas tienen efecto sobre la redistribución de la riqueza, sin que estas variaciones (tan importantes como las que van de Suecia a Estados Unidos) obsten el funcionamiento del sistema capitalista.

No todas las distinciones económicas en cuanto a riqueza dentro del capitalismo se pueden achacar al capital, pero éste tampoco es inocente. No obstante, tiende a apoyar cualquier forma de emancipación social que gane respaldo, que no ponga en cuestión el control de la mano de obra y que constituya un nicho de mercado,como el movimiento gay.

También influyen las ideas dominantes sobre cuáles son las disparidades de riqueza justas o aceptables. El reformismo burgués se opone a la extrema miseria por motivos ideológicos, no sólo de salud pública (como una epidemia de cólera).

En Estados Unidos, por ejemplo, se observa demoscópicamente una percepción de cuáles pueden ser las diferencias de riqueza justas que está muy alejada de la realidad del país. Sin embargo, no da lugar a un movimiento social debido a la hostilidad ideológica al intervencionismo estatal.

Otras luchas no directamente dirigidas al tema de la distribución tienen efectos en ésta, como la de colectivos concretos (mujeres, raza, LGTB, …). Por ejemplo, la igualdad de oportunidades en educación tiene consecuencias posteriores en la renta de las personas.

¿Descansa el capital en algunos principios básicos sobre la distribución de riqueza y renta? Está claro que el capital se adapta a distribuciones muy diversas, pero aunque no haya una única que sea óptima, sí está claro que no es congruente con una totalmente equitativa. Tampoco le convienen las muy desequilibradas, que tienden a derivar en grandes crisis macroeconómicas, a provocar disturbios y agitación social y a desequilibrar la contradicción entre producción y realización (es mucho más fiable la demanda no discrecional de la clase trabajadora que los caprichos y hábitos de los ricos).

El hecho es que en las últimas décadas la desigualdad ha aumentado espectacularmente en muchos países. No sólo aumenta la parte que está en manos de los más ricos, sino que éstos empiezan a estar más repartidos por el mundo (muchos en los países BRIC). Las disparidades entre países han tendido a disminuir (no entre el norte y el sur de la Unión Europea, por ejemplo), pero no ha pasado igual entre las personas.

¿Se pueden atribuir los grandes cambios constatables en la distribución de la renta que han tenido lugar en los últimos cuarenta años a la reconfiguración de las contradicciones internas del capital? El movimiento ha sido doble: por una parte ha disminuido la diferencia entre la renta de los países y por otra parte han aumentado espectacularmente las diferencias entre individuos (con una cierta excepción en América Latina). La desigualdad en sí está en el fundamento del capital: los trabajadores han de ser desposeídos de la propiedad y el control de los medios de producción si se quiere que se vean obligados a asalariarse. La proporción del reparto del excedente entre salarios y beneficios es consecuencia de la combinación entre escasez de mano de obra y el curso de la lucha de clases. El capitalista debe recibir una porción suficiente del valor de lo producido de forma que le incentive dándole condiciones de consumo privilegiadas y que sea bastante para mantener en marcha el motor del capital mediante la reinversión.

Una visión ideológica le atribuye al capital la condición de creador de empleos y por tanto de riqueza. No es necesariamente así, sólo crea empleo cuando ello es rentable, si no, hoy día tiene mecanismos para utilizar sus rentas en los mercados (casinos financieros, mercado inmobiliario) o incluso puede invertir en el sector productivo pero en tecnologías de ahorro de trabajo. Por tanto, puede generar empleo y también desempleo.

Sí le afecta la necesidad de que exista una demanda agregada suficiente para la realización, dentro de mantener bajos los salarios. Y para ello el ejército industrial de reserva: por una parte los trabajadores desempleados y por otra las innovaciones tecnológicas. Aún hay grandes reservas latentes de población activa (campesinos, autoempleados, mujeres, extranjeros que atraer).

En los últimos cuarenta años ha conseguido mantener controlada la participación del trabajo en la renta nacional, con cambios tecnológicos que generan desempleo, con una globalización aleatoria. Ha sido también importante la reestructuración de las prestaciones por desempleo para acercarlas a un mínimo vital. Igualmente la posesión de los medios de comunicación y el cambio de ortodoxia en el pensamiento económico desde el keynesianismo al neoliberalismo.

¿Es la contradicción intensificada entre pobres y ricos una amenaza para la reproducción del capital? Como se dijo, fuertes desigualdades crónicas producen desequilibrio entre producción y realización. Pero también hay un riesgo de descontento social y movimientos revolucionarios (no sólo en situación de privación absoluta, sino cuando hay discriminaciones religiosas, de género, étnicas).

Especialmente influyente en la concentración de la riqueza ha sido el gran cambio tecnológico en las comunicaciones, que ha dado lugar a una intensa financiarización. El beneficio se busca en mucho más corto plazo, el mercado presiona y cierra incluso empresas rentables. Los comerciantes y rentistas obtienen más que los productores. A cambio, el capital es más volátil y sensible a las crisis.

¿Cómo afecta todo esto a una política anticapitalista? Hay que aprovechar el apoyo del público hacia más igualitarismo. Sería una reforma revolucionaria, porque aunque no desafíe de hecho la reproducción del capital lo puede llegar a hacer en el futuro en la medida en que el capital necesita de desigualdad.

CONTRADICCIÓN 13 – Reproducción social

Aunque se podría decir que inicialmente al capital no le importaban las necesidades y carencias de los trabajadores, siempre ha estado presente la contradicción entre las condiciones requeridas para la reproducción social de la mano de obra y las necesarias para la reproducción del capital; al principio en forma latente, luego cada vez más en forma más destacada y compleja, aunque con muchas variaciones espacio-temporales.

Conforme se complicaban los sistemas de producción capitalista, el capital necesitaba una mano de obra alfabetizada, con una modesta educación, flexible y aquiescente. Esa línea se desarrollaría por parte de la burguesía reformista en el intento de conformación de una clase obrera respetable, con un puesto de trabajo regular y participación política.

Ello no significa que el capital quiera cualquier tipo de formación para los trabajadores. El obrero autodidacta es un peligro, como lo fueron los que llegaron a las ideas del socialismo utópico y luego del marxismo.

El desarrollo de la educación pública tampoco ha sido linealmente útil al capital, porque ahí entra otro poder diferente, el del Estado que busca forjar una identidad y una solidaridad nacionales, lo que contradice el interés del capital en obreros individualistas, cosmopolitas, intercambiables. Pero de hecho (como prueban los casos de China o Singapur) las fuertes inversiones estatales en educación dan resultados muy positivos para el capital. A la vez, esas fuertes inversiones han dado lugar a modelos de negocio para el capital que ha aprovechado mucho (privatizaciones, tasas, cargas financieras que endeudan a los estudiantes).

Esta creación de una fuerza de trabajo formada y altamente productiva, dio lugar a la teoría del “capital humano”. Ésta ya aparece en Adam Smith, quien enuncia la adquisición de talento como un gasto real que genera un capital fijo, realizado en las propias personas, y que puede producir beneficios para éstas. Karl Marx ya realizó la crítica a esta perspectiva: el trabajador sólo puede realizar esas habilidades trabajando para otros y siendo explotado (de hecho, más productividad ni siquiera ha supuesto siempre más salario); para argumentar que no es verdaderamente un capital, basta con darse cuenta de que el obrero formado no puede tumbarse en la hierba y obtener rentas, como sí puede hacer el capitalista. La teoría resurge en los 60’s con Gary Becker: todos somos capitalistas de nosotros mismos, quien no alcanza salarios suficientemente altos, es que no ha invertido lo bastante en sí mismo, y es el culpable. FMI y BM apoyan este punto de vista.

También Pierre Bourdieu habla de un ‘capital cultural’ que da estatus. Pero nuevamente es confuso llamarlo capital. Sí hay un capital cultural que es la inversión empresarial en marcas y mercadotecnia para vender productos que den una marca de distinción. Pero la distinción en sí no es una forma de capital.

En estos tiempos, capital y Estado capitalista le dan mucha importancia a una formación tecnológica e intensa desde edades tempranas (aunque el capital prefiere no tener que pagarla él). Robert Reich (1992) habla de un subtipo de trabajadores cuyos servicios son ‘simbólico-analíticos’, basados en el conocimiento y que se constituyen como una clase media alta bastante rica y muy móvil.

Al principio, otros factores de la reproducción social (cuidados, crianza, salud) quedaban fuera del interés del capital, pero ha ido cambiando.

En la reproducción social hay una gran cantidad de trabajo no pagado, esencialmente femenino. En situaciones de democracia con presión social se ha obligado al capital (en los salarios) y al Estado (en el sistema de bienestar social) a asumir parte del gasto.

El programa neoliberal, por el contrario, se afana en externalizar los costes de la reproducción social para que los asuma la población (bajando así sus impuestos).

Es cierto que en muchas sociedades hay instituciones de ayuda mutua entre familias, pero realmente no son tan importantes, y se reducen conforme avanza la ética individualista y de maximización de beneficios. Por otra parte, esas instituciones de ayuda mutua estaban sacando demasiada demanda del mercado, y al capital no le interesa eso. También el desmantelamiento del sistema de bienestar, la austeridad, reduce la demanda efectiva en el mercado. Hay una cierta tendencia a suplantar el hogar por el mercado, a privatizar y mercantilizar tareas personales, lo que infecta la reproducción social (por ejemplo, la vivienda es vista ahora como una acumulación de capital mediante el consumo de espacio).

Esta mercantilización de la reproducción social ha tenido resistencia, pero que casi siempre se han perdido. Es muy intrusiva; ha llevado a los hogares a un consumo alienante y a altos niveles de endeudamiento personal. Esta tendencia no es homogénea territorialmente. En EUNA, el consumo supone el 70% del PIB, mientras que en China el 30%; en muchas ciudades hay una fuerte división por clases sociales en estas pautas.

La reproducción social es un tema polémico y resbaladizo, pero donde se observan bien los estragos del capitalismo globalizado (Cindi Katz): consumo alienante, forma de vida individualista, responsabilización de las víctimas por su fracaso…

Existen comunidades alternativas que se rebelan, pero es muy difícil aislarse del consumismo.

La reproducción social no suele ser un ámbito fuente de sentimientos revolucionarios.

La respuesta anticapitalista pasa por la oposición a las múltiples alienaciones, la degradación de la vida cotidiana, la pérdida de autonomía. Hacer de los hogares una red social de valores civilizados.

El supuesto radicalismo de empoderar en la reproducción social a los más pobres mediante la monetización y el mercado va en dirección contraria (microcréditos, títulos de propiedad). También es muy discutible la idea de salario para las mujeres por el mantenimiento del hogar, que no va a alterar su explotación, pero sí la va a monetizar.

CONTRADICCIÓN 14 – Libertad y sometimiento

Bajo el régimen de las normas del capital nos sentimos con libertad de pensamiento, incluso de planear iniciativas para transformar el mundo. Pero ese concepto de libertad individual en el que vivimos, ¿bloquea alternativas anticapitalistas?, ¿es un concepto de libertad parcial que sostiene el status quo?, ¿sólo permite la libertad empresarial y como mucho el liberalismo humanista?

Oficialmente, los poderes públicos de Estados Unidos (sus presidentes, por ejemplo), siempre defienden la libertad como algo asociado a la evolución histórica y que debe extenderse a toda la humanidad. Sin embargo, Estados Unidos ha usado ese principio para el sometimiento imperial y neocolonial de buena parte del mundo, ha recurrido sistemáticamente a la coerción y la violencia, ha depuesto a presidentes elegidos por sus pueblos, ha violado sistemáticamente los derechos humanos (como en Abu Ghraib o Guantánamo). Y, en el interior, viola continuamente las libertades de privacidad e intimidad de sus ciudadanos en beneficio de la seguridad. ¿Esto significa que toda la retórica en favor de la libertad es pura hipocresía? Hay que recordar la multitud de luchas que han supuesto transformaciones en el sistema (apartheid, esclavitud, revueltas campesinas, descolonización, …); bajo la presión social, el orden dominante ha tenido que hacer concesiones.

El anhelo de libertad nunca es del todo degradado por la retórica de las clases dominantes. Pero hay un reverso oscuro: en la trayectoria de cualquier movimiento progresista, hay un punto en el que es necesario enfrentarse y someter a los que se oponen (como el Terror en la Revolución Francesa). Aparece aquí la grave contradicción entre libertad y sometimiento; sin el dominio sobre cínicos, escépticos y enemigos, la libertad no puede avanzar. A veces el sometimiento puede ser establecido mediante la persuasión o la manipulación, pero es mejor asumir que nos liberamos sin someter a alguien y que después hay que estar perpetuamente vigilantes para defender la libertad conquistada.

La economía política liberal clásica (Locke, Smith) propone una libertad individual que ponga límites a la arbitrariedad del poder estatal, pero exigiendo una autorregulación (Foucault) que obedece a las reglas de la sociedad de mercado, una libertad inserta en sus relaciones y códigos sociales característicos de la propiedad privada. En su teoría y en práctica, el Estado liberal debe autolimitarse (laissez-faire).

Polanyi, desde el otro lado de la argumentación política, decía, por el contrario, que la desaparición de la economía de mercado podía posibilitar una época de libertad sin precedentes. Frente a una libertad asociada al privilegio y viciada por ello de raíz, la regulación y el control pueden asegurar la libertad no de unos sino de todos. Pero eso se opondría a los intereses de clase y por ello se nos muestra la regulación como si fuera un ataque a la libertad. Asocian la libertad a las relaciones contractuales y éstas al funcionamiento del mercado en la economía. En esa visión, nadie, ni votantes, ni propietarios, ni productores, ni consumidores aparecen como responsables de las restricciones a la libertad que emanan del paro y la miseria. Éstas se presentan como causas naturales, fuera de control. Por eso Polanyi reclama que hay que descartar la visión utópica de la economía política clásica, y afrontar la realidad social y sus contradicciones. La extracción de excedentes del trabajo requiere el sometimiento y la falta de libertad de los trabajadores, que han sido históricamente desposeídos del acceso a los medios de producción mediante la violencia y la coerción en nombre de la libertad del capital para acceder al trabajo asalariado y para moverse de aquí a allá. En esa visión de la libertad se incluye la prohibición de interferencias reguladoras, la libertad de pillaje sobre los indígenas, de sobre carga del sistema ecológico, etc. La libertad del capital descansa siempre sobre la falta de libertad de otros, sobre la escasez, el empobrecimiento, el excedente de mano de obra, las necesidades no satisfechas. Entre esa libertad del capital y la de los demás, lo que decide es la fuerza (Marx).

Hoy, el desarrollo de los medios de producción permitirían sacar a todos del reino de la necesidad, pero eso no impide que sigamos bajo las leyes de la economía política capitalista, porque sus libertades exigen el sometimiento a las de los otros.

El razonamiento económico del capital impregna también los esfuerzos de los humanistas, ONGs y filantrópicas. Amartya Sen asocia la libertad al crecimiento, a la ampliación de oportunidades y capacidades; pero a base de conformismo y de obedecer a las instituciones y modos de vida burgueses. Sen no reconoce los antagonismos de clase, o los considera manejables. Parte del principio de que el sistema del mercado capitalista, bien gestionado y regulado, es una forma justa y eficiente de satisfacer las necesidades humanas. La filantropía y las ONGs son ya un poderoso complejo caritativo-industrial que hace que algunos se sientan bien mientras se refuerza que otros queden atrapados en el sistema.

Marx no eludía la cuestión de la contradicción, en situaciones revolucionarias, entre libertad y sometimiento. La libertad de los hombres quedaba limitada cuando entraba en conflicto con la ‘vida política’ burguesa, la cual supuestamente era la garantía de los derechos y libertades. El núcleo de la contradicción entre libertad y sometimiento, lo encontraba en J. J. Rousseau: lo esencial era la diferencia entre el hombre natural, individual, y el plenamente socializado, que alcanza una concepción de la libertad diferente a la del individuo aislado.

¿Está mejor defendida la libertad humana para todos por un régimen de derechos de propiedad privada individuales y excluyentes o por derechos comunes colectivamente gestionados por los individuos asociados?

También en Rousseau está el concepto de la contradicción: una transformación revolucionaria supone una cierta destrucción creativa. Hay, ya en Marx, una necesidad de derribar las concepciones individualistas de riqueza y de valor para liberar el potencial de una prosperidad humana creativa pero colectiva, que no excluye autodisciplina, compromiso y dedicación.

TERCERA PARTE – Las contradicciones peligrosas

Las ‘contradicciones cambiantes’ evolucionan de forma muy distinta, según tiempo y lugar. Algunas tienden a lo progresivo (como el cambio tecnológico o la producción de espacio), otras a lo pendular (como monopolio y competencia, o pobreza y riqueza), otras son más caóticas y aleatorias, dependientes del flujo de las fuerzas políticas enfrentadas, otras son simplemente irregulares y no consistentes (como la reproducción social). Esta dinámica de las contradicciones cambiantes proporciona energía y vigor innovador al capitalismo. Además, como las contradicciones fundamentales, también las cambiantes se entrecruzan, interactúan, interfieren. En ese movimiento continuo se abren y cierran posibilidades alternativas, anticapitalistas; y también proyectos políticos alternativos como respuestas del capital a sus contradicciones y dirigidos a facilitar su reproducción. Como decía Marx, el futuro ya está en buena medida en el presente que nos rodea y se trata de recombinar posibilidades existentes; pero no es automático, cada alternativa debe rastrear su propio camino.

Entienden mal a Marx quienes dicen que dijo que el capital se derrumbaría bajo el peso de sus propias contradicciones. Marx no era así de mecanicista: veía las tendencias peligrosas, pero daba por hecho que hacían falta agentes humanos que echaran arena en el motor.

No hay, por tanto, contradicciones fatales, inevitables y apocalípticas, pero sí que las hay, las tres siguientes, potencialmente muy peligrosas.

CONTRADICCIÓN 15 – El crecimiento exponencial y acumulativo sin fin

El capital gira siempre en torno al crecimiento exponencial y acumulativo, pero ¿es esto posible a perpetuidad?

Robert Gordon afirma que esto puede no ser así, que los últimos 250 años de crecimiento pueden ser un suceso aislado, que olas de innovación anteriores han sido más intensas que ésta de la electrónica y la informática desde 1960, la cual además de más débil muestra agotamiento y además tiene ‘vientos en contra’: desigualdad, coste de la calidad en educación, globalización, regulación medioambiental, envejecimiento de la población, endeudamiento fuerte público y privado (que es usado como justificación para recortes draconianos del gasto público y del salario social).

El crecimiento exponencial, el del interés compuesto, tiene una curva ascendente lenta al principio, pero que se disparata después. Se usan como ejemplo la historia de los granos de trigo duplicados en cada escaque de un tablero de ajedrez, o la herencia que dejó un tal Peter Thelluson a interés compuesto para ser entregada cien años después.

Es muy complicado calcular cuál ha sido la tasa de crecimiento de la economía mundial a lo largo de siglos. Angus Maddison y Bradford DeLong no coinciden pero llegan a cifras no muy lejanas. De acuerdo con la primera, la tasa (compuesta) de crecimiento desde 1820 habría sido del 2’25% anual como media mundial. Los economistas y la prensa financiera suelen considerar el 3% como tasa mínima aceptable de crecimiento, y a partir del 5% habla de sobrecalentamiento y desboque de la inflación, y por debajo del 0% recesión o depresión.

Pues bien, si tomamos el 3% como tasa de crecimiento correcta, que permite a la mayoría de los capitalistas estar en rendimientos positivos, ¿cómo encontrar oportunidades de inversión para una cantidad alocadamente creciente de dinero?, ¿cuánto más pueden crecer las ciudades, las infraestructuras? No nos dejemos llevar por un análisis muy matemático; Malthus lo hizo y hubo de rectificar: los comportamientos humanos son fluidos y adaptables.

¿Cómo se puede ir adaptando el capital al problema del crecimiento acumulativo? En primer lugar, está la demografía. En la historia del capital se fue acumulando más y más población, primero la campesina desposeída, luego la mujer, grandes masas migratorias. Pero el crecimiento de la población tiene un límite claro: su evolución tiene forma de S (distribución logarítmica sismoide): lento crecimiento inicial, rápido aumento posterior y luego ralentización hasta aplanarse o incluso disminuir. De hecho, se calcula que el crecimiento de la población mundial se detendrá entre los 10,000 y los 12,000 millones de humanos. La demografía, por tanto, no va a dar el apoyo necesario al incremento exponencial del capital como hizo en épocas anteriores.

¿Podría el capital dejar de crecer de forma exponencial y mostrar también una curva sigmoide, como la demográfica? No; el capital no funciona sin crecimiento, se basa en el beneficio y éste exige más producción total de trabajo social al final de cada periodo. Por eso un crecimiento nulo es un estado de crisis para el capitalismo.

¿Qué otras adaptaciones puede intentar el capital para sostener ese crecimiento exponencial continuo? En primer lugar, ha liberado a la forma dinero del respaldo de metales preciosos (cuya cantidad no podía continuar creciendo indefinidamente). El dinero fiduciario emitido por el Estado sí puede crecer indefinidamente. El riesgo es la inflación pero ésta se viene combatiendo con la actuación de la Reserva Federal hacia el sistema bancario (¿?), y además se ha debilitado tanto el movimiento obrero que éste apenas tiene poder para actuar sobre los salarios. En todo caso, la creación exponencial de dinero, actuando sola, sin combinar otras adaptaciones, no podría funcionar.

En segundo lugar, el capital no sólo crece, también destruye y ése es otro vector de adaptación; las ‘destrucciones creativas’ de las crisis económicas, la desindustrialización de grandes zonas. Pero ésta es también una adaptación con límites, apenas pausa el proceso. Hay además devaluaciones que son muy temporales (como la inmobiliaria de las últimas crisis), y a la postre hay grandes revalorizaciones, después de que los activos hayan cambiado de manos. Estos procesos de destrucción o devaluación pueden tener consecuencias políticas, ya que tienen un componente territorial (como por ejemplo el ciclo antineoliberal en América Latina tras las dos ‘décadas perdidas’, o lo que puede pasar en Grecia y en el sur de Europa con la crisis).

En tercer lugar, hay creaciones de nuevos mercados y cercamiento de nuevos bienes comunes, campos nuevos para el capital. Continuas privatizaciones: agua, vivienda social, educación, sanidad, guerra, emisión de gases, patentes genéticas. Esta adaptación tiene sus límites, ya que no queda mucho más que se pueda pasar al mercado y además provoca resistencias políticas.

En cuarto lugar, está la actuación del capital sobre los ciclos de vida útil de los productos: obsolescencia programada, cambio continuo de líneas de producción, moda, publicidad. Dentro de esta adaptación está también la masiva producción de bienes que desaparecen en el acto de su consumo, el espectáculo (Guy Debord): televisión, cine, conciertos, deportes, turismo. Se provoca además que en estos temas el consumidor pase a ser prosumidor. Esto está alterando la relación entre capital y consumidores, que cada vez está menos mediada por cosas y más por información (Hardt y Negri), aunque indudablemente hay una gran cantidad de trabajo social material en las infraestructuras necesarias para todo esto. Cuando se habla de la “sociedad de la información” y del “capitalismo del conocimiento”, no hay que creer que se trata de un orden capitalista nuevo, una ruptura radical. Espectáculo ha habido siempre y no hay que perder de vista que se trata de una adaptación ante el problema del crecimiento exponencial.

La liberación en los años 70s de las restricciones (metales preciosos) en la creación de dinero, tuvo lugar en un momento de rentabilidades especialmente bajas para los activos. La creación de dinero tuvo efectos de burbujas especulativas, de gran crecimiento de la deuda de los países en desarrollo, y de la creación de nuevos mercados de activos, productos financieros que, en un contexto de desregulación, se volvían completamente opacos.

Algunos de los activos sobre los que se especula y se producen burbujas son bienes seguros, con fundamento, (suelo, inmobiliarios, recursos naturales). Pero también se invierte cada vez más en inmateriales (propiedad intelectual, material genético, semillas).

Pero este tipo de actividad económica no puede llegar a todo el mundo, sólo a la población de ingresos superiores, lo que empuja hacia formas políticas de oligarquía represiva.

Todos los ajustes que hemos mencionado (y que a la vez son casi síntomas) no aportan soluciones a largo plazo. El capital va construyendo un sistema fetichista, que es casi una pirámide de Ponzi, la cual no controla sino que fomenta la especulación. La perspectiva es de crisis periódicas, estallidos de violencia popular, fracaso de la promesa a la ciudadanía de consumo y empleo, un Estado cada vez más autoritario.

Esta contradicción del crecimiento exponencial afecta mucho a las otras. Tensa las contradicciones medioambientales, la de pobreza y riqueza, las de producción y realización de beneficios. Algunos efectos, como la mercantilización y comercialización de aspectos de la vida, del valor de uso, son difícilmente reversibles. Y otro efecto es el incremento del poder de los rentistas improductivos, parásitos, meros propietarios de activos inmateriales. Las formas parasitarias del capital, los ‘bonistas’, son los grandes beneficiados, los que van ganando la batalla.

CONTRADICCIÓN 16 – La relación del capital con la naturaleza

Aunque son indudables las presiones medioambientales acumuladas que surgen del crecimiento exponencial del capitalismo, hay cuatro razones que hacen dudar de una crisis medioambiental inminente:

1. Hay una larga experiencia del capital resolviendo sus dificultades medioambientales.

2. No se puede ver la naturaleza como una entidad separada del capital, retroalimentándose. Más bien son un sistema ecológico en el que naturaleza y capital se producen y reproducen continuamente. La naturaleza no evoluciona solo motu propio, sino que es reformada y reconfigurada por las acciones del capital, que no sólo la ha usado para facilitar actividades rentables sino para hacerla más acogedora para la vida humana.

3. Para el capital, los asuntos medioambientales son una gran área de actividad empresarial. Los proyectos ecológicos son socioeconómicos y viceversa. A veces el objetivo es la tasa de beneficios, otros el bienestar de las personas, otros el primero simulando el segundo (greenwashing).

4. Para el capital es perfectamente posible la circulación y la acumulación en medio de catástrofes medioambientales (capitalismo del desastre).

¿En qué circunstancias las dificultades medioambientales pueden ser peligrosas o fatales para la reproducción del capital? El capital considera a la naturaleza como una gran reserva de valores de uso potenciales. La naturaleza es dividida y repartida en forma de derechos de propiedad garantizados por el Estado, mediante el cercamiento de los bienes comunes naturales, que se monetarizan y mercantilizan. Hay así una clase propietaria, rentista, que acumula riqueza. No se trata sólo de naturaleza, también influye la tecnología: hoy hay rentistas propietarios de materiales genéticos o de propiedad intelectual. Ello les permite especular, manipular la escasez. De hecho, casi todas las hambrunas de los últimos dos siglos tienen un origen social, no natural.

Esta concepción cosificada de la naturaleza ha encontrado resistencias en el propio Estado y en el movimiento ecologista, pero es tan sustantiva al capital esa relación con la naturaleza que cualquier movimiento ecologista no cosmético debe ser anticapitalista.

Es importante para el capital arrogarse el manto de la responsabilidad medioambiental para dominar los discursos ecológicos, gestionar las contradicciones con la naturaleza de acuerdo con intereses de clase y tener presentes las relaciones metabólicas capital/naturaleza en discursos y políticas públicas.

¿Cómo puede llegar a suceder que esta contradicción sea peligrosa o fatal? Que el capital haya superado estas contradicciones en el pasado no supone que lo vaya a volver a hacer siempre, y tampoco que haya sido sin coste: hay degradaciones del medio ambiente correlativas con las anteriores adaptaciones cuyos efectos permanecen, son acumulativos; en cada etapa la línea de base del ecosistema capitalista es diferente.

Pero ahora estamos en un punto de inflexión crucial de la tasa de crecimiento exponencial de la actividad capitalista y, correlativamente, el impacto sobre el estrés y el riesgo medioambiental es exponencial: hay que mercantilizar, privatizar e incorporar aspectos nuevos de nuestro mundo (incluso formas de vida de laboratorio) a sus circuitos. Es una propagación cancerosa.

Las empresas externalizan sus costes ecológicos y, aunque el mercado acaba demandando una actividad interventora del Estado (como regulaciones, o tributación medioambiental), la resistencia de los poderes empresariales y los ciclos temporales de la naturaleza (tan distintos a los del capital: ¿cuándo desaparecerán los efectos de los gases CFC en la estratosfera?) acercan el peligro de un punto de inflexión irreversible. Hay ya momentos de apariencia apocalíptica, pero las catástrofes localizadas son fácilmente asumibles por el sistema, que las rentabiliza (capitalismo del desastre) y construye un discurso sobre la furia ciega de la madre naturaleza, cuando se trata de efectos del funcionamiento del capital. El crecimiento exponencial del capital va transformando las escalas temporales y geográficas. Los problemas que antes eran locales e inmediatos, se regionalizan y alargan en el tiempo, superando las herramientas tradicionales de gestión y acción.

Se intenta tomar medidas a nivel internacional y a largo plazo (como con los gases CFC y la capa de ozono), pero hay muy fuertes resistencias de facciones del capital y de ciertos gobiernos y aparatos de Estado.

El comercio internacional conlleva una transferencia de los perjuicios y beneficios ecológicos de una a otra parte del mercado, lo que entraña tensiones geopolíticas. Con frecuencia el capital agota o destruye irreparablemente recursos de la naturaleza en ciertos lugares, lo que sucede más intensamente bajo regímenes imperiales o coloniales. Y simultáneamente hay prácticas ecosistémicas equilibradas en otras partes del mundo. En conjunto, beneficios y pérdidas acaban reforzando la desigualdad.

Hay una gran incertidumbre (ante esta variedad de prácticas) sobre cómo está funcionando el ecosistema capitalista en su conjunto. Sí está claro que los desastres naturales no lo son, tienen un origen social; y que el capital no puede tomar las medidas oportunas sin fuertes luchas internas entre facciones.

Los graves problemas en la relación capital-naturaleza son una contradicción interna, no externa al capital. ¿Sabrá tomar los ajustes necesarios? Hay zonas del norte de Europa y América donde el entorno natural es mejor que el de hace una generación, mientras que en China ha empeorado. El conjunto de los datos que tenemos no avala la tesis de un colapso inminente. Pero habrá guerras por los recursos, hambrunas, millones de refugiados medioambientales; pero no se trata de que se haya roto límites naturales, sino como consecuencias del sistema socioeconómico.

Los dos elementos más amenazadores son 1. La creciente capacidad de la clase rentista para apropiarse de la totalidad de la riqueza y 2. Que la relación actual entre capital y naturaleza es profundamente alienante: funcionalista, artificial, tecnocrática, privatizada, comercializada, monetizada, orientada a la maximización de valores de cambio; y esto provoca reacciones, revulsiones, resistencias que atraviesan todo el espectro político, porque supone la destrucción de una naturaleza humana digna y sensible (Polanyi, romanticismo, escuela de Frankfurt …). Están plantadas las semillas de la sublevación humanista.

CONTRADICCIÓN 17 – La rebelión de la naturaleza humana: La alienación universal

Podría suceder que el capitalismo sobreviviera a todas sus contradicciones, pagando un precio: la degradación hacia mundos distópicos. La idea es que ese coste es tan alto que debería ser inaceptable para la población y esta debería reaccionar con movimientos sociales y políticos. Debería ser evidente que cambiar las cosas exige reemplazar la maquinaria económica. ¿Cómo hacerlo?, ¿con qué reemplazarla?

El capitalismo no va a caer solo. Para tumbarlo hace falta un movimiento potente y un enorme compromiso individual. Y eso no funciona sin una convincente visión de una alternativa.

Se puede intentar cambiar gradualmente, atacando contradicciones concretas. El gradualismo tiene sus virtudes, aunque la reacción del Estado (Tahrir, Syntagma, Taksim) ha sido extraordinariamente violenta.

¿Cómo hacer converger movimientos de oposición muy fragmentados, que no perciben la interrelación entre todas las contradicciones del capital? Hace falta una concepción catalizadora, que puede ser la alienación.

Alienación tiene muchos significados (enajenación, pérdida de confianza y lealtad en personas e instituciones, aislamiento, cólera y hostilidad…). Todos ellos son aplicables en el capitalismo:

Se pierde el contacto táctil con la mercancía, la relación con la naturaleza. El valor social del trabajo queda oculto tras la forma dinero. Se pierde la capacidad de tomar decisiones colectivas. Una división del trabajo exponencialmente creciente. Pero todo esto no ayuda a un cambio si no se entiende la fuente de las alienaciones.

El marxismo tradicional se centra en la contradicción entre fuerzas productivas (tecnología) y relaciones sociales (la clase). Este cientifismo no dio suficiente imaginación política ni razones subjetivas convincentes. Esa visión cientifista además cayó en el fetichismo de la producción por la producción. Pero de hecho, es cierto que ésa es la contradicción principal.

André Gorz ha estudiado la alienación. Los individuos alienados en el trabajo también lo estarán en el consumo y en sus necesidades. Han de ser ‘consumidores racionales’ desde el punto de vista del capital: no buscar una buena vida estable, sino sentir un deseo insaciable de más y más poder monetario y consumo.

El cambio tecnológico corta el vínculo entre la persona trabajadora y la interacción social con el mundo. La naturaleza es tratada instrumentalmente, y eso crea una violenta ‘cultura de la barbarie’.

En los productos culturales, se ve el anhelo de humanizar a los robots, como una reacción.

Trabajar es un medio de autocreación. Pero la mayoría de la gente (70%, Gallup, EUNA) odia el trabajo o se siente desconectada de él. El otro 30% tienen trabajos más creativos. ¿Llena esto sus vidas? En realidad no. La tecnificación debería suponer un ahorro en tiempo y trabajo.

Pero la producción ya no tiene la función de satisfacer las necesidades existentes de manera eficiente, sino que son las necesidades las que tienen la función de permitir que la producción siga creciendo. Hay que crear deseos y darles el carácter de necesidades imperiosas. Crear demanda.

Pero esto no aumenta el grado de satisfacción. Mantiene la impresión de que no hay para todos. El consumo se estratifica. Thorstein Veblen y la “Teoría de la clase ociosa”: se necesita un consumo alienante para compensar la represión salarial y el desempleo inducido.

El conjunto de los trabajadores, sometidos a las necesidades artificialmente creadas, trabaja en realidad más horas. El tiempo libre es un peligro para el sistema. Las reivindicaciones salariales son mucho más integrables por el sistema que las de horas de trabajo, intensidad, organización, que son mucho más subversivas.

La publicidad comercial es un factor esencial. Hay que persuadir d un consumo que no es necesario y ni siquiera útil. Son ‘bienes compensatorios’ (Gorz), que llevan en su inutilidad la huida desde el universo colectivo a un refugio de soberanía privada. En eso acabaron los movimientos de 1968; su retórica de libertad individual acabó en una libertad de elección en el mercado de los deseos humanos.

El progreso del consumismo absurdo requiere de la destrucción creativa (Schumpeter). La gentrificación engulle ciudades y redefine la clase de personas que las habitan. A la vez, impulsa hacia el trabajo asalariado a quienes antes hacían labores no remuneradas. El dinero es el instrumento de medida que permite retirarse a la esfera privada con ventajas personales, lo que conlleva la desintegración de las redes de solidaridad y asistencia mutua, la cohesión familiar, la pertenencia. El estímulo es hacia que los individuos “sean ellos mismos”, se diferencien de los otros.

El capitalismo necesita que no crezca el tiempo verdaderamente libre. Y ha tenido últimamente grandes éxitos con los actuales hábitos culturales (armas de distracción masivas), productos obsoletos rápidamente, espectáculos de consumo inmediato: incluso haciendo que los trabajos ocupen su tiempo libre en crear sus propios espectáculos (redes sociales).

La historia (desarrollo de las fuerzas productivas) puede darnos la oportunidad de una mayor libertad, pero no hay un determinismo material, hemos de ser nosotros quienes aprovechemos esas oportunidades.

La alienación exige una respuesta política. Surgen algunas inquietudes, con el auge del fascismo en Grecia, Francia, Hungría. En Estados Unidos extrema izquierda y extrema derecha coinciden en que el sistema estatal se extralimita.

CONCLUSIÓN – Perspectivas de un futuri feliz, pero disputado: la promesa del humanismo revolucionario

Siempre ha habido personas que han creído que podían construir un mundo mejor, y mucho que eso supondría, además, remodelarse a sí mismos como personas.

Creer que se puede cambiar el mundo mediante pensamiento y acción es la tradición humanista. Ésta tiene versiones laica y religiosa. Con altibajos, ha existido siempre, aunque en competición con doctrinas que asignan nuestro destino a dioses, fuerzas de la naturaleza, leyes de la evolución. Tiene un riesgo, que la visión antropocéntrica llegue a ver a los hombres como reyes del universo, o incluso que distinga a subhombres carentes de la dignidad de los demás.

Hoy en día hay mucha actividad humanitaria en ONGs e instituciones caritativas. Incluso hay líderes de empresa implicándose en lo que es un lavado de conciencia, que presenta las barbaridades del sistema como daños colaterales de disfunciones de un sistema económico de dimensiones éticas.

Dos aspectos negativos del humanismo. Primero: pese a sus sentimientos universalistas de principio, a menudo derivan en beneficios para intereses particulares, de fracciones o clases (como la doctrina de derechos humanos de la ONU que prioriza los derechos individuales y la propiedad privada frente a las relaciones colectivas). El segundo aspecto es que cualquier sistema de creencias y derechos lleva siempre aparejado algún tipo de poder disciplinario, habitualmente ejercido por el Estado. No hay un buen conocimiento en la tradición humanista de estas contradicciones. Haya demás en la versión laica una especie de vergüenza, de falta de rotundidad.

Ha habido críticas al humanismo (como la de Althusser) por su carácter engañoso, insuficiente, de lavado de conciencia. Las organizaciones que luchan contra la pobreza no buscan interferir en la continuación de la acumulación de la riqueza.

¿Qué tipo de humanismo necesitamos? Uno revolucionario y laico, que pueda aliarse con el religioso. Diferente del liberal burgués que cree en una esencia inamovible del ser humano. Un futuro feliz para la mayoría conlleva la inevitabilidad de ordenar la infelicidad de otros.

Es significativo el ejemplo del análisis del colonialismo por el psiquiatra Frantz Fanon, ya que acepta una violencia necesaria y rechaza el compromiso, dada la polarización social. La violencia siempre contiene un riesgo, pero es inevitable para enfrentarse a la violencia del orden Es cierto que el orden colonial disimula y es menos inhumano en la metrópoli. Y cuando no ha sido así (Estados Unidos, movimiento negro, años 60), ha provocado rebeliones.

El poder oligárquico, apoyado en una vigilancia intensificada, está actuando cada vez más violentamente contra poblaciones enteras, suprimiendo radicalmente cualquier movimiento contra la pobreza. A la vez, los oligarcas practican la caridad sin reconocer su papel en la generación de la pobreza.

Hay por todo el planeta erupciones violentas e imprevisibles que pueden ser temblores previos del terremoto que se avecina. Ojalá la masa de la humanidad vea el peligro antes de que el daño humano y medioambiental ya no tenga cura. El capital tiene suficientes contradicciones internas para abrigar motivos de esperanza.

EPÍLOGO – Ideas para la acción política

Algunas directrices para la acción política, derivadas de las 17 contradicciones. Se trata de conseguir un mundo en el que:

  1. La provisión directa de valores de uso (vivienda, educación, alimentos, …) para todos tega prioridad a su provisión por un sistema de mercado que adjudica según capacidad de pago y que maximiza ganancias.

  2. Hay que crear un medio de cambio que facilite la circulación de bienes y servicio pero excluya la posibilidad de que individuos privados acumulen dinero como forma de poder social.

  3. La opción entre propiedad privada y poder del Estado se debe desplazar a un régimen de derechos sobre el común que quede en manos de asambleas y asociaciones populares.

  4. La apropiación del poder social por personas privadas ha de ser mal visto, como una desviación patológica.

  5. La oposición entre capital y trabajo e disuelve mediante productores asociados que deciden libremente qué, cómo y cuándo producir, para satisfacer las necesidades comunes.

  6. La vida cotidiana se ralentiza, maximizando el tiempo dedicado a actividades libres.

  7. Las poblaciones asociadas evalúan y comunican sus necesidades mutuas para elaborar sus decisiones de producción,

  8. Nuevas tecnologías y formas organizativas aligeran la carga de todas las formas de trabajo social, eliminando divisiones técnicas innecesarias, liberando tiempo y disminuyendo la huella ecológica.

  9. Automatización, robotización e inteligencia artificial reducen las divisiones técnicas del trabajo. Las residuales se disocian de divisiones sociales del trabajo. Las funciones de administración y liderazgo estratégico se desempeñan rotatoriamente.

  10. El poder centralizado sobre el uso de los medios de producción es confiado a las asociaciones populares.

  11. Existe la mayor diversificación posible en formas de vida, relaciones sociales, hábitos culturales. Movimiento geográfico libre pero ordenado entre territorios y comunas.

  12. Se abolen las desigualdades en la provisión material excepto las derivadas de a cada uno de acuerdo con sus necesidades y de cada uno según sus capacidades.

  13. Progresiva fusión entre el trabajo necesario hecho para personas distantes y el trabajo para uno mismo y el entorno doméstico.

  14. Todos tienen el mismo derecho a educación, asistencia sanitaria, vivienda, alimentación, transporte, …, evitando cualquier situación de necesidad.

  15. La economía converge hacia el crecimiento cero (con margen para desarrollos geográficos desiguales).

  16. Desarrollo de energías naturales, protección de ecosistemas, reciclaje.

  17. Seres humanos no alienados, creativos. Todos igualmente merecedores de dignidad y respeto, incluso en el conflicto. Y siempre en evolución.

La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror

Resumen del libro “La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror”, de Slavoj Žižek, Anagrama, Barcelona, 2016.

 

 

1 – EL DOBLE CHANTAJE

Ante el tema de los refugiados, las autoridades y la opinión pública de Europa Occidental van pasando por las fases que E. Kübler-Ross describió sobre las situaciones catastróficas, como el diagnóstico de una enfermedad terminal: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Sólo que jamás llegan a esta última fase.

Además, han sucedido los ataques terroristas del 13-XI-2015 en París para complicar más las cosas. Esto requiere una condena radical, sin peros: hay que destruir al Estado Islámico (EI). Pero, ¿por qué existe éste? En cada uno de los dos grandes bandos (el occidente cristinao y el espacio islámico) hay actores que usan al EI para combatir en realidad dentro de su campo (sunitas contra chiítas, EUNA y UE contra Rusia).

En Occidente, vivimos bajo una cúpula de protección. La globalización no consiste en un mercado abierto, una plaza pública. En realidad, consiste en que hemos traído todo lo que nos interesa del exterior al interior de nuestro invernadero. Dentro de nuestra cúpula, el ataque terrorista no es un acontecimiento histórico, sino un accidente doméstico, una perturbación momentánea y brutal. Pero fuera de la cúpula, esa violencia brutal, ese terror, es continuo, cotidiano, no excepcional. Hemos de ser conscientes de la violencia que queda fuera de nuestro invernadero: religiosa, étnica, política y sexual (feminicidio en serie –como en la República Sudafricana- que es una crítica externa a la ‘confusión sexual’ occidental y una exigencia de vuelta a la jerarquía sexual tradicional).

Igual que hemos de ser conscientes de que se usa el feminismo o los derechos humanos para servir al neocolonialismo (como esas argumentaciones sobre la invasión de Irak, que supuestamente iba a liberar a las mujeres iraquíes), tampoco hemos de caer en la decisión estratégica de renunciar a los derechos de la mujer o los de la diversidad sexual en nombre de un antiimperialismo superior.

¿Qué hacer entonces ante tanta gente desesperada que busca encontrar refugio en Europa? Hay dos actitudes, que representan las dos versiones del chantaje cuyo objetivo es que nos sintamos culpables: los populistas antiinmigración que quieren proteger nuestro modo de vida manteniéndoles fuera y los liberales de izquierda que demandan que mostremos nuestra solidaridad abriendo las puertas de par en par. Ésta es una postura especialmente hipócrita, que permite ir de alma bella, ser superior en un mundo corrupto, cuando se sabe que no se pueden abrir las fronteras sin provocar una revuelta en Europa.

Es una postura empática que, como criticaba Oscar Wilde en “El alma del hombre bajo el socialismo”, se aprovecha de que es más fácil suscitar emociones que inteligencia. Son remedios que no curan la enfermedad, sino que forman parte de ella.

Ante los refugiados, nuestro objetivo debe ser el que parece utópico, pero es el único posible: reconstruir la sociedad global para que no se vean obligados a huir.

2 – UN DESCENSO AL MAELSTROM

La crisis de los refugiados es una oportunidad para Europa de redefinirse en medio de los dos polos: el neoliberalismo anglosajón y el capitalismo autoritario de valores asiáticos.

Es una candidez denunciar el déficit democrático de Europa, cuando éste es una parte necesaria de la estructura global. Cuando Merkel dice que quiere centenares de miles de refugiados, no le ha prguntado a nadie; lo mismo respecto a los que quieren abrir sin más las fronteras: no hablan de consultárselo previamente a la población. Si se hubiera consultado sobre la actuación de la UE ante Grecia, el resultado habría sido aún más duro para ésta.

Europa está atrapada entre los extremos de EUNA y China, planteándose si se entrega a la modernización o intenta salvar lo más posible del Estado del Bienestar. Necesitamos un nuevo comienzo: ¿qué es Europa?, ¿qué significa para nosotros ser europeos?

Los acuerdos transatlánticos de comercio e inversión, con sus sistemas de arbitraje de diferencias entre inversores y Estados, entregan soberanía de los gobiernos democráticamente elegidos a las corporaciones transnacionales.

Europa se plantea la excepción cultural, salvar la producción artística de las condiciones del mercado global. Pero, ¿es realmente la cultura una superestructura aislable o es lo que más consumimos hoy en día?, ¿nos convertiríamos en un parque temático cultural para los turistas chinos y estadounidenses?

3 – ROMPER LOS TABÚES DE LA IZQUIERDA

Uno de los tabúes de la izquierda que deberíamos ser capaces de romper, para avanzar en la emancipación, es el de “un enemigo es alguien cuya historia no has escuchado”. Esto es muy peligroso: nuestra experiencia interior, la historia que nos contamos sobre nosotros mismos es básicamente mentira: lo que importa son los hechos, lo que hacemos. Queda muy bien que Shelley le de voz a Frankenstein en un capítulo para que se explique; ¿a Hitler también?

Otro tabú a romper es el que confunde el legado emancipador europeo con el imperialismo cultural y el racismo. Es curioso que, en nombre del anticolonialismo, critiquemos los valores culturales occidentales (igualitarismo, derechos fundamentales, Estado del Bienestar) justo cuando, en su globalización, el capital ya no los necesita, porque se acopla muy bien a una gran variedad de culturas; de hecho, le va especialmente bien con los “valores asiáticos autoritarios”, donde el capitalismo tiene un éxito exponencial.

Tercer tabú a abandonar: la idea de que defender y proteger nuestro modelo de vida es en sí protofascista o racista. Deberíamos esforzarnos en mostrar que es la dinámica del capitalismo global y las ‘soluciones’ que proponen los populistas antiinmigración, la verdadera amenaza para nuestro modo de vida.

Un cuarto tabú es la prohibición de cualquier crítica al islam, tachándola de islamofobia. Cuanta más tolerancia mostremos hacia algunas de sus instituciones culturales, más nos tratarán de hipócritas y de insuficientemente tolerantes. ¿Es que acaso el islam es una forma de resistencia al capitalismo global? Ésa es una idea absurda, convive muy bien con él (Emiratos, Arabia Saudí).

Y otro tabú más sutil: equiparar religión politizada y fanatismo. En realidad el islamismo no requiere la verdadera creencia, sino que se fija sólo en el comportamiento público. Encontramos rasgos similares en el sionismo, donde se usan con desparpajo citas bíblicas para justificar la ocupación de territorios, con todo cinismo, ya que quien lo hace no tiene por qué creer realmente que Dios les dio esas tierras. Progresivamente van entrando en los discursos oficiales esas obscenidades racistas. Al final, al menos hay la ventaja de que esos fanatismos religiosos de diversos credos no se toleran entre ellos como para formar un frente común.

4 – EL OBSCENO ENVÉS DE LAS RELIGIONES

Hay que extender el examen crítico del siniestro potencial del islam al judaísmo y al cristianismo.

Recordando un caso de abusos sexuales masivos a menores en el Reino Unido (Rotherham), tanto los investigadores como la izquierda bienpensante ocultaron o disimularon lo más posible que los delincuentes pertenecían a unas bandas musulmanas y las víctimas eran blancas cristianas. Fue un aparente antirracismo que en realidad hablaba de los musulmanes como menores de edad a quienes no fueran aplicables nuestros criterios morales.

Pero son crímenes que sí tienen que ver con la religión, como lo tiene la pedofilia generalizada en la Iglesia católica.

En la violencia sistemática contra las mujeres, la información transmitida y las reacciones no son igual de intensas cuando los victimarios son pobres (como en las violaciones frecuentes y masivas de la India) que cuando pueden no serlo (como los feminicidios en Ciudad Juárez, o en el territorio indio de Vancouiver).

Esos actos de violencia no son manifestaciones espontáneas salvajes y brutales, sino algo aprendido, ritualizado, parte de la sustancia simbólica de una comunidad. Por eso mismo los católicos tratan la pedofilia como un problema interno de la Iglesia. Forma parte del inconsciente institucional de la religión.

Pues así hay que ver también los crímenes de Rotherham: no como una violencia caótica, sino ritualizada, con contornos ideológicos precisos. Es legítimo hablar de la relación entre esos hechos y la religión y la cultura de los criminales.

5 – VIOLENCIA DIVINA

Además de las opciones políticas laica pragmática, fundamentalista religiosa y (aunque ausente) política emancipadora radical, existe el fenómeno de la ‘violencia divina’, según el nombre acuñado por Walter Benjamin.

El ejemplo son revueltas como las de Ferguson (agosto de 2014), desatadas por la muerte a manos de la policía –verdadera “fuerza de ocupación” en esos barrios- de un adolescente negro, o las de los suburbios franceses (en el otoño de 2005). Manifestaciones violentas aparentemente irracionales, sin exigencias programáticas concretas, salvo una vaga exigencia de justicia. Violencia divina: un caso de medios sin ningún fin.

(Notas filosóficas – Benjamin, Kant, Schmitt – sobre generalización y universalización).

Al contrario que en mayo de 1968, éstas no son revueltas con un aparato ideológico o utópico detrás. Hay un resentimiento y una voluntad de ser reconocidos. Esas revueltas sin programa son una muestra del universo que habitamos: hay libertad de elección, pero, sin embargo, las opciones a elegir son seguir las reglas o entregarse a una violencia autodestructiva (lo que se quemaba en los disturbios era de los vecinos del barrio).

Hay que superar la tentación hermenéutica, la búsqueda de un mensaje oculto en esas rebeliones. Es más bien lo que Lacan llama un ‘pasar a la acción’, que en realidad es frustrante. Los rebeldes carecen de un ‘mapa cognitivo’ (Fredric Jameson) donde localizar su experiencia dentro de un todo significativo.

La violencia divina es injusta, aterra, castiga a quien no corresponde, no hay nada noble en ella. Y tampoco hay nada emancipador en las experiencias extremas: no puede pretenderse que un judio superviviente de Auschwitz haya aprendido allí una perfección moral a aplicar luego a su convivencia con los palestinos.

6 – LA ECONOMÍA POLÍTICA DE LOS REFUGIADOS

Qué y quién causa estos movimientos de masas. Hay que estudiar la economía política de los refugiados.

El actual desorden es la faz del Nuevo Orden Mundial, la causa última es la dinámica del capitalismo global y el proceso de intervenciones militares.

Los países africanos no van a cambiar sus sociedades, porque nosotros se lo impedimos. Las situaciones en Libia, Irak, están provocadas por nuestras intervenciones militares. La guerra en la República Centroafricana se origina en las disputas de empresas francesas y chinas por el petróleo: luchan mediante etnias locales interpuestas. La crisis alimenticia global fue la consecuencia de la especulación financiera con los bienes alimenticios básicos, la destrucción de los sistemas agrícolas locales para integrarlos en el mercado de la economía global, generando monocultivos para la exportación, la expulsión del campo a los suburbios urbanos de masas de campesinos, la dependencia postcolonial de los precios, la incapacidad de alimentar a la población local.

Hacen falta formas de acción colectiva a gran escala: ni la intervención estatal ni las organizaciones autónomas locales pueden cambiar las cosas. Nos dirigimos a un mundo basado en el apartheid, con unas partes aisladas y envueltas en la abundancia separadas de un caótico exterior de guerra y hambre.

Países en guerra perpetua, como el Congo, lo están por su minería y los intereses de las multinacionales. Lo mismo los estados fallidos, a veces incluso tras intervenciones militares directas (Libia, Irak). No son situaciones fortuitas, sino la forma actual del colonialismo.

Los refugiados no van a aceptar las leyes auropeas, no van a estarnos agradecidos; están agotados, furiosos, humillados. La prensa los presenta como un azar que viene de un agujero negro tras una frontera. Pero no, vienen mediante una compleja trama de traficantes (que nuestros servicios de inteligencia no investigan lo suficiente). Vienen por la actuación de Turquía, por el cerrojazo de los países musulmanes ricos. Vienen a una nueva esclavitud que ya no necesariamente sucede en el exterior, sino oculta en nuestras ciudades.

7 – DE LAS GUERRAS CULTURALES A LA LUCHA DE CLASES… Y VICEVERSA

Los refugiados no sólo huyen de la guerra: tienen un sueño, un destino, una utopía. No quieren quedarse en el sur de Italia o Grecia, sino en Alemania, Noruega, Reino Unido. Quieren libertad de movimientos y que el país que elijan satisfaga sus necesidades. Esta “libertad” sería una revolución socioeconómica radical. Lo que el capital global requiere es la libre circulación de mercancías; respecto a la de las personas, su posición es contradictoria: quiere mano de obra barata y móvil, pero no puede reconocer los mismos derechos y libertades a todo el mundo.

La libertad de movimiento entendida radicalmente, ¿es un buen arranque en la lucha contra el capital? En realidad, los refugiados no necesariamente quieren integrarse, prescindir de su modo de vida.

En Estados Unidos, el auge del fundamentalismo cristiano es una brecha entre los intereses económicos de las clases sociales y las cuestiones morales. La oposición económica entre los granjeros y obreros de un lado, y los abogados, banqueros, empresarios de otro, se traslada y codifica como oposición entre los valores conservadores y los decadentes liberales que quieren un Estado que tenga la capacidad de inmiscuirse.

Las clases trabajadoras acaban así defendiendo menos impuestos, menos regulaciones, cuando unos y otras les protegen del capital. Las grandes empresas están encantadas con esa visión del Estado federal y de la ONU como potencias enemigas, invasoras, porque eso les da más manos libres. En realidad, no disminuye el poder del Estado, sólo lo desregula, lo descontrola. Tampoco puede el capital seguir al pie de la letra los postulados del conservadurismo populista, porque entraría en una depresión económica. Pero esa tensión que canaliza furia sin interferir en sus intereses económicos, les beneficia.

¿Es que las clases populares son estúpidas, están manipuladas? Eso no es una respuesta. Ha habido populismos parecidos con un carácter progresista (Kansas). Tampoco sirven las interpretaciones psicoanalíticas como las de Wilhelm Reich. Ni el punto de vista de Ernesto Laclau de que, no habiendo vínculo entre una posición de clase y una ideología, es absurdo hablar de “engaño” o “falsa consciencia”; esto no explica el enigma, sólo lo hace desaparecer.

Algunas observaciones: una guerra cultural también precisa dos bandos. Los liberales ilustrados también tienen la cultura en el centro de sus valores (incluso la religión, desde un punto de vista cultural, no creyente; Navidad… ).

Los liberales, solidarios con los pobres, codifican una guerra cultural contra ellos: intolerantes, fundamentalistas, sexistas, patriarcales.

En realidad, el conflicto no tiene dos bandos separados. Se entremezclan: conservadores contra la modernización global del capitalismo y otros que la apoyan. Pero esas contraposiciones son abstractas frente al antagonismo que el marxismo considera sobredeterminante: la lucha de clases. No como referente definitivo de todos los enfrentamientos, sino como principio estructurador explicativo.

En el mundo fundamentalista musulmán hay también una dinámica de clases. Los talibán comienzan su revuelta como una lucha contra los terratenientes.

Consecuencia política: tensión dialéctica entre la estrategia a largo plazo y las diversas tácticas a corto. La lucha radical emancipadora depende de las clases bajas, pero por qué no aliarse a corto plazo con liberales igualitaristas. La tarea es construir puentes entre nuestra clase trabajadora y la de los inmigrantes. Y hay que abandonar el tabú de que la intranquilidad ante su llegada es un prejuicio racista o fascista.

8 – ¿DE DÓNDE PROCEDE LA AMENAZA?

Escuchar las inquietudes de la gente corriente no significa dar por buena la premisa básica de su punto de vista: que la amenaza son los extranjeros.

Hay progresistas que se quejan de que algunos activistas palestinos denuncien los crímenes de religión contra las mujeres dentro de su pueblo, por ejemplo, como si éstos fueran un valor frente a los ocupantes israelíes. No es ésa la ayuda que precisan: hay que fomentar que se liberen ellos mismos.

El sistema de derechos humanos universales tiene dos mistificaciones en sus extremos: la imposición de valores occidentales que puede llevar incluida (por ejemplo, la prioridad del individuo sobre su comunidad) y el respeto a todas las culturas independientemente de los horrores que puedan albergar.

De esta última mistificación hay muchos ejemplos: la homofobia de muchos países está indicando que el movimiento gay se ve como una consecuencia del impacto de la globalización capitalista sobre sus culturas. Lo mismo respecto a la educación para las mujeres. ¿Por qué escoger el igualitarismo y las libertades personales como objeto de su enfrentamiento con Occidente? Sin duda influye que éste presenta la explotación y la dominación violentas como si fueran “libertad, igualdad y democracia”.

De hecho, podemos encontrar quien como Orban (jefe de gobierno en Hungría) hace tres años hablaba contra un estilo de democracia demasiado escandinavo, que podía no ser apropiado para los habitantes de Hungría, y ahora toma como enemigos a los refugiados que intentan pasar desde su frontera con Serbia.

El problema no es con los extranjeros, sino con la propia identidad europea. Ya cuando se votaba la Constitución Europea y Francia y Holanda dijeron NO (2005), los votantes estaban denunciando una UE tecnocrática, sin valores. Salvo Grecia y España, todas las últimas movilizaciones de masas son del populismo antiinmigración.

La idea de éstos de que cada grupo de extranjeros tiene una patria (“Nativia”) a la que deberían volver, esconde maniobras como la de la República Sudafricana en us últimos años, con los bantustanes: se les da a los negros una ‘patria’, unos territorios bantúes (convenientemente pobres), se les quita la nacionalidad sudafricana, y la mayor parte del territorio queda en manos de los blancos. Lo mismo puede suceder en Palestina.

9 – LOS LÍMITES DEL AMOR AL PRÓJIMO

Una mirada filosófica al concepto de prójimo: éste siempre es inquietante pero no por sus actos sino por la inpenetrabilidad del deseo que los sostiene. El prójimo, para Freud, es un intruso traumático y su excesiva cercanía nos provoca una reacción agresiva. Si la civilización europea funciona es gracias a algo que se suele criticar: una dosis importante de alienación de la vida social. Se convive con los otros, con ciertas reglas mecánicas, exteriores, pero sin hacerles mucho caso.

¿Cuál es el factor que provoca que distintas culturas o modos de vida sean incompatibles? Psicoanalíticamente, es un problema de jouissance: no porque el goce del otro nos sea incomprensible, sino porque cuestiona nuestra relación con nuestro propio goce. Surgen los celos, porque imaginamos el goce de los otros como un paraíso del que estamos excluidos. Hay construcciones fantásticas de ese tipo como las fantasías antisemitas sobre los judíos, o las de los fundamentalistas cristianos sobre la vida de gays y lesbianas. Puede observarse también en la película de John Ford “Centauros del desierto”, donde el personaje de John Wayne al final no mata a la chica blanca que ha convivido con los comanches, como está obligado a hacer; pero no por empatía con ella, sino porque tiene la epifanía de no comprenderse a sí mismo ni a la norma.

Para Freud y Lacan, la idea de amar al prójimo, la universalidad basada en el reconocimiento, fracasa porque el prójimo tiene una dimensión inhumana. ¿No cabe una dimensión humana universal? Sí, pero no basada en la empatía y la comprensión.

La universalidad es una universalidad de extraños, de individuos impenetrables incluso para sí mismos. Entonces, ¿empatía? Más bien la burla mutua por nuestras incomprensiones y más aún la burla hacia quienes quieren ‘ser como ellos’, comprenderlos. Su pobreza no es la ausencia de lo que tenemos nostros. No es cierto que el rico sea un pobre con posesiones. Todos tenemos una posición de clase y no hay un grado cero de humanidad en que todos seamos iguales.

En “Los viajes de Sullivan”, de Preston Sturges, cuando S. llega al borde del abismo de la pobreza (del que sale en cuanto es reconocido) se está transformando en otro; lo que le pasa es sistemático, no azaroso.

No podemos fundamentar nuestra humanidad en que el de al lado, en el fondo, no es un mal bicho, ya que sí puede serlo; no se trata de conocerles, de empatizar, sino de nuestro deber ético, nuestra decencia. Si nos basamos en nuestra generosidad, ¿no estaremos olvidando lo que es necesario hacer?

10 – LOS ODIOSOS MIL EN COLONIA

Como ya dijimos, el sufrimiento no es una redención. Ser un refugiado, una víctima, no da una altura moral. Veamos el incidente de Colonia (Nochevieja de 2015, cuando masas de hombres, al parecer muchos de ellos refugiados, asustaron, robaron, agredieron y violaron a mujeres alemanas).

Alain Badiou distingue en el capitalismo global tres tipos de sujetos: el liberal-democrático de clase media civilizada occidental, los que fuera de Occidente están poseídos del deseo de éste e imitan su vida civilizada, y los nihilistas fascistas cuya envidia de Occidente se convierte en un odio mortal y autodestructivo. Lo de estos últimos, no es una radicalización, sino una fascistización. Esto se discute (Jean-Claude Milner: la religión no tiene que ver con el fascismo), pero Badiou afirma que la religión no es algo fundamental en el ISIS: es un modo de expresión de envidia y odio de clase.

El ‘deseo de Occidente’ no es nada revolucionario, que se oponga al capitalismo global; no hay una concepción seria de una sociedad alternativa. En algunos, cuando ese deseo no puede ser satisfecho se produce lo que el psicoanálisis considera inversión nihilista, autodestructiva.

Jean-Jacques Rousseau distinguía entre el egotismo (amour-de-soi) que se complace en aquello que nos gusta y nos hace bien, y el amour-propre cuyo objetivo no es alcanzar una meta, sino destruir el obstáculo que lo impide y que se basa en la envidia y aspira al mal ajeno. Psicoanalíticamente: una permuta que genera el desplazamiento de la inversión libidinal del objeto al obstáculo mismo.

Para jóvenes occidentales frustrados (fundamentalistas católicos –como el del atentado de Oklahoma- o musulmanes), es una manera de dar salida a su frustración y su odio. No todo el terrorismo es así, claro. Hay papeles del ISIS que muestran la opción estratégica de provocar islamofobia, para que los musulmanes occidentales moderados se radicalicen y llegar a la guerra civil. Objetivo en el que coinciden con los racistas antiinmigración.

También hay que situar esa violencia fundamentalista fascista en el conexto de las violencias del capitalismo global (intervenciones militares).

Aún de acuerdo globalmente con Badiou, tengo tres objeciones. En primer lugar, ¿la religión es sólo un ropaje externo del problema? Cierto pero, ¿acaso eso no pasa siempre?, y sin embargo es la manera como los sujetos viven la situación; las ideologías son historias inventadas por los sujetos para engañarse a sí mismos. En segundo lugar, Badiou considera a refugiados e inmigrantes como un proletariado, una vanguardia, pero en realidad son personas poseídas del ‘deseo de Occidente’. Y en tercer lugar, afirma que debajo de su odio puede haber una profunda solidaridad global; claro que hay distintas maneras de actuar de los inmigrantes-refugiados, pero entre ellos hay bárbaros poseídos por el odio, y deberíamos reconocerlo.

La reacción agresiva y descontrolada es un suceso con continua presencia histórica, y así se podrían leer los sucesos de Colonia: como el Carnaval que rompe las reglas y destruye, como la “Gran matanza de gatos”, París 1730, que era a la postre una venganza proletaria contra el patrón.

No tiene sentido minimizar los hechos de Colonia o negar su carácter. Igualmente absurdo es ‘enseñar’ a esos inmigrantes cómo queremos que se comporten. Ya lo saben, por eso precisamente rompen esas reglas. No hay nada redentor ni emancipador.

A veces se dice que la defensa de los derechos de la mujer y la lucha contra el racismo deberían ir de la mano. Pero también al revés. Impedirles agredir a las mujeres es ayudarles en sus derechos. No basta darles voz, hay que educarles en la libertad.

11 – QUÉ HACER

En primer lugar, hay que introducir control. Tal movimiento de masas precisa provisiones y asistencia médica para empezar. Campos de recepción cerca del epicentro de la crisis, inscripción, examen. Debería usarse al ejército; si esto parece que es crear un estado de emergencia, basta pensar si no lo es también toda esa gente atravesando pueblos y ciudades.

En segundo lugar, criterios claros y explícitos sobre a quiénes se va a aceptar, a cuántos y dónde, sin reconocer de forma automática un derecho absoluto a la libertad de movimientos.

En tercer lugar, una serie mínima de normas obligatorias para todos, incluso si resultan eurocéntricas. No se puede admitir que a unos musulmanes les resulte insoportable nuestra forma de vida (por ejemplo, gays visibles en las calles). Normas claras y bien comunicadas y, si eso no funciona, se aplica la fuerza. La moralina es el reverso de la brutalidad antiinmigración: ambas niegan que pueda existir el universalismo ético.

No se trata de cuánta tolerancia podemos permitirnos hacia su cultura. Se trata de que ellos tabién participen de la Leitkultur, la cultura dominante, ya que nuestros problemas son comunes. La lucha contra el neocolonialismo occidental es la misma que la lucha contra el racismo, el fundamentalismo religioso, etc.

Las olas migratorias siempre han existido. Las actuales tienen como causa la economía global. Pero también habrá olas por motivos ecológicos como el cambio climático. Hay que asumir una vida más nómada y plástica.

Debemos comprometernos en que haya medios que aseguren la supervivencia digna de los refugiados, pero también emprender un cambio económico radical que acabe con las condiciones que las crean.

¿Podemos aceptar el capitalismo global como un hecho natural imbatible? Más bien, darnos cuenta de sus antegonismos, contradicciones:  la inminente amenaza de catástrofe ecológica, el fracaso del régimen de propiedad privada para regular la propiedad intelectual y las implicaciones socioéticas de los avances tecnocientíficos (especialmente en biogenética). Estas tres primeras contradicciones son lo que Michael Hardt y Toni Negri llaman el bien común, de la cultura, de la naturaleza exterior y de la naturaleza interior. La defensa de estos dominios comunes justifica la resurrección del comunismo, aunque también podría dar lugar a un régimen autoritario-comunitarista.

Pero hay un cuarto antagonismo / contradicción en el capitalismo global: el apartheid, la necesidad de separación de Excluidos e Incluidos. Éste es el fundamental, el que tiene una verdadera carga subversiva. Los tres primeros hablan de supervivencia, el cuarto de justicia.

¿Quién debe ponerse a la tarea? Basta de esperar al Gran Otro, menos aún de esperar que la llegada masiva de inmigrantes sea el sujeto revolucionario. El marxismo clásico confiaba en la historia, que empujaba en una dirección. Pero hoy sabemos que la historia lleva a la catástrofe. Hace falta nuestra voluntad para cambiar las cosas, pero hay que asumir que no hay una bonita y clara alternativa esperándonos.

Ante este bloqueo se han encontrado las propuestas gubernamentales de oposición al sistema global en Bolivia, Haití, Nepal o Grecia. La falta de una salida obvia es también una oportunidad, una gran circunstancia de libertad.

No hay que ‘comprender mejor’ a los terroristas porque sus actos sean reacciones a las intervenciones brutales europeas. Hay que caracterizarlos como el reverso islamo-fascista de los racistas antiinmigración.

Hay que recuperar la lucha de clases e insistir en la solidaridad global con explotados y oprimidos.

 

Carlos Fernández Liria, “El naufragio del hombre”

Editado bajo ese título, conjuntamente con un texto de Santiago Alba Rico (“Los abismos de la normalidad”), por Hiru, Hondarribia 2010.

 

 

1.   El capitalismo y el Reino del Tiempo

 

En la sociedad capitalista se ensamblan dos dispositivos contradictorios: lo que la hace capitalista y lo que la hace sociedad. El capitalismo expulsa a la sociedad hacia los márgenes; él está obligado estructuralmente a producir sin descanso, a reproducirse, a generar más capital.

 

No es cierto que ese carácter insaciable sea propio del hombre. Los antropólogos lo desmienten: el hombre inventa para trabajar menos y descansar. Pero el capitalismo no permite el descanso.

 

El Tiempo lo ocupa todo: Cronos devorando a sus hijos. Es cuando Zeus, apoyado por su madre, lo derrota, cuando surgen las instituciones, las leyes, el diálogo.

 

2.   El neolítico y la animadversión contra el Tiempo

 

El neolítico fue el periodo en el que se iniciaron agricultura y ganadería, y se inventaron las herramientas e instrumentos más importantes. Con ello, el hombre obtuvo una protección frente a la naturaleza, y una victoria frente al Tiempo. Ahora había liberado tiempo para el ocio, para la cultura.

 

Los mitos tienden a referirse a un tiempo antiguo en el que todo estaba sin diferenciar y donde todo lo que hace el héroe sucede por primera vez.

 

Los pueblos neolíticos (Levi-Strauss) odian el tiempo y la historia. No quieren cambios, sino permanencia.

 

3.   La Palabra y la Historia

 

Los mitos hablan del tiempo en el que pasaban cosas precisamente para que ahora no pase nada y se pueda hablar, y si pasa algo sea pequeño y se solucione con la palabra.

 

La Historia es el privilegio de los héroes y la palabra el de los humanos. Eso en el neolítico, pero el judaísmo – cristianismo devuelve el poder al Tiempo, porque se está en busca de una Tierra Prometida.

 

4.   Las dimensiones de lo humano

 

El capitalismo es un cataclismo histórico incesante, en que todo se produce para ser obsoleto y sustituido. Los antropólogos (como Levi-Strauss) dicen que los salvajes que subsisten del neolítico son los que guardan las dimensiones de lo humano.

 

5.   El basurero de la Historia: hombre y superhombre

 

¿Es que la evolución, la historia, llevan a un Superhombre? La antropología, interesada en lo estático, en lo que se cuenta de lo que ocurrió, va siendo desplazada por la Historia, preocupada por lo que cambia y por la verdad de lo que sucedió.

 

Claude Levi-Strauss, como antes Jean-Jacques Rousseau, se plantean si ese neolítico no es el estado natural, el mejor para el hombre, del que solamente le han sacado una suerte de coincidencias.

 

6.   La perseverancia en el neolítico

 

La flecha de la Historia no ha acabado con el neolítico. Hay una consistencia neolítica del ser humano que sobrevive de forma residual y que permite repetirse, tener costumbres, no hacer nada o charlar.

 

7.   La definición del hombre

 

Al igual que en los inicios de la física Galileo parte de lo que realmente no existe (una esfera perfecta deslizándose sobre un plano perfecto en el vacío) para poder definir las leyes de la realidad, Rousseau decía que es preciso concebir al ser humano viviendo en un estado que quizás no existe, no haya existido y no llegue a existir jamás, pero del que hay que forjarse una idea muy precisa si queremos tener una percepción clara sobre nuestro tiempo presente. Ese estado ficticio pero explicativo se parece, se puede ilustrar con el neolítico.

¿No queda nada que estudiar pasada esa etapa? Sí: el hombre subsiste y se protege de la Historia como lo hace de la naturaleza, edificando instituciones que le protejan.

 

8.   Nihilismo y desnivel prometeico

 

El ser humano es mucho más limitado del poder que puede llegar a tener gracias a la técnica. Es el “desnivel prometeico” (Günther Andres). Apretar un botón envía una bomba nuclear que mata a 200.000 personas. La imaginación, la capacidad de representación, la comprensión moral del ser humano son mucho más limitadas y finitas. Por eso, sucesos como la guerra sólo pueden ser vistos como parte del paisaje, de la naturaleza. La más pequeña de nuestras acciones desencadena resultados en cualquier parte del mundo. Eso nos lleva a un naufragio antropológico, un nihilismo, porque no hay manera de saber lo que estás haciendo cuando haces lo que haces.

 

9.   El capitalismo frente a la Ilustración y frente al Neolítico

 

Hay abundantes estudios sobre la incompatibilidad entre capitalismo y Estado de Derecho, sobre cómo el capitalismo ahoga la vida republicana y el Mercado se impone a la Palabra y a la Razón. Pero es que además el capitalismo va arrinconando el espacio neolítico del hombre, empujándole hacia la prehistoria, más allá de los mitos fundacionales.

 

10.   Más allá del hombre: la proletarización

 

Cuando Nietzsche habla de la “república cosmopolita” que está más allá del ser humano, se sitúa ante un espejismo; en realidad el capitalismo está ocupando todo el espacio que el hombre necesita para hablar, razonar, discutir.

 

El desarrollo que prometía la Ilustración quedó cegado con la proletarización. Engañosamente pareció que ciudadano y proletario eran dos caras de lo mismo: un ser humano libre. Pero se trata de dos libertades muy diferentes, el proletario sólo es libre de trabajar en unas condiciones que no se deciden política, sino económicamente. La Razón prometía la ciudadanía, pero, mientras, el capitalismo implantaba la proletarización.

 

11.   Capitalismo y Nihilismo: el naufragio del hombre

 

La Historia se acelera por las necesidades imparables del capital y ataca a las certezas neolíticas. El “desnivel prometeico” enloquece a nuestra brújula moral; se mercantilizan trabajo, tierra y dinero; la proletarización descoyunta la consistencia del ser humano (suprimiendo, por ejemplo, la diferencia antropológica entre infancia y vida adulta, poniendo a trabajar a los niños).

 

La lucha sindical, y antes la beneficencia religiosa, frenan al capital recordándole que es en la sociedad donde se reproducen y educan los humanos: los obreros surgen en la sociedad capitalista del componente sociedad, no del componente capitalista. Esa lucha religiosa (reaccionaria) primero y sindical después, retrasan el futuro del capitalismo.

 

Pese a lo que creen y dicen, socialismo y anarquismo son movimientos hacia el pasado, conservadores de lo genuinamente humano. Mientras socialismo y fascismo hablan de un “hombre nuevo”, la burguesía se apropia de los conceptos básicos de la Razón y la Ilustración: ciudadanía, Estado de Derecho, parlamentarismo.

 

12.   El hombre nuevo fascista y socialista

 

Fascismo y nacionalsocialismo intentaron crear un ser humano que, en vez de protegerse de la Historia, la asumiera y dirigiera: romper todas las barreras que había alzado la consistencia neolítica para defender al hombre. Fue la alianza del capitalismo con la prehistoria.

 

Los países del socialismo real, atacados desde el principio por los Estados capitalistas, tuvieron que, para no ser derrotados, asumir la proletarización masiva. Pero mientras que en el capitalismo ésta la crea el mercado de consuno con el hambre, en éstos hubo que crear una “cultura proletaria” en defensa del “hombre nuevo”, que sustituyera la ciudadanía, la libertad de expresión, la división de poderes, las garantías jurídicas. El capitalismo podía alardear de ellas porque en el fondo hambre y mercado se bastan para proletarizar. El socialismo real tuvo que omitirlas para poder hacer lo mismo.

 

Al prescindir del Derecho, fascismo y socialismo vuelven a la religión (al culto a la personalidad, a la vuelta a las prácticas religiosas cuando el poder afloja).

 

El anticapitalismo ha seguido asociando la ciudadanía, el Derecho, a la proletarización capitalista, entregando así todo el aparato ideológico de la Ilustración a su enemigo.

 

13.   La mayoría de edad ciudadana como más allá del ser humano

 

Ya antes de la Ilustración, en los griegos clásicos Sócrates, Platón, Aristóteles, hay un intento de inmortalizarse, de superar lo humano y lo mortal en base a lo permanente: la Razón. Supone una “mayoría de edad” racional más allá de la celebración de los ritos de iniciación, que recuerdan mediante el aparato mítico que gracias a los héroes se entró en el mundo de la Palabra. Ese nuevo paso racional, supone que la Ley se impone a la Costumbre y a la Tradición, la Educación al Rito, el Derecho a Religión y Mito, la Constitución a los Ancestros.

 

Tras la revolución neolítica, el hombre tropieza con las matemáticas: la posibilidad de razonar independientemente de la cultura y la tribu. Esa mayoría de edad nueva, racional, supone que hay leyes universales pero que, además, son decididas políticamente.  ¿?

 

La victoria neolítica, la Palabra, ha vencido al Tiempo gracias a su antigüedad, a que hace mucho que sucedieron los hechos fundadores. La palabra encierra en sí mucho Tiempo. La Ilustración pretende que el Tiempo obedezca a la Libertad y a la Razón. Nietzsche se burla del imperativo categórico kantiano, pero realmente el eterno retorno, la decisión libre que se repite independientemente del contexto, porque es ‘lo que debe hacerse’, ya está en Kant.

 

14.   La vuelta al Infierno

 

Cuando Nietzsche pretendía un superhombre a la altura de los tiempos, que se correspondiera con la fuerza de una Historia enloquecida y destructora, en realidad estaba llevando de vuelta a un estado de barbarie que es previo al neolítico: el Infierno.

 

En las representaciones clásicas del Infierno, el castigo tiene un carácter inagotable, circular. Es un ciclo de reproducción del que no se puede salir: la misma posición que en la antigüedad tenían los esclavos -dedicados completamente a la reproducción de alimentos- y las mujeres -dedicadas sólo a la reproducción de las personas-. Pues es la misma rueda la del capitalismo: una destrucción continua para poder seguir produciendo, circular e inacabadamente.

 

Karl Polanyi explica bien cómo el avance de la sociedad capitalista fue entrando en contradicción con la sociedad en sí, con la razón, la ciudadanía, el parlamentarismo. Esta contradicción no se presenta en el Primer Mundo, donde un régimen de privilegios permite subsistir a la ciudadanía porque no se enfrentará nunca a lo que le permite ser privilegiada. Ahora bien, cuando llegan crisis agudas, surgen fascismo y nazismo para intentar un más allá de la Ilustración, que en realidad lleva a un más atrás del neolítico: la barbarie, la prehistoria.

 

15.   La bisagra entre la Ilustración y el Neolítico

 

Si no se puede ir más allá del neolítico sin caer en la prehistoria, es porque hay una suerte de “consistencia neolítica” en el hombre que no se puede destruir sin generar tremendos desastres.

 

Apenas han existido ocasiones de articulación entre Neolítico e Ilustración. La Razón parece precisar de la tranquilidad. El Neolítico da una cierta tranquilidad a los humanos, en cuanto es una victoria contra las fuerzas de la naturaleza y de la historia. Por eso, los indígenas más estabilizados en el neolítico resultaban muy permeables a ese esencial imperativo categórico de la razón (no se puede querer hacer al otro lo que no querríamos que nos hicieran) que les transmitía el cristianismo de los evangelizadores (“amarás al prójimo como a ti mismo” es la ley). Pero siempre que haya tranquilidad, esto es, que no venga acompañada de la barbarie: esclavismo, explotación, expoliación. Y lo malo es que la Ilustración ha solido llegar al Neolítico impulsada por la Historia y su falta de calma.

 

16.   La tradición como Ilustración de los pobres

 

Cuando se intenta ‘educar’ a los pueblos neolíticos, se descubre que no siguen sus costumbres por inercia o por obligación, sino porque las creen buenas, razonables. Hay por tanto en ellos una simiente de Ilustración, una voluntad o ansiedad por la Ley, lo razonable, lo justo.

 

17.   Mesopotamia e Infinito

 

Pero lo que sucedió no fue una articulación entre Tradición e Ilustración, sino el capitalismo. Rousseau, al establecer su definición más allá de la realidad (como la bola deslizándose de la física de Galileo) estaba señalando el “justo medio”, la mesopotamia, el paquete de elementos que era necesario conservar para que subsistiera ese hombre ideal.

 

Pero en la realidad no sucedió así: la evolución no se planteó qué había que conservar, sino qué había que superar para acomodarse al devenir del Tiempo. Se buscaba un ‘hombre histórico’, cuando el hombre es social. La revolución neolítica había hecho que el hombre se defendiera del Tiempo, y de pronto se entregaba a él. Fascismo y socialismo, en su pretensión del ‘hombre nuevo’, condujeron al desastre antropológico, pero eran reacciones ante la destrucción de lo humano por el capitalismo.

 

Éste genera una mayoría de humanos reducidos a la subhumanidad, al hambre, y una minoría de sobrehumanos que tiene aún más hambre porque está en una sociedad de consumo que basa su devenir en lo que aún no se tiene.

 

El Neolítico no era sólo una etapa en la historia de la humanidad, sino que el hombre era el resultado de una matriz o dispositivo neolíticos. Ello se debe a su finitud, a nacer del sexo, a adquirir el lenguaje en la familia.

 

Cuando al hombre se le arrebatan sus espacios físicos, se encapsula en los psicológicos, porque necesita tener su propio territorio. Cuando el capitalismo sigue avanzando, con su locura intrínseca, ataca las conquistas neolíticas de los humanos. Cuando en los años 80 del siglo XX el capitalismo neoliberal y la traición sindical empiezan a destruir el Estado de bienestar, continúan el acoso a los espacios que los trabajadores habían conseguido conservar frente al capitalismo.

 

Cuando vemos el capitalismo de hoy, observamos que no precisamos más cosas para obtener más humanidad sino que, por el contrario, hay que eliminar muchas cosas para obtener humanidad, para “arraigar en el cosmos” (Claude Levi-Strauss).

 

Los filósofos de la Historia (Hegel) pretendían que era ésta la que hacía de los humanos seres reales y efectivos. Pero la antropología muestra lo contrario: lo humano se encuentra justo en la periferia, donde está protegido de la Historia tanto como de la naturaleza.

 

Al capitalismo hoy no le bastan el Tiempo y el Espacio existentes, precisa infinitud de cosas. Lo que hay que darle a una persona del Tercer Mundo para que llegue a la mesopotamia de la condición humana, es mucho menos que lo que hay que quitarle a la gente del Primer Mundo para lo mismo. Sin embargo, cuando vemos qué obtiene la parte más rica del Primer Mundo , volvemos a encontrarnos el hogar, el ocio, la palabra: para que ellos obtengan su neolítico, el 99% de la humanidad pierde el suyo con un nivel de despojamiento que nunca había sido tan intenso.

 

La industrialización habría podido convivir con el neolítico (Lafargue, “derecho a la pereza”), pero bajo condiciones capitalistas no puede, porque no cabe detenerse, sino acelerar.

 

18.   Antropológicamente precavidos

 

Además de la entrega de los conceptos de derecho y ciudadanía, el socialismo ha tenido otro gran error teórico que ha sido confiar en una teoría materialista de la historia que presumía que el socialismo era una etapa posterior, de superación, del capitalismo. En realidad, el socialismo debería haber funcionado como un freno, no como un acelerador. La lucha sindical, sin embargo, sí que ha sido proteccionista y humanista.

 

Las demandas teóricas del socialismo han sido desbordadas por el capitalismo: ¿un mundo nuevo?, uno cada día; ¿más valores de uso?, mercancías hasta el hartazgo, hasta superar la condición de uso; ¿eliminación de la “especialización” alienante?, ETTS, precariedad.

 

Para ser económicamente revolucionario, hay que ser sindicalmente reformista o antropológicamente conservador. Se trata ahora de conservar el mundo, las cosas, de usar en lugar de consumir, de mirar. Las instituciones son coágulos sociales de la palabra. En realidad, parlamento y capitalismo son incompatibles.

 

Ahora bien, hay que ser antropológicamente precavidos, más que conservadores, porque el neolítico incluye conceptos aún peores que el capitalismo y que sobreviven a él, como el patriarcado.

 

19.   La otra fuente de cuanto hay que conservar

 

Una vez conservado el mínimum antropológico, deben ser las instituciones ciudadanas las que decidan lo que hay que conservar y lo que no. Y no la tradición o la costumbre. Éstas son la manera en la que el neolítico venció al Tiempo, pero están compuestas de tiempo coagulado. Útiles, pero peligrosos arcaísmos, que protegen la vida, pero no la dignidad humana.

 

La costumbre hace encajar a unas cosas con otras; la Razón quiere encajarlas con el deber ser, con la palabra, y ello precisa de instituciones, construidas desde la política, no desde la tradición.

 

Para la ciudadanía, las tradiciones deben ser reformadas (ni conservarlas ni revolucionarlas) precisamente porque están en el terreno de la razón y la palabra. Pero el capitalismo arrincona y chantajea económicamente a las instituciones; por eso hace falta una revolución, pero es una revolución para reformarlas.

 

20.   Reforma y Revolución

 

Ha sido absurdo, por tanto, arremeter contra las instituciones desde el revolucionarismo del 68. Los análisis teóricos de esos años (Foucault, Deleuze, …) han acabado siendo la base del ataque feroz neoliberal a las instituciones: a la escuela pública, a la Justicia, a la Universidad. El proceso de Bolonia en esta última es paradigmático.

 

El capitalismo (que en realidad no quiere cumplir con las leyes del libre mercado) no ha renunciado a las instituciones, sino que las ha puesto a su servicio.

 

Precisan, por tanto, ser reformadas. Son nuestra defensa frente a la religión, la tradición, la costumbre. Y son reformables desde la razón y la palabra. Eso es el Progreso, que es el fundamento mismo de la Ilustración.

 

21.   La idea de Progreso: el superhombre de las Luces

 

El siglo XX ha sido una continua búsqueda del superhombre. El capitalismo mediante el más allá de lo antropológico, pero lo que hizo fue proletarizar, desposeer del mínimum neolítico, llevar al vacío. El socialismo vio esto como un paso superable dialécticamente y buscó un hombre nuevo, total, que superara la consistencia tribal-religiosa y la burguesa.

 

Pero la Ilustración también había buscado al nuevo hombre, un progreso que partía de la libertad y la razón. Ése es un progreso de verdad, que no tiene que ver con el desarrollo económico del capitalismo y que se basa en que los avances científicos y del derecho no tienen vuelta atrás en ciencia y en derecho (pueden prohibirse, pero no anularse por vía científica o racional legal). Es por eso que el capitalismo tiene que emplear cada vez más propaganda para ocultar su carácter intolerable.

 

Progreso no es la espiral suicida del crecimiento económico capitalista, más bien hoy pasaría por un decrecimiento acelerado o una demolición sostenible.

 

 



Acción sindical e internet 2.0. Texto tomado de Global Labour Strategies en internet.

 

Carácter: Resumen.

Origen: “El Viejo Topo”, #255, abril 2009. 

 

            En IX-2007, en el curso de un conflicto salarial, los trabajadores de IBM – Italia organizaron una acción de protesta en Second Life, parando una reunión y obligando a IBM a cerrar su centro de negocios virtual. Jocoso, pero útil; mejoró la negociación del convenio colectivo y dimitió el gerente.

 

            El entorno web 2.0 tiene un enorme potencial para los trabajadores, aunque parece haber funcionado más en cuestiones humanitarias o antirrepresivas. Ha habido debate porque algunos consideran que la organización on-line es más compleja y que los verdaderos cambios suceden off-line.

 

            Crear redes sociales y apuntarse a ellas se ha hecho siempre, no depende de internet 2.0. Pero es cierto que ésta supone un cambio cualitativo para los movimientos sociales. Cinco razones:

  1. La formación de grupos es más fácil, incluso en temas efímeros o marginales. Antes era difícil encontrar personas con los mismos intereses. El movimiento obrero podría enseñar a los trabajadores a usar estas tecnologías y a intervenir en grupos ya existentes, donde provocar debates.
  2. Escala y amplificación. Se puede llegar a muchísima gente. Es cierto que en la red hay mucho ruido, pero se puede segmentar eficazmente a los destinatarios.
  3. Interactividad. La red no es una correa de transmisión. Permite conversar, intimar, debatir, aportar.
  4. Eliminación de jerarquías. Las élites ya no pueden controlar dónde se produce y por dónde se distribuye una información.
  5. Herramientas baratas y fáciles de usar. Los teléfonos móviles aún más que los ordenadores.

 

Pero estos cambios también generan preguntas:

1.     ¿Qué implicaciones tiene que los trabajadores se organicen por fuera de las organizaciones tradicionales?

2.     Es fácil y barato reunir a una multitud pero ¿qué se hace con ella? Las personas abandonan con la misma facilidad con que se apuntan.

3.     ¿Estarán las organizaciones sociales y activistas dispuestas a ceder el control? Problemas para las jerarquías.

4.     Al apoyarse en sitios comerciales, los jefes/empresarios están al tanto. Y pueden intervenir astutamente. Necesidad de medios (servidores) propios.

5.     Problemas para sabr quiénes están accediendo a la red y quiénes no.

6.     ¿Cómo presentar ideas complejas?

7.     ¿Cómo articular on-line y off-line? La campaña electoral de Obama lo ha sabido hacer muy bien.

 

 

¿Por qué en España un gran número de trabajadores vota a la derecha?

 

Carácter: Resumen.

Origen: artículo en “El Viejo Topo”, julio-agosto 2008. 

 

 

· JUAN CARLOS MONEDERO (Universidad Complutense)

            En el siglo XIX y principios del XX, la clase obrera se integra a la sociedad a través del trabajo. En los dos primeros tercios del s. XX a través del consumo. En el cambio de siglo, a través del deseo de consumo. Ese deseo es la introducción del capitalismo en la mente del trabajador. Los medios de comunicación, especialmente en la ficción y en la publicidad. El miedo abstracto a casi todo. La ausencia de un modelo alternativo.

·

· JUAN FERRÁN (Partit dels Socialistes de Catalunya)

            Subsisten las diferencias sociales, pero se difumina la división de clases: falta de pertenencia, búsqueda de salidas individuales). Crisis en las organizaciones obreras, partidos y sindicatos, falta de adecuación a cambios sociales vertiginosos. Ausencia de otro paradigma creíble y alcanzable.

·
· JUAN RAMÓN CAPELLA (Universidad de Barcelona)

            La izquierda que ha ganado elecciones no ha resuelto los problemas de la gente, como sanidad y educación públicas. No ha sido ascética en el uso de lo publico. No ha desvelado ni rechazado las prácticas neoliberales. Los medios de comunicación están masivamente en manos de la derecha.

·
· FRANCISCO FRUTOS (Partido Comunista de España)

            Desvertebración de ideales socialistas. Desaparición de la URSS. Aceptación progresiva por la izquierda social y política de los valores de la derecha y de que no hay una alternativa a ellos. Cambio de reivindicaciones sociales por actitudes identitarias, que manipula bien la derecha.

·
· HIGINIO POLO (Escritor)

            Ya antes sucedía (como con Hitler), pero en el nuevo capitalismo desde 1980 tiene caracteres distintos. Pesan las tradiciones familiares y la Iglesia católica. También el nacionalismo español que considera a la izquierda poco patriótica. Reconversión del ciudadano-obrero en consumidor-espectador, especialmente por la publicidad. Miedos a la precariedad, al futuro a los trabajadores inmigrantes. Prestigio de la visión darwinista de los conservadores. Descrédito del socialismo tras la URSS.

·
· MIGUEL ROMERO (revista Viento Sur)

            Siempre ha sucedido. Ahora más por el éxito del capitalismo neoliberal en el desgarramiento de la sociabilidad del mundo del trabajo. Asunción de valores mercantiles por las grandes centrales sindicales. Invisibilización política de la clase trabajadora por parte de la izquierda institucional.

·
· FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY (Universidad Pompeu Fabra)

            Siempre ha habido trabajadores de derechas: la ideología dominante es la de la clase dominante. Cuando la clase obrera pierde su conciencia de tal, se identifica con el que manda. Ideas y valores de izquierdas por los suelos, ausencia de un programa de izquierdas, organizaciones cainitas. Ante la ausencia de conciencia política y de identidad cultural de clase, los obreros se sienten indefensos ante fenómenos como la inmigración. Ausencia de obreros en el parlamento, lo que transmite una sensación de que “todos son iguales”.

·
· GEMMA GALDÓN CLAVELL (Observatorio de resistencias y subculturas)

            Porque es la derecha la que ha hablado de servicios públicos, fiscalidad progresiva, seguridad y nacionalismo, que es lo que preocupa a muchos. Porque no hay un espacio político de la izquierda que articule una alternativa mediante participación, movilización y experimentación.

·
· VICENÇ NAVARRO  (Universidad Pompeu Fabra)

            Distanciamiento de los partidos de izquierda hacia la clase trabajadora, que confunde y esconde en el concepto de “clases medias” Inseguridad de la clase trabajadora por falta de protección social que la lleva a posturas racistas y anti-inmigrantes. Peso del nacionalismo español y del catolicismo. Desideologización de la izquierda, que sólo quiere gestionar. Una ley electoral discriminadora que desmotiva.

·
· ENRIQUE SANTIAGO (Partido Comunista de España)

            Clase trabajadora desdibujada en su definición y poco autoidentificada. Abandono de la lucha ideológica por las organizaciones sindicales y políticas de la izquierda. Precarización del empelo y reconversión a autónomos de muchos trabajadores, quienes creen haber cambiado de clase. Ausencia de un referente político con un programa.

·
· JORGE VERSTRYNGE (Universidad Complutense)

            Las ideologías no tienen ya ese carácter omnicomprensivo de reja analítica frente a la realidad, la gente no está en ellas, sino en el “voto a la carta”. Fracaso de la URSS. El problema español de los nacionalismos, que provoca reacciones de derecha.

·
· JAIME PASTOR (Universidad a Distancia, Izquierda Unida)

            Tiempo histórico mundial: onda larga neoliberal desde 1973. Transformaciones económicas, división de la clase entre trabajadores mayores varones autóctonos de trabajo estable y jóvenes, mujeres e inmigrantes, precarizados. Cuarenta años de franquismo, transición pactada, cultura de la gobernabilidad. Americanización política, alternancia entre dos grandes. Clase obrera propietarista y consumista. Fraccionamiento por la polarización entre nacionalismo español y periféricos. Cultura del miedo, populismo punitivo. Comportamiento de la izquierda en el poder: transformismo, electoralismo cortoplazista.

·
· ALBERT RECIO (mientras tanto)

            No es obvio que la identidad política deba estar asociada a la clase social. Hay otros elementos: nacionalismos, miedos (racismo, xenofobia, drogas). Procesos comunicativos nuevos que favorecen un discurso de derechas. Ausencia de reproducción social de la militancia. Ausencia de un proyecto alternativo creíble y de una práctica social diferenciada en los políticos de izquierda.

·
· JORDI BORJA (Geógrafo urbanista)

            No hay que ver al trabajador como tonto (alienado, sometido a la ideología de la derecha), sino pensar en la izquierda. Muchos votantes de derecha y de extrema derecha antes votaban a izquierdas; en parte hay decepción, despecho. Los trabajadores son un universo heterogéneo, con demandas contradictorias. La derecha tiene un programa agregado simbólico tradicional. El PSOE tiene uno liberal-demócrata (derechos, ayudas sociales, limitación de privilegios, pluralismo cultural nacional, diálogo con radicales vascos) pero se aplica con mucha moderación y límites. Y no hay referentes históricos u horizontes de futuro.

·
· DANIEL LACALLE (Fundación de Investigaciones Marxistas)

            Ha pasado siempre y no pasa solamente en España. Cambios en la composición interna de la clase (precariato, sumergidos, falsos autónomos); fragmentación y desestructuración, sin un grupo hegemónico. Falta de identificación entre la clase y los partidos, antes obreros y ahora verdes, progresistas,… Lo mismo con sindicatos. Diseño por la clase dominante de una democracia poco participativa. Miedos al paro, la inseguridad y el inmigrante económico.

·
· SALVADOR LÓPEZ-ARNAL (El Viejo Topo)

            Ha pasado antes. Hay una derrota cultural y política asociada a la caída de la URSS y el triunfo de la cosmovisión liberal. Creciente poder de medios de inculcación ideológica (TV, corazón, prensa gratuita). Desolación y desencanto de los más politizados cuando han visto el comportamiento de sus representantes.

·
· ARMANDO FERNÁNDEZ STEINKO (economista)

            En ausencia de una alternativa viable o creíble, la derecha abre un ciclo de creación ficticia de riqueza (por ejemplo, incremento del valor de las viviendas; de hecho, donde se empieza a perder más votos de izquierda es en las zonas con más desbocamiento del mercado inmobiliario). Se ofrece a los obreros oportunidades de consumo y de movilidad social.

 

Lucha de clases en la educación. La comprensividad como estratagema, por Salustiano Martín

Carácter: Resumen.

Origen: artículo en “El Viejo Topo”, julio-agosto 2008. 

Se supone que la “comprensividad” en la eduación consiste en poner al alcance de todos, no sólo de una minoría, todos los conocimientos que antes recibía ésta. Pero no se puede hablar de comprensividad si el sistema educativo no es único sino que se basa en redes escolares diferenciadas; podrá haber universalidad en la escolarización, pero no igualdad.

La idea de la extensión universal de la educación procede de las clases trabajadoras y de las “fuerzas políticas progresistas”, aunque a menudo las políticas prácticas de éstas se han quedado en una cierta educación para las edades tempranas de las “clases laboriosas”.

El movimiento obrero fue el impulsor fundamental. Primero logrando la retirada de los niños del mercado obligado de trabajo. En la medida en que se trataba de la educación de TODOS los niños, no podía confiarse a “casas del pueblo” o “liceos anarquistas”. Se llegó a un sistema dual, uno enseñaba lo básico a los hijos de los trabajadores y no llevaba a salidas concretas (aunque después tuvo cierta continuidad en “enseñanza profesional”) y el otro convertía a los niños burgueses en intelectuales orgánicos de su clase, técnicos, científicos o gestores de empresas.

Las organizaciones obreras pelearon por la “escuela única”, pero no llegaron a lograrla. El momento más cercano fue al final de la Segunda Guerra Mundial (ante el peligroso ejemplo de los países socialistas), cuando la burguesía cede a la universalización. Se empieza a hablar de comprensividad, pero las clases dominantes la convierten en una simplificación de los contenidos conceptuales para que los hijos de la clase trabajadora no tuvieran problemas en su estudio. La escuela se llenó de actividades lúdicas, se obviaron los valores de la autodisciplina y el esfuerzo. Pedagogos y sociólogos presuntamente progresistas reivindicaron para la escuela la cultura popular, el folklore, nada de educar para la emancipación intelectual de la clase obrera, nada de conocimientos académicos; en vez de eso, “enseñanzas prácticas” y “valores sociales”.

Mientras tanto, la burguesía lleva a sus hijos a la otra red escolar (escuelas concertadas + privadas) donde sí se busca una enseñanza de calidad, que no debe estar al alcance de los hijos de los obreros. Y vacían de fuerza académica la red pública (ayudados por los ideólogos radicales pequeñoburgueses de la comprensividad antiacadémica).

Se ha garantizado así el predominio de la burguesía en el terreno cultural y moral. Lo que queda al otro lado es la contestación violenta fuera del sistema, que es mucho más fácil de reprimir.

La clase obrera debe pelear por un sistema educativo público que le dé a todos los conocimientos que hoy sólo tienen los hijos de los burgueses. Mientras que haya una doble red escolar, debe oponerse a todo lo que baje niveles en la enseñanza pública (aprobados universales, coleguismo, falta de valoración de la memoria, de la disciplina) a la vez que pelea contra la doble red.

El interés de los trabajadores es el logro tendencial de todos los conocimientos. Sólo así podrá lograr la hegemonía cultural.