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Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo

Resumen del libro “Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo”, de David Harvey, IAEN + Traficantes de sueños, Quito y Madrid, 2014.

El texto es largo, puede bajarse este mismo resumen en PDF en la página de descargas

PRÓLOGO – La crisis del capitalismo que toca ahora

Las crisis son esenciales para la reproducción del capitalismo. Crean y destruyen, pero no sólo elementos materiales, también modos de pensamiento, instituciones, ideologías dominantes, alianzas, subjetividades políticas, relaciones sociales, gustos…

Son acontecimientos complejos, cuyas consecuencias a menudo se proyectan durante décadas. A posteriori, somos capaces de descubrir las señales que las anunciaban.

En esta crisis, sin embargo, no se han desarrollado muchas teorías. El mundo se polariza entre las recetas de profundización del neoliberalismo monetarista y algunas versiones aguadas del keynesianismo (a veces sin atender a la redistribución de la renta, como en China). Sí parece haber una diferencia institucional: el gran papel jugado por los bancos centrales, dedicados a la protección de la banca privada. Hay también teorías sobre una solución tecnológica a los males actuales, pero en realidad ésta parece ir en la dirección de disminuir el empleo y aumentar las rentas de la propiedad intelectual.

No sólo las élites y sus acólitos académicos parecen incapaces de encontrar una salida, lo mismo le pasa a las fuerzas de la izquierda tradicional, tras treinta años de derrotas ideológicas y políticas. La izquierda radical (inspirada por Foucault), antiestatista y libertaria (incluso neoliberal) se dedica a las acciones a pequeña escala, al activismo local, a menudo identitario y fuera de los análisis de clase. Frente a esta izquierda que no quiere tomar el poder, la plutocracia queda sin verdadera oposición, y aplasta policialmente la disidencia (calificada como terrorismo).

Este libro aplica el método marxista al estudio del problema, del mal estado en que se encuentra el capitalismo.

INTRODUCCIÓN – Sobre la contradicción

“Contradicción” tiene dos significados: el aristotélico (dos afirmaciones que no pueden ser simultáneamente ciertas), y el dialéctico, que se puede describir como la confluencia en una situación, entidad, proceso o acontecimiento, de dos fuerzas aparentemente opuestas. Un ejemplo típico de este tipo de contradicción es el que se encuentra entre las exigencias de la producción organizada y la necesidad de reproducir la vida cotidiana (esto es, los problemas de conciliación entre vida laboral y familiar).

Hay momentos en que esas contradicciones son más obvias, se agudizan y la tensión entre las dos fuerzas se hace insoportable. La insoportabilidad es muy subjetiva, hay quien no la siente en ciertos momentos y en otros sí. También pueden las contradicciones atenuarse de repente, normalmente dejando cicatrices.

No son esencialmente negativas. Son una fuente fecunda de cambio social, que a veces pueden utilizarse creativamente, generando innovaciones, por ejemplo (eso pasó con la contradicción en Gran Bretaña en el s. XVIII sobre el uso del suelo para producir alimentos o para carbón vegetal: acabó provocando la innovación de las minas en profundidad).

A veces las contradicciones no se resuelven, sino que se desplazan en el tiempo.

La contradicción más importante es la que se da entre la realidad y la apariencia del mundo en que vivimos. Para entender el mundo, hay que no dejarse engañar por el fetichismo, el conjunto de máscaras, disfraces y distorsiones, hay que llegar más abajo que lo superficial. Son fetiches la creación de dinero en una cuenta a plazo, la asignación de precio a las lechugas en el supermercado. El fetiche no es una creencia insensata, una ilusión o un trampantojo. Se puede vivir en el mundo sin desentrañarlos, mientras no sucedan acontecimientos extraordinarios.

Este libro intenta ir más allá del fetichismo, y determinar las fuerzas contradictorias. El capitalismo tiene muchas contradicciones (por ejemplo, de raza o género). Este libro sólo trata de las del capital, las que son esenciales respecto a la circulación y acumulación del motor económico del capitalismo. Las otras contradicciones también influyen, pero aquí nos centramos en las relativas al motor económico del capital. Si el capitalismo fuera un gran buque de pasajeros, lleno de conflictos y complejidades, aquí se trataría sólo de la sala de máquinas, que ha demostrado ser bastante vulnerable, y sólo a lo interno a ella, no a acontecimientos que la afecten desde su exterior.

Se trata de explicar el motor económico, cómo funciona, por qué a veces está a punto del colapso y por qué debería ser sustituido y cuál sería su reemplazo.

PRIMERA PARTE – Las contradicciones fundamentales

Las siete primeras contradicciones son fundamentales, porque el capital simplemente no podría existir ni funcionar sin ellas. Están entrelazadas entre sí, pero sus relaciones a veces son tóxicas. Si una de ellas se intensifica, las demás pueden contagiarse y llegar a una crisis general, lo que da muchas oportunidades al anticapitalismo.

CONTRADICCIÓN 1 – Valor de uso y valor de cambio

Todas las mercancías tienen un valor de uso y un valor de cambio. El primero puede ser muy variado, diferente para cada persona y cada momento; el segundo es uniforme y cualitativamente idéntico (dinero).

Si tomamos como ejemplo una casa, los valores de uso son muy diferentes (cobijo, lugar de trabajo, especulación, privacidad, etc.). En cuanto al valor de cambio, inicialmente (y aún en lugares pobres) se autoconstruían y por tanto era muy limitado; luego se construían por encargo pagando materiales y a trabajadores, lo que limitaba las posibilidades de obtener valor de uso, de acuerdo con las capacidades; en el capitalismo avanzado, se construyen especulativamente, como una mercancía para ser puesta en el mercado al alcance de quien pueda pagarla, el vaor de cambio es ahora el de la construcción, más el del suelo, más el margen de beneficio que espera el constructor, más en su caso el coste del endeudamiento. El valor de uso no es el fin, sino el medio para obtener valores de cambio. En ocasiones, el Estado desarrolla planes de vivienda, y entonces sí prima el valor de uso.

La vivienda es un artículo caro que, a menudo, no puede comprarse de una vez, así que las personas contratan hipotecas. El valor de cambio se dispara para el comprador, pero es su manera de acceder al valor de uso y, de hecho, en la medida en que la vivienda al final es suya, supone una forma de ahorro, un depósito de valor de cambio. El valor de cambio de una vivienda está sujeto a externalidades, que pueden disminuirlo o anularlo: deterioro del entorno, expropiación pública, …

La propiedad de una vivienda se ha convertido en un tema importante para mucha gente. Es un bien especulativo, pero como todos éstos, funciona a la manera de una “pirámide de Ponzi”: el sistema se mantiene e infla hasta que se llega a la conciencia de que es una burbuja y estalla. La búsqueda por muchas personas de un incremento de valor de cambio puede acabar con la pérdida de todo el valor de uso (desahucio). Especialmente si el Estado se inhibe en la satisfacción de las necesidades básicas de valor de uso por parte de la población.

El de la vivienda es un buen ejemplo de cómo una crisis en el valor de cambio niega a mucha gente el valor de uso necesario. Pero sanidad y educación tienen evoluciones similares.

CONTRADICCIÓN 2 – El valor social del trabajo y su representación mediante el dinero

El valor de cambio requiere una medida de cuánto valen unas mercancías en relación con otras: esa medida es el dinero. Tiene tres funciones básicas: es un medio de circulación que facilita los intercambios solventando los problemas del trueque, ofrece una única vara de medir para todos los medios económicos en el mercado, y es una forma de almacenar el valor.

Dependemos del trabajo de los otros para obtener la mayoría de valores de uso que necesitamos. El dinero es un título del derecho a reclamar parte de ese trabajo de los otros. El dinero representa el valor social de esa multiplicidad de actividades; el valor social es algo inmaterial e indivisible, que relaciona las diversas actividades sociales, pero su consecuencia es objetiva: las mercancías tienen valores diferentes, que no dependen esencialmente de sus valores de uso, sino del trabajo social involucrado en su producción.

El dinero es una forma tangible de apariencia, un símbolo y representación de aquello material e invisible que es el valor. Como toda forma de representación, por ejemplo un mapa, no es idéntica a lo representado. Esa disparidad entre el dinero y el valor que representa es la segunda contradicción del capitalismo.

Dinero y valor tienen una relación dialéctica y coevolutiva, se han desarrollado a la vez, pero no es una relación causal.

La brecha entre valor social y su instrumento de representación está cuajada de contradicciones potenciales. El dinero-mercancía (oro, plata), se inserta en mercancías con cualidades físicas concretas, mientras que las monedas, billetes y el dinero fiduiciario son meros símbolos. El dinero de cuenta son simples apuntes contable, remitiéndose al pago de un saldo neto al final de un cierto periodo. Y el dinero crediticio tiene una naturaleza profundamente diferente.

Hay un uso tautológico del dinero: aun siendo un medidor del valor, puede ser también una mercancía, el capital-dinero, cuyo valor de uso es su capacidad para producir más valor (beneficio, plusvalía) y su valor de cambio se mide con el pago de intereses. Otras medidas estándar, como el kilo o el litro no son a la vez mercancías.

El dinero empezó concretándose en metales o materiales preciosos: tienen una oferta relativamente inelástica, no se deterioran apenas con el uso y sus propiedad y cualidades con conocidas y evaluables por cualquiera. Pero no son fácilmente fraccionables ni, por ello cómodas de usar, y así surgieron monedas, billetes y dinero electrónico. Pero cuando el dinero es representado por números surge una paradoja: de pronto el dinero puede crecer sin límites técnicos; esto pasa desde que en la década de 1970 se abandonó el patrón oro: el dinero se puede crear y acumular sin límites. Por último, el dinero crediticio pone en buena medida la creación de dinero en manos de bancos y particulares, y ya no sólo en instituciones estatales. Cada una de esas formas del dinero satisface más o menos a una u otra de las tres funciones básicas del dinero que mencionábamos: por ejemplo, el dinero-materiales preciosos, que era muy bueno para acumular valor, no lo era para la fluidez de la compraventa en el mercado, así que -hasta los 70 del s.XX- monedas y billetes eran una representación del oro, que a su vez representaba el valor, un doble fetiche.

El precio en cada transacción en el mercado depende de condiciones particulares (oferta y demanda concretos en un lugar y tiempo concretos) que sólo en un mercado perfecto hacen coincidir precio y valor general del producto. Pero no es fácil que haya un mercado perfecto, cuando cada capitalista ansía eliminar competencia y monopolizar. Cuando sucede que hay una divergencia cuantitativa entre precio y valor, los capitalistas responden necesariamente a los precios, porque éstos son los que se pueden ver en el mercado.

Además, puede ponerse precio a lo que no es el resultado del trabajo social (cabildeo, por ejemplo) o no es reconocible como valor social (tráfico de blancas, armas o drogas). Y puede usarse el dinero para crear más dinero: dinero que circula y crece sin que se corresponda con una producción, capital ficticio, del que un ejemplo típico es la especulación inmobiliaria.

El dinero provoca por tanto múltiples contradicciones, desde la falsificación parcial de la realidad que conlleva toda representación, al hecho de que el trabajo social pueda convertirse en poder para unos pocos que pueden acumularlo bajo la forma dinero. El fetiche dinero acaba convirtiéndose en el objetivo para una serie de personas y se desatan comportamientos nocivos, como la codicia.

¿Cómo dar una respuesta crítica? En primer lugar, atacando directamente los procesos especulativos y las formas monetarias ficticias que los promueven. Y el objetivo utópico es la desaparición del valor de cambio, que conllevaría la del dinero y las patologías ansiosas asociadas a su uso. Como fase intermedia, habría que crear formas cuasi dinerarias que facilitaran el intercambio de productos, pero que inhibieran la acumulación privada de riqueza. Silvio Gesell, en 1916, hablaba de un paradinero que se oxidara al no usarse. Esto hoy en día es fácilmente creable en el dinero electrónico, mediante fechas de caducidad y se rompería así con la función de depósito de valor de dinero, como acumulación de riqueza y poder privados. Esto precisaría grandes cambios sociales, como la renta básica garantizada para todos, esto es, acceso mínimo a un conjunto de valores de uso colectivamente gestionado. La sociedad se orientaría así a lo verdaderamente necesario: la creación continua de valores de uso mediante el trabajo social, desapareciendo el valor de cambio como impulsor principal de este proceso.

Estos cambios son especialmente necesarios desde el abandono del respaldo metálico del dinero mundial, cuando el dinero es imprimible hasta el infinito, un dinero numérico que es representación de un dinero real que lo es del valor. Esta ilusión de crecimiento indefinido ha llevado a que todos los bancos centrales converjan en una política única de contención de la inflación a cualquier precio.

CONTRADICCIÓN 3 – La propiedad privada y el Estado capitalista

El valor de cambio y el dinero presuponen conjuntamente la existencia de derechos de propiedad privada individual sobre las mercancías y el dinero.

No es lo mismo propiedad privada que posesión individual. Hay procesos y objetos que, mientras los estoy usando, no pueden ser aprovechados por otros (una bici, por ejemplo). También hay otros cuyo uso no es excluyente (la calle), aunque pueden tener normas regulatorias para el uso conjunto. La propiedad privada es distinta: un derecho de pertenencia exclusiva sobre un objeto o proceso, esté siendo utilizado o no; es por tanto diferente al derecho al usufructo.

La propiedad privada presupone un vínculo social entre lo poseído y la persona, que se define entonces como un sujeto jurídico (titular de un derecho). Con el tiempo, este derecho a pasado a estar reconocido también a empresas, organizaciones, instituciones, “personas jurídicas”. Las constituciones burguesas reconocen este derecho a la propiedad privada, y lo incardinan con los derechos humanos individuales.

La propiedad privada es un derecho a perpetuidad, que no expira por falta de uso y que puede pasar de una generación a otra por medio de la institución de la herencia. Históricamente, en los procesos de colonización, se usó el concepto de res nullius (Locke), según el cual sólo es legítima la propiedad que es usada para proveer de mercancías el mercado; de esta manera se expropiaban a los pueblos sometidos sus tierras.

La imposición del derecho a la propiedad privada ha dependido de la existencia de poderes estatales y sistemas jurídico-legales. Éstos son los que han ido acabando con muchas formas de propiedad intermedias entre la posesión individual usufructuaria y la propiedad privada: bienes comunes, gobernanzas compartidas. Es el poder del Estado el que ha ido consolidando y garantizando la propiedad individual irrestricta, base de la circulación y acumulación capitalistas. Incluso se va avanzando en la línea de someter a este régimen a objetos y procesos que antes no eran apropiables (procesos biológicos o de conocimiento de procesos naturales).

La propiedad privada individualizada está en la base misma del sistema, pero su régimen está plagado de contradicciones. La primera es la fractura existente entre el ejercicio libre del derecho a la propiedad privada y el ejercicio colectivo del poder coercitivo del Estado. Aunque el segundo protege el primero, no se limita a ser un guardián protector, también controla: debe garantizar la provisión de bienes y servicios colectivos públicos (como el alcantarillado, las infraestructuras o la educación). El Estado debe además proteger sus propias instituciones, y alimentarlas mediante impuestos. El Estado tiene que gobernar y administrar poblaciones diversas, con intereses contrapuestos (y la democracia burguesa ha demostrado ser un sistema eficaz de gobierno); de manera que el producto final es la resultante de dinámicas políticas amplias y de largo alcance. Otra contradicción está en los fallos del mercado, como las externalidades, costes reales que no quedan registrados en el mercado, por ejemplo, la contaminación que se expulsa al medio en la producción de una mercancía. Hay externalidades negativas y positivas, y en general se acepta la intervención del Estado para controlar y regular las negativas, incluso al coste de invadir el derecho a la propiedad individual. También la posición del Estado en la comunidad internacional genera contradicciones con el derecho de propiedad. La diplomacia y la guerra requieren de un Estado fiscal-militar.

También le corresponde al Estado el monopolio sobre el dinero y la moneda. Hay que matizar que el sistema monetario internacional es jerárquico, no todas las monedas están en el mismo plano, no todas las deudas emitidas tienen el mismo valor. Otro matiz es que esta función del Estado la puede subcontratar al sistema financiero o a instituciones supuestamente independientes, situadas entre el Estado y la sociedad (como los bancos centrales).

Otra contradicción es que el Estado, al admitir formas de cierta democracia (que le han sido siendo esenciales para favorecer el libre mercado y la libertad de movimientos) está sujeto a influencia de movimientos populares. En ciertos casos, como las etapas socialdemócratas de algunos países occidentales, a veces se han impuesto ciertos fines económicos por encima de los intereses privados de los propietarios, ha habido planificación económica gubernamental, a veces en competencia con las actividades privadas. Y siempre quedan áreas, como el complejo industrial-militar, donde prevalecen los intereses del Estado.

Esta contradicción entre intereses del Estado e intereses de los propietarios va dando como resultado una tendencia en favor de los centros antidemocráticos del poder estatal. Incluso si esto perjudica intereses concretos, a la postre supone un plus de protección a los propietarios del capital respecto al movimiento obrero o al ecologista. Un ejemplo está en la política de vivienda, donde el Estado a menudo ha fomentado el acceso de grandes masas de población a la propiedad, no sólo como apoyo al sector inmobiliario privado, sino cumpliendo una función ideológica crucial, de convertir a muchos trabajadores en propietarios.

¿Cuál debería ser la estrategia política de la izquierda en este contexto? Un simple intento de restaurar el equilibrio fortaleciendo las libertades individuales no basta. El Estado ha acumulado mucho poder y ya no se tiene fe en él como en un poder benevolente. La estrategia debería ser el restablecimiento y reforzamiento de los bienes comunes de gestión colectiva democrática, no sometida a la autocracia estatal. El dinero y el crédito también deberían pasar a esta zona de bienes comunes de gestión colectiva.

CONTRADICCIÓN 4 – Apropiación privada y riqueza común

La apropiación y acumulación privadas de la riqueza común (la variedad infinita de valores de uso producidos) y del trabajo social en ella coagulado se produce por dos vías. Una extralegal (robo, fraude, coerción, usura, corrupción, monopolización, manipulación de precios, cárteles, mafias, …), otra mediante intercambios legales sancionados en mercados libres, en condiciones no coercitivas.

La primera vía no es una excrecencia casual, una falla del sistema; hay una relación simbiótica entre ambas. Y ello por dos motivos: por razones empíricas (su vastedad, su peso en el comercio mundial) y por razones teóricas: la esencia misma del capital alberga una economía basada en la desposesión. En ello es esencial el dinero, que, al funcionar bien como medida y deposito de valor, puede ser acumulado sin límite. Como vimos, hay una brecha entre la realidad del trabajo social en un producto y su precio, no sólo cuantitativa (alzas y bajas de precios), sino cualitativa (se puede poner precio a bienes inmateriales como el honor o la lealtad).

Karl Polanyi, en 1944, alertaba de que los mercados de la tierra, el trabajo y el dinero se basan en su consideración como mercancías, pero esto es falso: no son elementos producidos para la venta. Y es muy arriesgado tratarlos como mercancía; de hecho, los ejemplos de degradación que Polanyi enunciaba como posibles, se han ido produciendo.

Aunque las políticas neoliberales han ido reduciendo o eliminando todas las protecciones, ya en la ‘acumulación originaria’ trabajo, tierra y dinero se han ido transformando en mercancías mediante violencia, engaño, fraude, robo (cerramiento de tierras, exacción del oro y la plata de las minas americanas para crear dinero, trabajadores expulsados de la tierra para ser usados como ‘asalariados libres’ o esclavos).

El Estado se convierte en un instrumento esencial para la acumulación por desposesión y para la legitimación y racionalización de facto por vía de la propiedad privada.

Se admite como una verdad evidente que todo lo que existe sobre la tierra debe ser sometido, si hay posibilidad técnica, a la mercantilización, monetización y privatización.

Así, la vivienda, la educación, la sanidad; hoy también las actividades bélicas, las secuencias genéticas, las cuotas de contaminación, los derivados sobre el clima, …

El valor de cambio manda sobre el valor de uso. La rebelión popular debería ser para el acceso a todos los valores de uso fundamentales.

Pensamos que la acumulación por desposesión es el efecto de la incapacidad para regular correctamente los mercados, pero no es así, aunque no veamos la naturaleza exacta de la mentira. El hecho de que la constitucionalidad capitalista beneficie sistemáticamente a unos más que a otros no es casual, es la razón de ser del edificio legal.

Dos percepciones más: quienes saquean la riqueza común no actúan de forma que asegure su reproducción, suelen destruir las condiciones de ésta. En segundo lugar, no hay incentivo para seguir las reglas de buen comportamiento: los beneficios y el rendimiento sn mucho más bajos.

CONTRADICCIÓN 5 – Capital y trabajo

La apropiación de la fuerza de trabajo de unos individuos por parte de otros (a menudo con rasgos de racialización o discriminación de género) es histórica, y está detrás de la construcción de las relaciones sociales. También el endeudamiento, como una de las formas más insidiosas de la apropiación.

Pero lo más específico del capitalismo es que la fuerza de trabajo se trate como mercancía. Ya pasaba antes de alguna manera, pero el ascenso del capitalismo lo convierte en el rasgo distintivo: la plusvalía.

El sistema no parece basarse en el engaño, porque los trabajadores tienen un derecho de propiedad privada individual sobre la fuerza de trabajo que pueden proporcionar al capital, que es además lo único que tienen, a falta de tierra y otros medios de producción.

La mercantilización de la fuerza de trabajo es la única forma de salvar la contradicción insoluble de la circulación del capital: si se intercambian valores de uso con una utilidad aproximadamente igual, la circulación no genera más valor, no hay beneficio. Esto se salva si una de las mercancías, la fuerza de trabajo, tiene la característica de crear más valor de uso que el suyo propio.

Aunque la relación entre trabajadores y capitalistas es contractual e individual, en realidad es una relación de clase general que involucra al Estado y la ley como árbitros. Los capitalistas se esfuerzan en obtener más del trabajo (más intensidad, productividad, tiempo) y los trabajadores en elevar su nivel de vida y disminuir el tiempo, la intensidad o el riesgo del trabajo.

Muchos, sobre todo los marxistas, consideran esta contradicción entre capital y trabajo como la principal, a la que se subordinan todas los demás. Tmbién como fuente subyacente de todas las crisis económicas.

Pero esta contradicción no es la única explicación de todas las crisis, ni conceptual ni políticamente. Está entrelazada con otras. La resolución de la contradicción mediante otras formas de relacionar capital y trabajo, como los trabajadores asociados (cooperativas, autogestión, economía solidaria) o la posesión estatal de los medios de producción y planificación centralizada de ésta, alcanza sólo éxitos limitados por la relación de la contradicción capital-trabajo con otras (como la forma dinero y su manera de apropiarse de la riqueza social).

Privilegiar esta contradicción lleva también a centrarse en dos dominios donde actúa, el mercado laboral y el lugar de trabajo, olvidando otros terrenos de lucha.

La acumulación por desposesión, la supresión de derechos adquiridos al amparo de la austeridad y el equilibrio fiscal, puede generar resistencias tan importantes para la lucha de clases como las de esos dos espacios (mercado laboral y lugar de trabajo).

Ésta, capital-trabajo, es una contradicción fundamental, pero no cardinal, a la que las otras estén subordinadas. Nunca hay que pensar que actúa de forma autónoma e independiente de las otras.

CONTRADICCIÓN 6 – ¿El capital es una cosa o un proceso?

En las ciencias naturales, se ha ido asumiendo el razonamiento dialéctico y la idea de contradicción (por ejemplo, la luz como onda o corpúsculo o en realidad como ambas cosas, simultánea o complementariamente). En la economía también ha de asumirse así.

¿Es el capital un proceso o una cosa? Es ambas cosas y de forma simultánea. Si miramos el proceso como un flujo simple, el capital va tomando diversas formas (dinero, medios de producción, masa de trabajo, plusvalía, dinero de nuevo, reinversión). Hay tanto un flujo legal como ilegal; por eso el Estado funciona como regulador y normativizador (legislación laboral, de consumo, financiera, etc.) y su capacidad de intervención depende de controles e influencias de clases.

Es, por tanto, un flujo y una cosa, como en la naturaleza. Pero en el capital es también crucial la velocidad, ya que la aceleración del tiempo de rotación del capital genera una cierta ventaja competitiva.

El proceso de producción está lleno de obstáculos: las materias primas hay que extraerlas y moverlas; los trabajadores son seres con voluntad propia; los productos pueden necesitar ser planificadamente obsoletos para que haya que reponerlos pronto. Para superar esos obstáculos, el capital usa todo tipo de estrategias y atajos, como hacer que los comerciantes (mayoristas o minoristas) asuman el riesgo del mercado vendiéndoles los productos a ellos con descuento. Estas estrategias posibilitan posiciones de poder para comerciantes y financieros, los cuales pueden lubricar el proceso de circulación.

El proceso productivo precisa también de grandes inversiones de capital fijo (territorios construidos, infraestructuras físicas). Aquí hay otra contradicción, ya que el capital necesita circular deprisa, pero a la vez depende de que haya capital fijado, de larga duración, para sostener el proceso de circulación.

En la confluencia de las maniobras sociales para garantizar la lubricación del flujo del capital con la necesidad de capital fijo, surge otra dificultad, que es la captación de parte de la plusvalía por el terrateniente. Así se producen acaparamiento y escasez. A la vez, estos propietarios cuyo poder descansa en el control de los bienes inmóviles, usan la fluidez financiera para explotarlos.

La tensión entre proceso y cosa, entre inmovilidad y movimiento, se agudiza a veces (especialmente por el poder de los rentistas) dando lugar a crisis, a booms y cracks locales y temporales.

¿Qué proyecto político derivar de este análisis? La abolición del poder de la propiedad inmobiliaria, registrar tierra y recursos naturales como propiedades comunes de las poblaciones; igualmente, abolir la relación entre capital fijo y especulación financiera, y la planificación racional para que los valores de uso físicos sean accesibles siempre.

CONTRADICCIÓN 7 – La contradictoria unidad entre producción y realización

En su flujo para alcanzar el crecimiento cuantitativo (el beneficio) el capital pasa por dos momentos críticos importantes: el proceso de trabajo que añade valor a lo producido y el proceso de realización en el mercado que saca ese incremento de valor de su latencia.

Esa unidad es contradictoria. En el proceso de trabajo, el capital tiene un fuerte incentivo para pagar a los trabajadores lo menos posible, hacerles trabajar la mayor cantidad de tiempo y con la mayor intensidad posibles, mantenerles dóciles y disciplinados (mediante un ejército industrial de reserva), evitando su organización autónoma y cualquier forma de poder o influencia sobre el Estado. De estas maneras, incrementa su beneficio.

Pero, en cuanto a la realización en el mercado, si el capital hace todo lo anterior se encuentra con que la demanda agregada es muy baja; los trabajadores, los parados, consumen mucho menos.

Atrapado en esa contradicción, el capitalismo va adoptando diferentes políticas económicas. La keynesiana, 1945-1975, gestionaba coherentemente la demanda para mejorar la realización en el mercado (consumo), pero los movimientos obreros organizados y políticamente poderosos suponían un incremento de coste en la producción. Así que, 1975-hoy, la contrarrevolución neoliberal actúa sobre el lado de la oferta, reduciendo salarios y aplastando organizaciones sindicales.

Es una exposición simplificada, aunque ilustrativa, que sirve para comprender los procesos de generación y de superación de crisis.

La contradicción puede mitigarse de varias maneras: se puede incrementar la mano de obra aumentando el número de trabajadores (China), se puede expandir el consumo de lujo de la burguesía, o mantener y mejorar la capacidad de compra de capas de la población no productoras (funcionarios, militares, …). pero la forma principal de paliar la contradicción es el crédito, que puede actuar en ambos puntos, producción y realización del valor.

Si el crédito se restringe, se exacerba la contradicción, pero si se fomenta y desregula, genera especulación y burbujas, lo que da lugar a crisis financieras y comerciales.

Hay contradicciones secundarias ligadas a esa principal de producción-realización. La continuidad del flujo del capital puede permitir que figuras como el comerciante o el financiero sean los que realizan la mayor parte del valor, explotando al capital productivo, incluso desplazándolo en el espacio (grandes multinacionales occidentales de consumo abaratando el coste de la producción en China).

Otra vía de mitigar la contradicción es sustraer de los trabajadores las rentas obtenidas , pero fuera del proceso de la producción: tasas, rentas, impuestos, manipulación del salario social (pensiones, educación, sanidad, servicios básicos), privatizaciones, gentrificación, austeridad: es la acumulación por desposesión. Por eso no hay que perder de vista la unidad contradictoria entre el conflicto y la lucha de clases en la esfera del trabajo y en el resto de la vida.

El proyecto político a derivar de esta contradicción sería desmercantilizar, reafirmar los valores de uso que la sociedad necesita y dedicar la producción a satisfacer esas necesidades sociales. No se trata de incrementar continuamente los valores de cambio, sino de disfrutar los valores de uso.

SEGUNDA PARTE – Las contradicciones cambiantes

Las contradicciones fundamentales que hemos visto hasta ahora se entrelazan para dar una arquitectura básica a la acumulación de capital.

La contradicción entre valor de uso y valor de cambio (1ª contradicción) depende de la existencia de dinero, el cual tiene una relación contradictoria con el valor como trabajo social (2ª). Se requiere cierta relación jurídico-legal entre los que participan en el intercambio, dándose la contradicción entre propiedad privada individual y la colectividad del Estado capitalista (3ª). Los individuos pueden apropiarse legal y libremente de los frutos del trabajo social mediante el intercambio (4ª). Ésta es la base monetaria para la formación del poder de clase capitalista, la mercantilización de la fuerza de trabajo que resuelve el problema de cómo producir la desigualdad que es el beneficio en un sistema de intercambio de mercado basado en la igualdad, contradicción fundamental entre capital y trabajo (5ª). Contradicción puesta en movimiento definiendo un proceso de circulación de capital que pasa por diversas formas materiales, generando tensión entre inmovilidad y movimiento (6ª), con una unidad contradictoria entre producción y realización (7ª).

A su vez, estas contradicciones delimitan el campo en que puede definirse una alternativa al mundo creado por el capital: orientación hacia los valores de uso, forma dinero que inhiba la acumulación de riqueza y poder, promoción de la disolución del nexo Estado-propiedad privada, fortalecimiento del poder de los trabajadores asociados para determinar su propio proceso de trabajo no alienado.

Ahora pasamos a contradicciones inestables en un cambio evolutivo permanente. Hay que estar muy atentos a ellas para no buscar soluciones desactualizadas, sino apropiadas a su momento de cambio.

CONTRADICCIÓN 8 – Tecnología, trabajo y disponibilidad humana

Un esbozo simplificado e insuficiente de la concepción marxista tradicional describiría la contradicción principal entre el increíble incremento de las fuerzas productivas y la incapacidad del capital para aprovecharlas para el bienestar común, debido a su compromiso con unas relaciones de clase.

Entendamos como tecnología, aunque pueda parecer una definición muy genérica, el uso de procesos y objetos para obtener productos que satisfagan las necesidades. Supone una relación dinámica y contradictoria con la naturaleza y se expresa en hardware, software y formas organizativas. Dinero, banca, sistema de crédito… son ejemplos de tecnología en esta definición amplia.

Inicialmente, las modificaciones tecnológicas eran una derivada de la competencia entre productos individuales. El innovador obtenía una ventaja competitiva, efímera porque los demás empresarios se sumaban pronto: innovaciones a saltos. En realidad, el capitalismo tiende al monopolio, y éste es menos innovador, pero está en la cultura de los capitalistas (con o sin competencia) el impulso de aumentar la eficiencia y la productividad.

El capital no es el único agente implicado en buscar ventajas tecnológicas. Algunas ramas del Estado lo hacen: ejército, recaudación de impuestos, definición de derechos de propiedad inmobiliaria, de formas legales de contrato, gestión del dinero, gobernanza, cartografía, vigilancia, policía, … son áreas frecuentes de innovación.

En su desarrollo desde el siglo XIX se intensificó la investigación en tecnologías genéricas, aplicables a muy distintos procesos productivos, y por tanto la innovación en sí se materializó también en un área específica de actividad empresarial. Hubo también una imbricación retroalimentada entre ciencias y técnicas. Ese sector empresarial de la innovación logra, con la ayuda del Estado, la imposición de sus avances incluso donde no es económicamente rentable (terminales electrónicas para la venta en pequeños comercios), con una mezcla de consentimiento y coerción.

Siguiendo el estudio de Brian Arthut “The Nature of Technology”, cada tecnología se constituye en un ladrillo y en un impulso para las siguientes: solucionan un problema y generan otros que demandan nuevas tecnologías; “evolución combinatoria”. Se han desarrollado espontáneamente centros de innovación en áreas geográficas concretas, basadas en pequeñas empresas con una fuerte división del trabajo. Hoy es una evolución tecnológica relativamente autónoma, retroalimentada. Va adquiriendo propiedades que asociamos a los mecanismos vivos.

Los cambios tecnológicos no son indoloros (Schumpeter hablaba de “vendavales de destrucción creativa”) y el dolor que causan no se reparten por igual entre todos.

Cinco imperativos tecnológicos en la historia y lógica del capital:

1. Organización y cooperación de las divisiones del trabajo que maximizan la eficiencia, la rentabilidad y la acumulación; articulación de técnicas de gestión empresarial óptimas, de creciente complejidad y fluidez.

2. Necesidad de aceleración de la circulación del capital en todas sus fases. Acortar los ciclos de rotación del capital, acortar la vida útil de los productos. Creación por el capital de sus propios espacio y tiempo (reducido y acelerado), mediante cambios en el transporte, las comunicaciones, los medios de comunicación (que han incrementado mucho su inmediatez y que deben ser más y más controlados por el capital, porque abren nuevas posibilidades en su contra).

3. Tecnologías de producción y difusión del conocimiento, de almacenamiento y recuperación de datos. Han devenido indispensables para conocer y controlar un montón de información básica del sistema (precios, oferta, demanda, catastro, contratos, sentencias, …). Tecnologías éstas que tienen consecuencias enormes en el funcionamiento del capital (como las transacciones informatizadas casi inmediatas de Wall Street).

4. Innovaciones en finanzas y dinero: informatización, banca electrónica, dinero electrónico, vehículos de inversión, capitales ficticios. Es un campo de actividad importantísimo y desordenado.

5. Control del trabajo y del proceso laboral.

¿Ha sido inevitable esta evolución tecnológica? Es cierto que se han tomado decisiones que liberaban las fuerzas innovadoras (no ha ido igual en Occidente que en China) y es cierto que ha habido fuerzas de resistencia a los avances tecnológicos. ¿Podría detenerse? En teoría sí, pero es una posibilidad remota, porque funciona con una dinámica descentralizada.

¿Cuál es la contradicción entre esta “evolución combinatoria” de las tecnologías y la rentabilidad y acumulación del capital? Hay dos: la relación entre tecnología y naturaleza (la veremos como contradicción 16ª) y la relación entre el cambio tecnológico y el papel de los trabajadores en relación con el capital.

El control del proceso de trabajo es decisivo para la rentabilidad y la acumulación del capital. Pero no sólo en cuanto a la eficiencia física, sino también en cuanto a la disciplina, a mentalidades y hábitos culturales de los trabajadores, al obstáculo a las huelgas, a la robotización y sustitución del trabajo vivo por trabajo muerto, al desempleo tecnológicamente inducido, al abaratamiento de bienes de consumo para poder disminuir los salarios, al bloqueo del salario social básico con el argumento de que fomenta la holgazanería.

La contradicción es que todas esas innovaciones mejoran la rentabilidad de cada empresa que las adopta, pero al coste de socavar colectivamente la posibilidad del beneficio. Tienen un profundo impacto sobre la disponibilidad de empleo, sobre la demanda agregada de bienes y servicios. Categorías enteras de trabajadores están en riesgo por la aceleración tecnológica, y no son sólo los peor retribuidos. Sectores cada vez mayores de la población mundial pasan a ser considerados prescindibles como trabajadores productivos.

Se vuelve a la pregunta keynesiana de de dónde sacar demanda. Hay recomendaciones, como difundir un consumismo insensato, o un sistema impositivo estatal (sobre las ganancias de productividad) para estimular la capacidad de compra de las masas desposeídas a cambio de actividades sociales creativas o valiosas (como ha sido pagos por llevar a los hijos a la escuela en Brasil o Argentina).

Marx veía otros antídotos posibles a esa desaparición de la demanda: apertura de líneas de producción nuevas intensivas en trabajo, innovaciones que den lugar a ahorro en capital y no sólo en trabajo, tasa de explotación creciente sobre la fuerza de trabajo aún empleada, desarrollo o formación de una clase de consumidores que no producen nada, incrementos intensos de la fuerza de trabajo total. Por ejemplo, se han producido masivas incorporaciones de trabajadores al proceso productivo mundial (China, bloque ex-soviético, mujeres); se ha incrementado la tasa de explotación (China, Bangladesh, Vietnam). Por ello, la situación no es de pánico, pero sí parece ser ya visible una última frontera.

La contradicción ya no es sólo que la innovación tecnológica haga prescindibles a masas crecientes de la población mundial, sino que está afectando a la propia reproducción del capital.

De las tres últimas recesiones en Estados Unidos se ha salido mediante ‘recuperaciones sin generación de empleo’. También en Europa y China van creciendo enormes excedentes de población prescindible potencialmente rebelde.

Desde un punto de vista teórico, si el dinero es una representación del trabajo social y éste disminuye rápidamente, cada vez más sucede que el dinero sólo se representa a sí mismo, y eso lleva a una situación desenfrenada, a un desorden total. Esto ya empezó con la desaparición de la base metálica de respaldo en los años 70; el dinero se ha ido convirtiendo en más y más autónomo; hasta surgen cibermonedas como el bitcoin.

Políticamente, hay que ser capaces de discernir entre las posibilidades emancipatorias de las tecnologías y sus consecuencias alienantes y discriminatorias. A corto plazo, la izquierda está obligada a defender los empleos amenazados, pero sabiendo que seguramente será una batalla perdida; muchos empleos devienen en realmente prescindibles (y,. además, en forma desigual en cuanto a género, raza, etc.). Por ello, a largo plazo, la respuesta ha de ser más organizada, en favor de valores de uso suficientes, acciones defensivas contra la acumulación por desposesión, la degradación del medio ambiente, el incremento de las desigualdades, el desempleo permanente, la descualificación.

CONTRADICCIÓN 9 – Divisiones del trabajo

La división del trabajo es una característica fundamental del capital: es la descomposición de las actividades productivas en tareas específicas pero más simples, realizadas por distintos individuos y que se reúnen en una totalidad mediante la cooperación organizada. Es una contradicción de las cambiantes, porque está en continua (r)evolución.

Bajo el capital, se orienta hacia la ventaja competitiva y la rentabilidad, si bien tiene efectos colaterales como cambios en el modo de vida de los trabajadores y sobre el medio ambiente.

La división no es meramente técnica, sino también social, atravesada por todo tipo de factores (culturales, de género, habilidades sociales, …). Esas distinciones pueden generar antagonismo y crisis. Por ejemplo, la actividad socialista se centraba en sectores del proletariado industrial y extractivo, que se consideraban vanguardia. Aunque se trate de distinciones toscas, es importante saber que existen, ya que entremezclan las meras cuestiones técnicas con las sociales: por ejemplo, la distinción por género llevaba asociada una valoración como de inferior cualficación de cualquier trabajo femenino, y un inferior salario para las mujeres. También hay asignaciones laborales por motivos étnicos, religiosos, de nacionalidad, etc.

Los conflictos por la división del trabajo no son sólo entre los diversos estatus, oportunidades y niveles de vida de los distintos grupos de trabajadores, sino que se remiten también a la rentabilidad para el capitalista. Para éste es muy útil un mercado laboral segmentado y muy competitivo, que hace que la mano de obra enfrentada entre sí pierda poder y que el capital ejerza un mayor control.

Cuando el capitalismo empieza a desarrollarse se encuentra con que en las ciudades los oficios están en manos de gremios que a la vez que garantizan la formación y capacitación técnica, suponen un monopolio de hecho. El capitalismo combatió esta situación en dos frentes: por un lado mediante la propiedad privada de los medios de producción que iba privando a los artesanos de éstos, lo que permitía ir organizándolos mediante criterios de división del trabajo, que daban lugar a mejoras en la eficiencia y la productividad, lo que hacía caer los precios de los productos y permitía que el capital se fuera haciendo con más medios de producción de quienes se iban arruinando por este motivo.

Adam Smith teorizaba que la división del trabajo dentro de una factoría, como recurso de mejora de la producción, podía expandirse a una división entre el conjunto de las factorías. Para ello, hacía falta el mecanismo de cooperación organizada funcionara muy bien, por lo que el Estado debía dejar funcionar a la mano invisible del mercado (laissez faire). Marx decía que, no siendo ya el capitalista individual quien hace de mecanismo de coordinación, el sistema devenía más caótico y anárquico, con constantes alteraciones del equilibrio de los precios y una proclividad a las crisis.

El otro sistema del capitalismo para revertir las capacidades monopolísticas de los trabajadores es el propio cambio tecnológico, que conlleva una tendencia a la descualificación. Braverman afirma que el capital tiene un fuerte interés en degradar la cualificación de los trabajadores, arrebatándoles así poder: Taylor quería llegar a una división de tareas tal que incluso un gorila entrenado pudiera desempeñar algunos de los puestos. Pero al mismo tiempo (Marx, Braverman) ese proceso requiere una fuerte cualificación de los organizadores, el empoderamiento de los ingenieros. Por tanto, el proceso conlleva que surjan grupos con ciertas habilidades muy específicas. Eso al capital no le importa siempre que no puedan monopolizar esas habilidades; para ello desarrolla y fomenta la formación en esos campos (como ha pasado con la programación informática).

La rápida extensión y el explosivo aumento de la complejidad de la división técnica y social del trabajo es el rasgo esencial del capitalismo moderno. No es algo diseñado y planificado, sino la consecuencia de cambios tecnológicos, y los organizativos impelidos por éstos. Además de un incremento significativo de la productividad y del volumen y variedad de productos, tiene como consecuencia una notable interdependencia entre poblaciones y áreas geográficas distantes. A la vez, la coordinación es más compleja, con más altas posibilidades de perturbaciones, con mercados más volátiles.

Esto a su vez desarrolla unas capas nuevas en la división del trabajo, especializadas en control, relaciones contractuales de suministro, servicios logísticos, financieros, mercadotécnicos, de seguridad y prevención de riesgos, vigilancia, control de calidad. Y, en paralelo, de especialización burocrática dentro de las autoridades administrativas y reguladoras. El “dominio de los expertos” (Tony Mitchell).

La división internacional del trabajo, provocada por factores naturales (clima, reservas de materias primas), pero también sociales (cualificación, dispositivos institucionales, sistemas políticos, relaciones de clase, posibilidad de saqueo colonial o neocolonial), ha dado lugar a mutaciones espectaculares: la industria se ha desplazado del Occidente al Oriente y al Sur, donde la industrialización y la extracción masiva de recursos no ha generado el incremento de rentas que hubo en Occidente. Éste se ha concentrado en sectores como finanzas, seguros, propiedad intelectual, patentes, productos culturales, monopolios corporativos de marcas; esto es, en actividades basadas en el conocimiento, “trabajo simbólico” (Robert Reich).

Estos desplazamientos han generado mayores riesgos de conflictos globales, donde no sólo actúan el capital y los mercados, sino actores geopolíticos estatales.

A la vez, la complejidad tan intensa -técnica y geográfica- en la división del trabajo da lugar a una vulnerabilidad en las cadenas de producción: cualquier perturbación local puede tener efectos graves en cualquier parte del mundo. Esto también tiene una contraparte, que es una mayor seguridad frente a calamidades locales (por ejemplo, hambrunas por fenómenos climatológicos).

La contradicción principal derivada de la división del trabajo no es técnica, sino social y política: la alienación. Además del incremento de la productividad, la división del trabajo tiene como consecuencia daños en el bienestar emocional, mental y físico de los trabajadores (Marx: persona fragmentaria”), en relación directa con la cantidad de inteligencia que se incorpora a las máquinas. Esta alienación obstaculiza los sentimientos de comunidad moral, solidaridad social, formas colectivas de vida, desarrollo personal. Pero esta tendencia no es lineal, sino contradictoria: al la vez, el capital con una división del trabajo intensa requiere una mano de obra flexible y adaptable y por tanto, en cierta medida, educada. Hay una tensión entre interés en la alienación y necesidad de instrucción. Por eso el capitalismo empuja al Estado a ocuparse de la formación, esencialmente técnica, pero también permitiendo dosis de humanismo, moral, artes, que sirvan como antídoto a la ansiedad generada por la pérdida de significado del trabajo.

Pero el neoliberalismo, triunfante desde finales de los 70s, arrumbó estas concesiones humanistas en aras de la ‘austeridad’, dejándolas a cargo de la caridad del patrocinio de las grandes empresas.

También los trabajadores que se forman pueden invertir la tendencia a la alienación, contrarrestando el aislamiento individualista, especialmente en los países de un capitalismo más avanzado, con una fuerza de trabajo más formada y mejor retribuida.

El neoliberalismo ha sido devastador en este aspecto, generando masas de trabajadores prescindibles, por los cambios tecnológicos y las deslocalizaciones. Estos grandes sectores de población generan erupciones ocasionales de protestas violentas, aparentemente irracionales. Esto puede dar lugar a más represión, y a más descontento, con riesgo para la correcta reproducción del capital.

CONTRADICCIÓN 10 – Monopolio y competencia: centralización y descentralización

Uno de los argumentos más habituales para explicar el éxito del capitalismo es que responde a una inclinación natural de los humanos a competir entre sí. Los monopolios u oligopolios se presentan como aberraciones, desvíos de la línea correcta.

Adam Smith recomendaba la regulación gubernamental para evitar sobreprecios y garantizar la innovación en los monopolios naturales, instalaciones públicas, canales, transportes, que no se pueden organizar competitivamente.

La idea de que cuando puede implantarse un mercado puro, sin distorsiones, todo funciona perfectamente es el mito fundacional de la teoría económica liberal.

En la práctica, el poder de los monopolios no es una aberración casual, sino algo sistémico, relacionado con el monopolio simultáneo en lo político. El comportamiento de la banca en la crisis que comienza en 2007 es un buen ejemplo: consiguen impuestos regresivos, perdón de las deudas, captura de los reguladores por los grupos dominantes, compra de influencia política con la financiación de campañas electorales, demolición de derechos democráticos y de servicios previamente existentes, desposesión… Es el efecto de un monopolio efectivo en la economía, en el proceso político, en la propiedad de los medios de comunicación.

En realidad, el poder de los monopolios no es una aberración, sino que existe en unidad contradictoria con la competencia. Cualquier capitalista prefiere para sí una situación de monopolio. La propiedad privada de los medios de producción es en sí un monopolio sobre cada uno de éstos. El poder de la clase capitalista es el ensamblaje de todos esos poderes monopólicos. El relato de las bondades de la competencia oscurece la situación monopólica de hecho.

El equilibrio entre monopolio y competencia oscila erráticamente, entre los efectos supuestamente ruinosos de la competencia desregulada y los poderes centralizadores excesivos de monopolios y oligopolios. Se habla ya de competencia monopolística y de la validez de cierto grado de poder de monopolios como Google.

Las situaciones de competencia no siempre son claras. A veces, aún habiendo una multiplicidad de pequeñas empresas, los costes de transporte o las cuestiones geográficas coartaban la competencia. En principio, la disminución actual de costes de transporte, la mundialización, son un impulso a la competencia. Pero se desarrollan megacorporaciones, se establecen alianzas flexibles entre empresas, se aseguran los derechos de patentes industriales y científicas, o se desarrolla una cultura de la marca, basada en el efecto de la publicidad. Aparte de la mano invisible del mercado de Adam Smith, está la mano visible de cada empresa y la mano dura del poder estatal en apoyo del capital.

Competencia implica descentralización y monopolio lo contrario. Su unidad contradictoria se puede ver desde dos planos: el sectorial con las fuerzas institucionales que apoyan al poder monopolístico, y el geográfico, donde tienen mucha importancia los centros financieros internacionales en ciudades específicas y las ‘zonas económicas especiales’ en China o India.

Las fuerzas progresistas no deben dejarse llevar por la idea de que la descentralización es democrática (puede dar lugar a un control monopolístico oculto) ni por la quimera de un control centralizado racional (que puede provocar un estancamiento inaceptable y totalitario).

CONTRADICCIÓN 11 – Desarrollos geográficos desiguales y producción de espacios

El capital se esfuerza en producir un paisaje geográfico favorable a su reproducción, pero lo que produce resulta perpetuamente inestable por las presiones técnicas, económicas, sociales y políticas. Su espacio siempre está evolucionando y, de no hacerlo, habría acabado en el caos.

Para el capital, el tiempo es dinero. Es clave para la rentabilidad reducir costes o tiempo en la circulación del capital. Karl Marx: “la aniquilación del espacio mediante el tiempo”. Estas reducciones se pueden lograr de dos maneras: innovaciones en las tecnologías de los transportes y las comunicaciones (aunque no puedan afectar a todas las mercancías), que permite al capital explorar las oportunidades de beneficio en lugares distantes y moverse a ellos desindustralizando así las zonas donde operaba; o en segundo lugar reducir los costes de acceso a los medios de producción, materiales o humanos, mediante ‘economías de aglomeración’, en la que las empresas se sitúan juntas obteniendo así beneficios de escala, servicios comunes, etc. Estas aglomeraciones generan una centralización geográfica y dividen los territorios en regiones avanzadas y deficitarias, que entran en un círculo causal: a más actividad, más atracción, mejores infraestructuras, mayores capacidades fiscales, y las menos desarrolladas en forma inversa. Tampoco es lineal: una centralización indefinida genera sus propios límites, como exceso de población, contaminación creciente, aumento local del coste de la vida, demandas salariales, más facilidad para la actividad sindical, suelo e inmuebles encareciéndose. Así que de nuevo, al llegar a esos límites el capital puede buscar reacomodo.

Para ello necesita excedentes de capital y de mano de obra, pero eso lo produce con continuidad. Así, produce ‘fijaciones/soluciones provisionales espacio-temporales’. Las expansiones geográficas son inevitables, o bien el capital se traslada dejando una región devastada o permanece ahogándose en sus propios excedentes.

La financiación crediticia agrava el problema. Los territorios son vulnerables al capital especulativo, que lo mismo estimula que socava el desarrollo. Un país que se endeuda queda en manos de los prestatarios (Grecia).

El sistema es relativamente estable en su conjunto, pero sus partes experimentan crisis periódicas como desindustrialización o devaluaciones en tal o cual región. El capital no resuelve sus fracasos sistémicos: los desplaza geográficamente. También puede darse una intensificación de la competencia entre regiones con posibles guerras comerciales, monetarias o militares.

El capital tiene que liberarse periódicamente de las restricciones impuestas por el mundo que ha construido, mediante crisis localizadas intensas y destructivas (Detroit). Unos salen ganando, otros perdiendo,de acuerdo con su clase social.

¿Cómo actúa en estos temas el poder estatal? No se solapa con el capital, sus lógicas son diferentes (como puede verse en la cuestión migratoria). El Estado no es uniforme y su actuación depende de la naturaleza de su sistema político, de las dinámicas de clase y conflictos sociales, de las relaciones que implica un sistema interestatal. Está interesado en la acumulación de riqueza y poder con una base territorial y esto influye aunque aplique en general políticas favorables a las empresas. Las lealtades del capital no coinciden con la lealtad orgánica del ciudadano a su Estado. El Estado aplica por ejemplo políticas de planificación urbana y regional en su propio beneficio. El capital puede subvertir las necesidades o intereses de los Estados (como hace el complejo industrial-militar).

Otros medios del Estado para imponer sus intereses son las inversiones en infraestructuras o la creación y reforma de instituciones básicas, como la banca. Aunque es cierto que su poder sobre los flujos de capital y dinero se ha reducido mucho desde los años 70. Incluso ciertas reterritorializaciones políticas (como la Unión Europea) están muy influidas por el capital.

Los desarrollos geográficos desiguales enmascaran convenientemente la auténtica naturaleza del capital. Sirven para culpabilizar a las víctimas en las regiones desindustrializadas y a la vez para mantener la esperanza en otras. La ciudad capitalista es el punto álgido del intento del capital de mostrarse civilizado (¿?).

Sin desarrollos geográficos desiguales el capital se habría estancado. Le sirve para desplazar sus fallos sistémicos de un lugar a otro. De hecho, la homogeneización que intentan imponer instituciones como el FMI serían devastadoras para el capital. La devaluación y la destrucción localizadas son esenciales.

¿Cómo deben afrontar esto los anticapitalistas? Reconociendo que el capital es un blanco móvil, aprender a prever y superar sus desplazamientos, abandonar pretensiones de igualdad y convergencia regional, coordinarse a su vez en una dinámica de desarrollo geográfico desigual.

CONTRADICCIÓN 12 – Disparidades de renta y riqueza

Las luchas por la distribución de la riqueza han sido constantes durante la historia del capitalismo; sus resultados no son uniformes, sino que han variado en tiempos y lugares distintos. Como el Estado es crucial en la recaudación y redistribución de riqueza, los resultados de ésta han dependido mucho de qué facciones han ejercido el poder en él. Si en 1945 en Gran Bretaña los laboristas pusieron en pie un ‘estado del bienestar’, desde 1980 Thatcher y Reagan lo fueron aboliendo, línea que se consolidó gracias a la caída del comunismo soviético en 1989.

Tanto las luchas sociales como las fluctuaciones económicas tienen efecto sobre la redistribución de la riqueza, sin que estas variaciones (tan importantes como las que van de Suecia a Estados Unidos) obsten el funcionamiento del sistema capitalista.

No todas las distinciones económicas en cuanto a riqueza dentro del capitalismo se pueden achacar al capital, pero éste tampoco es inocente. No obstante, tiende a apoyar cualquier forma de emancipación social que gane respaldo, que no ponga en cuestión el control de la mano de obra y que constituya un nicho de mercado,como el movimiento gay.

También influyen las ideas dominantes sobre cuáles son las disparidades de riqueza justas o aceptables. El reformismo burgués se opone a la extrema miseria por motivos ideológicos, no sólo de salud pública (como una epidemia de cólera).

En Estados Unidos, por ejemplo, se observa demoscópicamente una percepción de cuáles pueden ser las diferencias de riqueza justas que está muy alejada de la realidad del país. Sin embargo, no da lugar a un movimiento social debido a la hostilidad ideológica al intervencionismo estatal.

Otras luchas no directamente dirigidas al tema de la distribución tienen efectos en ésta, como la de colectivos concretos (mujeres, raza, LGTB, …). Por ejemplo, la igualdad de oportunidades en educación tiene consecuencias posteriores en la renta de las personas.

¿Descansa el capital en algunos principios básicos sobre la distribución de riqueza y renta? Está claro que el capital se adapta a distribuciones muy diversas, pero aunque no haya una única que sea óptima, sí está claro que no es congruente con una totalmente equitativa. Tampoco le convienen las muy desequilibradas, que tienden a derivar en grandes crisis macroeconómicas, a provocar disturbios y agitación social y a desequilibrar la contradicción entre producción y realización (es mucho más fiable la demanda no discrecional de la clase trabajadora que los caprichos y hábitos de los ricos).

El hecho es que en las últimas décadas la desigualdad ha aumentado espectacularmente en muchos países. No sólo aumenta la parte que está en manos de los más ricos, sino que éstos empiezan a estar más repartidos por el mundo (muchos en los países BRIC). Las disparidades entre países han tendido a disminuir (no entre el norte y el sur de la Unión Europea, por ejemplo), pero no ha pasado igual entre las personas.

¿Se pueden atribuir los grandes cambios constatables en la distribución de la renta que han tenido lugar en los últimos cuarenta años a la reconfiguración de las contradicciones internas del capital? El movimiento ha sido doble: por una parte ha disminuido la diferencia entre la renta de los países y por otra parte han aumentado espectacularmente las diferencias entre individuos (con una cierta excepción en América Latina). La desigualdad en sí está en el fundamento del capital: los trabajadores han de ser desposeídos de la propiedad y el control de los medios de producción si se quiere que se vean obligados a asalariarse. La proporción del reparto del excedente entre salarios y beneficios es consecuencia de la combinación entre escasez de mano de obra y el curso de la lucha de clases. El capitalista debe recibir una porción suficiente del valor de lo producido de forma que le incentive dándole condiciones de consumo privilegiadas y que sea bastante para mantener en marcha el motor del capital mediante la reinversión.

Una visión ideológica le atribuye al capital la condición de creador de empleos y por tanto de riqueza. No es necesariamente así, sólo crea empleo cuando ello es rentable, si no, hoy día tiene mecanismos para utilizar sus rentas en los mercados (casinos financieros, mercado inmobiliario) o incluso puede invertir en el sector productivo pero en tecnologías de ahorro de trabajo. Por tanto, puede generar empleo y también desempleo.

Sí le afecta la necesidad de que exista una demanda agregada suficiente para la realización, dentro de mantener bajos los salarios. Y para ello el ejército industrial de reserva: por una parte los trabajadores desempleados y por otra las innovaciones tecnológicas. Aún hay grandes reservas latentes de población activa (campesinos, autoempleados, mujeres, extranjeros que atraer).

En los últimos cuarenta años ha conseguido mantener controlada la participación del trabajo en la renta nacional, con cambios tecnológicos que generan desempleo, con una globalización aleatoria. Ha sido también importante la reestructuración de las prestaciones por desempleo para acercarlas a un mínimo vital. Igualmente la posesión de los medios de comunicación y el cambio de ortodoxia en el pensamiento económico desde el keynesianismo al neoliberalismo.

¿Es la contradicción intensificada entre pobres y ricos una amenaza para la reproducción del capital? Como se dijo, fuertes desigualdades crónicas producen desequilibrio entre producción y realización. Pero también hay un riesgo de descontento social y movimientos revolucionarios (no sólo en situación de privación absoluta, sino cuando hay discriminaciones religiosas, de género, étnicas).

Especialmente influyente en la concentración de la riqueza ha sido el gran cambio tecnológico en las comunicaciones, que ha dado lugar a una intensa financiarización. El beneficio se busca en mucho más corto plazo, el mercado presiona y cierra incluso empresas rentables. Los comerciantes y rentistas obtienen más que los productores. A cambio, el capital es más volátil y sensible a las crisis.

¿Cómo afecta todo esto a una política anticapitalista? Hay que aprovechar el apoyo del público hacia más igualitarismo. Sería una reforma revolucionaria, porque aunque no desafíe de hecho la reproducción del capital lo puede llegar a hacer en el futuro en la medida en que el capital necesita de desigualdad.

CONTRADICCIÓN 13 – Reproducción social

Aunque se podría decir que inicialmente al capital no le importaban las necesidades y carencias de los trabajadores, siempre ha estado presente la contradicción entre las condiciones requeridas para la reproducción social de la mano de obra y las necesarias para la reproducción del capital; al principio en forma latente, luego cada vez más en forma más destacada y compleja, aunque con muchas variaciones espacio-temporales.

Conforme se complicaban los sistemas de producción capitalista, el capital necesitaba una mano de obra alfabetizada, con una modesta educación, flexible y aquiescente. Esa línea se desarrollaría por parte de la burguesía reformista en el intento de conformación de una clase obrera respetable, con un puesto de trabajo regular y participación política.

Ello no significa que el capital quiera cualquier tipo de formación para los trabajadores. El obrero autodidacta es un peligro, como lo fueron los que llegaron a las ideas del socialismo utópico y luego del marxismo.

El desarrollo de la educación pública tampoco ha sido linealmente útil al capital, porque ahí entra otro poder diferente, el del Estado que busca forjar una identidad y una solidaridad nacionales, lo que contradice el interés del capital en obreros individualistas, cosmopolitas, intercambiables. Pero de hecho (como prueban los casos de China o Singapur) las fuertes inversiones estatales en educación dan resultados muy positivos para el capital. A la vez, esas fuertes inversiones han dado lugar a modelos de negocio para el capital que ha aprovechado mucho (privatizaciones, tasas, cargas financieras que endeudan a los estudiantes).

Esta creación de una fuerza de trabajo formada y altamente productiva, dio lugar a la teoría del “capital humano”. Ésta ya aparece en Adam Smith, quien enuncia la adquisición de talento como un gasto real que genera un capital fijo, realizado en las propias personas, y que puede producir beneficios para éstas. Karl Marx ya realizó la crítica a esta perspectiva: el trabajador sólo puede realizar esas habilidades trabajando para otros y siendo explotado (de hecho, más productividad ni siquiera ha supuesto siempre más salario); para argumentar que no es verdaderamente un capital, basta con darse cuenta de que el obrero formado no puede tumbarse en la hierba y obtener rentas, como sí puede hacer el capitalista. La teoría resurge en los 60’s con Gary Becker: todos somos capitalistas de nosotros mismos, quien no alcanza salarios suficientemente altos, es que no ha invertido lo bastante en sí mismo, y es el culpable. FMI y BM apoyan este punto de vista.

También Pierre Bourdieu habla de un ‘capital cultural’ que da estatus. Pero nuevamente es confuso llamarlo capital. Sí hay un capital cultural que es la inversión empresarial en marcas y mercadotecnia para vender productos que den una marca de distinción. Pero la distinción en sí no es una forma de capital.

En estos tiempos, capital y Estado capitalista le dan mucha importancia a una formación tecnológica e intensa desde edades tempranas (aunque el capital prefiere no tener que pagarla él). Robert Reich (1992) habla de un subtipo de trabajadores cuyos servicios son ‘simbólico-analíticos’, basados en el conocimiento y que se constituyen como una clase media alta bastante rica y muy móvil.

Al principio, otros factores de la reproducción social (cuidados, crianza, salud) quedaban fuera del interés del capital, pero ha ido cambiando.

En la reproducción social hay una gran cantidad de trabajo no pagado, esencialmente femenino. En situaciones de democracia con presión social se ha obligado al capital (en los salarios) y al Estado (en el sistema de bienestar social) a asumir parte del gasto.

El programa neoliberal, por el contrario, se afana en externalizar los costes de la reproducción social para que los asuma la población (bajando así sus impuestos).

Es cierto que en muchas sociedades hay instituciones de ayuda mutua entre familias, pero realmente no son tan importantes, y se reducen conforme avanza la ética individualista y de maximización de beneficios. Por otra parte, esas instituciones de ayuda mutua estaban sacando demasiada demanda del mercado, y al capital no le interesa eso. También el desmantelamiento del sistema de bienestar, la austeridad, reduce la demanda efectiva en el mercado. Hay una cierta tendencia a suplantar el hogar por el mercado, a privatizar y mercantilizar tareas personales, lo que infecta la reproducción social (por ejemplo, la vivienda es vista ahora como una acumulación de capital mediante el consumo de espacio).

Esta mercantilización de la reproducción social ha tenido resistencia, pero que casi siempre se han perdido. Es muy intrusiva; ha llevado a los hogares a un consumo alienante y a altos niveles de endeudamiento personal. Esta tendencia no es homogénea territorialmente. En EUNA, el consumo supone el 70% del PIB, mientras que en China el 30%; en muchas ciudades hay una fuerte división por clases sociales en estas pautas.

La reproducción social es un tema polémico y resbaladizo, pero donde se observan bien los estragos del capitalismo globalizado (Cindi Katz): consumo alienante, forma de vida individualista, responsabilización de las víctimas por su fracaso…

Existen comunidades alternativas que se rebelan, pero es muy difícil aislarse del consumismo.

La reproducción social no suele ser un ámbito fuente de sentimientos revolucionarios.

La respuesta anticapitalista pasa por la oposición a las múltiples alienaciones, la degradación de la vida cotidiana, la pérdida de autonomía. Hacer de los hogares una red social de valores civilizados.

El supuesto radicalismo de empoderar en la reproducción social a los más pobres mediante la monetización y el mercado va en dirección contraria (microcréditos, títulos de propiedad). También es muy discutible la idea de salario para las mujeres por el mantenimiento del hogar, que no va a alterar su explotación, pero sí la va a monetizar.

CONTRADICCIÓN 14 – Libertad y sometimiento

Bajo el régimen de las normas del capital nos sentimos con libertad de pensamiento, incluso de planear iniciativas para transformar el mundo. Pero ese concepto de libertad individual en el que vivimos, ¿bloquea alternativas anticapitalistas?, ¿es un concepto de libertad parcial que sostiene el status quo?, ¿sólo permite la libertad empresarial y como mucho el liberalismo humanista?

Oficialmente, los poderes públicos de Estados Unidos (sus presidentes, por ejemplo), siempre defienden la libertad como algo asociado a la evolución histórica y que debe extenderse a toda la humanidad. Sin embargo, Estados Unidos ha usado ese principio para el sometimiento imperial y neocolonial de buena parte del mundo, ha recurrido sistemáticamente a la coerción y la violencia, ha depuesto a presidentes elegidos por sus pueblos, ha violado sistemáticamente los derechos humanos (como en Abu Ghraib o Guantánamo). Y, en el interior, viola continuamente las libertades de privacidad e intimidad de sus ciudadanos en beneficio de la seguridad. ¿Esto significa que toda la retórica en favor de la libertad es pura hipocresía? Hay que recordar la multitud de luchas que han supuesto transformaciones en el sistema (apartheid, esclavitud, revueltas campesinas, descolonización, …); bajo la presión social, el orden dominante ha tenido que hacer concesiones.

El anhelo de libertad nunca es del todo degradado por la retórica de las clases dominantes. Pero hay un reverso oscuro: en la trayectoria de cualquier movimiento progresista, hay un punto en el que es necesario enfrentarse y someter a los que se oponen (como el Terror en la Revolución Francesa). Aparece aquí la grave contradicción entre libertad y sometimiento; sin el dominio sobre cínicos, escépticos y enemigos, la libertad no puede avanzar. A veces el sometimiento puede ser establecido mediante la persuasión o la manipulación, pero es mejor asumir que nos liberamos sin someter a alguien y que después hay que estar perpetuamente vigilantes para defender la libertad conquistada.

La economía política liberal clásica (Locke, Smith) propone una libertad individual que ponga límites a la arbitrariedad del poder estatal, pero exigiendo una autorregulación (Foucault) que obedece a las reglas de la sociedad de mercado, una libertad inserta en sus relaciones y códigos sociales característicos de la propiedad privada. En su teoría y en práctica, el Estado liberal debe autolimitarse (laissez-faire).

Polanyi, desde el otro lado de la argumentación política, decía, por el contrario, que la desaparición de la economía de mercado podía posibilitar una época de libertad sin precedentes. Frente a una libertad asociada al privilegio y viciada por ello de raíz, la regulación y el control pueden asegurar la libertad no de unos sino de todos. Pero eso se opondría a los intereses de clase y por ello se nos muestra la regulación como si fuera un ataque a la libertad. Asocian la libertad a las relaciones contractuales y éstas al funcionamiento del mercado en la economía. En esa visión, nadie, ni votantes, ni propietarios, ni productores, ni consumidores aparecen como responsables de las restricciones a la libertad que emanan del paro y la miseria. Éstas se presentan como causas naturales, fuera de control. Por eso Polanyi reclama que hay que descartar la visión utópica de la economía política clásica, y afrontar la realidad social y sus contradicciones. La extracción de excedentes del trabajo requiere el sometimiento y la falta de libertad de los trabajadores, que han sido históricamente desposeídos del acceso a los medios de producción mediante la violencia y la coerción en nombre de la libertad del capital para acceder al trabajo asalariado y para moverse de aquí a allá. En esa visión de la libertad se incluye la prohibición de interferencias reguladoras, la libertad de pillaje sobre los indígenas, de sobre carga del sistema ecológico, etc. La libertad del capital descansa siempre sobre la falta de libertad de otros, sobre la escasez, el empobrecimiento, el excedente de mano de obra, las necesidades no satisfechas. Entre esa libertad del capital y la de los demás, lo que decide es la fuerza (Marx).

Hoy, el desarrollo de los medios de producción permitirían sacar a todos del reino de la necesidad, pero eso no impide que sigamos bajo las leyes de la economía política capitalista, porque sus libertades exigen el sometimiento a las de los otros.

El razonamiento económico del capital impregna también los esfuerzos de los humanistas, ONGs y filantrópicas. Amartya Sen asocia la libertad al crecimiento, a la ampliación de oportunidades y capacidades; pero a base de conformismo y de obedecer a las instituciones y modos de vida burgueses. Sen no reconoce los antagonismos de clase, o los considera manejables. Parte del principio de que el sistema del mercado capitalista, bien gestionado y regulado, es una forma justa y eficiente de satisfacer las necesidades humanas. La filantropía y las ONGs son ya un poderoso complejo caritativo-industrial que hace que algunos se sientan bien mientras se refuerza que otros queden atrapados en el sistema.

Marx no eludía la cuestión de la contradicción, en situaciones revolucionarias, entre libertad y sometimiento. La libertad de los hombres quedaba limitada cuando entraba en conflicto con la ‘vida política’ burguesa, la cual supuestamente era la garantía de los derechos y libertades. El núcleo de la contradicción entre libertad y sometimiento, lo encontraba en J. J. Rousseau: lo esencial era la diferencia entre el hombre natural, individual, y el plenamente socializado, que alcanza una concepción de la libertad diferente a la del individuo aislado.

¿Está mejor defendida la libertad humana para todos por un régimen de derechos de propiedad privada individuales y excluyentes o por derechos comunes colectivamente gestionados por los individuos asociados?

También en Rousseau está el concepto de la contradicción: una transformación revolucionaria supone una cierta destrucción creativa. Hay, ya en Marx, una necesidad de derribar las concepciones individualistas de riqueza y de valor para liberar el potencial de una prosperidad humana creativa pero colectiva, que no excluye autodisciplina, compromiso y dedicación.

TERCERA PARTE – Las contradicciones peligrosas

Las ‘contradicciones cambiantes’ evolucionan de forma muy distinta, según tiempo y lugar. Algunas tienden a lo progresivo (como el cambio tecnológico o la producción de espacio), otras a lo pendular (como monopolio y competencia, o pobreza y riqueza), otras son más caóticas y aleatorias, dependientes del flujo de las fuerzas políticas enfrentadas, otras son simplemente irregulares y no consistentes (como la reproducción social). Esta dinámica de las contradicciones cambiantes proporciona energía y vigor innovador al capitalismo. Además, como las contradicciones fundamentales, también las cambiantes se entrecruzan, interactúan, interfieren. En ese movimiento continuo se abren y cierran posibilidades alternativas, anticapitalistas; y también proyectos políticos alternativos como respuestas del capital a sus contradicciones y dirigidos a facilitar su reproducción. Como decía Marx, el futuro ya está en buena medida en el presente que nos rodea y se trata de recombinar posibilidades existentes; pero no es automático, cada alternativa debe rastrear su propio camino.

Entienden mal a Marx quienes dicen que dijo que el capital se derrumbaría bajo el peso de sus propias contradicciones. Marx no era así de mecanicista: veía las tendencias peligrosas, pero daba por hecho que hacían falta agentes humanos que echaran arena en el motor.

No hay, por tanto, contradicciones fatales, inevitables y apocalípticas, pero sí que las hay, las tres siguientes, potencialmente muy peligrosas.

CONTRADICCIÓN 15 – El crecimiento exponencial y acumulativo sin fin

El capital gira siempre en torno al crecimiento exponencial y acumulativo, pero ¿es esto posible a perpetuidad?

Robert Gordon afirma que esto puede no ser así, que los últimos 250 años de crecimiento pueden ser un suceso aislado, que olas de innovación anteriores han sido más intensas que ésta de la electrónica y la informática desde 1960, la cual además de más débil muestra agotamiento y además tiene ‘vientos en contra’: desigualdad, coste de la calidad en educación, globalización, regulación medioambiental, envejecimiento de la población, endeudamiento fuerte público y privado (que es usado como justificación para recortes draconianos del gasto público y del salario social).

El crecimiento exponencial, el del interés compuesto, tiene una curva ascendente lenta al principio, pero que se disparata después. Se usan como ejemplo la historia de los granos de trigo duplicados en cada escaque de un tablero de ajedrez, o la herencia que dejó un tal Peter Thelluson a interés compuesto para ser entregada cien años después.

Es muy complicado calcular cuál ha sido la tasa de crecimiento de la economía mundial a lo largo de siglos. Angus Maddison y Bradford DeLong no coinciden pero llegan a cifras no muy lejanas. De acuerdo con la primera, la tasa (compuesta) de crecimiento desde 1820 habría sido del 2’25% anual como media mundial. Los economistas y la prensa financiera suelen considerar el 3% como tasa mínima aceptable de crecimiento, y a partir del 5% habla de sobrecalentamiento y desboque de la inflación, y por debajo del 0% recesión o depresión.

Pues bien, si tomamos el 3% como tasa de crecimiento correcta, que permite a la mayoría de los capitalistas estar en rendimientos positivos, ¿cómo encontrar oportunidades de inversión para una cantidad alocadamente creciente de dinero?, ¿cuánto más pueden crecer las ciudades, las infraestructuras? No nos dejemos llevar por un análisis muy matemático; Malthus lo hizo y hubo de rectificar: los comportamientos humanos son fluidos y adaptables.

¿Cómo se puede ir adaptando el capital al problema del crecimiento acumulativo? En primer lugar, está la demografía. En la historia del capital se fue acumulando más y más población, primero la campesina desposeída, luego la mujer, grandes masas migratorias. Pero el crecimiento de la población tiene un límite claro: su evolución tiene forma de S (distribución logarítmica sismoide): lento crecimiento inicial, rápido aumento posterior y luego ralentización hasta aplanarse o incluso disminuir. De hecho, se calcula que el crecimiento de la población mundial se detendrá entre los 10,000 y los 12,000 millones de humanos. La demografía, por tanto, no va a dar el apoyo necesario al incremento exponencial del capital como hizo en épocas anteriores.

¿Podría el capital dejar de crecer de forma exponencial y mostrar también una curva sigmoide, como la demográfica? No; el capital no funciona sin crecimiento, se basa en el beneficio y éste exige más producción total de trabajo social al final de cada periodo. Por eso un crecimiento nulo es un estado de crisis para el capitalismo.

¿Qué otras adaptaciones puede intentar el capital para sostener ese crecimiento exponencial continuo? En primer lugar, ha liberado a la forma dinero del respaldo de metales preciosos (cuya cantidad no podía continuar creciendo indefinidamente). El dinero fiduciario emitido por el Estado sí puede crecer indefinidamente. El riesgo es la inflación pero ésta se viene combatiendo con la actuación de la Reserva Federal hacia el sistema bancario (¿?), y además se ha debilitado tanto el movimiento obrero que éste apenas tiene poder para actuar sobre los salarios. En todo caso, la creación exponencial de dinero, actuando sola, sin combinar otras adaptaciones, no podría funcionar.

En segundo lugar, el capital no sólo crece, también destruye y ése es otro vector de adaptación; las ‘destrucciones creativas’ de las crisis económicas, la desindustrialización de grandes zonas. Pero ésta es también una adaptación con límites, apenas pausa el proceso. Hay además devaluaciones que son muy temporales (como la inmobiliaria de las últimas crisis), y a la postre hay grandes revalorizaciones, después de que los activos hayan cambiado de manos. Estos procesos de destrucción o devaluación pueden tener consecuencias políticas, ya que tienen un componente territorial (como por ejemplo el ciclo antineoliberal en América Latina tras las dos ‘décadas perdidas’, o lo que puede pasar en Grecia y en el sur de Europa con la crisis).

En tercer lugar, hay creaciones de nuevos mercados y cercamiento de nuevos bienes comunes, campos nuevos para el capital. Continuas privatizaciones: agua, vivienda social, educación, sanidad, guerra, emisión de gases, patentes genéticas. Esta adaptación tiene sus límites, ya que no queda mucho más que se pueda pasar al mercado y además provoca resistencias políticas.

En cuarto lugar, está la actuación del capital sobre los ciclos de vida útil de los productos: obsolescencia programada, cambio continuo de líneas de producción, moda, publicidad. Dentro de esta adaptación está también la masiva producción de bienes que desaparecen en el acto de su consumo, el espectáculo (Guy Debord): televisión, cine, conciertos, deportes, turismo. Se provoca además que en estos temas el consumidor pase a ser prosumidor. Esto está alterando la relación entre capital y consumidores, que cada vez está menos mediada por cosas y más por información (Hardt y Negri), aunque indudablemente hay una gran cantidad de trabajo social material en las infraestructuras necesarias para todo esto. Cuando se habla de la “sociedad de la información” y del “capitalismo del conocimiento”, no hay que creer que se trata de un orden capitalista nuevo, una ruptura radical. Espectáculo ha habido siempre y no hay que perder de vista que se trata de una adaptación ante el problema del crecimiento exponencial.

La liberación en los años 70s de las restricciones (metales preciosos) en la creación de dinero, tuvo lugar en un momento de rentabilidades especialmente bajas para los activos. La creación de dinero tuvo efectos de burbujas especulativas, de gran crecimiento de la deuda de los países en desarrollo, y de la creación de nuevos mercados de activos, productos financieros que, en un contexto de desregulación, se volvían completamente opacos.

Algunos de los activos sobre los que se especula y se producen burbujas son bienes seguros, con fundamento, (suelo, inmobiliarios, recursos naturales). Pero también se invierte cada vez más en inmateriales (propiedad intelectual, material genético, semillas).

Pero este tipo de actividad económica no puede llegar a todo el mundo, sólo a la población de ingresos superiores, lo que empuja hacia formas políticas de oligarquía represiva.

Todos los ajustes que hemos mencionado (y que a la vez son casi síntomas) no aportan soluciones a largo plazo. El capital va construyendo un sistema fetichista, que es casi una pirámide de Ponzi, la cual no controla sino que fomenta la especulación. La perspectiva es de crisis periódicas, estallidos de violencia popular, fracaso de la promesa a la ciudadanía de consumo y empleo, un Estado cada vez más autoritario.

Esta contradicción del crecimiento exponencial afecta mucho a las otras. Tensa las contradicciones medioambientales, la de pobreza y riqueza, las de producción y realización de beneficios. Algunos efectos, como la mercantilización y comercialización de aspectos de la vida, del valor de uso, son difícilmente reversibles. Y otro efecto es el incremento del poder de los rentistas improductivos, parásitos, meros propietarios de activos inmateriales. Las formas parasitarias del capital, los ‘bonistas’, son los grandes beneficiados, los que van ganando la batalla.

CONTRADICCIÓN 16 – La relación del capital con la naturaleza

Aunque son indudables las presiones medioambientales acumuladas que surgen del crecimiento exponencial del capitalismo, hay cuatro razones que hacen dudar de una crisis medioambiental inminente:

1. Hay una larga experiencia del capital resolviendo sus dificultades medioambientales.

2. No se puede ver la naturaleza como una entidad separada del capital, retroalimentándose. Más bien son un sistema ecológico en el que naturaleza y capital se producen y reproducen continuamente. La naturaleza no evoluciona solo motu propio, sino que es reformada y reconfigurada por las acciones del capital, que no sólo la ha usado para facilitar actividades rentables sino para hacerla más acogedora para la vida humana.

3. Para el capital, los asuntos medioambientales son una gran área de actividad empresarial. Los proyectos ecológicos son socioeconómicos y viceversa. A veces el objetivo es la tasa de beneficios, otros el bienestar de las personas, otros el primero simulando el segundo (greenwashing).

4. Para el capital es perfectamente posible la circulación y la acumulación en medio de catástrofes medioambientales (capitalismo del desastre).

¿En qué circunstancias las dificultades medioambientales pueden ser peligrosas o fatales para la reproducción del capital? El capital considera a la naturaleza como una gran reserva de valores de uso potenciales. La naturaleza es dividida y repartida en forma de derechos de propiedad garantizados por el Estado, mediante el cercamiento de los bienes comunes naturales, que se monetarizan y mercantilizan. Hay así una clase propietaria, rentista, que acumula riqueza. No se trata sólo de naturaleza, también influye la tecnología: hoy hay rentistas propietarios de materiales genéticos o de propiedad intelectual. Ello les permite especular, manipular la escasez. De hecho, casi todas las hambrunas de los últimos dos siglos tienen un origen social, no natural.

Esta concepción cosificada de la naturaleza ha encontrado resistencias en el propio Estado y en el movimiento ecologista, pero es tan sustantiva al capital esa relación con la naturaleza que cualquier movimiento ecologista no cosmético debe ser anticapitalista.

Es importante para el capital arrogarse el manto de la responsabilidad medioambiental para dominar los discursos ecológicos, gestionar las contradicciones con la naturaleza de acuerdo con intereses de clase y tener presentes las relaciones metabólicas capital/naturaleza en discursos y políticas públicas.

¿Cómo puede llegar a suceder que esta contradicción sea peligrosa o fatal? Que el capital haya superado estas contradicciones en el pasado no supone que lo vaya a volver a hacer siempre, y tampoco que haya sido sin coste: hay degradaciones del medio ambiente correlativas con las anteriores adaptaciones cuyos efectos permanecen, son acumulativos; en cada etapa la línea de base del ecosistema capitalista es diferente.

Pero ahora estamos en un punto de inflexión crucial de la tasa de crecimiento exponencial de la actividad capitalista y, correlativamente, el impacto sobre el estrés y el riesgo medioambiental es exponencial: hay que mercantilizar, privatizar e incorporar aspectos nuevos de nuestro mundo (incluso formas de vida de laboratorio) a sus circuitos. Es una propagación cancerosa.

Las empresas externalizan sus costes ecológicos y, aunque el mercado acaba demandando una actividad interventora del Estado (como regulaciones, o tributación medioambiental), la resistencia de los poderes empresariales y los ciclos temporales de la naturaleza (tan distintos a los del capital: ¿cuándo desaparecerán los efectos de los gases CFC en la estratosfera?) acercan el peligro de un punto de inflexión irreversible. Hay ya momentos de apariencia apocalíptica, pero las catástrofes localizadas son fácilmente asumibles por el sistema, que las rentabiliza (capitalismo del desastre) y construye un discurso sobre la furia ciega de la madre naturaleza, cuando se trata de efectos del funcionamiento del capital. El crecimiento exponencial del capital va transformando las escalas temporales y geográficas. Los problemas que antes eran locales e inmediatos, se regionalizan y alargan en el tiempo, superando las herramientas tradicionales de gestión y acción.

Se intenta tomar medidas a nivel internacional y a largo plazo (como con los gases CFC y la capa de ozono), pero hay muy fuertes resistencias de facciones del capital y de ciertos gobiernos y aparatos de Estado.

El comercio internacional conlleva una transferencia de los perjuicios y beneficios ecológicos de una a otra parte del mercado, lo que entraña tensiones geopolíticas. Con frecuencia el capital agota o destruye irreparablemente recursos de la naturaleza en ciertos lugares, lo que sucede más intensamente bajo regímenes imperiales o coloniales. Y simultáneamente hay prácticas ecosistémicas equilibradas en otras partes del mundo. En conjunto, beneficios y pérdidas acaban reforzando la desigualdad.

Hay una gran incertidumbre (ante esta variedad de prácticas) sobre cómo está funcionando el ecosistema capitalista en su conjunto. Sí está claro que los desastres naturales no lo son, tienen un origen social; y que el capital no puede tomar las medidas oportunas sin fuertes luchas internas entre facciones.

Los graves problemas en la relación capital-naturaleza son una contradicción interna, no externa al capital. ¿Sabrá tomar los ajustes necesarios? Hay zonas del norte de Europa y América donde el entorno natural es mejor que el de hace una generación, mientras que en China ha empeorado. El conjunto de los datos que tenemos no avala la tesis de un colapso inminente. Pero habrá guerras por los recursos, hambrunas, millones de refugiados medioambientales; pero no se trata de que se haya roto límites naturales, sino como consecuencias del sistema socioeconómico.

Los dos elementos más amenazadores son 1. La creciente capacidad de la clase rentista para apropiarse de la totalidad de la riqueza y 2. Que la relación actual entre capital y naturaleza es profundamente alienante: funcionalista, artificial, tecnocrática, privatizada, comercializada, monetizada, orientada a la maximización de valores de cambio; y esto provoca reacciones, revulsiones, resistencias que atraviesan todo el espectro político, porque supone la destrucción de una naturaleza humana digna y sensible (Polanyi, romanticismo, escuela de Frankfurt …). Están plantadas las semillas de la sublevación humanista.

CONTRADICCIÓN 17 – La rebelión de la naturaleza humana: La alienación universal

Podría suceder que el capitalismo sobreviviera a todas sus contradicciones, pagando un precio: la degradación hacia mundos distópicos. La idea es que ese coste es tan alto que debería ser inaceptable para la población y esta debería reaccionar con movimientos sociales y políticos. Debería ser evidente que cambiar las cosas exige reemplazar la maquinaria económica. ¿Cómo hacerlo?, ¿con qué reemplazarla?

El capitalismo no va a caer solo. Para tumbarlo hace falta un movimiento potente y un enorme compromiso individual. Y eso no funciona sin una convincente visión de una alternativa.

Se puede intentar cambiar gradualmente, atacando contradicciones concretas. El gradualismo tiene sus virtudes, aunque la reacción del Estado (Tahrir, Syntagma, Taksim) ha sido extraordinariamente violenta.

¿Cómo hacer converger movimientos de oposición muy fragmentados, que no perciben la interrelación entre todas las contradicciones del capital? Hace falta una concepción catalizadora, que puede ser la alienación.

Alienación tiene muchos significados (enajenación, pérdida de confianza y lealtad en personas e instituciones, aislamiento, cólera y hostilidad…). Todos ellos son aplicables en el capitalismo:

Se pierde el contacto táctil con la mercancía, la relación con la naturaleza. El valor social del trabajo queda oculto tras la forma dinero. Se pierde la capacidad de tomar decisiones colectivas. Una división del trabajo exponencialmente creciente. Pero todo esto no ayuda a un cambio si no se entiende la fuente de las alienaciones.

El marxismo tradicional se centra en la contradicción entre fuerzas productivas (tecnología) y relaciones sociales (la clase). Este cientifismo no dio suficiente imaginación política ni razones subjetivas convincentes. Esa visión cientifista además cayó en el fetichismo de la producción por la producción. Pero de hecho, es cierto que ésa es la contradicción principal.

André Gorz ha estudiado la alienación. Los individuos alienados en el trabajo también lo estarán en el consumo y en sus necesidades. Han de ser ‘consumidores racionales’ desde el punto de vista del capital: no buscar una buena vida estable, sino sentir un deseo insaciable de más y más poder monetario y consumo.

El cambio tecnológico corta el vínculo entre la persona trabajadora y la interacción social con el mundo. La naturaleza es tratada instrumentalmente, y eso crea una violenta ‘cultura de la barbarie’.

En los productos culturales, se ve el anhelo de humanizar a los robots, como una reacción.

Trabajar es un medio de autocreación. Pero la mayoría de la gente (70%, Gallup, EUNA) odia el trabajo o se siente desconectada de él. El otro 30% tienen trabajos más creativos. ¿Llena esto sus vidas? En realidad no. La tecnificación debería suponer un ahorro en tiempo y trabajo.

Pero la producción ya no tiene la función de satisfacer las necesidades existentes de manera eficiente, sino que son las necesidades las que tienen la función de permitir que la producción siga creciendo. Hay que crear deseos y darles el carácter de necesidades imperiosas. Crear demanda.

Pero esto no aumenta el grado de satisfacción. Mantiene la impresión de que no hay para todos. El consumo se estratifica. Thorstein Veblen y la “Teoría de la clase ociosa”: se necesita un consumo alienante para compensar la represión salarial y el desempleo inducido.

El conjunto de los trabajadores, sometidos a las necesidades artificialmente creadas, trabaja en realidad más horas. El tiempo libre es un peligro para el sistema. Las reivindicaciones salariales son mucho más integrables por el sistema que las de horas de trabajo, intensidad, organización, que son mucho más subversivas.

La publicidad comercial es un factor esencial. Hay que persuadir d un consumo que no es necesario y ni siquiera útil. Son ‘bienes compensatorios’ (Gorz), que llevan en su inutilidad la huida desde el universo colectivo a un refugio de soberanía privada. En eso acabaron los movimientos de 1968; su retórica de libertad individual acabó en una libertad de elección en el mercado de los deseos humanos.

El progreso del consumismo absurdo requiere de la destrucción creativa (Schumpeter). La gentrificación engulle ciudades y redefine la clase de personas que las habitan. A la vez, impulsa hacia el trabajo asalariado a quienes antes hacían labores no remuneradas. El dinero es el instrumento de medida que permite retirarse a la esfera privada con ventajas personales, lo que conlleva la desintegración de las redes de solidaridad y asistencia mutua, la cohesión familiar, la pertenencia. El estímulo es hacia que los individuos “sean ellos mismos”, se diferencien de los otros.

El capitalismo necesita que no crezca el tiempo verdaderamente libre. Y ha tenido últimamente grandes éxitos con los actuales hábitos culturales (armas de distracción masivas), productos obsoletos rápidamente, espectáculos de consumo inmediato: incluso haciendo que los trabajos ocupen su tiempo libre en crear sus propios espectáculos (redes sociales).

La historia (desarrollo de las fuerzas productivas) puede darnos la oportunidad de una mayor libertad, pero no hay un determinismo material, hemos de ser nosotros quienes aprovechemos esas oportunidades.

La alienación exige una respuesta política. Surgen algunas inquietudes, con el auge del fascismo en Grecia, Francia, Hungría. En Estados Unidos extrema izquierda y extrema derecha coinciden en que el sistema estatal se extralimita.

CONCLUSIÓN – Perspectivas de un futuri feliz, pero disputado: la promesa del humanismo revolucionario

Siempre ha habido personas que han creído que podían construir un mundo mejor, y mucho que eso supondría, además, remodelarse a sí mismos como personas.

Creer que se puede cambiar el mundo mediante pensamiento y acción es la tradición humanista. Ésta tiene versiones laica y religiosa. Con altibajos, ha existido siempre, aunque en competición con doctrinas que asignan nuestro destino a dioses, fuerzas de la naturaleza, leyes de la evolución. Tiene un riesgo, que la visión antropocéntrica llegue a ver a los hombres como reyes del universo, o incluso que distinga a subhombres carentes de la dignidad de los demás.

Hoy en día hay mucha actividad humanitaria en ONGs e instituciones caritativas. Incluso hay líderes de empresa implicándose en lo que es un lavado de conciencia, que presenta las barbaridades del sistema como daños colaterales de disfunciones de un sistema económico de dimensiones éticas.

Dos aspectos negativos del humanismo. Primero: pese a sus sentimientos universalistas de principio, a menudo derivan en beneficios para intereses particulares, de fracciones o clases (como la doctrina de derechos humanos de la ONU que prioriza los derechos individuales y la propiedad privada frente a las relaciones colectivas). El segundo aspecto es que cualquier sistema de creencias y derechos lleva siempre aparejado algún tipo de poder disciplinario, habitualmente ejercido por el Estado. No hay un buen conocimiento en la tradición humanista de estas contradicciones. Haya demás en la versión laica una especie de vergüenza, de falta de rotundidad.

Ha habido críticas al humanismo (como la de Althusser) por su carácter engañoso, insuficiente, de lavado de conciencia. Las organizaciones que luchan contra la pobreza no buscan interferir en la continuación de la acumulación de la riqueza.

¿Qué tipo de humanismo necesitamos? Uno revolucionario y laico, que pueda aliarse con el religioso. Diferente del liberal burgués que cree en una esencia inamovible del ser humano. Un futuro feliz para la mayoría conlleva la inevitabilidad de ordenar la infelicidad de otros.

Es significativo el ejemplo del análisis del colonialismo por el psiquiatra Frantz Fanon, ya que acepta una violencia necesaria y rechaza el compromiso, dada la polarización social. La violencia siempre contiene un riesgo, pero es inevitable para enfrentarse a la violencia del orden Es cierto que el orden colonial disimula y es menos inhumano en la metrópoli. Y cuando no ha sido así (Estados Unidos, movimiento negro, años 60), ha provocado rebeliones.

El poder oligárquico, apoyado en una vigilancia intensificada, está actuando cada vez más violentamente contra poblaciones enteras, suprimiendo radicalmente cualquier movimiento contra la pobreza. A la vez, los oligarcas practican la caridad sin reconocer su papel en la generación de la pobreza.

Hay por todo el planeta erupciones violentas e imprevisibles que pueden ser temblores previos del terremoto que se avecina. Ojalá la masa de la humanidad vea el peligro antes de que el daño humano y medioambiental ya no tenga cura. El capital tiene suficientes contradicciones internas para abrigar motivos de esperanza.

EPÍLOGO – Ideas para la acción política

Algunas directrices para la acción política, derivadas de las 17 contradicciones. Se trata de conseguir un mundo en el que:

  1. La provisión directa de valores de uso (vivienda, educación, alimentos, …) para todos tega prioridad a su provisión por un sistema de mercado que adjudica según capacidad de pago y que maximiza ganancias.

  2. Hay que crear un medio de cambio que facilite la circulación de bienes y servicio pero excluya la posibilidad de que individuos privados acumulen dinero como forma de poder social.

  3. La opción entre propiedad privada y poder del Estado se debe desplazar a un régimen de derechos sobre el común que quede en manos de asambleas y asociaciones populares.

  4. La apropiación del poder social por personas privadas ha de ser mal visto, como una desviación patológica.

  5. La oposición entre capital y trabajo e disuelve mediante productores asociados que deciden libremente qué, cómo y cuándo producir, para satisfacer las necesidades comunes.

  6. La vida cotidiana se ralentiza, maximizando el tiempo dedicado a actividades libres.

  7. Las poblaciones asociadas evalúan y comunican sus necesidades mutuas para elaborar sus decisiones de producción,

  8. Nuevas tecnologías y formas organizativas aligeran la carga de todas las formas de trabajo social, eliminando divisiones técnicas innecesarias, liberando tiempo y disminuyendo la huella ecológica.

  9. Automatización, robotización e inteligencia artificial reducen las divisiones técnicas del trabajo. Las residuales se disocian de divisiones sociales del trabajo. Las funciones de administración y liderazgo estratégico se desempeñan rotatoriamente.

  10. El poder centralizado sobre el uso de los medios de producción es confiado a las asociaciones populares.

  11. Existe la mayor diversificación posible en formas de vida, relaciones sociales, hábitos culturales. Movimiento geográfico libre pero ordenado entre territorios y comunas.

  12. Se abolen las desigualdades en la provisión material excepto las derivadas de a cada uno de acuerdo con sus necesidades y de cada uno según sus capacidades.

  13. Progresiva fusión entre el trabajo necesario hecho para personas distantes y el trabajo para uno mismo y el entorno doméstico.

  14. Todos tienen el mismo derecho a educación, asistencia sanitaria, vivienda, alimentación, transporte, …, evitando cualquier situación de necesidad.

  15. La economía converge hacia el crecimiento cero (con margen para desarrollos geográficos desiguales).

  16. Desarrollo de energías naturales, protección de ecosistemas, reciclaje.

  17. Seres humanos no alienados, creativos. Todos igualmente merecedores de dignidad y respeto, incluso en el conflicto. Y siempre en evolución.

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