La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla.

Carácter: Resumen.

Origen: libro en copyleft, disponible en web o editado por ATTAC. 

 El texto de esta anotación está disponible como PDF en la página de descargas.

  

LA CRISIS FINANCIERA. GUÍA PARA ENTENDERLA Y EXPLICARLA

 

Juan Torres López (colaborador: Alberto Garzón Espinosa), ATTAC, copyleft

 

 

I.                   EL DINERO Y LA ESPECULACIÓN FINANCIERA

 

 

Esta crisis no es un caso aislado

 

            Esta crisis es fuerte, pero no es una novedad. Son consustanciales al capitalismo. Ello se debe a que el capitalismo se fundamenta en la búsqueda del beneficio individual, y aunque los liberales clásicos pensaban que esa búsqueda garantizaba el beneficio de todos, no sucede así, ya que no todos tenemos el mismo poder, las mismas posibilidades o capacidad de decisión.

            Un empresario particular estará interesado en que los salarios que paga sean muy bajos, para aumentar sus beneficios, pero entonces los trabajadores tienen menos dinero, compran menos y perjudican al conjunto de los empresarios. Y a la vez, si todos los trabajadores están empleados, compran más, pero también son más fuertes reivindicando sus condiciones laborales, al no asustarles el paro.

            La búsqueda del beneficio aislado acaba produciendo menos ganancias. Cuando el Estado interviene (como tras la IIGM), los ciclos se suavizan y el crecimiento es más estable y prolongado. Cuando han triunfado los neoliberales, el Estado ha perdido fuerza, y eso da lugar a más crisis y más profundas.

 

 

Las burbujas y la crisis

 

            Todas las crisis de los últimos decenios han tenido que ver con los mercados financieros y la especulación.

            Una burbuja es una situación en la que los inversores creen que las subidas en el precio de un producto no son momentáneas, sino permanentes, por lo que compran para vender después a mejor precio. La primera burbuja fue la de los tulipanes en Holanda, en el s. XVII.

            Las burbujas permiten ganar mucho dinero, pero antes o después estallan (ya que la subida no tiene base real, sino que la provoca la misma creencia). Lo que sucede ahora es que las finanzas en su conjunto son una burbuja.

 

 

La transformación del dinero: Las crisis financieras recientes

 

            Históricamente, el dinero era un medio de pago o un depósito de valor (ahorro). Tenía una relación con el volumen de las transacciones, porque era un instrumento.

            Pero ahora, además de instrumento, es objeto de cambio. El dinero se usa para comprar dinero, y su cantidad ha crecido desmesuradamente.

            Esto ha sucedido siempre, pero ahora con un volumen tremendo y con carácter generalizado. El capital se va al casino, en lugar de a la economía productiva.

 

 

La creciente creación de dinero: El dinero bancario

 

            El dinero no lo forman monedas y billetes. Eso es el “dinero legal” (entre el 7 y el 10% de los medios de pago). Luego hay un 60-70% de “dinero bancario”. El legal lo crea el Estado, el bancario los propios bancos.

            Los bancos prestan sobre los depósitos, garantizando éstos, aunque no conservándolos realmente en sus manos. Por ello, el dinero se multiplica (lo depositado + lo prestado). En los años 70 se les exigía conservar el 30% de sus depósitos en liquidez; hoy entre el 2 y el 10%. Ahora crean más dinero.

 

 

Los bancos no sólo crean dinero: El dinero es poder

 

Aunque algunos economistas hablan del dinero como un instrumento neutro, cuyo control corresponde a profesionales, en realidad quien tiene dinero tiene poder, de satisfacción y de decisión. Véase el ejemplo de cierto asunto del Banco de Santander en que la abogacía del Estado recibió orden de inhibirse.

 

 

La financierización de las economías

 

            Si además de ser un negocio rentable, da tanto poder, los bancos están muy interesados en que el dinero bancario crezca. El incremento en la oferta de medios de pago es lo que ha permitido la expansión del capitalismo.

            Pero ahora es distinto. Tras la devastación de la IIGM, Estados Unidos, con un dólar convertible en oro, emitía más y más dinero. Cuando las demás economías mejoraron, empezaron a sobrar dólares y perdieron valor. En 1971 el dólar se devalúa y deja de ser convertible en oro.

            Los grandes beneficios de los 60 y las subidas del precio del petróleo en los 70, generaron una gran cantidad de dólares circulantes. Por tanto, los bancos prestaban con facilidad. Al llegar las nuevas tecnologías, especular en el mercado se convirtió en algo muy barato e inmediato. Daba más beneficios que la economía productiva. Los capitales fueron atraídos a este tipo de mercado: financierización de la economía.

 

 

Beneficios, salarios y especulación financiera

 

            Los cuatro factores de la financierización son: expansión del crédito, reformas institucionales, nuevas tecnologías de la información, y que la ganancia relativa es mucho mayor en la economía financiera que en la productiva.

            ¿Por qué esto último? Por las políticas neoliberales en la economía productiva (precariedad y salarios reducidos) que han supuesto una caída de las rentas salariales (que a su vez aumenta la necesidad de créditos de los trabajadores).

            Por tanto, las rentas que se han incrementado son las de los beneficios y éstas no suponen más consumo, sino más ahorro e inversión. Que van a la economía financiera (que supone mucho menos trabajo diario que la productiva) por que además, con bajas rentas salariales hay menos productos que vender en la economía productiva.

            Los países que han practicado políticas neoliberales han tenido tasas de crecimiento inferiores a las de antes o a las de quienes no las han seguido del todo (países asiáticos, Estados Unidos en algunos momentos). Es obvio que sin una mayor renta de los trabajadores no se puede evitar que el capital se vaya a la financiera.

 

 

El casino

 

            Y ¿por qué se gana tanto en algo que no tiene nada detrás? Cuando alguien ha firmado un contrato de compra de una cosecha, tiene un contrato vendible, “papel”.

            ¿Por qué alguien lo compraría? En primer lugar, porque hay mucha gente con dinero para invertir. Y además, esos compradores saben que hay otros a quienes pueden vendérselo a su vez. Y además es muy barato y requiere mucha menos atención y esfuerzo que producir.

            Se compra papel no por lo que vale, sino porque es vendible fácilmente y se espera que suba de precio.

            ¿Cómo funciona el casino?

            Básicamente, creando multitud de formas para ese papel, todo tipo de productos financieros, con el beneplácito de las leyes y con expectativa de subida de precio (hay una ingente cantidad de capital ansioso de comprar).

            A veces con productos “derivados” de otros “subyacentes”, o “carry trade” que especula con divisas y diferenciales de tipos de interés entre países. Y “titulizando” los préstamos, vendiendo el contrato de préstamo personal o hipotecario que hemos firmado con el banco (así el banco no sólo gana la renta mensual, sino que al haber demanda puede ganar más). Sobre muy poco “dinero real”, correspondiente a actividades productivas se levanta una pirámide invertida de especulación. Una masa inmensa de productos financieros que cambia continuamente.

            Para un PIB diario de 0’15 billones de dólares (y 0’055 billones de comercio mundial diario), hay una actividad financiera diaria de 5’5 billones de dólares.

 

 

El riesgo y la crisis

 

            Al ser especulativa y sin base real, este tipo de economía es muy arriesgada. Se ha disimulado muy bien el riesgo, por tres vías: con economistas muy bien pagados que con fórmulas matemáticas pretenden demostrar que el riesgo es bajo, ocultando los bancos y las agencias de “rating” el riesgo real; y con el silencio de unas autoridades supeditadas al poder financiero.

 

 

 

II.                LA CRISIS DE LAS HIPOTECAS BASURA

 

 

Una burbuja detrás de otra: El origen de la crisis en Estados Unidos

 

            De 1993 a 2000, la economía de Estados Unidos tenía un crecimiento medio anual del PIB del 4’8%, alto consumo y una fuerte inversión. Entraba mucho capital extranjero en las bolsas para inversiones a corto plazo. Sobre todo en las empresas tecnológicas (las puntocom) que iniciaron un comportamiento de burbuja (todo el mundo se comporta como si fueran a crecer en su precio indefinidamente). Fue una época de alto consumo y alta inversión con tasas de ahorro muy bajas y, por tanto, un fuerte desequilibrio comercial (se importa mucho más de lo que se exporta, lo que se compensa con una fuerte entrada de capital extranjero).

            En 2000 estalla la burbuja bursátil y la Reserva Federal baja en veinte meses los tipos de interés del 6’55 al 1%. Con un endeudamiento tan barato, se desató una burbuja inmobiliaria. El endeudamiento familiar pasó del 100% al 130% de los ingresos de 2000 a 2007. El consumo pasó del 67% al 72% del PIB en ese mismo periodo.

            En una alta proporción, esa inversión inmobiliaria no era para residencia, sino como segunda vivienda o para especular.

 

 

La letra pequeña y la explosión del crédito basura

 

            Al bajar los tipos, los bancos obtienen menos rentabilidad de sus préstamos, por lo que intentan dos cosas: prestar más y conseguir prestar a tipos más elevados.

            Las familias pudientes buscaban créditos para seguir en la burbuja inmobiliaria.

            En cuanto a la otra vía, se empezó a buscar clientes de más riesgo, incluso NINJAS (no income, no job, no assets) a quienes se puede cobrar más. Esas son las hipotecas subprime (de la clasificación prime / jumbo / nearprime o Alt-A / subprime). Pasaron de suponer el9% al 20% del mercado en 2006. Se venden a través de intermediarios, quienes cobran según cuántas hagan.

            Como tienen más riesgo, la banca cobra tipos más altos. Además, hubo todo un conjunto de prácticas engañosas, de contratos de “letra pequeña” con fórmulas incomprensibles para los ciudadanos comunes. Incluso sucedió que se forzaba a firmar una subprime a quienes habrían podido por sus ingresos tener otro tipo de hipoteca, especialmente a negros o hispanos, a quienes se les denegaba las normales. Por último, son hipotecas con costes y penalizaciones más altas.

            La banca consiguió así altos beneficios.

 

 

La avaricia bancaria

 

            Para poder seguir prestando más y más en esas condiciones, la banca “tituliza” (securitization) los créditos, los convierte en “papel”, un producto derivado que vende a sociedades inversoras, a través de una sociedad “vehículo” (a menudo creada por el propio banco). La entidad vehículo genera unos títulos a interés fijo para venderlos, principalmente a inversores institucionales (son productos muy complejos y vendidos en paquetes de alto precio, rara vez al alcance de inversores particulares).

            Si en 2001 se titulizaban el 46% de las subprime, en 2006 se titulizaba el 75% (las nearprime el 91%).

            Al pasar así la pelota de las hipotecas a campo ajeno, el banco se despreocupa de su calidad y de sus riesgos.

 

 

Los fondos de inversión

 

            Para no ser expulsados del mercado por sus competidores, todos los bancos tienen que unirse a este sistema y llevarlo a sus límites. Para ello, se usan mucho los paraísos fiscales. Tanto los inversores tipo hedge fund como las entidades vehículo de titulización suelen instalarse en ellos.

            Características de un paraíso fiscal: alberga un elevadísimo número de instituciones financieras que trabajan para no residentes; su actividad financiera no tiene una relación de tamaño con sus economías domésticas (Liechtenstein, 30.000 habitantes y 40.000 empresas); sus sistemas fiscales son de muy baja o nula imposición; reinan el secreto bancario y el anonimato.

 

 

La diseminación de la basura financiera

 

            Los contratos se empaquetan, van construyéndose unos derivados sobre otros, pasan de unos fondos de inversión a otros. Ello se debe a: modificaciones legislativas (Reagan, Thatcher) que permiten la opacidad y eliminan controles; interdependencia de las instituciones financieras; nuevas tecnologías.

            La economía financiera se va alejando de la real, moviendo mucho más capital aquélla que ésta.

 

 

Disimulando la basura financiera: MBS, CMBS, ABS, CDO, CDO2…

 

            Para colocar los paquetes, se utilizan tres instrumentos. Por una parte la titulización, que comienza con un Mortgage Backeed Securities (MBS), va generando derivados (Asset Backed Securities, Collateralized Debt Obligations, …).

            Por otro lado, al titulizar se mezclan contratos de créditos diferentes (residencias, comercios, créditos personales…) y de muy distinta calidad.

            Por último, unas agencias de calificación (rating) se encargan de validar la calidad del derivado final. Esas agencias resultan no ser independientes, sino contratadas por las propias entidades financieras cuyos productos están siendo valorados (el 62% de todas las emisiones calificadas en Estados Unidos en 2007 fueron AAA, la mejor posible).

 

 

El inicio de la debacle: los impagos

 

 

            Entonces se desinfla la burbuja inmobiliaria estadounidense. Y la Reserva Federal sube los tipos de interés. Muchas familias se encuentran con una hipoteca a la que hacer frente por un valor superior al que tiene ahora su casa. La legislación de ese país hace que esa deuda sólo se respalde con la casa hipotecada (en España, después de ésta, sería con el resto de los bienes). Así que se dejan de pagar las cuotas.

            Los bancos sufren fuertes costes (hasta el 25%) para ejecutar las hipotecas, y el producto subyacente (la hipoteca) sobre el que está construida toda la pirámide de derivados, se tambalea y deja de tener valor.

 

 

Caen las fichas del dominó

 

            Las carteras de los bancos empiezan a perder valor rápidamente, pero es que además tienen que hacerse cargo de las entidades vehículo que han utilizado para la titulización (y que son suyas), las cuales ya no consiguen colocar sus paquetes de derivados al haberse perdido la confianza de los inversores.

 

 

Los mecanismos de transmisión: auge y colapso de los “vehículos”

 

            Los Special Purpose Vehicles son las entidades creadas por los bancos para el proceso de titulización. Cuando un banco concede una hipoteca, de su caja sale dinero real, pero sólo entra dinero-papel, un contrato. La manera de convertir este papel en dinero real para poder seguir prestando, es titulizarlo. Para ello crea esas entidades vehículo, que se quedan con el derecho de cobrar los préstamos a los prestatarios, y que vende ya paquetes de activos titulizados, en forma de bonos, con diversas rentabilidades y niveles de riesgo.

            Estas entidades, que pueden ser especializadas en corto o largo plazo, o según los activos, tienen personalidad jurídica propia (en Estados Unidos, en España no) y son creadas por los bancos y otras financieras. Tienen las características de estar muy apalancadas (tienen muy poco capital propio en comparación con el dinero que mueven y las deudas que adquieren, por tanto con grave falta de liquidez), servir sólo para esa emisión de deuda sobre activos titulizados, y son muy opacas y a menudo situadas en paraísos fiscales.

            Cuando los préstamos hipotecarios, los activos subyacentes, empiezan a perder valor, las entidades vehículos (que ingresan menos al fallar los activos) tienen problemas graves para responder de sus deudas. Entonces los bancos que las crearon tienen que asumirlas para evitar que quiebren e incorporar las pérdidas en sus balances.

 

 

La crisis bancaria

 

            Mientras el sistema funcionaba, los bancos repartieron altísimos beneficios y fuertes bonos y compensaciones (para directivos). La riqueza generada en esos años quedó en muy pocas manos.

            Cuando los paquetes titulizados empiezan a perder valor, los bancos sufren muy fuertes pérdidas. Algunos quiebran, otros tienen fuertes problemas. Se producen muchos despidos. Los grandes bancos estadounidenses pierden entre 14.000 y 55.000 millones de dólares. Pero además, el mercado está tan globalizado que bancos canadienses, de la Unión Europea, suizos, japoneses, de ven afectados. Los cien mayores bancos del mundo pierden en conjunto 500.000 millones de dólares.

            Entonces la crisis hipotecaria se convierte en una crisis financiera: ante estas masivas e intensas pérdidas, se abre una crisis de confianza y, aun teniendo liquidez, los bancos no se prestan entre sí, por temor a la bancarrota de los otros.

 

 

Uno detrás de otro

 

            En la primavera de 2008 empiezan las quiebras de los grandes. Primero un banco hipotecario, luego un banco de inversión que es comprado por una cifra ridícula por otro. Fannie Mae y Freddy Mac, entidades hipotecarias privadas, pero con la garantía del Estado, que sólo podían hacer hipotecas prime pero que habían comprado subprimes en paquetes titulizados, caen a continuación.

            También las compañías de seguros, desbordadas por los riesgos de las deudas no pagadas. La falta de confianza aumenta. De los cinco grandes bancos de inversión sólo quedan dos y con grandes problemas, que piden la conversión en bancos comerciales para poder recibir ayudas del Gobierno.

 

 

Tres ejemplos

 

            La profunda desconfianza en la situación hace que se dispare el precio del dinero en el mercado interbancario. Entidades especializadas en hipotecas (como el Northern Rock británico o el IndyMac estadounidense) se encuentran con que, aun teniendo una gran cantidad de fondos en forma de préstamos hipotecarios concedidos, como su captación de dinero es a corto plazo en un mercado interbancario que se encarece, no pueden responder, se deprecian y acaban en manos de los respectivos gobiernos.

            Bear Stearns, en Estados Unidos, cae arrastrado por sus hedge funds en paraísos fiscales, que quiebran tras recibir fuertes inyecciones de dinero del banco.

 

 

Carroñeros

 

            En estas circunstancias económicas, se desarrolla un genuino capitalismo de carroñeros, en el que desde entidades financieras se difunden rumores para acabar con la credibilidad de un banco (desde JP Morgan sobre Bear Stearns) y poderlo comprar de saldo. O intermediarios que consiguen con sus rumores manipular el precio de las acciones a la baja (vendiendo acciones ajenas prestadas antes de “bajarlas”, recomprándolas después de, y devolviéndolas tras obtener beneficios). Directivos de algunas entidades financieras (Bear Stearns, Credit Suisse) son denunciados por estafa al haber ocultado el riesgo de ciertas inversiones.

 

 

La crisis llega a la economía real

 

            En una situación así, los bancos son los primeros desconfiados y cierran el grifo de los créditos, pero a todos. Con ello, la crisis pasa a la economía real: las empresas no tienen liquidez para operar, y los ciudadanos no obtienen préstamos, por lo que consumen menos. Menos ventas, menos inversión, pérdidas, despidos…

 

 

Efectos colaterales: especulación petrolera y alimentaria

 

            ¿Qué hacen los grandes inversores (fondos de pensiones que captan el ahorro familiar, grandes fortunas, multinacionales, petrodólares, China, “fondos soberanos” de ciertos países) cuando empieza a fallar el casino financiero montado sobre el mercado inmobiliario? Lo mismo que hicieron en 2000 cuando estalló la burbuja bursátil de las puntocom. Si entonces pasaron al inmobiliario, ahora tampoco han pasado a nada productivo, sino a mercados con una tendencia a la escasez y el alza de precios, donde se puedan obtener muy rápida (y opacamente) grandes beneficios: los mercados del petróleo y de los productos alimenticios básicos.

            Esta irrupción en esos mercados desata unos fuertes incrementos de precios que provocan inflación y, sobre todo, hambre y muertes por hambre al subir especulativamente los precios de alimentos básicos.

 

 

¿Qué hicieron mientras tanto las autoridades?

 

            Esta crisis no se entiende sin la complicidad de las autoridades gubernamentales, de los bancos centrales y de los organismos internacionales.

            Primero, a través de las políticas neoliberales que derivan a los capitales hacia la especulación financiera. Luego, omitiendo el deber de control sobre el proceso de titulización. Obviando los avisos sobre lo que estaba pasando. Permitiendo la especulación con bienes básicos como los alimentos. Admitiendo el uso de paraísos fiscales opacos, donde el dinero de las financieras se mezcla con el de los grupos de delincuencia organizada. Disminuyendo o eliminando las cargas fiscales.

            Hay todo un respaldo de buena parte de la academia hacia ese tipo de políticas especulativas y de confianza ciega en los mercados. Respaldo que sigue incluso hoy día.

 

 

Las dos varas de medir

 

            La economía funciona como un casino, pero hay una gran diferencia entre acudir a ese mercado de la apuesta como ciudadano o como banco.

            Si el ciudadano apuesta y pierde, se quedará sin sus bienes y será expulsado. No encontrará respaldo de los gobiernos, que tienen que garantizar el funcionamiento del libre mercado y que, a la vez, le agreden de muchas maneras: congelaciones salariales, reducciones de impuestos (que descapitalizan al Estado para el mantenimiento de sus servicios), liberalizaciones y privatizaciones (disminuyendo el bienestar y la seguridad de los usuarios de los servicios privatizados), flexibilidad laboral, abaratamiento de los despidos, aumento de la jornada laboral.

            Sin embargo, la entidad financiera que acude al casino, cuando las cosas van mal obtiene el respaldo del Estado. En sólo dos meses de 2007 el Banco Central Europeo suministró 550.000 millones de euros en liquidez a los bancos. Se nacionalizan los bancos en crisis. Se respaldan sus acciones, se garantizan sus activos.

            Sus ingresos son suyos, sus riesgos los asumen las entidades públicas.

 

 

Ayudas a los bancos y planes de rescate

 

Las inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales tienen el objetivo declarado de que ese dinero llegue a las empresas y particulares que demandan crédito. Pero en la práctica no ha sucedido así. Una parte se ha repartido entre los mismos directivos que han llevado a las entidades a esa situación, otra parte se emplea para la política carroñera de compra de otros bancos en peor situación, y otra parte la dejan depositada en los propios bancos centrales a la espera de que mejoren las cosas.

            Otra alternativa de rescate, aún más descarada es la de los últimos momentos de Bush: que el Estado comprara todos los activos tóxicos (contaminados por las hipotecas subprime), purificando así los balances de las entidades. Era tan exagerado que el Congreso de los Estados Unidos lo impidió.

 

 

¿De dónde sale el dinero para rescatar los bancos?

 

            Las cifras de estos planes y ayudas son tan elevadas que causan sorpresa. Para detener las muertes por hambre y sed en el mundo, según la FAO, harían falta 60.000 millones de dólares, que siempre nos dijeron que no había. En un solo día (el 29/09/2008), el Banco Central Europeo inyectó en los mercados más del doble de esa cantidad.

            ¿De dónde sale? Por ejemplo, en Estados Unidos: por una parte de un incremento de la deuda pública, bonos que el Gobierno intenta vender en el exterior (con los efectos de desequilibrio de la potencia mundial en favor de China, India y otros países compradores de esa deuda, y la consiguiente tensión militar de Estados Unidos para no perder su poderío); por otra, de la simple impresión de más dinero, la cantidad que se imprime ha dejado de ser un dato público, se sospecha que pasó del 7% del PIB en junio de 2006 al 18% en febrero de 2008; y por otra parte, directamente de los ciudadanos, a quienes ahora sí que se les hablará de subidas de impuestos y sobre todo de disminución de gastos en pensiones y servicios públicos, y en congelaciones salariales.

 

 

La reunión de Washington

 

            En este contexto de crisis se produce la reunión de Washington. Ahora bien, a ella no van los perjudicados por la especulación en bienes de primera necesidad, o por la aplicación de las normal neoliberales; ninguna voz crítica. Es una reunión de los poderosos y, en consecuencia, no entra en las verdaderas causas de la crisis, ni menos aún en sus responsables.

            Es cierto que habla de reformar los mercados y las instituciones financieras, pero en términos generales, sin concreciones, sin indicaciones globales, sino al albur de cada Estado. Permite intervenciones fiscales, pero en forma restringida y conservadora, y renuncia a actuar sobre la demanda, la satisfacción de las necesidades, o una visión de la posibilidad de crecimiento vinculado a la calidad de vida y a la sostenibilidad.

 

 

Sin saber qué hacer, los gobiernos sólo esperan que escampe

 

            De la reunión de Washington, los gobiernos salieron solamente con autorización para expandir el gasto público, más allá de lo que permitían las doctrina neoliberales, pero no se han tomado medidas de regulación de los sectores bancarios y financieros.

 

 

 

III.             EL FUTURO, LAS ALTERNATIVAS

 

 

¿Servirán de algo las medidas de los gobiernos?

 

            No, mientras no se entre en las causas. Los gobiernos se enfadan con la banca porque no facilita el crédito a la economía, pero no hace nada para obligarla, y mientras no deja de inyectar dinero a costa de los ciudadanos presentes y futuros. Incluso en algunos lugares les hacen reformas fiscales.

 

 

¿Qué hacer entonces?

 

            Hay que tomar medidas directas y urgentes, pero esto no consiste en intervenir bancos, enjugar las pérdidas y devolvérselos. Hay que reivindicar la banca pública, pero sabiendo que lo esencial no es que tenga ese carácter (las cajas de ahorro, por ejemplo, lo tienen), sino que actúen con una lógica diferente a la de la banca privada.

 

 

Una nueva lógica financiera internacional

 

            Hace falta una nueva lógica financiera al servicio del capital productivo, no del especulador, y bajo condiciones de control social. Hay que aumentar los planes de gesto, pero orientados a sectores como la innovación social, la formación, la sostenibilidad, a disposición de empresas que generen empleo y financiados con impuestos sobre grandes fortunas, beneficios extraordinarios o transacciones especulativas.

            Pero modificar la lógica financiera actual no se hace reivindicando esquemas que la gente no reconoce o que no motivan. Hace falta concienciar, movilizar; e ir poniendo en vigor las medidas que van obteniendo más consenso social.

 

 

El control de las finanzas y el poder de los mercados

 

            Hay que reformar el sistema financiero y ponerlo bajo control, con una amplia presencia de medios públicos, con coordinación internacional. Hay que regular los mercados financieros, prohibiendo los comportamientos especulativos y aplicando la tasa Tobin, que no supone un cambio radical, pero que permite generar fuertes recursos económicos para el beneficio de los más necesitados, y que supone poner algo de arena en los engranajes del sistema. También nuevas normas: control de movimiento de capitales, prohibición de paraísos fiscales, creación de impuestos internacionales y de instituciones internacionales democráticas. Controlar democráticamente a los bancos centrales que, bajo la pantalla de su independencia, en realidad favorecen los comportamientos especulativos, piden moderación salarial, y fomentan el enriquecimiento de los ricos. Hay que acabar con el dólar como moneda dominante. Y hay que conseguir un gobierno mundial que tenga un carácter democrático.

 

 

Otra economía, otros valores y el poder en otras manos

 

            Detrás de la crisis está la especulación financiera, y los capitales se han ido a ésta porque es más rentable que la economía productiva. Por tanto, hay que penalizar la especulación y los beneficios extraordinarios; y a la vez dinamizar la economía productiva, hacerla más rentable reforzando la demanda: con una política de mejoras salariales.

            Estas medidas son posibles, pero nunca las tomarán quienes tienen el poder, porque a ellos les perjudica. Ellos, desde sus medios, nos hablan de la crisis, de problemas económicos que hay que arreglar.

            En realidad, la cuestión es mucho más que económica. Es una cuestión moral, es todo un modelo social de millonarios avariciosos siempre impunes, de hambre y sed mientras se destinan cantidades ingentes a los especuladores, de empleos precarios e inmigrantes esclavizados.

            Es una cuestión de moral y principios. Por eso la solución pasa porque los ciudadanos levanten la voz y pongan freno a los poderosos.

 

 

 

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2 comentarios

  1. OYE TIO, TE invito a mi libro sobre este tema, pero dando soluciones simples y matematicas, las que curiosamente, no se quieren adoptar por ser demasiado buenas.

    bueno, si pones las cuotas crecientes al tipo de interes, en google o por ahi, te sale este minilibro de 30 paginas, ahi, descubriras los secretos, de los metodos de amortizacion, que son los que permiten y hacen que la gente desee dinero barato o caro, origen de las crisis.

    y tal, ciao.

    buen articulo.

  2. [...] liquidez, los bancos no se prestan entre sí, por temor a la bancarrota de los …Leer la noticia completaLa crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla [...]

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